De Karl Marx al marxismo

O grandioso trabalho teórico de Karl Marx sempre foi voltado à sua aplicação pelas massas
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De Karl Marx al marxismo

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Lucha de clases, lucha de dos líneas y línea de masas (continuación)

Nota de la Redacción: Publicamos a continuación la segunda parte del documento del Núcleo de Estudios del Marxismo-leninismo-maoismo sobre el desarrollo de Karl Marx y del marxismo. La primera parte se encuentra publicada en AND 207.

La Asociación Internacional de los Trabajadores, El Capital, la Comuna de París y Guerra Civil en Francia

Luego después de las derrotas de los procesos revolucionarios, de 1848, se abre en la dirección de la Liga de los Comunistas una importante lucha de dos líneas. Si, por un lado, el proudhonismo y sus “soluciones no antagónicas” habían sufrido una importante derrota – o un “golpe mortal”, como afirma Lenin –. por otro lado, las posiciones blanquistas seguían influenciando los obreros veteranos, oriundos de la Liga de los Justos.

El golpe de Napoleón III y el restablecimiento del Imperio en Francia, tal como el coronamiento como emperador de Guillermo IV por la Asamblea Constituyente en Prusia, eran la expresión política de la entrada de un periodo económico de prosperidad y crecimiento del capitalismo. Marx y Engels correctamente analizaron esa situación concluyendo que “una nueva revolución sólo es posible como consecuencia de una nueva crisis. Pero es tan segura como esta”. Sin embargo, la táctica pequeño-burguesa del blanquismo, que pregonaba la revolución como un golpe de una minoría esclarecida (como la toma de un edificio público o de un palacio) desconsideraba completamente el análisis económico y político hecho por Marx, y defendía que la tarea del día seguía siendo preparar  nuevas insurrecciones. Dentro de la Liga de los Comunistas, Karl Schapper encabezó la defensa de las posiciones blanquistas y provocó la división. Por otro lado, como una nueva expresión del proceso de reaccionarización y refrenamiento de la situación revolucionaria, se tiene la prisión de 12 militantes de la Liga de los Comunistas y sus juicios, lo que quedó internacionalmente conocido como “Proceso de Colonia”. El gobierno prusiano acusaba estos 12 revolucionarios por “alta traición”; ocho de ellos fueron condenados a prisión y cuatro absueltos.

Después del proceso de Colonia, la Liga de los Comunistas es disuelta y pocos meses después la línea divisionista desaparecía. Según Engels, se concluía entonces “el primer periodo del movimiento obrero comunista en Alemania”. Se iniciaba, por su parte, la gestación de nuevas y más elevadas revoluciones; se iniciaba la gestación de un nuevo salto dentro de la ideología proletaria, del salto que transformaría el pensamiento Marx, guía de la revolución proletaria en Europa, en el marxismo, ideología universal del proletariado. A partir de 1849, Marx y Engels se instalan en Inglaterra y retoman, en un esfuerzo concentrado y disciplinado, sus estudios teóricos, particularmente de la economía política burguesa.

Estando en Londres, y teniendo a las manos una vasta bibliografía, en la Biblioteca del Museo Londinense, contando con el imprescindible soporte logístico de Engels, Marx pudo elaborar de manera sistemática la teoría que representa el mayor salto científico e ideológico en toda la historia de la humanidad. Después de diez años de arduo trabajo continuo, nunca solitario – pues la residencia de los Marx siempre fue una especie de sede del Partido Comunista para donde regularmente se dirigían revolucionarios y exiliados políticos de todo el mundo – finalmente Marx pudo presentar a la clase un primer resultado de sus investigaciones. Se trata de la Contribución para la crítica de la economía política, publicado en 1859. El aspecto más importante de esa obra es la aplicación extremamente precisa del materialismo dialéctico al estudio de la historia y al descubrimiento de las leyes generales que explican el desarrollo de la sociedad de clases, de la contradicción entre su base económica y su superestructura. Se trata, por lo tanto, de una obra de profundo significado filosófico, en el cual se establece en términos científicos y universales la teoría de la lucha de clases marxista.

En el prólogo de esta obra, Marx hace una de las más brillantes sistematizaciones de sus recientes descubrimientos:

“El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de esas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se levanta la superestructura jurídica y política y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre que determina su ser, pero por el contrario, su ser social es que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad se chocan con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es sino su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se desarrollaron hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en obstáculos a ellas. Y se abre, así, una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas revoluciones, es preciso distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden ser apreciadas con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de ese conflicto y luchan para resolverlo. Y de igual manera que no podemos juzgar un individuo por lo que él piensa de sí aún, no podemos tampoco juzgar estas épocas de revolución por su conciencia, pero, por el contrario, es necesario explicar esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción.”.

