Dominación imperialista: El histórico de las operaciones de USA en América Latina y Caribe

Dominación imperialista: El histórico de las operaciones de USA en América Latina y Caribe

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Los Estados Unidos (USA) tienen cerca de 800 bases militares en todo el mundo, de las cuales más de 76 están en América Latina. En ellas y a través de ellas, garantizadas por sus Fuerzas Armadas, las instituciones y agencias yanquis, como la Administración de Control a las Drogas (sigla en inglés: DEA), la Agencia Central de Inteligencia (siga en inglés: CIA), y otras, operan para alcanzar los intereses económicos, políticos y militares de la superpotencia hegemónica única, a fin de dominar más intensamente los mercados, profundizando el dominio semicolonial o colonial, y desplazar la influencia de otras potencias imperialistas.

 

La dominación incluye aumentar cada vez más la explotación y expropiación de las riquezas de los pueblos oprimidos; el saqueo y la rapiña a los recursos naturales de las naciones subyugadas; y, por último, pero no menos importante, la de interrumpir a hierro y fuego la ola de la rebelión de las masas, que en América Latina ya toma forma de un movimiento contando con un promisor elemento consciente, organizado y revolucionario.

 

Estrategias yanquis para el dominio regional

 

Sin embargo, la subyugación de un subcontinente casi entero, bajo las botas de los imperialistas yanquis, tiene como antecedentes y marco inicial las independencias de Puerto Rico, en 1898, y de Cuba, en 1902, así como la construcción del Canal de Panamá a partir de 1903, cuando USA comenzó a poner  en práctica su “Doctrina Monroe”. Declarada en 1923 al Congreso yanqui por el entonces presidente Joe Monroe, ella definía el lema “América para los Americanos” y demarcaba el dominio yanqui, y no europeo, sobre el territorio.

 

Poco tiempo después, el presidente Theodore Roosevelt (1901-1909) reforzó la “Doctrina Monroe” a través del llamado “Corolario Roosevelt”, e intentó profundizar el aparente “derecho” de intervenir en América Latina en casos de crisis económica o política, o de dificultad de esas naciones en pagar la deuda externa contraída, muchas veces, con el propio USA.

 

El año de 1912, la “Diplomacia del Dólar”, establecida por el presidente William Howard Taft (1909-1913), trajo otra forma de control: la concesión de grandes préstamos, objetivando la dependencia económica de los países latinoamericanos, y la consecuente dominación de los mismos, con la obtención de legislación aduanera y fiscal favorables a sus productos, y concesiones esdrújulas para explotación de recursos naturales.

 

Ya Franklin D. Roosevelt (1933-1945) utilizó el abordaje de la “Política de la Buena Vecindad”, después del pueblo rechazar combativamente políticas abiertamente agresivas como la del “Big Stick” y tener la experiencia de las Revoluciones Rusa y China como guías. La “buena vecindad” se daría a través de “inversiones” que, en la práctica, profundizaron los endeudamientos de las naciones.

 

La “Doctrina Truman”, como quedó conocida, fue una ofensiva anticomunista implementada de 1941 a 1961, llevada a cabo por el presidente Harry Truman (1945-1953), de persecución a los comunistas y demócratas por USA en América Latina, inflada por el Macartismo (práctica de acusar alguien de subversión), y que intentaba impedir el avance de la revolución, en periodo de equilibrio estratégico de la Revolución Proletaria Mundial.

 

Con el revisionismo de la Unión Soviética y China, el proletariado internacional fue cada vez más golpeado por el imperialismo, que propagaba el “fin de la historia” y que no habría más alternativa que no el sistema capitalista en su fase imperialista. A través de paquetes económicos y préstamos impuestos por el Fondo Monetario Internacional (FMI), los países latinoamericanos profundizaron su deuda y la explotación recrudeció.

 

Llegando al inicio del siglo XXI, con la farsa del 11 de septiembre, George W. Bush (2001-2009) inició la caza contra la nueva amenaza mistificada: el “terrorismo”. Esa cacería intentará legitimar las “guerras preventivas”, así como diversas “medidas antiterrorismo”, que nada más son que guerras de agresión y rapiña. Los viejos Estados centro y suramericanos, sumisos al imperialismo yanqui, dejaron que varias de esas medidas fueran aplicadas contra sus pueblos y naciones respectivos, como el mayor control de flujos de personas y suministro de datos de inteligencia a órganos yanquis, así como la invocación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.

 

Es en la necesidad ineludible de saquear las naciones latinoamericanas, aunque sin que eso se revele como ataque a la soberanía de la mayor parte del subcontinente, que fueron creadas las estrategias que se desarrollan a través de verborragias, de frases vacías. Es el caso del “combate al narcotráfico”, a las “narco-guerrillas”, a las “organizaciones criminales”, la “ayuda a los desastres naturales” y el “combate a los crímenes ambientales”.

