La escuela portátil de brasileñismo

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Traducido por Enrique F. Chiappa

Siete años de funcionamiento. Y continúa irreductible en su misión de formar excelentes músicos, de elevar y popularizar un género auténtico de la música brasileña.
No fue precisamente un "crecimiento acompañado de calidad". La Escuela Portátil de Música nació inmensa en su propia esencia. Respetada. Influyente. En Brasil y en el exterior.

La escuela funciona en el Centro de Letras y Artes de la Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro — UniRio. Las aulas son dadas los sábados en dos turnos.

Tradicionalmente los dos grupos se encuentran al mediodía, cuando pasan a formar una gran orquesta donde predominan los instrumentos del choro* — cavaquiño¹, bandolina, pandero, flauta, guitarra — pero también hay: tuba, trombón, saxo, batería y percusión, contrabajo, clarinete, acordeón.

Y de repente los 600 alumnos pasan a tocar juntos.

Hay también cursos de piano, canto de zamba-choro — además de armonía, arreglos y composición para los alumnos más avanzados.

De toda parte

Los alumnos van llegando de los más diversos barrios. Y también se encuentra gente — como Los Matutos, conjunto formado en la escuela — que viene de Cordeiro, ciudad del interior del estado de Río.

Magno Julio, el percusionista de Los Matutos trabaja como monitor en la escuela. Antes de la inmensa banda presentarse, encontramos Magno, ayudando y mostrando nuevos instrumentos a Ismael Marcos Ferreira. Ismael es ciego y tiene una historia muy triste, solo vino a conocer la vida en sociedad y la música a los 14 años. Con un talento sorprendente, corre para recuperar el tiempo.

— Ismael tenía 13 años cuando llegó al Instituto Benjamín Constant(para ciegos). Vivía como un animal. Cuando murió su madre, su abuela lo llevó al Instituto y, después mi hermana lo adoptó. A partir de ahí, él conoció la música y descubrió el mundo. Su problema no era mental como pensaban, sino de socialización. Ahora la música es todo para él — resume Marijo Castro, que acompañaba Ismael.

E Ismael tiene orgullo de lo que aprendió en tan poco tiempo:

— Comencé en la música hace tres años, tocando piano y batería. Toco varios instrumentos, ahora. Adoro choro, música clásica, zamba, maxixe, frevo.

Un cierto maestro

Era sábado, 25 de agosto. En un rincón, siempre cercado de admiradores, estaba un maestro transmitiendo una inmensa alegría a quien se le acercase. De repente su nombre fue anunciado y toda la multitud de músicos se levantó y paso a aplaudirlo entusiasmadamente. Era el gran Altamiro Carrillo. Maestro, amigo, personalidad brasileña, exponente de una música auténtica. A su lado otro maestro, su hermano e igualmente estimado, Álvaro Carrillo.

Hay otros dos conjuntos en la escuela.

La Furiosa Portátil es compuesta en su mayoría por instrumentos de soplo, o metales, dirigida por la arregladora, compositora y productora musical Bia Paes Leme. El otro es la Cameranta Portátil, donde preponderan los instrumentos de cuerdas, dirigido por el bandolonista Marcilio Lopes, la flautista Naomi Kumamoto y el cavaquinista Jayme Vignonli. Estos dos conjuntos ya se presentan públicamente.

Incansables, los responsables por el Instituto Casa del Choro y por la Escuela Portátil, también organizan, hace tres años, el Festival Nacional de Choro.

Portátil creciente

El de 2007 es el tercer festival. Fue realizado en San Pedro, interior de San Pablo, en un hotel-hacienda. Durante ocho días, 246 alumnos de diversos estados brasileños, además de músicos de Argentina, Francia, Estados Unidos, África del Sur, Australia, España, Japón, y Suiza participaron de los cursos, palestras, presentaciones y respiran choro en tiempo integral.