Esos resultados teóricos alcanzados por Marx ampliaron, inmensamente, la significación universal de su pensamiento. Su conclusión de que la historia de la sociedad es la historia de la lucha de clases, encontró allí una demostración completa, lo que correspondía a su generalización. La lucha de clases es el motor de la historia, pues está en ella la solución de la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Sin embargo, ese resultado, a pesar de gigantesco, era aún el inicio del salto de calidad en la ideología científica del proletariado. No bastaba la explicación general del desarrollo de la historia de la humanidad, era necesario el descubrimiento de la ley que rige el desarrollo y la crisis de la sociedad capitalista, demostrando así porque la lucha de clases bajo el régimen capitalista conduce “necesariamente a la dictadura del proletariado”. Como el propio Marx afirma, en el prefacio a El capital: “El objetivo final de esta obra es descubrir la ley económica del movimiento de la sociedad moderna”. El descubrimiento de esa ley que completa sus descubrimientos en la filosofía – el materialismo dialéctico y el materialismo histórico – y en cuanto al pensamiento socialista – con el socialismo científico, el comunismo – consiste en la transformación del pensamiento Marx en Marxismo.

La economía política de Marx

Lenin, en su magnífica síntesis del marxismo – el pequeño artículo Karl Marx*, afirma que lo esencial en la ideología proletaria es su doctrina económica. En ese texto, Lenin nos muestra que la ley económica, descubrimiento por Marx, que explica el surgimiento, el desarrollo y el fin de la sociedad capitalista es la ley del valor y su necesaria consecuencia: de plusvalía.

En El capital, Marx inicia la explicación del funcionamiento de esa ley a partir de la mercancía que es el elemento dominante de la sociedad capitalista. La mercancía es, en primer lugar, una cosa que satisface una necesidad cualquiera del hombre y, en segundo lugar, una cosa que puede ser intercambiada por otra. La utilidad hace de la mercancía un valor de uso, ya el valor de cambio (o simplemente el valor) es, de entrada, la relación proporcional que se establece en el cambio de un valor de uso por otro. Lo que permite que una mercancía pueda ser intercambiada por otra es el hecho de que ambas sean productos del trabajo, sin embargo, lo que hay de común en esas mercancías no es el trabajo concreto de un determinado ramo de producción, pero el trabajo abstracto, el trabajo en general. Cada mercancía considerada aisladamente representa una parte del tiempo de trabajo socialmente necesario; el valor de una mercancía, por lo tanto, es el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. Ese valor, sin embargo, no puede ser medido de otra manera que no sea en la equiparación con otra mercancía, por eso el valor de cambio es la forma del valor. A lo largo del surgimiento de la sociedad capitalista, la forma del valor fue evolucionando de su forma fortuita (cuando una mercancía es intercambiada por otra ocasionalmente) para la forma general del valor (cuando, a partir de la intensificación del proceso de cambio, se establece una determinada mercancía como el equivalente general de ese proceso), hasta llegar a la forma dinero del valor. Marx demuestra, entonces, que el dinero, como forma suprema del desarrollo del cambio y de la producción de mercancías, encubre y disimula el carácter social de los trabajos parciales.

En un cierto grado del desarrollo de la producción de mercancías, el dinero se transforma en capital. La fórmula de la circulación de mercancías (M – D – M), es decir, la producción de mercancías para la compraventa de otras, es sustituida por la fórmula general del capital (D – M – D’), o sea, la compraventa para la venta con logro. Ese incremento del valor primitivo puesto en circulación es lo que Marx llama de plusvalía. Es precisamente ese incremento de valor que transforma el dinero en capital. Sin embargo, ese incremento de valor no podría surgir de la circulación de mercancías, porque el cambio sólo es posible entre valores equivalentes. Para obtener plusvalía “sería preciso que el poseedor del dinero descubriera en el mercado una mercancía cuyo  valor de uso fuera dotado de propiedad singular de ser fuente de valor”, apunta Marx, en El capital. Y esta mercancía existe: es la fuerza de trabajo humana, cuyo el valor, como de otra mercancía es determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción (es decir, por el coste de mantenimiento del obrero y de su familia). El poseedor del dinero compraventa, por ejemplo, la fuerza de trabajo por 8 horas, pero en 4 horas (tiempo de trabajo necesario) el obrero crea un producto que cubre los gastos de su mantenimiento y, durante las otras 4 horas (tiempo de trabajo suplementario) el obrero crea un sobre producto no retribuido por el capitalista, que constituye de plusvalía. Desde el punto de vista del proceso de producción, el capital debe ser distinguido en dos partes: el capital constante, invertido en los medios de producción (instalaciones, máquinas, instrumentos, materia prima etc.); y el capital variable, que es invertido para pagar la fuerza de trabajo. La tasa de plusvalía, sin embargo, debe ser calculada por la relación entre el capital variable y de plusvalía producida, que en el ejemplo de arriba sería del 100%.

