Diez años del 11 de septiembre: Gran maquinación no fue capaz de sacar el imperialismo de la crisis

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Diez años del 11 de septiembre: Gran maquinación no fue capaz de sacar el imperialismo de la crisis

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Hace diez años, USA sufría el segundo (el primero fue Pearl Harbor en Hawái por los japoneses) ataque de la historia en su territorio, la explosión de los aviones contra las torres gemelas del World Trade Center y el Pentágono en el día 11 de septiembre de 2001.

Tanques ianques no Kuwait bombardeiam Iraque em 1991

A partir de esa fecha, los más siniestros planes del imperialismo yanqui fueron puestos en práctica, agravando formidablemente las contradicciones fundamentales que rigen el actual periodo histórico. Principalmente la contradicción que opone países y pueblos dominados a los países imperialistas, que opone la superpotencia yanqui a las demás potencias imperialistas en la lucha por la repartición del mundo y la que opone el proletariado a la burguesía.

Por tratarse de un período muy rico en acontecimientos que demuestran la tendencia inevitable del imperialismo para el naufragio, dado su carácter monopolista, parasitario y en descomposición, y principalmente agonizante, como bien definió Lenin, AND publicará una serie de tres artículos comprendiendo esos últimos diez años.

Este primer artículo aborda tan solamente los antecedentes y las circunstancias históricas en las cuales los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 están situados.

Crisis general de los monopolios

Cuando hoy el monopolio mediático trata de las sucesivas crisis financieras globales, hace de todo para esconder que ellas son parte de una profunda crisis general de superproducción relativa del capitalismo, de aquellas crisis cíclicas de las cuales los monopolios sólo han conseguido salir imponiendo masiva y apocalíptica destrucción de mercancías y fuerzas productivas, a través de grandes guerras que redefinen sus áreas de dominio e influencia.

Pasado el periodo de relativo desarrollo proporcionado por la reconstrucción de la Europa y del Japón arrasados por la II Gran Guerra Imperialista y de la “Guerra Espacial” y carrera armamentista conducidas por la estrategia de la Guerra Fría (ver box), la economía capitalista pasa a padecer, en la década de 1970, de nueva crisis general cuyas manifestaciones más evidentes son las explosiones de burbujas financieras en periodos cada vez más cortos, siendo la última la que envolvió la “crisis de la deuda” yanqui en julio de este año, y la bancarrota de economías europeas menos protegidas.

Datos revelan que, de 1973 a 2000, la tasa media de crecimiento del PIB de las cinco mayores economías mundiales – EUA, Japón, Alemania, Francia y Gran Bretaña – fue del 2,5%, por lo tanto, inferior a la tasa media del 2,7% del conjunto de los países en los dos últimos siglos.

En la base de esa virtual estagnación económica, cuyo epicentro es USA, se encuentra la supremacía cada vez mayor del capital especulativo, la concentración y monopolización creciente de economías nacionales enteras y la superproducción de ciertas mercancías, mientras más de mil millones de personas en el mundo padecen del hambre extremo.

Presionados por la crisis y necesitando mantener el logro máximo de sus monopolios, los Estados imperialistas se ven obligados a aplicar internamente lo que se convino llamar en las semicolonias  de “desreglamentación” y “flexibilización” de las leyes laborales y apresurar el fin del “Estado de bien estar social” donde él aún existía. El crecimiento del desempleo es constante y sistemático, el corte de los programas sociales también concurre para el empobrecimiento creciente de vastas capas de la población trabajadora. USA acumulaba, en 2001, más de 60 millones de pobres, mientras que en la Unión Europea ellos eran 50 millones.

La explotación de las semicolonias alcanza un grado extremo. La deuda externa de los países del llamado “Tercer Mundo” es multiplicada por treinta de mediados de la década de 1970 hasta 2000. La recesión continuada, la quiebra generalizada, la desnacionalización completa de sus economías, desempleo masivo de decenas de millones, hambre, miseria, enfermedades, delincuencia y guerras son el resultado de la aplicación del recetario de los organismos internacionales del imperialismo, como FMI, BIRD, OMC, etc.

