Desalojos y remociones de favelas en el Río de Janeiro: Pasada la farsa electoral, Estado fascista vuelve a atacar

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Desalojos y remociones de favelas en el Río de Janeiro: Pasada la farsa electoral, Estado fascista vuelve a atacar

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Pasamos por un tiempo de ilusiones, donde muchos fueron inducidos a creer en promesas de políticos, pero todos los políticos electos por las comunidades, hoy, trabajan ayudando a la municipalidad a removerlas. Después de la segunda vuelta de las elecciones, van a multiplicarse los ataques contra el pueblo. Lo importante para esas comunidades es mantener la resistencia y no retroceder”.
Discurso del ingeniero y presidente de la Red de Comunidades y Movimientos Contra la Violencia, Maurício Campos, días antes del balotaje, durante manifestación de las favelas amenazadas de remoción.

Moradores ocuparam o único acesso à favela para impedir a ação da tropa de choque da PM

Apenas tres días después de la realización de la segunda etapa de la farsa electoral, el día 31 de octubre, se confirmó la previsión del ingeniero Maurício Campos. Él, así como el equipo de reportaje de AND, desde la posesión del intendente Eduardo Paes, acompaña las criminales acciones de desalojo y remoción llevadas a cabo por la municipalidad en las favelas y barrios pobres de la ciudad.

En los días 3, 4 y 5 de noviembre, más de 40 obreros en seis camiones fueron a la Favela do Metro a remover algunos habitantes que aceptaron salir de la favela. El destino de esas familias es el conjunto habitacional del proyecto Mi Casa, Mi Vida, construido por las gerencias de turno en el barrio de Vila Cosmos, a 60 kilómetros de la Favela do Metro.

Paredes y techos colindantes y fueron destruidos a mazazos por los operarios de la municipalidad comprometiendo la estructura de las casas vecinas, habitadas por la parcela de los habitantes que no concordó en mudarse.

En la semana siguiente, oficiales de justicia acompañados de la tropa de choque de la PM fueron a la favela Vila Taboinha, en Vargem Grande, zona Oeste de Río, para desalojar las cerca de 400 familias que hace cinco años viven en el local.

Pero, la sentencia de la jueza de la Primera Vara Civil de la Barra da Tijuca, Érica Batista de Castro, no fue efectuada gracias a la heroica resistencia de los habitantes, que durante horas mantuvieron un bloqueo humano en el único acceso a la favela e irguieron una inmensa barricada en el camino de la tropa de choque.

La victoria de la resistencia en Vila Taboinha

En la mañana del día 9 de noviembre, el equipo de reportaje de AND llegaba a Vila Taboinha, en la zona Oeste de Río, y encontró centenares de habitantes reunidos en el único acceso a la favela, dispuestos a resistir al mandado de reintegración de posesión expedido por la jueza Érica Batista de Castro. Según la presidente de la asociación de vecinos, Alessandra da Silva, todos se asustaron con el anuncio de la remoción de Vila Taboinha apenas 48 horas después de la notificación de desalojo y sin una alternativa habitacional para los habitantes.

Mesmo com a aproximação da tropa de choque,
moradores não abriram passagem

— Nosotros llegamos aquí cinco años atrás, terraplenamos el terreno, construimos nuestras casas y estamos viviendo. Este terreno estaba abandonado hace 40 años y, desde que llegamos aquí, nadie vino a reclamar de nuestra presencia. Nosotros no tenemos para donde ir. Vamos a quedarnos y resistir. Si ellos quieren derrumbar las casas con nosotros adentro, pueden derrumbar — protesta Alessandra.

— Una prueba de que los autores del proceso nunca tuvieron posesión de la tierra fue la visita de ellos a la Taboinha recientemente, en la compañía de un perito. Ellos ni al menos conocían el terreno del cual dicen ser los dueños. ¿Ahora ellos vienen con una intimación, un viernes, diciendo que nosotros tenemos que salir en 48 horas? Todo fue hecho maldosamente para no dejarnos reaccionar. Ellos dicen que el terreno es de una empresa, pero ni el contrato social de esa empresa presentaron en el proceso. Eso es un golpe — concluye la líder comunitaria.