El aumento de la plusvalía es posible gracias a dos procesos fundamentales: la prolongación de la jornada de trabajo (plusvalía absoluta) y la reducción del tiempo de trabajo necesario (plusvalía relativa). En su análisis de la producción de la plusvalía relativa, Marx estudia las tres etapas históricas fundamentales del proceso de intensificación de la productividad del trabajo por el capitalismo: 1) cooperación simple; 2) división del trabajo y manufactura; 3) las máquinas y la gran industria. Marx analiza también el proceso de acumulación del capital, es decir, de la transformación de una parte de la plusvalía en capital y de su empleo no para satisfacer las necesidades personales del capitalista, pero para volver a producir. Marx demostró el error de toda la economía política clásica burguesa, que consideraba que todo el nuevo valor generado en el proceso productivo se convertía en capital y pasaba a formar parte del capital variable. En realidad, de plusvalía obtenida se descompone en medios de producción y capital variable. El crecimiento más rápido del capital constante en relación al capital variable (resultante de la necesidad del incremento continuo de la mecanización para aumento de la productividad) tiene una importancia primordial para la explicación de las crisis cíclicas del capitalismo, y preparación de las condiciones de su sustitución por el comunismo.

La ley del valor, y su especificación en la sociedad capitalista, es decir, de plusvalía, es la base para toda la explicación de los diferentes fenómenos del capitalismo, desde la renta de la tierra hasta a la tendencia decreciente de la tasa de logro. El descubrimiento de esta ley, además de representar el primer análisis completo, verdaderamente científico, del modo de producción capitalista – análisis esa que sólo podría ser hecha por el proletariado revolucionario –, desde el punto de vista ideológico, representa, con El capital, un pleno desarrollo de la filosofía marxista, el materialismo dialéctico, aplicado al estudio no sólo del surgimiento, desarrollo y de las crisis del capitalismo, pero, sobre todo, de su superación. La gran demostración científica que el marxismo alcanza en ese punto culminante es que la revolución proletaria no es una posibilidad abstracta, pero sí, una necesidad histórica. De lo alto de la colina de la revolución, contemplando siglos mil, Karl Marx proclama a los obreros y pueblos oprimidos del mundo:

“El monopolio del capital pasa a entrabar el modo de producción que floreció con él y bajo él. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en que se hacen incompatibles con el envoltorio capitalista. El envolvente se rompe. Suena la hora final de la propiedad privada. Los expropiadores serán expropiados.”.

La Primera Internacional y la lucha de dos líneas

La demostración científica de que de las entrañas de la vieja sociedad capitalista se gesta inevitablemente la sociedad comunista, y de que “la violencia es la partera de la historia”, sólo podría ser alcanzada en medio al desarrollo de la lucha de clases y de la lucha de dos líneas en el movimiento obrero y comunista. Solamente el podrido revisionismo y el academicismo burgués pueden presentar esta obra como un trabajo de gabinete o sólo de una mente brillante de un individuo. El capital fue publicado en 1867, tres años después de la fundación de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), fundación esa que corresponde a la constitución del Partido Comunista Mundial del proletariado, en un periodo de expansión de las ideas del comunismo, que pasaban por primera vez los límites de Europa. La AIT representó un importante desarrollo en la concepción de partido del proletariado. Diferentemente de la Liga de los Comunistas, aquí ya hay una importante delimitación de la organización internacional de los obreros y de sus organizaciones nacionales, en el primer capítulo de sus estatutos se puede leer:

“Esta Asociación es fundada con el objetivo de establecer un centro comunicacional y de cooperación entre las Sociedades Obreras existentes en diferentes países y volcadas para el mismo objetivo, o sea, la protección, el progreso y la completa emancipación de la clase obrera.”.

En ese sentido, la propia conformación de la AIT era producto del desarrollo de la lucha de la clase obrera, durante el periodo después de las revoluciones de 1848, que fue el periodo caracterizado por Marx de gestación de nuevas revoluciones. Y, de hecho, la fundación de la AIT fue la correspondencia necesaria a la maduración de las condiciones objetivas para un nuevo auge revolucionario en Europa. La guerra austro-prusiana, de 1866, y franco-prusiana de 1870, serían importantes prenuncios de grandiosos acontecimientos en el movimiento obrero europeo.