Una nueva estrategia yanqui

A mediados de la década de 1970, con el gobierno de la URSS social-imperialista (1) asumiendo cada vez más abiertamente alianzas y acuerdos con el imperialismo y principalmente con la restauración capitalista en la China (2) en 1976, después de la muerte de Mao Tsetung, comienza a delinearse la quinta y actual estrategia del imperialismo yanqui, la “Nueva Orden Mundial”, a partir de la “unificación” alemana en 1989 y de la desagregación del Estado social-imperialista ruso en 1991. Aún inmerso en profunda crisis, el imperialismo lanza los conceptos de “globalización”, “fin de la historia”, y agita más que nunca las banderas de los “derechos humanos” en oposición a los derechos del pueblo, y de la “ecología” y “ambientalismo” contra la lucha de clases. El enemigo pasa a ser encuadrado en las categorías de “combate al narcotráfico” y “guerra al terrorismo”, ese después del 11 de septiembre.

Guerras sobre guerras

Ya intentando conjurar la crisis colosal de los monopolios, el imperialismo en general se lanza en guerras por el dominio total de materias-primas en  África y Oriente Medio, además de disputas por los despojos del social-imperialismo ruso en el Este europeo. Así, los imperialistas provocaron guerras en Somalia y en Ruanda, por ejemplo, los yanquis promovieron aquella que sería la primera Guerra del Golfo, en 1991, y la antigua Yugoslavia fue cortada en pedazos y lanzada en una conflagración entre el fuego cruzado de la OTAN y los intereses de la Rusia (que se recuperó gradual y relativamente de su debacle y mantuvo su condición de superpotencia militar-nuclear) en las guerras de Bosnia (1992-1995) y del Kosovo (1999).

Los cimientos estallan

Sin embargo, con la crisis imposibilitando la acomodación de los intereses de las potencias, la contradicción interimperialista siguió agravándose, y sus manifestaciones asumieron en intervalos cada vez más menores.

En 1985, ocurre el escándalo del sector de ahorro y préstamos de USA, en el cual el Estado yanqui gastó cerca de U$S 150.000 millones en la operación de salvamento de pequeños bancos que, enseguida, fueron comprados por los grandes grupos financieros.

La crisis financiera mundial que se inició en Asia en 1997 se agravó en 1998 con el colapso de grandes fondos de inversión de alto riesgo (semejante a la de 2007-8), cuando Rusia no honró con los pagos y hubo una fuga de los capitales especulativos para otros papeles.

En 2000, se destapa la “crisis de las pontocom”, empresas de internet y telecomunicaciones, principalmente, que ocasionó el cierre de más de 5 mil compañías. Se suman los descubrimientos de fraudes en balances de gigantes como la Enron y otros. El gobierno yanqui nuevamente intervino y derrumbó la tasa de intereses del 6,25% para 1% a lo largo de 2000/2001.

El mundo todo estagnava o entraba en recesión. La crisis desbordaba. Para el imperialismo, era preciso hacer algo.

La “Democracia Americana”

La inminencia de un colapso total en la economía yanqui, con consecuencias para la economía global, hizo con que los altos círculos del imperialismo se movieran para violar la tan propalada “democracia americana” y declarar vencedor en las elecciones fraudulentas de 2000 George W. Bush, que había recibido 500 mil votos a menos que su rival, Al Gore.

Aún en 2000, los documentos de Santa Fe IV, elaborado por los ideólogos al servicio de los llamados “falcones” del complejo industria bélico y petrolífero, dejan claro que Bush era el preferido del establishment para asumir la autoridad del Estado yanqui en una situación de grave crisis de los monopolios.

Enfatizaba el documento que “El ‘vaciamiento’ de la capacidad militar norteamericana ha sufrido un proceso gradual de reducción/enflaquecimiento. (…) La administración Clinton, con su tendencia antimilitarista, consiguió lo que nuestros enemigos más abiertos fracasaron en hacer. El Ejército está esparcido por todo el mundo, en misiones que, en el mejor de los casos, son marginales. (…) La cultura/ética militar ha sido desgastada por el énfasis en mantener la paz y proteger la fuerza, por la ingeniería social y por una pérdida de confianza de las tropas en los civiles experimentados y en el liderazgo militar.(…) Los Estados Unidos están en una encosta resbaladiza que apunta a la pila de cenizas de la historia.(…) La historia y nuestros nietos nos juzgarán duramente si esto no se revertir.”

Estaba hecha la declaración de guerra a los pueblos del mundo, pero era necesario un hecho escarnecedor para unir gran parte de la opinión pública nacional e internacional en torno a ella y colocar en movimiento la más colosal máquina de matar ya creada en el mundo.

Ese es el contexto de los acontecimientos de 11 de septiembre de 2001. Ellos fueron el pretexto de que necesitaba el imperialismo yanqui para poner en práctica un ajuste en su 5ª estrategia de dominación sobre los pueblos, a de la “Nueva Orden Mundial” declarada por Bush padre, con “la Guerra al Terror”.

