Editorial – Basta una chispa para que estallen nuevas revueltas

Editorial – Basta una chispa para que estallen nuevas revueltas

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Febrero asistió a una nueva  rebelión obrera, esta vez en la construcción de la hidroeléctrica de Colíder, a las márgenes del río Teles Pires, en Mato Grosso. Cuando supieron que no recibirían la totalidad de las horas extras trabajadas durante el carnaval, los trabajadores ocuparon el terreno de las obras y paralizaron la construcción. Los alojamientos, vehículos e instalaciones de la empresa fueron incendiados y hay denuncias de enfrentamientos entre obreros y vigilantes privados del consorcio constructor.

Como de praxis, el tratamiento dado a los obreros fue de criminales. Policía, prisiones, decenas fueron acusados de robo armado, formación de cuadrilla, incendio y amenaza. Más de mil obreros serán dimitidos, la presencia policial en las obras será reforzada, etc. Pero ninguna palabra sobre los motivos que llevaron los obreros a rebelarse.

Este es el estilo petista de “gestión de crisis obreras”: policía, despidos, finalmente, criminalización de arriba abajo. A ejemplo de lo que ocurrió y sigue ocurriendo en Jirau, Santo Antônio, Belo Monte, Suape y decenas de otras grandes obras por el Brasil, los trabajadores son obligados a soportar callados la superexplotación , las pésimas condiciones de existencia, los malos tratos, etc.. Cualquier señal de descontentamiento es rápidamente sufocado y no son raros los casos en que obreros son trancados en mazmorras para aprender cómo funciona el desarrollismo petista.

Y que no se diga que esas perversidades son practicadas sólo a mando de los grandes burgueses burocráticos, dueños de las contratistas, principales beneficiarios de la fiesta con dinero público que sostiene el glorioso crecimiento cero del PIB del país. No, señores! Emana del propio Palacio del Planalto la directriz para tratar obreros huelguistas cómo terroristas y vándalos, así como para no economizar en policía, Fuerza Nacional, o aún, las fuerzas armadas para cohibir cualquier foco de rebelión.

Siguen los procesos criminales (eso mismo, criminales) contra obreros de Jirau (aún hay obreros desaparecidos), Belo Monte (5 obreros quedaron detenidos de 11 de noviembre a 18 de enero de este año) y otras obras.

Y cuando se piensa que nada de más escabroso puede ser descubierto, un cautiverio de mujeres es revelado dentro de las obras de Belo Monte. Las mujeres eran obligadas a prostituirse y vivían en condiciones infrahumanas, semejantes a las infligidas a los propios obreros. Una consejera tutelar afirmó que sólo era posible llegar hasta la “boîte” a través de las de obras de Pimental, la mayor de Belo Monte. Esa terrible situación nos hace recordar la abyecta declaración de Paulo Pereira da Silva, presidente de la Fuerza Sindical, diputado federal (PDT-SP):

– Como es que colocan (sic) en la selva amazónica centenares de hombres sin mujer? Es necesario tener burdeles junto a las obras – dijo el agente pro-patronal (fuente: periódico O Globo de 1/4/2011).

Y así los obreros y las mujeres del pueblo van siendo sacrificados en el altar de la visibilidad internacional del oportunismo petista, que factura alto con esa “blindaje” contra la crisis internacional de superproducción, mientras garantiza el logro máximo que socorre los monopolios en crisis y promueve la gran burguesía burocrática con privilegios de financiación pública y superexplotación  de la fuerza de trabajo nativa.

Recientemente los próceres del oportunismo se regocijaron con el índice manipulado del 5,5% de desempleo, lo que, según ellos, en época de crisis internacional, era una seña más de cuan fuerte anda nuestra economía. Como si el hecho de haber “pleno empleo”, por sí sólo, fuese atestado de ampliación de la democracia. Nunca es en vano recordar que la Alemania nazi también alcanzó el pleno empleo en la década de 1930. Y así trabajan ellos con índices fallutos o tomados fuera de contexto para, conforme la conveniencia, inflar su publicidad.

Y tratándose del empleo, poco o nada se habla sobre su calidad, o sea,  sobre el descenso general de los salarios, ni sobre el tiempo de permanencia de los trabajadores en el empleo. También, en el caso de las obras del PAC y de las reformas y construcciones de estadios para la Copa y las Olimpíadas, las condiciones de trabajo y el tratamiento dispensado a los obreros cotidianamente – y en sus justas revueltas – cuando la resistencia a la opresión y humillaciones se tornan inexorables.

Y esos obreros siguen llevados como ganado de un estado a otro del país, de obra en obra, sin ninguna perspectiva de mejora de su situación y sin tener ni siquiera como contar con sus “representantes” en sindicatos u otras entidades. Comprometidos con la gerencia petista o con sus propios proyectos oportunistas electoreros, la mayoría de esos sindicatos y las centrales sindicales no piensan media vez antes de vender cualquier derecho de la categoría o delatar un liderazgo huelguista en pago de las migajas que el viejo Estado distribuye.

Ese es el escenario de la vida y lucha de los obreros en las grandes obras esparcidas por el país. Si por un lado son muy duras sus condiciones de trabajo y existencia, por otro la insatisfacción se esparce en el subterráneo, como el magma, buscando una grieta para transbordar y quemar lo que encontrar. No hay militarización o represión que impida eso.

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