De Karl Marx al Marxismo – Lucha de clases, lucha de dos líneas y línea de masas (Parte VIII)

Marx e Engels, a transição do capitalismo ao comunismo necessita da ditadura do proletariado
Marx e Engels, a transição do capitalismo ao comunismo necessita da ditadura do proletariado

De Karl Marx al Marxismo – Lucha de clases, lucha de dos líneas y línea de masas (Parte VIII)

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1.2 La dictadura del proletariado y la transición al comunismo

Está claro que, para Marx, en la transición del capitalismo al comunismo, denominada socialismo (primera fase o fase inferior del comunismo) ella es aún sociedad de clases, aunque no más basada en la explotación, y que, así siendo, la segunda o fase superior es el comunismo propiamente dicho, o sea, la sociedad sin clases. También quiere decir que para Marx el pasaje del socialismo al comunismo no será un producto exclusivamente económico, una recurrencia natural del desarrollo de las fuerzas productivas. Para sobrepasar “el estrecho horizonte del derecho burgués” será necesario: la desaparición de la división social del trabajo; este mismo trabajo será la primera necesidad vital de todos los individuos y el desarrollo individual corresponderá al progreso de todo el colectivo. Solamente en estas condiciones económicas, pero también ideológicas, podremos escribir en nuestras banderas: de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad. Será el fin del derecho burgués, pues ahora no habrá una medida única para condiciones individuales diferentes; tal condición sólo es posible con el desarrollo ideológico de toda la sociedad. ¿Y en esta transición tan radical de la historia de la humanidad, que papel cabrá al Estado? Marx así responde:

“Se pregunta, entonces, ¿por cuáles transformaciones pasará el ordenamiento estatal en una sociedad comunista? En otras palabras, ¿cuáles funciones sociales, análogas a las actuales funciones estatales, en ella permanecerán? Esa pregunta sólo puede ser respondida de modo científico, y no es asociando de mil maneras diferentes la palabra pueblo a la palabra Estado que se avanzará un centímetro en la solución del problema. Entre la sociedad capitalista y la comunista, se sitúa el periodo de la transformación revolucionaria de una en la otra. A él corresponde también un periodo político de transición, cuyo Estado no puede ser sino la dictadura revolucionaria del proletariado. Pero el programa es ajeno tanto a esta última cuanto al futuro ordenamiento estatal de la sociedad comunista” (Karl Marx, Crítica al Programa de Gotha, destaque del autor).

Marx, precisamente, caracteriza esa transición del capitalismo al comunismo como un “periodo de transformación revolucionaria”. Como vimos en la visión marxista, la socialización completa de los medios de producción representa el resultado inmediato de la revolución proletaria, este resultado, sin embargo, no elimina el derecho burgués, que aún se conserva. Por eso, el socialismo precede necesariamente al comunismo como un “periodo político de transición”, cuyo Estado es la “dictadura revolucionaria del proletariado”. Marx, después de la Insurrección Obrera de junio de 1848, en París, había concluido por primera vez sobre la necesidad de la dictadura del proletariado, de que esa dictadura revolucionaria era la forma política del poder proletario, indispensable al cumplimiento del objetivo económico del socialismo científico ya apuntado en el Manifiesto del Partido Comunista, cual sea: la socialización de los medios de producción. Aun así, Marx vio la necesidad de suplir la laguna dejada en el Manifiesto a través del Prefacio a su edición de 1872, en el cual afirma: “De cara al inmenso desarrollo de la gran industria en los últimos 25 años y, con él, al progreso de la organización del partido de la clase obrera, de cara a las experiencias prácticas, primero de la revolución de Febrero, y mucho más aún de la Comuna de París – en la cual por primera vez el proletariado detuvo el poder político durante dos meses – este programa está hoy, en un paso u otro, anticuado. La Comuna, expresamente, suministró la prueba de que “la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina de Estado montada y ponerla en movimiento para sus objetivos propios”. Ahora, en la Crítica al Programa de Gotha, Marx especifica que el papel político del Estado de la dictadura del proletariado no se restringe a esa socialización, pero que esta dictadura representa la “transformación revolucionaria” del capitalismo en el comunismo.

El camarada Lenin, en septiembre de 1917, como ya nos referimos, en El Estado y la Revolución, extrae preciosas lecciones de esta última gran obra de Marx. Pues es ahí, ya como marxismo-leninismo, que el proletariado encontrará de manera completa la formulación del concepto “dictadura del proletariado”. Esa era una cuestión clave y fue objeto de dura lucha de Lenin contra el revisionismo de Kautsky. Por su parte, el revisionismo moderno de Kruschov, que después del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), en 1956, con su infame “informe secreto” contra el camarada Stalin irá a intentar atacar justamente la concepción marxista-leninista sobre la dictadura del proletariado. La podrida tesis kruschovista de “Estado de todo el pueblo” buscaba justamente atacar este carácter de dictadura de la clase más revolucionaria de la historia, este carácter de impulsador de la lucha de clases en el socialismo, exactamente como necesidad de eliminar las clases, rumbo al comunismo, apuntado por el gran Marx y desarrollado por el camarada Lenin.