La AIT es fundada en Londres, durante un mitin de obreros, en septiembre de 1864. En esa gran asamblea es electa una dirección de la Internacional y una comisión es encargada de redactar los estatutos y un Mensaje inaugural, cuyas versiones aprobadas por la dirección de la AIT fueron escritas por el propio Marx. En sus congresos anuales, la AIT fue fortaleciendo y expandiéndose como organización. Para que una Sociedad Obrera ingresara en la AIT era necesario el análisis y aprobación de sus estatutos por el Consejo General de la AIT.  Se avanzaba, así, de manera progresiva para la concepción del centralismo democrático.

Durante sus años de existencia (1864 a 1872), la principal lucha de dos líneas en la AIT se dio contra las posiciones pequeño-burguesas de Bakunin. Bakunin era un militante anarquista ruso, que aunque no tuviera una base de masas y de organización concreta, con su eclecticismo teórico, servía de portavoz de las posiciones oportunistas derechistas y de “izquierda” dentro de la Internacional. De una manera general, la posición de Bakunin era una mescla del socialismo de Proudhon, de la táctica de Blanqui y de posiciones reformistas burguesas. Antes de ingresar en la AIT, Bakunin fuera dirigente de la organización pacifista suiza Liga de la Paz y de la Libertad. Tras tenerse derrotada su posición de fusión de esta Liga con la Internacional – delante del rechazo unánime de la AIT – Bakunin solicita ingreso en la Internacional, que se realiza en 1868. Desde su incorporación, Bakunin inicia un trabajo fraccionista, atacando el Consejo General de la AIT, particularmente la dirección de Marx, acusándolo de autoritarismo. Bakunin siempre tuvo una postura incierta y desleal en la lucha interna, que duró cuatro años. Sus posiciones eran las siguientes: la abstención del movimiento político; negaba el papel dirigente del proletariado, defendiendo la principalidad de la pequeña-burguesía y del lumpesinado; defendía la “igualdad económica y social entre las clases” y proponía la sustitución de la consigna de apropiación de los medios de producción por el “fin del derecho a la herencia”. Con esa plataforma reformista y “izquierdista”, típica de la pequeña-burguesía, Bakunin pasó a servir como punto de unidad tanto de los reformistas ingleses como Hales, como de nacional-socialistas como Mazzini de Italia, todos unificados en torno a la consigna de autonomía para cada sesión nacional, en una patente resistencia al desarrollo del centralismo democrático proletario.

La posición de Bakunin fue fragorosamente derrotada en el Congreso de La Haya, en 1872, que aprobó el fortalecimiento del Consejo General y a la vez la expulsión de Bakunin de la AIT. Esa fue una importante victoria política del marxismo, que contó una vez más con la dirección personal de Marx.

Marxismo triunfa en el movimiento obrero

La lucha de dos líneas contra Bakunin, en verdad, era la expresión de la lucha ideológica final del marxismo contra todas las variantes del socialismo utópico pequeño-burgués, que aún eran predominantes en Europa. Desde el punto de vista ideológico, El capital de Marx era la afirmación definitiva de que el marxismo era el único socialismo verdaderamente científico. Desde el punto de vista práctico, la Comuna de París representó la derrota decisiva del anarquismo y del socialismo utópico, o como sistematiza Lenin, en Marxismo y revisionismo:

“El marxismo triunfa incondicionalmente sobre todas las otras ideologías del movimiento obrero.”.

La Comuna de París fue el mayor hecho del proletariado internacional del siglo XIX. Como correctamente apunta el Presidente Gonzalo, es el marco indeleble del inicio de la Revolución Proletaria Mundial, de su primera gran Ola. Después de la derrota de la insurrección de junio de 1848, el proletariado francés una vez más confrontaba de armas en las manos la burguesía republicana, pero esta vez la clase obrera salió vencedora. Sin embargo, esa no fue una toma de poder planeada, o dirigida por una Sociedad Obrera, vinculada a la AIT. En 1870, Napoleón III inicia su guerra contra el Imperio de Prusia, la campaña francesa, sin embargo, fue un fracaso y el propio Napoleón fue aprisionado por el Ejército prusiano. A continuación, la burguesía francesa toma el poder e instaura nuevamente la República. El Imperio prusiano impone un durísimo cerco a París, que se rinde a las tropas prusianas en enero de 1871. La mayor parte del ejército francés estaba aprisionada por el Imperio prusiano, a pesar de eso, el gobierno burgués, instalado en Versalles, el día 18 de marzo, envía tropas leales para desarmar la Guardia Nacional que había resistido al cerco prusiano en París. Las tropas gubernamentales son derrotadas y la Guardia Nacional toma el poder en la capital francesa. El día 28 de marzo fue proclamada la Comuna de París – flameaba no más la bandera tricolor de Francia burguesa, pero la bandera roja del proletariado.