Con pancartas y carteles, los habitantes gritaban “No somos bandidos. Somos trabajadores” y, después de la llegada de la tropa de choque de la PM, más personas se sumaron a la resistencia. Muchos de ellos lloraban diciendo que no tenían para donde ir. Otros decían que sólo saldrían muertos de la Taboinha. Una de esas habitantes es la peluquera Beatriz Inês Prass, de 47 años, que dijo haber gastado todas sus economías en la construcción de su casa.

Moradores do Tabolinha ocuparam a entrada do TJ para protestar

— Yo aún estoy debiendo a mucha gente, porque hice mi casa poco a poco. Primero un cuarto, después el otro, siendo que la casa aún está apenas revocada. Todo mes es un dinero que yo gasto para terminar mi casita. Yo vine para acá porque no tenía más condiciones de pagar alquiler.  Me acuerdo de mí aquí, a las 2h de la madrugada, esperando el camión de tierra, cayendo en los agujeros con barro hasta la rodilla, en medio de la oscuridad. Aún así, terraplenamos todo y nos mudamos para acá, hicimos las casas, las calles, todo.  ¿Ahora aparece un montón de avivados diciendo que el terreno es de ellos? — cuestiona Beatriz.

Otra habitante, Silvana Dutra, tiene 27 años y vive en Vila Taboinha desde el surgimiento de la favela, hace cinco años. Tal vez la más aguerrida de las manifestantes, ella criticó la postura de la jueza Érika, determinada a desalojar los habitantes e indiferente a su consternación.

— La Taboinha es una nueva vida que nosotros estamos construyendo. Imagine  si nosotros tenemos cómo gastar 400, 500 reales de alquiler por mes teniendo hijo para criar. Es muy fácil para esa jueza llegar aquí con un pedazo de papel diciendo que uno tiene que salir en 48 horas. Nosotros somos trabajadores y si hoy estamos aquí es porque trabajamos mucho para construir nuestras casas. Nadie aquí nació en cuna de oro. Nosotros somos pobres sí, pero queremos dar una vida digna para nuestros hijos. Ella no puede, simplemente, llegar aquí tratándonos cómo perros, como bandidos. Ella no puede juntar un montón de policías, BOPE, tropa de choque, para tirarnos de aquí — reclama Silvana.

Amamantando la hija de nueve meses y cercada de reporteros, Claudinete Cassemiro da Silva, llorando, decía no tener para donde ir y relataba el sufrimiento de las familias que vivieron meses en el local antes de terraplenar el área en seguidos días de trabajo organizados por los habitantes.

— ¿Que voy a hacer con mi hija? Uno no tiene para donde ir. Yo soy del Nordeste y no tengo familia aquí. Voy a acabar en medio de la calle con este niño. Cuando llegamos aquí, nadie vino a hablar nada. ¿Después que ya levantamos nuestras casas, terraplenamos el terreno con el sudor de nuestro rostro, ellos vienen a decir que tenemos que salir? Imagine mi caso, embarazada de este niño, cargando carretillas de tierra para ayudar a hacer esas calles, pues antes, nosotros andábamos por la Taboinha en pedazos de madera. Si tuviera casas dignas para el pueblo vivir, nosotros no estaríamos aquí pasando por ese sufrimiento. Eso es humillación. Nosotros sólo queremos dignidad. Ni un animal merece ser tratado de esa manera — protesta Claudinete.

Cerca del mediodía, periodistas de la Red Globo que cubrían la acción fueron expulsados de la favela por la masa después que una materia del noticiero RJTV fue al aire, en vivo, criminalizando el movimiento y acusando habitantes de recibir dinero de grupos paramilitares para protestar.

— La Red Globo está engañando el pueblo, diciendo que nosotros de la Taboinha estamos protestando por orden de milicianos [grupos paramilitares formados por PM, bomberos y otros agentes del Estado]. Aquí no hay miliciano. Nosotros somos trabajadores unidos, luchando por nuestra vivienda. Todos son honestos y crean sus hijos, a pesar de las dificultades. Mi sentimiento es de desesperación, pues yo tengo tres hijos y no tengo para donde ir. Yo, sola, crio mis niños y trabajo mucho para dar a ellos de comer — dijo la habitante Érica Motta, de 25 años.