— Tengo 60 años y vivo en Río de Janeiro hace 40. Desde los 20 años toco guitarra. Siempre fui autodidacta. Ahora estoy estudiando sistemáticamente. Conocí la Escuela Portátil a través de mi hija, que toca flauta. Ella participó de un festival de la escuela y vi su presentación. Observé la clase y percibí que había gente de todas las edades. Estoy adorando y aprendiendo mucho — dice Luciano de Oliveira, que se preparaba para participar de la entusiástica "bandota" de la Escuela Portátil.

El choro tiene su origen en las camadas medias urbanas. No permite el 'estrellismo' alimentado en el medio comercial. Entre sus miembros no impresiona, pero los participantes extranjeros del III Festival Nacional de Choro se sorprendieron con la proximidad entre los maestros y los demás participantes.

— Yo imaginaba que sería como los festivales en USA, donde usted asiste a un concierto de una gran estrella, y después, si tener suerte, puede apretar la mano de ella en el hotel. Pero aquí no. Las grandes estrellas hacían show y después se juntaban a los alumnos. Ahora solo pienso en juntar dinero en USA durante el año para volver en 2008 — dijo el estadounidense Jason Lite, que toca pandero, a Nana Vaz de Castro.


Figuras e historias del Festival

Nana Vaz de Castro

Por realizarse siempre en locales apartados de los grandes centros urbanos, el Festival Nacional de Choro promueve la convivencia entre alumnos y profesores 24 horas por día, durante siete días. Comer, dormir, trabajar, estudiar, tocar, todo en el mismo lugar, con las mismas personas. En eventos de esa característica, siempre aparecen grandes historias e inolvidables personajes.

Personajes como Eurides Peña, saxofonista amateur de Río Verde, Goias, que dice estar dispuesto a participar de las próximas ediciones del Festival. 'Don' Euclides, 66 años, es agricultor, pero su gran pasión es la música instrumental brasileña. A tal punto que, inconformado con el bajo nivel de la programación de las radios de su región, resolvió abrir su propia emisora, para compartir con los 130 mil habitantes de su ciudad un poco de su discoteca con cerca de dos mil CDS.

Primero tentó conseguir una licencia por las vías oficiales Pero se desanimó, derrotado por la burocracia. Habló entonces con un amigo ingeniero y, motivado por el gran número de radios piratas en actividad en la región, compró un transmisor de baja potencia y montó una emisora clandestina en su propia oficina.

— Todas las radios solamente tocaban 'moda de viola'. Yo pensé, eso no está correcto. Entonces hice un repertorio de música instrumental brasileña. Comencé con media hora por día. No tenía presentación, no tenía nombre, yo no decía nada. Solo música. Seis meses después, nadie oía las otras radios — explica él.

La radio sin nombre ni presentador de Eurides permaneció cerca de un año en el aire. Fue un éxito — que él atribuye a la simple oportunidad dada a las personas de oír música de calidad. Hasta que un día.

Un día percibí que las otras radios piratas — todas religiosas evangélicas — estaban fuera del aire. Me pareció extraño pero no di importancia. Después me di cuenta que la Policía Federal había sido accionada y como mi radio era la única funcionando fue fácil agarrarme.

Catorce policías federales armados con ametralladoras cerraron la calle y entraron en la casa de Euclides para prenderlo por causa de su radio pirata.

— Pueden prenderme. Ustedes son pagos para ser brasileños, mas yo pago para ser patriota — fue su reacción, extendiendo los brazos esperando las esposas.

Dentro de casa, su hija lloraba, mientras Euclides tentaba explicarle:

— Un ciudadano que solo toca música brasileña tiene que ser preso, no puede estar suelto. Es un crimen.

Al final el saxofonista de Río Verde fue a la comisaría para deponer (donde hizo constar que realmente tenía una radio ilegal, pero que nunca había tocado nada fuera de música brasileña, nunca había hecho propaganda y ni siquiera dicho su propio nombre) y todo su equipamiento aprehendido. No fue lo suficiente para hacerlo desistir. Después de eso Don Euclides pasó a usar un transmisor móvil con las músicas en MP3, que funciona dentro de su automóvil.

— El año que viene, en donde se realice el próximo Festival de Choro, ustedes van a tener la oportunidad de oír la radio ambulante.