En la respuesta del PCUS revisionista a la Carta de 25 puntos del Partido Comunista de China (PCCh), Kruschov defiende su podrida tesis de “Estado de todo pueblo”, deturpando citaciones de la Crítica al Programa de Gotha. Los revisionistas quisieron fundamentar su tesis revisionista utilizándose de la última frase de la citación arriba, cuando Marx habla en “futuro ordenamiento estatal de la sociedad comunista”. Kruschov retira la frase del contexto para justificar su teoría de fin de la dictadura del proletariado, cuando en la frase anterior Marx había sido clarísimo al decir que a la transición del capitalismo al comunismo corresponde el periodo “cuyo Estado no puede ser otro sino que la dictadura del proletariado”. Este es el falso comunismo de Kruschov, desenmascarado por el PCCh y por el Presidente Mao en el 9º Comentario a la Carta del PCUS. En este brillante documento, los camaradas chinos así siguen desenmascarando el revisionista Kruschov:

“Como se había previsto hace mucho que los revisionistas utilizarían esa frase de Marx para tergiversar el marxismo, Lenin, en su Marxismo sobre el Estado, hizo una excelente explicación de esa frase. Dijo: ‘La dictadura del proletariado es un periodo político de transición … Sin embargo en otro lugar Marx habla de la futura organización estatal de la sociedad comunista!! Así, inclusive en la sociedad comunista existirá la organización estatal!! ¿No hay aquí contradicciones?’ ‘No’, respondió Lenin. Y a continuación él expuso esquemáticamente las tres etapas del desarrollo del Estado, desde el Estado burgués hasta la extinción del Estado. La primera etapa: en la sociedad capitalista la burguesía necesita un Estado, que es el Estado burgués. La segunda etapa: en el periodo de transición del capitalismo al comunismo, el proletariado necesita un Estado, que es el Estado de dictadura del proletariado. La tercera etapa: en la sociedad comunista, el Estado no es necesario y se extingue” (PCCh, Acerca del falso comunismo de Kruschov  y sus lecciones históricas para el mundo).

Concluye entonces el PCCh: “En el cuadro expuesto por Lenin sólo se encuentran el Estado burgués, el Estado de dictadura del proletariado y la extinción del Estado. Lenin dejó claro con esto que con el comunismo el Estado se extinguirá y no habrá ninguna organización estatal”. En la grandiosa lucha de dos líneas vanguardeada por el Presidente Mao, en 1963, las tesis kruschovistas serán completamente desenmascaradas y confrontadas con las tesis de Marx en la Crítica al Programa de Gotha  y de Lenin en El Estado y la revolución y Marxismo sobre el Estado. Y el Presidente Mao, además de esta defensa, desarrolló la teoría marxista del Estado solucionando el problema de la transición del capitalismo al comunismo de manera teórica (en Sobre la Contradicción, 1937 y Sobre la Nueva Democracia, 1942) y práctica con la gran Revolución Cultural Proletaria (1966-1976), dando contenido y forma a la lucha de clases en el socialismo como revolución permanente para eliminarse las clases y con esto darse la condición en que el Estado se extingue.

1.3 Lucha de dos líneas contra la vuelta del lassallianismo

En el aspecto particular, la Crítica al Programa de Gotha  trata del retroceso gravísimo de la socialdemocracia alemana para posiciones del socialismo pequeño-burgués que habían sido derrotadas en la I Internacional, desde el punto de vista ideológico con El Capital, y del punto de vista práctico con la Comuna de París. Ferdinand Lassalle era un demócrata burgués que se aproximó, en el inicio de los años de 1850, de Marx, aún en la efervescencia de la revolución democrática alemana de 1848. Lassalle ayudó en la propaganda y popularización de los descubrimientos económicos de Marx en la Contribución para la Crítica de la Economía Política; como hegeliano ayudó los obreros en la comprensión de determinados raciocinios económicos de Marx, pero como un buen prusiano falsificaba las conclusiones revolucionarias del pensamiento de Marx. Políticamente, Lassalle defendía la unificación alemana llevada a cabo por el Imperio Prusiano, que consistía en la anexación de otros reinos germánicos sin cualquier transformación económica importante en las relaciones sociales en el campo. Tras la muerte de Lassalle, en 1865, fueron comprobadas sus relaciones secretas con el emperador Bismarck y su posicionamiento pro-Prusia en la unificación alemana.