En el medio de la tarde, el teniente-coronel Antônio Couto, del 31º BPM, entró en la Taboinha con ingenieros y una oficial de justicia distrayendo los habitantes. Fue la señal para que la tropa de choque atacara. Bombas de gas lacrimógeno y balas de goma fueron disparadas de sorpresa por los PM entre mujeres, niños y ancianos, hiriendo varias personas. Nuestro equipo de reportaje presenció el momento del ataque y testificó la risa sádica de los policías de la tropa de choque y la agonía de los habitantes, que ardían cubiertos por el gas de pimenta.

— ¿Porque Dilma no viene ahí para ver eso?  ¿Donde están esos políticos que estaban ahí para que votásemos en ellos y ahora dejan el pueblo solo resolver esa situación? Todos intimidados por esos policías dando tiros y lanzando bomba en medio de un monte de niños — protestó un habitante que observaba la acción de la tropa de choque.

— Parece que están quemándome viva — relató una habitante alcanzada por las bombas de gas.

— Ellos vinieron lanzando bombas encima de todo el mundo. Mi hijo no oye y ni habla y salió corriendo desesperado. Nadie está entendiendo nada, tras cinco años ellos llegan aquí haciendo eso — protestó la habitante Josinalda da Silva Alves, de 30 años.

— Ellos atacaron el pueblo de sorpresa. No dio tiempo ni para que las personas protegiesen el rostro de ese gas. Están todos con el cuerpo quemado. Cuando ellos tiraron la primera bomba, todos corrieron. Quedaron niños y mujeres caídas por el suelo. Mi suerte es que me protegí atrás de una bicicleta que estaba apoyada. Si fuera un niño en mi lugar podría hasta haber perdido la vida — dijo otra habitante, Raimunda Paiva de Freitas, de 41 años.

Mientras conversaba con nuestro equipo de reportaje, el obrero Willians dos Santos Marins, de 29 años, cubría el cuerpo del hijo y de la mujer con hielo para amenizar el efecto intolerable del gas de pimenta.

— Eso es una cobardía tremenda. Cuarenta años sin pagar el IPTU(impuestos) es lo suficiente para probar que esos millonarios no estaban interesados en estas tierras. ¿Cómo puede una persona que se dice jueza no mirar ni por los niños y mandar la policía hacer una cobardía de esas con las personas?  Eso para mí no es justicia. Pobre no tiene condiciones de comprar una casa con 10, 15 mil reales. Nosotros no tenemos derecho de vivir. Si nosotros vinimos para acá, fue porque queríamos un lugar digno para vivir y criar nuestros hijos. Los ricos, los jueces, los políticos están ahí, viviendo bien, comiendo bien — protesta.

A las 20h, el Núcleo de Tierras de la Defensoría Pública consiguió una medida cautelar garantizando la permanencia en la Taboinha en el terreno por 30 días más.

Representantes de la municipalidad estuvieron en el local en los días siguientes al de la acción y dijeron que todas las familias que aceptasen salir recibirían un alquiler social en el valor de 400 reales. Pero los liderazgos comunitarios decidieron rechazar la propuesta, cuando, en los días siguientes, percibieron que sólo una parte de los habitantes recibiría el beneficio y, según representantes de la secretaría municipal de habitación, quien aceptase salir recibiría los cheques y no tendría derecho a más nada. La inesperada intervención de la municipalidad fue, claramente, una tentativa de dividir los habitantes.

En 24 de noviembre, con la ayuda del Núcleo de Tierras de la Defensoría Pública del Estado de Río, las familias consiguieron una medida cautelar garantizando la permanencia en el terreno por tres meses más. Aún así, los habitantes de Vila Taboinha siguen unidos y convictos de que la lucha será el único camino para consolidar la posesión definitiva de sus tierras.

Asista al vídeo exclusivo sobre la acción de reintegración de posesión en Vila Taboinha en el blog de la redacción de AND, www.anovademocracia.com.br/blog.

