Bolsonaro y el Fondo Electoral: más de lo mismo – Gobierno destinará R$ 2 mil millones a las campañas de la farsa electoral

Arte: Vini Oliveira
Arte: Vini Oliveira

Bolsonaro y el Fondo Electoral: más de lo mismo – Gobierno destinará R$ 2 mil millones a las campañas de la farsa electoral

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Gobierno destinará R$ 2 mil millones a las campañas de la farsa electoral

Traducción Enrique Chiappa

 

El presidente Jair Bolsonaro (y el gobierno de generales) sancionó, el día 17 de enero, el Presupuesto General de la Unión para 2020, documento producido por el Congreso Nacional que prevé y fija todos los gastos del viejo Estado brasileño para el periodo. Demostrando su absoluto servilismo al imperialismo y a la gran burguesía, Bolsonaro y el Alto Mando militar que lo tutela aprobó tal presupuesto sin presentar siquiera un único veto, apoyando descaradamente el aprieto y la precarización del proletariado y demás trabajadores brasileños previstos por el mismo.

El presupuesto, entre otras cosas, agrava aún más la situación de vida de las masas. Hubo reducción del 6% de los gastos con educación, reducción del 33% de gastos con vivienda (promovido por el programa “Mi Casa, Mi Vida”), sin aumentos para el fomento de renta mínima y combate al hambre (representado por el programa “Bolsa Familia”), sin aumento real del salario mínimo y un aumento (risible) del 4,3% para las áreas de la salud (todos los valores citados son aproximados y en relación al presupuesto de 2019).

Sin embargo, un dato enfureció aún más el pueblo brasileño. El Fondo Electoral – dinero público invertido en los partidos políticos electoreros para gastar en sus campañas electorales – será de hasta R$ 2 mil millones, lo que representa un aumento de más del 17% en relación al valor fijado en 2018. ¿Cómo un sujeto, que en su propaganda siempre afirmó un supuesto combate a la vieja política y al uso de la máquina pública para fines partidarios (“contra todo lo que está ahí”, decía), no se preocupó en vetar ese aumento absurdo, que supera porcentualmente todas las políticas públicas esenciales?

Bolsonaro trató de calmar sus simpatizantes y sus aliados extremistas apelando para la misma táctica que viene utilizando hace años – muy bien recordada por el profesor Vladimir Safatle en algunas ocasiones – de tratar su gobierno como un movimiento, y no como un gobierno propiamente dicho, visto que “no lo dejan gobernar”.

Bolsonaro citó en su Twitter el Art. 45 de la Constitución Federal, que prevé impeachment si el Ejecutivo cometer crímenes de responsabilidad contra la Carta Magna – entre esos crímenes, estaría atentando contra la Ley Presupuestaria. Bolsonaro concluye con el cuestionamiento: “ ¿Por lo expuesto usted cree que debo vetar el FEFC, e incurrir en crimen de responsabilidad (casi seguro proceso de impeachment ) o sancionarlo?”.

Tal argumentación, obviamente, es infundada y tiene por único fin mantener sus seguidores en la más obscura alienación.

En consonancia con el abogado y especialista en Derecho Constitucional Cláudio Colnago, citado por el periódico La Gazeta: “Desde el punto de vista jurídico esa afirmación de él no se sostiene. Una de las hipótesis (de configuración de crimen de responsabilidad) es la no observancia de la ley presupuestaria. Él está usando una interpretación demasiado elástica, en que el veto parcial al proyecto de ley presupuestaria sería violación a la ley presupuestaria”, explica. “Él puede vetar tramos del proyecto de ley, tiene un plazo de 15 días para sancionar o vetar. Si él no hacer nada dentro de ese periodo, ocurre la sanción automática”.

 

¿Contra la vieja política?

Desde las Jornadas de Junio de 2013, uno de los mayores levantes de masas de la historia nacional, la población brasileña está cada vez más cansada y desacreditada de los partidos políticos existentes y del legalismo electorero.

En consonancia con una investigación de la Fundación Getúlio Vargas hecha en 2017, los índices de desconfianza y reprobación a los partidos y a los políticos electos superan 70% de la sociedad. La mayor demostración práctica de eso es el resultado de las elecciones de 2018, que tuvo un total de 56 millones de abstenciones (42 millones oficiales, 14 millones más de jóvenes que no quisieron participar, personas con títulos cancelados y otros), votos nulos o blancos, un marco histórico del fracaso del viejo Estado brasileño.

Bolsonaro hábilmente percibió la situación que se presentaba, y trató inmediatamente de adoptar el discurso anticorrupción para cooptar un gran sector de la sociedad brasileña (gran parte que estaba en las manifestaciones de 2013) para su proyecto fascista de mantenimiento violento del capitalismo burocrático, apuntando las consecuencias y lacayos del sistema como chivos expiatorios – el fracaso del proyecto petista, la corrupción del Legislativo y la venalidad de la Judicatura – y desviando la atención de los esenciales perpetuadores de los males nacionales: la gran burguesía, el latifundio y el imperialismo.

Sin embargo, sus actitudes de compromiso con la vieja orden reaccionaria y con la escoria nacional demuestran su verdadera cara. Cada vez más, cae la máscara de Bolsonaro como un político “honesto” que vino para acabar con “todo lo que está ahí” – que, comparativamente, no difiere mucho de la “cacería a los marajás” de Fernando Collor. Conforme muestra la investigación CNT/MDA, el índice de desaprobación al gobierno Bolsonaro ya llega a 39,5%, superando la evaluación positiva, del 29,4%, y la evaluación regular, del 29,1% (considerando aún 2% indecisos). El índice empeora cuando se trata de evaluar el desempeño personal del presidente. Tenido aún por muchos como “mito”, cerca de 53% afirma desaprobar la conducta del jefe de estado, evidenciando que su mediocridad es bien notada y criticada por las masas.

Bolsonaro aún lucha para mantener su faceta supuestamente “radical”, al disparar: “Yo lanzo la campaña: no vote en parlamentario que usa el Fondo”. Sin embargo, conforme demostró el levantamiento hecho por el periódico Estadão, eso podrá perjudicar sus propios aliados reaccionarios: “por lo menos 15 parlamentarios bolsonaristas tuvieron parte de los gastos electorales en 2018 costeada con dinero del fondo electoral. En total, fueron R$ 335,2 mil recibidos, lo que representa 17% del total recaudado por los entonces candidatos. En la lista están los diputados federales y provinciales que pretenden migrar para el Alianza por el Brasil, partido que Bolsonaro intenta colocar de pie hasta abril, a tiempo de disputar las elecciones municipales de octubre. Incluye aún el senador Flávio Bolsonaro (sin partido-RJ), vicepresidente del Alianza por el Brasil”.

El periódico aún recuerda que: “Así que formalizado por el Tribunal Superior Electoral (TSE), la Alianza debe ganar la adhesión de por lo menos 27 diputados federales que hoy están en el Partido Social Liberal. De estos, diez se eligieron con ayuda del fondo electoral. La que más recibió fue la diputada Mayor Fabiana (PSL-RJ). Fueron R$ 85,5 mil, 90% de los R$ 95 mil que ella recaudó en 2018”.

Su compromiso con el viejo Estado brasileño, con la farsa electoral y el régimen de superexplotación de las masas trabajadoras es evidente e incontestable. El volumen colosal de dinero gastado para reproducir ese sistema político podrido es una prueba inapagable. No tardará para que las ilusiones de las masas presas ideológicamente al discurso corporativo bolsonarista se desprendan por completo del engaño, tal cual el petismo de otrora.

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