Fue con la unificación del Estado alemán, consumada en 1871, bajo la hegemonía de la Prusia, que las divergencias políticas y tácticas entre el Partido Obrero Socialdemocrata y la Asociación lassallista, aparentemente, disminuyeron. Marx y Engels, en sus cartas anteriores a la divulgación del Programa de Gotha  ya decían que la tendencia sería la disolución de la Asociación y la incorporación de la mayor parte de sus miembros en el Partido. Sin embargo, como vemos, lo que se dio fue de cierta forma lo contrario, pues los lassallianos ingresaron y transformaron el programa del partido, reculando en décadas sus posiciones.

En la Crítica al Programa de Gotha, Marx irá siempre buscar confrontar el referido programa con el Manifiesto del Partido Comunista y los Estatutos de la Internacional. Marx demuestra como esos documentos eran la principal referencia para la elaboración de los programas partidarios en cada país. Retroceder en relación a ellos era decaer en la fosa común del socialismo pequeño-burgués, que en aquella altura ya se encontraba en franca decadencia, tornándose en la mayoría de los países en meros apéndices de los partidos liberales burgueses. En tres cuestiones Marx destaca este retroceso: a) en la reafirmación de la “ley de bronce”, formulación “clásica” de Lassalle; b) en la afirmación de que fuera del proletariado todas las otras clases eran una “masa reaccionaria”; c) en la defensa de la creación de cooperativas con el apoyo del viejo Estado como vía de transición para el socialismo.

La “ley de bronce” consistía en la reformulación de una tesis oriunda de la economía política burguesa, de que el salario del obrero nunca podría sobrepasar determinada medida, pues el salario sería regulado por el exceso poblacional del ejército proletario de reserva. En verdad, como Marx hace ver, la “ley de bronce” de Lassalle  era la aplicación de las teorías reaccionarias de Malthus travestidas de socialismo. La caracterización científica del salario como precio de la fuerza de trabajo ya había sido hecha por Marx, en 1859, y de forma popular en 1865, en las charlas denominadas Salario, precio y logro, y de manera completa, en 1867, en El Capital. La “ley de bronce” era en verdad una seudo-teoría para justificar el reformismo de Lassalle  y su posición de no agudización de la lucha de clases. Por eso Marx se indigna con el retroceso del Programa de Gotha, pues este fuera un problema teórico resuelto cabalmente y ampliamente acepto por el MCI. En cuanto a las cooperativas, Marx destaca que las cooperativas productivas sólo tendrían alguna importancia para la lucha revolucionaria si fueran organizadas de manera completamente independientes y contrarias a la intervención del viejo Estado.

Entre esas cuestiones particulares, la más importante dice respecto al problema del carácter revolucionario de las clases, lo que es así destacado por Marx:

“En el Manifiesto Comunista, se afirma: ‘De todas las clases que actualmente enfrentan la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las otras clases degeneran y perecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, por el contrario, es su producto más auténtico’. Aquí, la burguesía es considerada como una clase revolucionaria – vehículo de la gran industria – delante de los señores feudales y de las capas medias, empeñados, aquellos y estas, en mantener posiciones sociales que fueron creadas por formas caducas de producción. No constituyen, por lo tanto, juntamente con la burguesía, una masa reaccionaria. Por otra parte, el proletariado es revolucionario delante de la burguesía, porque habiendo surgido sobre la base de la gran industria, aspira despojar la producción de su carácter capitalista, que la burguesía quiere perpetuar. Pero, el Manifiesto añade que las ‘capas medias…’ se hacen revolucionarias cuando tienen delante de sí la perspectiva de su pasaje inminente al proletariado” (Karl Marx, Crítica al Programa de Gotha, destaque del autor).

Aquí está de manera clara la posición materialista dialéctica sobre las clases sociales. El papel y la condición de revolucionaria de una clase obedecen a condicionantes históricas, por eso Marx muestra como en el Manifiesto, aunque se tratara de la lucha de la clase obrera contra la burguesía, esta era considerada como revolucionaria cuando luchaba contra los señores feudales. De la misma forma, destaca el papel del campesinado, que no es visto como parte de una masa reaccionaria, pero como una clase revolucionaria cuando se ve en la inminencia de decaer a la condición proletaria, es decir, de tener expropiados sus medios de producción, o de haber impedido el camino de acceso a ellos. En ese sentido, sólo el marxismo-leninismo en su precisa formulación sobre la alianza obrero-campesina y la dictadura democrática revolucionaria de obreros y campesinos, e inmediatamente con el marxismo-leninismo-maoismo con la dictadura conjunta de clases revolucionarias en la completa formulación de la revolución democrática de nuevo tipo, consiguieron cosechar lo que había de más precioso y universal en la crítica de Marx a las posiciones pequeño-burguesas de Lassalle  y de sus seguidores, en su supuesta “centralidad en la clase obrera”.

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