Editorial – Persistir en las movilizaciones por la Huelga General de Resistencia Nacional

Editorial – Persistir en las movilizaciones por la Huelga General de Resistencia Nacional

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Las victoriosas movilizaciones en defensa de los derechos del pueblo (como la ocurrida el día 13 de agosto), y especialmente la Huelga General que ocurrió en el 14 de junio, fueron demostraciones patentes del repudio popular, en el campo y en la ciudad, contra las medidas draconianas de cortes de derechos en la legislación previsional y en la política educacional, medidas  impuestas por la ofensiva contrarrevolucionaria preventiva de las Fuerzas Armadas reaccionarias que empalmaron el gobierno del fascista Bolsonaro.

Las huestes bolsonaristas y la prensa de los monopolios hicieron de todo para desmerecer las iniciativas de los trabajadores y de la juventud combatiente, que paralizaron fábricas, transporte, servicios públicos en general, escuelas públicas y privadas. El oportunismo, por su parte, cumplió el bajo papel de desviar la lucha de las masas para fines electoreros por medio de varios subterfugios, como “Lula libre”. Sin embargo, no lo consiguieron.

Recientemente, el día 13 de agosto, una nueva ola de manifestaciones sacudió las capitales de los estados y principales ciudades del interior de Brasil, dando un nuevo impulso en la lucha contra la propuesta de los golpistas reaccionarios de retirar derechos de los trabajadores y de la juventud. Varias capitales contaron con la decisiva participación entusiasta y enérgica de la juventud combatiente y de varias categorías de trabajadores, lideradas por los sindicatos clasistas combativos y organizaciones revolucionarias de estudiantes y de la juventud del pueblo, conformando, poco a poco, el núcleo de dirección de la resistencia popular por ciudades y poblados, en todas las regiones del país.

Consignas fueron estampadas en grandes pancartas y cantadas por los manifestantes con los lemas de “Huelga General de Resistencia Nacional” y “Contra la ‘reforma de la seguridad’, huelga general!”. Los manifestantes también quemaron las banderas de USA e Israel, repudiando el chupamedias de Bolsonaro y su gobierno tutelado por las Fuerzas Armadas, y sus anunciados proyectos vende-patria.

No importa que la propuesta de los golpistas haya pasado en la putrefacta Cámara de los diputados, antro de corruptos. Tampoco importa que ella haya tenido la misma suerte en Senado, refugio de la oligarquía latifundista-burocrática, servil del imperialismo. Ellos pueden aprobar mil leyes para su propio beneficio pisoteando los parcos derechos conquistados en duras luchas por el pueblo. Estos remanentes del feudalismo operan con un viejo dictamen de la vieja república: “Para los amigos: todo; para los indiferentes: la ley; y para los enemigos: los rigores de la ley”. O sea, para las clases dominantes la ley es sólo un detalle. Cuando la ley les limita aumentar la explotación y opresión de las clases dominadas, ellas simplemente alteran la ley.

Las movilizaciones y la lucha popular, a la vez que resisten a los ataques a los derechos del pueblo desfechados por la ofensiva contrarrevolucionaria, deben denunciar y repeler toda y cualquier idea de tomar un lado en las pugnas de los grupos de poder de las clases dominantes de situación y “oposición”. Las masas tampoco deben tomar partido en las peleas sucias palacianas entre la derecha del Alto Mando de las Fuerzas Armadas y el grupo de la extrema-derecha de Bolsonaro.

Tal como la idea del “mal menor” defendida por los viejos oportunistas en cada elección, ahora sectores reaccionarios presentan la propuesta de “entregar el gobierno al centrão” a través de la implantación del parlamentarismo, comandado por las viejas plagas, corruptos profesionales como Rodrigo Maia.

La consigna levantada en las manifestaciones por las fuerzas democrático-revolucionarias de “Ni Bolsonaro! Ni Mourão! Ni Congreso de corruptos! Fuera Fuerzas Armadas reaccionarias!” deben ser completadas con la consigna: “Por la Revolución de Nueva Democracia!”.

Sólo la Revolución de Nueva Democracia, con el desencadenamiento de la Revolución Agraria y Antiimperialista, podrá barrer toda esta escoria y construir un Brasil Nuevo.

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