 

La inescrupulosa misión del Comando Sur

 

Bajo esa cortina de humo, los yanquis continúan a militarizar, controlar y monitorear nuestro subcontinente. A través del Comando Sur de Estados Unidos, uno de los diez Comandos Combatientes Unificados de que dispone el Departamento de Defensa de USA, se da la operación compleja de administración de las constantes crisis sociales, económicas y políticas en su patio.

 

Tal Comando es el responsable por proveer planes de “contingencia, operaciones y cooperaciones en su ‘Área de Responsabilidad’”, que incluye “Centroamérica (abajo de México), Sudamérica y Caribe, con sus aguas adyacentes”. Además de eso, garantiza la “capacidad de respuesta rápida, colaboración con naciones amigas y cooperación regional para amparar objetivos de seguridad norteamericanos [..]”, en las palabras de la propia web oficial de la organización.

 

El Comando Sur es también un Comando Conjunto, formado por más de 1,2 mil militares y civiles representando el Ejército, Marina, Fuerza Aérea, Fusileros Navales, Guardia Costera y diversas agencias federales como la DEA, la Agencia de Inteligencia de Defensa (AID) y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en la sigla en inglés).

 

El Centro de Operaciones Conjuntas de Reconocimiento y Vigilancia es otro órgano del Comando Sur, que reporta informaciones y provee control radar durante operaciones, integrando las informaciones obtenidas de los diversos radares instalados y repasando esas informaciones al otro centro de monitorización, la Junta Interdepartamental, que es una organización compuesta por representantes de diversas organizaciones, como la policía federal (FBI), Guardia Costera, Receta Federal y Fuerza Aérea. Esa estructura de radar se asemeja a la estructura instalada en Manaos por el proyecto “Sistema de Protección de la Amazônia” y el “Sistema de Vigilancia de la Amazônia” (Sipam/Sivam).

 

Bajo control del Comando Sur, existen, aún, dos Localidades de Seguridad Cooperativas, antes conocidas como Localidades de Operaciones Avanzadas, localizadas en Aruba/Curaçao (colonias holandesas) y El Salvador. La instalación de esas localidades en territorio extranjero tuvo como principal argumento, mediante contratos de arrendamiento temporal de las instalaciones, la “necesidad de presencia continua estadunidense en el combate al narcotráfico”.

 

Además del Comando Sur, los yanquis desarrollaron a lo largo de los años varias instituciones militares cuyas misiones y operaciones genocidas dejaron millones de muertos.

 

La Escuela de Américas

 

La Escuela de Américas, que operó en Panamá entre 1946 y 1984, tuvo que salir del país debido al tamaño rechazo popular. Ella fue instalada, a partir de 1984, en Fort Benning, en la ciudad de Columbus (Geórgia), en USA.

 

En 2001 su nombre fue alterado para intentar borrar la historia de intervención y, desde entonces, pasó a ser llamado “Instituto del Hemisferio Occidental para Cooperación y Seguridad” (IHOCS). En él, USA continúa entrenando militares, policías, guardias de frontera y civiles de toda América Latina y Caribe, en la base militar en Fort Benning. Además de eso, los instructores viajan por todo el subcontinente para dar entrenamiento militar.

 

En los golpes de Estado, todos tutelados por USA, en Honduras (2009) y en Bolivia (2019), estaban envueltos graduados de la Escuela de Américas. El golpe en Honduras dejó, de legado, el gobierno de Juan Orlando Hernández: lacayo a USA que llevó las masas a la profunda miseria, hambre y desempleo, con tasas de todos los problemas sociales como homicidios y violaciones alcanzando niveles absurdos, y Hernández enterrado hasta el cuello en denuncias de corrupción y conexiones al tráfico de drogas internacional. Todo eso, en medio al creciente auxilio proporcionado por el ejército y policía yanquis, en los más variados campos. Además de eso, sirvió a los intereses yanquis de los grandes proyectos de “desarrollo” en el país, que envolvieron robo de las tierras hondureñas por las multinacionales, desalojo masivo en los campos,

 

Otro ejemplo de las monstruosidades gestadas en esa “Escuela” es el Batallón Atlacatl, que recibió entrenamiento por la CIA, y fue responsable por la Masacre del Mazote, que comprende una serie de masacres contra civiles cometidos por el batallón Atlacatl (batallón de “respuesta rápida”) de las Fuerzas Armadas del Salvador, durante una operación de contra-insurgencia realizada de 10 a 12 de diciembre de 1981, en las aldeas del Mozote, La Joya y Los Toriles, en el norte del departamento de Morazán.