Los extranjeros que van al festival (un número que aumenta a cada año, llegando a expresivos 10% del total de alumnos en 2007) son una atracción extra. Ellos son japoneses que usan sus poquísimos días de vacaciones anuales para emprender la larga viaje en busca del choro, norteamericanos que descubren por acaso una forma de contacto entre maestros y alumnos totalmente nueva, argentinos ávidos para descubrir más que lo obvio dentro de la música brasileña.

Los amigos Eric Murria (32) y Jason Little (27) vinieron de la pequeña ciudad de Akron, en el estado norteamericano de Ohio, donde estudian en la universidad de música. Habituados a un ambiente musical de "jazz, fusion, funk y pizcas de música afrocubana", ellos salieron de Estados Unidos para el Festival de Choro sin saber bien de que se trataba. Jason, que hizo para Brasil su primer viaje al exterior, es percusionista, pero no conocía mucho de música brasileña fuera de rudimentos de bosanova y zamba, y se interesó cuando supo que las baterías de zamba reúnen centenas de componentes.

Estimulado por Eric, que a su vez oyó hablar de choro y se interesó por el asunto gracias a su orientador de doctorado en etnomusicología, Jason llegó a Brasil con una vaga noción de lo que era choro. Al final del Festival, su percepción era otra:

— Cuando vine a Brasil mi interés mayor era por las baterías de escuela de zamba. Choro, para mi, era apenas música donde yo podría tocar pandero. Ahora estoy animado con un nuevo mundo que se abrió para mí. Puedo hasta oír las escuelas de zamba, muchas percusiones, en un volumen muy alto, pero estoy seguro que cuando volver a EUA, esta semana que pase aquí, el Festival de Choro, va ser mi mejor recuerdo.

Más que todo, el choro muestra, para los americanos, una mentalidad diferente en lo que dice respecto a la colectividad de la música:

— En EUA hay, por ejemplo, jam sessions, de jazz, principalmente. Pero una jam session es tan enfocada en el individuo, cada uno está tan preocupado en mostrar cuan bueno es y como toca bien, y nadie parece preocuparse con la música, con el conjunto, con el hecho de estar todos juntos aprovechando la música. La experiencia de tocar con tantas personas diferentes y ver la pasión por la música que hasta entonces era extraña para mí es uno de los principales enseñamientos que voy llevar de aquí — cuenta Jason.

Ya Eric, que es guitarrista y hasta hace poco tiempo solo conocía los choros de Villa-Lobos, presentes en el repertorio clásico de la guitarra, pretende pasar una temporada mayor en Brasil. El objeto de estudio de su tesis es el proceso de aprendizaje e improvisación en el choro. Él explica:

— Cuando comencé a oír las primeras cosas de choro, Pichinguiña, Jacob del Bandolín, pensé que había en el choro mucha improvisación, y eso me atrajo por que es mí tema de estudio. En mi primera viaje al Brasil fui a lugares como el Bip Bip y al Trapiche de Gamboa, y comencé a ver que la improvisación no era como en el jazz, era muy diferente. El festival abrió mis ojos para ver lo que realmente acontecía en esa música. Tengo ahora una nueva perspectiva sobre lo que es el choro. Descubrí que hay, sí, mucha improvisación en el choro, pero de una forma mucho más compleja, más 'social', menos individual. Una noche, durante el Festival, oí el Profeta, Pedro Paes y Rui tocando, y ellos estaban improvisando harmónicamente. Eso para mí fue absolutamente increíble e impresionante.

Los dos hacen planes para la edición 2008 del Festival.

— Ahora tengo un poco más de base para estudiar más, por mi cuenta, y comenzar a aprender el repertorio, lo que percibí que es muy importante. Pero, por lo menos ahora ya se por donde comenzar. — dice Jason.


*Choro: estilo musical sentimental originario de Río de Janeiro ejecutado por conjunto instrumental originalmente compuesto de flauta, guitarra, cavaquiño, y más tarde clarinete, bandolín, pandero, etc.

¹Cavaquiño: Pequeña guitarra de cuatro cuerdas simples.

Traducciones: Este endereço de email está sendo protegido de spambots. Você precisa do JavaScript ativado para vê-lo.


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