Las estrategias de dominación del imperialismo yanqui

1ª – Doctrina Monroe, o “América para los americanos” (1823-1898): Marca la ofensiva de invasiones, guerras y ocupaciones de territorios de México, Nicaragua y culmina con la anexión de Hawái en 1898. La resistencia de los pueblos agredidos condujo a la:

2ª -Big Stick, el Gran Garrote (1898-1933): agravamiento de la 1ª estrategia, condujo a la invasión y ocupación de incontables países de América Latina, como Cuba, Haití, República Dominicana y nuevamente Nicaragua, además de desmembrar Colombia para la construcción del Canal del Panamá.

3ª – Política de la Buena Vecindad (1933-1945): Con la brutal crisis económica marcada por el ‘crack’ de 1929, el imperialismo yanqui pasa a preconizar, a través del entonces presidente, Franklin D. Roosevelt, una estrategia más “amena” desde el punto de vista militar, pero ofensiva ideológica y económicamente. El fin de la II Gran Guerra imperialista, sin embargo, marcará la reanudación de las intervenciones con la:

4ª – Guerra Fría (1945-1990): Al fin de la II Guerra Mundial, con el equilibrio de fuerzas entre socialismo e imperialismo, los imperialistas, ya bajo hegemonía completa de los yanquis, establecen una nueva estrategia que perduró por cuatro décadas conocida como “Guerra Fría”. En ese periodo, USA provocó la Guerra en Corea, secundó los colonialistas franceses expulsados en Dien Bien Fu, 1954, ocupando paulatinamente el sur del Vietnam, Camboya y Laos, sostuvo el títere y fascista Estado de Israel, sostuvo el régimen del Apartheid en Sudáfrica e intervino en otros del continente africano, como Congo y fomentó la contrarrevolución en los países que recién habían conquistado su independencia. Particularmente para América Latina, estableció la “Alianza para el Progreso (1961-1969)”, con la cual profundizó su dominación semicolonial sobre la región, a través de golpes militares, intervenciones y establecimiento de regímenes militares fascistas. Realizó toda suerte de provocaciones contra Cuba y en pugna con la URSS social-imperialista crearon la “Crisis de los Misiles” en aquel país. A mediados de la década de 1970, la política de “Derechos Humanos”, de Carter, trata de remover los militares de la administración de los países, concluyendo un ciclo de regímenes militares en los países latinoamericanos. En los años de 1980, con Reagan fomentó la contrarrevolución en toda América Central e inmediatamente, correspondiendo esta reestructuración del bloque de poder de las clases dominantes locales con la reestructuración mundial del capitalismo, desató la ola de “neoliberalismo” y de la “Globalización” con la conformación de grandes bloques económicos.

5ª – Nueva Orden Mundial (1991): Terminada la “Guerra “Fría”, con el fin de la Unión Soviética, es anunciada por Bush (padre) la “Nueva Orden Mundial”. La 5ª Estrategia del imperialismo yanqui partió de su convergencia con la “Perestroika” de Gorbachov y el Vaticano con el Papa João Paulo II, en una ofensiva contrarrevolucionaria de carácter general, decretando el “Fin del Comunismo” y el “Fin de la Historia”. Es en esta quinta estrategia que se agrava la crisis del capitalismo mundial, se profundizan las contradicciones entre las grandes potencias y que el liberalismo, tan exaltado los años anteriores, es sustituido por la práctica de delimitación de territorios cautivos con la cobertura jurídica de tratados de verdadera anexión. Esos tratados han recibido el nombre de áreas de libre comercio.

Notas

1 – Con el XX Congreso del PCUS en 1956, bajo la dirección de Nikita Kruschov, tiene inicio la restauración capitalista en la URSS. El fin del socialismo condujo a la degeneración del Estado socialista, transformándose internamente en un régimen de tipo fascista y en la política externa conduciendo al imperialismo. El social-imperialismo es el socialismo en palabras e imperialismo de hecho.

2 – En 1976, después de la muerte de Mao Tsetung, los dirigentes revisionistas del Partido Comunista traicionan la revolución y desencadenan una ola negra de persecuciones a los defensores del pensamiento Mao Tsetung (como era denominado el maoísmo a la época) y dan inicio a la restauración del capitalismo en la China. De forma general, la restauración capitalista en la China se hizo en la forma de un capitalismo de tipo burocrático, bajo un régimen político de corte fascista y que en el plano internacional desarrolla sus acciones bajo el prisma de gran potencia hegemónica, a través de colusiones y pugnas con las demás potencias imperialistas.

Traducciones: [email protected]

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