 

Aproximadamente 985 hombres, mujeres y niños campesinos salvadoreños fueron muertos, en consonancia con investigaciones de la “Comisión de la Verdad” (un órgano de la ONU creado para investigar los actos de violencia cometidos durante la guerra civil salvadoreña).

 

La Cuarta Flota yanqui

 

Existe, también, la Cuarta Flota de USA, un conjunto de bases altamente operacionales con gran capacidad de desplazamiento donde están empleadas fuerzas marítimas (navíos, aeronaves y submarinos) para mantener el acceso y aumentar la interoperabilidad en la región. Ella es, en sí, un conjunto de bases altamente operacionales con gran capacidad de desplazamiento. La Cuarta Flota fue inicialmente creada en 1943, para hacer frente a los intereses alemanes en Atlántico Sur, siendo disuelta en 1950. Ella fue posteriormente reactivada, en 2008, cuando se desató más una crisis de súper producción capitalista, que impactó profundamente el país imperialista hegemónico.

 

En la época, el Almirante-de-Retaguardia James Stevenson Jr., comandante de las Fuerzas Navales del Comando Sur, declaró: “Este es un cambio significativo, que nos da la oportunidad de reunir los recursos correctos para las misiones que desempeñamos para el Comando Sur […]”.

 

El Almirante Gary Roughead, Jefe de Operaciones Navales también dijo, en la misma oportunidad, que “la reconstitución de la Cuarta Flota reconoce la inmensa importancia de la seguridad marítima en la parte sur del hemisferio occidental, y envía fuerte señal a todos los servicios marítimos militares y civiles en Centroamérica y Latina”. La reactivación de la Cuarta Flota, sin aviso previo por parte de USA, “coincidió” también con los descubrimientos del Pre-Sal en el mar territorial brasileño.

 

 

Plan Colombia: síntesis de la intervención

 

El Plan Colombia, realizado entre los años 2000 a 2015, fue una ofensiva yanqui contra el subcontinente latino-americano, más particularmente Colombia, bajo el mote de “combate al narcotráfico” (que objetivaba combatir las guerrillas en el territorio) y tener mayor control estratégico sobre la región.

 

Como ya afirmado en el AND, “para USA, derrotar las guerrillas colombianas es un asunto estratégico y vital, porque no pueden permitir que a tres horas de Miami exista este mal ejemplo para la juventud y para los pueblos, que viendo el estado de decadencia social que hay en el continente, puedan también optar por este camino. Por esto, la guerrilla está en la asesta del imperialismo, como un blanco. Colombia es una ventana para los dos océanos; su espalda permiten ver  USA y, de otro lado, a América Latina y por esto hay una lucha estratégica por el país”.

 

Bajo el Plan Colombia, USA no tenía bases legales en ese país, en parte porque no necesitaban de ellas para mantener sus operaciones, ya que tenían 44 edificios y casi cuatro hectáreas de tierra. Pero eso cambió en 2006, durante las negociaciones que resultaron en la instalación de siete bases en Colombia, que proporcionan una presencia permanente en todo el país. Además, los yanquis poseen acceso a un número indeterminado de aeropuertos y puertos civiles.

 

No sorprendentemente, fue Joe Biden, actualmente el representante máximo del imperialismo yanqui, como jefe de ese país, uno de los arquitectos del Plan Colombia, como senador, en la época.

 

Como vicepresidente en el gobierno de turno de Barack Obama (2009-2017), ayudó a orquestar el “Paz Colombia”: el mismo plan que permitiría la continuación de la intervención militar y aplicación de sus intereses económicos en el país y en el subcontinente, sólo bajo otro nombre. Los cambios, sólo en apariencia, ocurren después de los incontables crímenes contra la humanidad practicados por las tropas colombianas y yanquis en aquel país, que causaron la muerte de más de 10 mil personas durante los años de la aplicación del plan, generando indignación y rechazo a la intervención yanqui no sólo nacionalmente, como internacionalmente.

 

 

 

Un monstruo gigante, pero debilitado

 

Justamente por causa de su enorme presencia militar, el imperialismo yanqui es aquel que posee mayores dificultades. Los gastos de USA para sostener su aparato militar por el mundo consumen 738 mil millones de dólares, representando 40% de todo el gasto militar mundial. Todo garantizado con el drenaje de recursos de las naciones agredidas y con el achaque contra su propio pueblo.

 

Siendo un aparato para la opresión, explotación y subyugación de los pueblos, enfrenta decidida resistencia en aquellos puntos más neurálgicos, como en Afganistán, Irak y otras naciones agredidas, lanzando, con su acción de rapiña, naciones enteras para la corriente antiimperialista. Como dijo el Presidente Mao Tsetung, es el imperialismo un buen profesor para los pueblos, a medida que, con su acción genocida, les despierta para luchar por la completa emancipación.

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