PM impide observadores de filmar demoliciones

Dos días después de la violenta tentativa de remoción de Vila Taboinha, agentes del viejo Estado volvieron a la favela, acompañados de la policía, para demoler las casas inacabadas. Rápidamente, habitantes se movilizaron para impedir la acción de los tractores. Aún así, tres casas fueron demolidas.

— Ellos llegaron aquí 8h de la mañana. Tractores, obreros y tres patrulleros de la PM. Ellos derrumbaron algunas casas inacabadas, pero muchas de ellas estaban casi listas, como la de mi hijo, que tiene 20 años e iba a mudarse para allá. Yo gasté, mi hijo gastó, todo el mundo gastó con aquella casa. Además, nosotros trabajamos mucho para levantarla — lamenta el habitante de la Taboinha, João Luiz de Lima, de 46 años.

Observadores de la organización Comunidades Catalizadoras que registraban la operación fueron impedidos de filmar por policías militares. Habitantes salieron en defensa de los extranjeros y filmaron la censura con sus celulares. En los vídeos, compartidos con nuestro equipo de reportaje, policías aparecen confiscando los pasaportes de los observadores y amenazando llevarlos detenidos para la superintendencia de la Policía Federal. Muy exaltado, uno de los policías argumentaba diciendo que las filmaciones “mancharían la imagen del país” y que, “aquí en el Brasil, es preciso autorización para filmar, aún en lugares públicos”.

— Ellos quisieron, simplemente, intimidarnos. La actitud de los policías fue de quien no quiere que ese tipo de cosa sea documentada y reproducida. Ellos dijeron que nosotros teníamos que ir a filmar y fotografiar en la playa de Copacabana y no en la favela — cuenta el observador australiano Samuel Faigen.

En 17 de noviembre, habitantes se reunieron en la puerta del Fórum de Río, en el centro de la ciudad, para exigir punición a la jueza Érika Batista de Castro, que según los habitantes, no les dio derecho de defensa y, aún así, autorizó la violenta acción de la tropa de choque una semana antes.

Los manifestantes recibieron apoyo de habitantes de otras favelas amenazadas de remoción, como la Favela do Metro y Vila Autódromo. Representantes de diversas organizaciones que apoyan la lucha de los habitantes de la Taboinha también estuvieron presentes, entre ellos, el Centro Brasileño de Solidaridad a los Pueblos, la Red Contra la Violencia, el Consejo Popular y el Frente Internacionalista de los Sin-Techo.

 


Tres días de terror en la Favela do Metro

Metrô: em assembléia, moradores se organizam para resistir

Sólo tres días después de la segunda vuelta de la farsa electoral, el intendente Eduardo Paes retomaba con fuerza total sus sádicos planos de expulsión de las favelas que ocupan las regiones nobles de la ciudad, siendo el primer blanco la Favela do Metro. Como informamos en AND 71, el objetivo de las gestiones de turno con la remoción de la favela — vecina al estadio de fútbol Maracanã — es el cumplimiento de una de las exigencias de la Fifa (Federación Internacional de Fútbol) para la realización de la Copa del Mundo en el Brasil en 2014, que prevé la construcción de un mega-estacionamiento próximo a los estadios donde acontecerán las partidas.

A las 7h de la mañana del día 3 de noviembre, seis camiones cerrados abarrotados de obreros estacionaban en la Avenida Radial Oeste para la retirada de los habitantes que aceptaron salir del local en pago de uno de los apartamentos del proyecto Mi Casa, Mi Vida, en el conjunto habitacional de Vila Cosmos, a 60 kilómetros de allí.

Según la asociación de habitantes de la Favela do Metro, las familias que aceptaron dejar el local llegaron a Vila Cosmos y fueron recibidas por paramilitares. Ellos anunciaron la cobranza de las conocidas tasas de “seguridad” exigidas de los trabajadores en las regiones dominadas por esos grupos. Además de eso, no había agua en los departamentos y los habitantes recién llegados que necesitaron ir al banco o al hospital, tuvieron que andar 10 kilómetros hasta el barrio vecino de Paciencia. Guarderías y escuelas tampoco existen en Vila Cosmos. El conjunto habitacional fue construido por las gestiones de turno para servir de campo de concentración a los pobres que están siendo expulsados de las regiones nobles de la ciudad.