Los miembros de la Comuna estaban divididos en dos grupos: el mayor – que había sido también la mayoría en el Comité Central de la Guardia Nacional – conformado por blanquistas, y el menor por miembros de la AIT. Entre los miembros de la AIT, la mayoría era compuesta por proudhonistas y sólo una pequeña parte de comunistas. Desde el punto de vista político los errores y aciertos se deben a las posiciones blanquistas; desde el punto de vista económico la responsabilidad por las principales medidas es de las posiciones proudhonistas. Como hace resaltar Engels, en los dos casos la práctica contrarió las concepciones doctrinarias de esas dos escuelas. El blanquismo, que defendía una república con una dictadura absolutista, convocó toda Francia a constituir una federación de Comunas libres. Los proudhonistas, defensores de la autogestión artesanal de cada unidad de producción por un pequeño comité obrero, aprobaron la creación de una organización para la gran industria e inclusive para la manufactura, que no se basaba sólo en la asociación de obreros dentro de cada fábrica, sino que debía también unificar todas las asociaciones en una gran Unión. La Comuna sobrevivió por dos meses al cerco de la burguesía francesa, que ahora, con el apoyo del recién creado Imperio Alemán, bombardeó y derrotó París proletaria.

La Comuna de París comprobó históricamente el balance marxista de las revoluciones de 1848. Al proletariado no basta derrumbar la burguesía del poder, se hace necesario erigir un nuevo poder estatal sobre las cenizas del Estado de la burguesía destronada del poder. La revolución proletaria debe conducir a la dictadura del proletariado. Esa que fue la principal lección de 1848, se mostró como la principal falta que condujo a la derrota de la Comuna. Sus mayores lecciones fueron justamente en aquello que, en la práctica, se aproximaron del balance marxista de 1848. Sin embargo, evidentemente, el hecho heroico e histórico del proletariado francés traía extraordinarios enseñamientos al proletariado internacional. Una vez más, fue Karl Marx que, manejando brillantemente la línea de masas, supo quitar de esos hechos históricos grandes enseñamientos que enriquecieron aún más la ideología científica del proletariado. Así nos dice Marx, en su obra Guerra Civil en Francia, que fue aprobado como balance de la AIT, sobre la experiencia histórica de la Comuna:

“Era este el verdadero secreto, ella [la Comuna] era esencialmente un gobierno de la clase obrera, el producto de la lucha de la clase productora contra la apropiadora, la forma política, finalmente descubrimiento, con el cual se realiza la emancipación económica del trabajo.”.

El secreto de la Comuna, descubierto por Marx, es que ella resolvió, desde el punto de vista histórico, la forma por la cual se realizaría la dictadura del proletariado. Quedaba más claro para Marx que esa dictadura significaba la constitución de un gobierno proletario, como forma política de ejercicio de su dictadura, fiadora de la apropiación de los medios de producción. La Comuna de París representó tanto el apogeo de la AIT como su límite histórico. La experiencia memorable de la clase obrera francesa demostraba que para el triunfo de la revolución socialista se hacía necesaria la constitución de Partidos Comunistas marxistas en cada país, que lucharan de forma legal y clandestina por la conquista del poder para el proletariado y el establecimiento de su dictadura. Por eso, constituyó victoria en la lucha de dos líneas del marxismo contra el bakuninismo la última decisión del Congreso de La Haya, en 1872, que fue de la transferencia del Consejo General de la AIT para Nueva York, pues era mejor concluir sus actividades en Europa de que ser “asesinada por la unidad sin principios”. Por otro lado, la guerra franco-prusiana había desplazado el centro de gravedad del movimiento obrero de Francia para Alemania y, por eso, tendrá gran importancia el proceso de constitución del Partido marxista en este país. Después de la Comuna, como indicó Lenin, se iniciaba el periodo “relativamente pacífico” que se extendería hasta 1905, con la Revolución Rusa. El principal legado para el proletariado internacional del periodo que va de 1848 a 1871 es justamente el establecimiento cabal y completo, teórico y práctico de la ideología científica del proletariado todo-poderosa, porque verdadera: el marxismo.

* Los próximos tres párrafos son todos una paráfrasis de tramos del referido texto de Lenin.

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