Editorial – Intervención militar y golpe de Estado

Editorial – Intervención militar y golpe de Estado

El decreto federal de intervención militar en Río de Janeiro, comprendiendo toda la esfera de la seguridad, incluyendo policía civil, bomberos y sistema carcelario, es un paso más en la dirección del golpe de Estado militar contrarrevolucionario preventivo a una futura e inevitable insurgencia popular que ya atormenta el eje Washington-Brasilia. En última instancia, es globo de ensayo en la preparación de la opinión pública nacional e internacional para el mismo.

Un cuadrillero en el papel de presidente y su ministro de la defensa, hechos dos muñecos de ventrílocuo, cercados por dos generales, hicieron el anuncio de la intervención militar en un escenario de crisis generalizada. Allí, la supremacía del militar sobre el desmoralizado gerente expresa claramente la falencia cabal del sistema político de un Estado en franca descomposición.

Las Fuerzas Armadas (FF.AA.) de un país son la fuerza medular de su Estado, el poder de hecho y, por lo tanto, el último ejemplar a garantizar la ley y la orden impuesta por las clases dominantes – en el caso de Brasil, la gran burguesía y los latifundistas serviles del imperialismo, principalmente yanqui – como mantenedores históricos de nuestra subyugación nacional.

Río de Janeiro es la vitrina de Brasil, para dentro y para fuera del país, y sede de la Red Globo, hegemónica en el monopolio de los medios de comunicación que llama para sí la última palabra en términos de políticas públicas aplicadas al Estado y la defensa de los intereses del “mercado” y del imperialismo.

Desde el inicio de la Operación “Lava Jato” hemos afirmado la acción de una “mano oculta” manejando la campaña anticorrupción, con el objetivo inmediato de limpiar la fachada de las principales instituciones del Estado, desgastadas y desmoralizadas en la opinión popular, y salvar su sistema del rechazo completo por el pueblo, como la creciente abstención electoral (además de los votos nulos y blancos) atesta, transformándose en subversión abierta. Tal manejo operado por el Ministerio Público y Judicial, secretamente centralizado por determinada sección del Alto Mando de las FF.AA., es inspirado por la Embajada yanqui y cuenta con las trompetas de la Red Globo.

El alto mando de las FF.AA. buscó la intervención militar después del vaciamiento de la Operación “Lava Jato”, cuya ola de delaciones implicó los tres poderes de la República y las cúpulas de las siglas del Partido Único, pero que con la operación “salvar el gobierno Temer” necesario a la aplicación de las “reformas” antipueblo y vende-patria del imperialismo, condujo, en lo esencial, a la impunidad de las cúpulas mafiosas de la política oficial.

Como planificado, ante el fracaso, en Río, de la operación conjunta con la PM por el mantenimiento de la “Ley y de la Orden”, el paso siguiente sería la intervención directa en el estado con la centralización del mando en las manos de las FF.AA.. Maquinación similar a la que se aplica a los procesos de privatización, cuando la empresa “víctima” es arruinada para enseguida ser privatizada.

Por “pura” coincidencia, la policía desapareció de las calles de la Zona Sur en los dos primeros días del carnaval, posibilitando un aumento de la delincuencia en la margen marítima alcanzando a quienes se divertían, nacionales y extranjeros. Tales incidentes, tres o cuatro, pasaron a ser exhibidos en toda la programación periodística del monopolio de prensa y comunicación de forma repetitiva, de sábado hasta el día de decretar  la intervención.

Lógicamente que no fue la denuncia de la Globo sobre la violencia en el carnaval que determinó el decreto de intervención militar. La falencia de la autoridad del viejo Estado en Río es un hecho. La Globo sólo creó el clima en la opinión pública para recibir como inevitable y de buen grado la intervención.

Intervención militar que sin sombra de dudas provocará inmensos disturbios para la población, principalmente de las favelas, pero no sólo. El decreto autoriza la invasión indiscriminada de todas las viviendas de áreas en “conflicto”, teniendo los militares carta blanca para prender, torturar y matar, con la garantía jurídica de la impunidad. Y, para agravar más aún el penar del pueblo, el vendepatria Meirelles propuso retirar recursos de otras áreas para reforzar la represión.

Este será el coste que el pueblo tendrá que pagar para la garantía de la “ley y de la orden” establecidas por un Estado burocrático y genocida que se descompone literalmente, hundido como se encuentra en una crisis de falencia de su sistema político, en la crisis general de una economía capitalista burocrática, en la crisis social y moral. Crisis que alcanzó todas las instituciones del viejo Estado, arrastrando para su lecho su última reserva: sus FF.AA. reaccionarias formadas y cultivadas en el anticomunismo más brutal. Este acontecimiento revela la crisis de dominación en la cual entró la situación política nacional.

Y este impulso de la guerra civil reaccionaria, que el viejo Estado hace tiempo lanza contra el pueblo, llevará cada vez más ataques de las FF.AA. contra las masas, lo que resultará en más luchas y elevación de la protesta popular y escalada de la violencia, en medio de aguda crisis social. Y muy al contrario de los resultados que propalan los defensores de su intervención, podrá llevar a la ira popular, más que nunca, a levantar alto el lema de Combatir, Resistir!

La inevitable profundización del genocidio contra el pueblo y consecuente implicación de miembros de las Fuerzas Armadas con el tráfico de drogas y armas traerá a la luz la realidad oculta de la corrupción que medra en las altas esferas de estas y llevará su propia desmoralización, siendo este el prenuncio de la ruina total del viejo Estado. Y esto quedará probado más rápido de lo que piensan los falcones de este decrépito sistema de explotación y opresión del pueblo, así como sus gerentes de turno, los actuales como Temer y su cuadrilla al pugnar por sacar provecho electorero de la intervención.

A los oportunistas, como parte del proceso, en la patética posición de vanagloriar y adular las FF.AA. reaccionarias, acusando Temer de usarlas electoreramente, les resta el acatamiento, bravateando su holgado discurso de protesta.

Esta situación es nada más que el inicio de los dolores del parto para una nueva realidad, un nuevo sistema económico-social y un nuevo régimen político que surgirán de la Revolución Democrática, Agraria y Antiimperialista como la única solución para la redención de los brasileños y la liberación de la nación en la construcción de un Brasil Nuevo.

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