Metrô: lajes e paredes geminadas foram marretadas, danificando as casas vizinhas

Luego que los obreros y operarios de la municipalidad llegaron a la Favela do Metro, los habitantes salieron de sus casas para protestar. Entre ellos estaba la jubilada Antônia de Freitas, de 56 años, que vive hace diez en la Favela do Metro.

— Ellos llegaron 7h de la mañana reventando todo. Mi casa temblaba. Yo tuve que poner mis hijos del lado de afuera, pues parecía que todo iba a caer. Yo fui allá y cuestioné lo que ellos estaban haciendo. Un ingeniero dijo que era para prepararme, pues cualquier día de esos ellos vendrían a demoler mi casa. Una amenaza, una afronta. Él dijo que no se importa y que, si tuviera que pasar por cima de mi casa con un tractor, pasaría. ¿Es así se habla con un ser humano? — cuenta la habitante.

— Yo estaba durmiendo y mi marido me despertó diciendo que iban a derrumbar la casa conmigo dentro. Uno tiene miedo de dormir y al día siguiente amanecer en la calle. Porque ellos están invadiendo y demoliendo, pasando por encima de todo el mundo que esté en su camino. Yo no quiero salir. Luché mucho para perder mi casa de esa manera. Esas paredes, ese techo, todo es mi sudor — cuenta otra habitante, Maria Fialito, de 38 años.

Siguiendo órdenes de los ingenieros de la municipalidad, los obreros daban mazazos en techos y paredes contiguos de las casas de quien aceptó mudarse, comprometiendo la estructura de las viviendas vecinas. Indignados, habitantes invadieron las casas que estaban siendo demolidas e impidieron el trabajo de los obreros. Operarios de la municipalidad que intentaban constreñir otros habitantes a ir para Vila Cosmos fueron expulsados de la favela innúmeras veces, pero volvían para seguir con su trabajo sucio.

— Nosotros estamos aquí para luchar contra la demolición. Nosotros tenemos nuestros derechos y no vamos a dejarlos demoler esas casas, pues están comprometiendo las casas vecinas. La ley manda que, en casos de demolición, los habitantes del local tienen que ser reasentados en las proximidades. Pero la municipalidad está atropellando la ley y quiere atropellarnos también, nosotros, que somos pobres, somos humildes, pero no somos basura para ser barridos por esa clase rica que está por ahí destruyendo nuestros derechos y nuestra dignidad. Nosotros vamos a luchar y quedar vigilantes a todo momento para impedir la demolición de nuestra comunidad — dijo el habitante Rosivaldo Teixeira.

Al día siguiente, con la llegada del ingeniero Maurício Campos y de representantes del Consejo Regional de Ingeniería, Arquitectura y Agronomía del estado de Río de Janeiro, el ingeniero encargado por las demoliciones huyó en un taxi con miedo de perder su registro profesional, conocedor de las incontables irregularidades en la operación.

Metrô: no último dia de operação, moradores protestaram

— Uno de los jóvenes que vive en ese edificio aceptó ir para Cosmos. Entonces ellos ya llegaron metiendo mazazos en las paredes, siendo que hay gente que vive a los lados, encima y atrás del apartamento de ese muchacho. Una cobardía. Si ellos quisieran impedir la invasión de los inmuebles desocupados, que ellos los lacrasen con ladrillos — concluye la habitante Antônia, aliviada después que fiscales del CREA-RJ interrumpieron las demoliciones.

La defensora pública del Núcleo de Tierras, Adriana Britto, apuntó a nuestro equipo de reportaje las irregularidades en la operación de la municipalidad y relató su sentimiento frente al tratamiento de choque de las gestiones de turno con miles de trabajadores pobres que habitan las favelas y barrios pobres amenazados de remoción.

—La conducta de la municipalidad aquí en la Favela do Metro está repitiéndose en otras comunidades. Ellos incumplen una serie de determinaciones para demoliciones, comprometen las estructuras de las casas vecinas a las que están siendo demolidas, colocando en riesgo la vida de varias personas. Eso incumple las legislaciones del municipio y del estado en lo que concierne a las demoliciones, principalmente tratándose de casas colindantes. Vamos entrar con una acción para intentar interrumpir la demolición, pero es difícil, pues nosotros no estamos contando con la colaboración de la judicatura — relata.

— El sentido común nos muestra que el derecho de vivir de esas personas está siendo violado. La dignidad de esas personas está siendo violada. No se puede tratar al ser humano de esa manera. Hemos conseguido algunas victorias que refuerzan nuestro ánimo para continuar. La salida es organizar las comunidades para que ellas se impongan ante lo que la municipalidad está haciendo. Es muy difícil vivir y ver de cerca todo el sufrimiento de ese pueblo. Es indignante ver los discursos del intendente en los periódicos, donde él habla de esas personas como si fuesen objetos. Como si fuese un yuyo que nació allí y necesita ser arrancado — dice la defensora pública.

En el último día de la operación, habitantes hicieron una protesta en uno de los accesos a la favela y, como en los días anteriores, inhibieron la acción de los obreros y operarios de la municipalidad. El objetivo de Eduardo Paes era remover 300 familias en los tres días de operación, pero sólo 20 dejaron la favela. Aún con el fracaso de la acción, liderazgos comunitarios siguen organizando asambleas y reuniones para mantener los habitantes movilizados en el caso de una nueva embestida del Estado reaccionario.

Familias de obreros victimas del “choque de orden”

En 20 de octubre, en la Barra da Tijuca — uno de los más opulentos barrios de Río de Janeiro — cinco casas que ocupaban los márgenes de la Auto estrada Lagoa-Barra, en la salida del túnel del Joá, fueron atacadas por el “choque de orden” de Eduardo Paes. Las viviendas pertenecían a familias de obreros que trabajaron en la construcción del túnel y ganaron del Estado autorización para erguir sus casas en el local.

Priscilla Magalhães Peres da Silva, de 29 años, contó al equipo de reportaje de AND los detalles de la operación. La designer de interiores es nuera de la habitante Elisa Mariano, de 48 años, que vive en el local desde que nació.

— Mi suegra nació aquí, pues su padre trabajó en la construcción de ese túnel. En la época, el gobierno dio el terreno para que las cinco familias construyesen sus casas. Ahora el gobierno quiere destruir las casas de todo el mundo, pues dice que los cinco humildes barracos pueden transformarse en una favela del tamaño de la Rocinha. ¡Qué absurdo! Esas personas ya están aquí hace 70 años. Las mismas cinco familias. Quién vaya al Largo da Barra a conversar con los comerciantes verá que esas cinco familias son muy queridas por aquí — dice Priscilla, añadiendo que los habitantes fueron impedidos de registrar la acción con sus cámaras fotográficas.

— Un habitante tuvo su cámara incautada por la PM y tuvo que hacer una denuncia en la comisaría para recuperar su máquina — cuenta.

— Las pertenencias de todos quedaron destruidas. Fue una verdadera falta de respeto. Los niños están sin los materiales escolares y sin uniformes, pues quedó todo encubierto por los escombros de la demolición. ¿Cuántas mansiones son erguidas aquí en la región a toda hora? ¿Ahora sólo porque somos pobres, favelados, quieren demoler nuestras casas?

Mirando hacia el final de la playa de la Barra, en el Puente de la Joatinga, se ven condominios de lujo siendo erguidos y nada es hecho. La municipalidad fue precipitada e inhumana con todos los habitantes. ¿Para donde iríamos con los 400 reales del alquiler social que la municipalidad ofreció? ¿Hasta cuándo tendríamos garantía de recibir esa cuantía? Bando de fascistas — protesta la trabajadora.

Dos semanas después, en el mismo día en que la municipalidad atacó la Favela do Metro, las cinco familias del Largo da Barra consiguieron una medida cautelar impidiendo cualquier acción de desalojo en el local en un plazo de 30 días. Entonces, los habitantes iniciaron la reconstrucción de sus casas y se dicen preparados para resistir en caso que la medida cautelar sea revocada y la municipalidad vuelva a atacarlos.

Traducciones: [email protected]

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