Editorial – Una gran crisis se avecina

Editorial – Una gran crisis se avecina

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Según datos del Banco Central divulgados en noviembre, cada brasileño debe, en promedio, R$ 3.724. Multiplicados por los 192 millones de habitantes que el IBGE dice que Brasil tiene, llegamos al número de R$ 715.000 millones. Hace un año AND (edición 72, diciembre de 2010, Editorial) divulgó datos de un estudio que registraba el endeudamiento total en R$ 555.000 millones, y que 59,8% de las familias brasileñas tenían alguna deuda con atraso. ¡El aumento en el endeudamiento fue del 29% en un año!

Los datos del BC aún apuntan que cada brasileño tiene, en promedio 4,5 deudas, siendo que en São Paulo el promedio es el doble de eso. Tomados los últimos tres años, las deudas aumentaron R$ 320.000 millones, mientras que la masa salarial de los brasileños creció en R$ 36.900 millones.

Aún así, y cumpliendo órdenes de los patrones de afuera, los responsables por la política económica brasileña resolvieron, como medidas “anti crisis”, ampliar aún más el crédito, aumentando el endeudamiento individual y público, ya que también los estados fueron autorizados a contratar préstamos, abandonando el programa de ajuste fiscal que impedía la toma de recursos. El BNDES (Banco Nacional de Desarrollo) también está próximo a la meta de transferir R$ 55.000 millones para empresas este año.

En 1º de diciembre, el ministro Guido Mantega anunció nuevas medidas para “estimular el consumo”: nueva reducción de impuestos en los productos de la llamada línea blanca (cocinas, heladeras, máquinas de lavar, etc.), en las aplicaciones financieras y hasta las contratistas obtuvieron aún más descuentos en impuestos para las llamadas “viviendas sociales”.

En las transacciones corrientes, el Brasil acumula déficits que llegan a R$ 47.300 millones en los últimos 12 meses, cerca de 2 % del PIB. En octubre, las exportaciones cayeron 9,5%, afectadas también por la caída del precio de las commodities. La caída más acentuada fue en el precio del mineral de hierro, provocada principalmente por la disminución de la demanda de China, tendencia que debe acentuarse en los próximos meses.

Como hemos repetido exhaustivamente, debemos recordar que son incontables los mecanismos para burlar el control sobre la remisión de dinero al exterior, así como que las inversiones procedentes del exterior casi nunca son destinadas a la producción, pero fundamentalmente a la especulación, lo que agrava la sangría, ya que el Brasil continúa manteniendo una de las mayores tasas de intereses del mundo. Aún así, datos de la Bovespa apuntan para drástica disminución de inversiones extranjeras. Conforme se agrava la situación en los países más ricos de  Europa, como Alemania y Francia, no hay motivos para creer que no sufriremos también sus consecuencias.

Los bancos, grandes beneficiarios de ese aumento descontrolado de crédito, previendo la marea de insolvencia que se avecina, ya comenzaron a elevar los intereses de los préstamos, que alcanzaron los más altos niveles desde febrero de 2009, a pesar de las recientes caídas en la tasa básica de intereses (SELIC) establecida por el Banco Central. En 30 de noviembre la tasa fue reducida en 0,5%, llegando a 11%.

Mientras la gerente Rousseff y todo su staff se desdoblan en declaraciones optimistas y medidas de ampliación del consumo y endeudamiento de los brasileños, los dueños del negocio, los bancos, tienen una lectura, como mínimo, más realista de la situación: con las manifestaciones de la crisis explotando en el exterior y la disminución de la estimativa del PIB para este año, la previsión es de que el empleo y la renta caigan, comprometiendo la capacidad de pagos. De hecho, hace tiempo que los bancos han practicado el refinanciamiento de deudas, imponiendo más y más intereses usurarios a los deudores. Pero, parece que aún ese recurso está próximo al agotamiento.

Sin embargo, la troupe de oportunistas y tecnócratas al servicio del capital financiero no se da por satisfecha tan fácilmente. Siguiéndose a las fanfarronadas de que “tenemos condiciones de enfrentar desafíos, pues tenemos un mercado vigoroso y la situación fiscal es óptima” (Mantega, 25/11), nadie menos que la directora del FMI, Christine Lagarde, desembarcó en el Brasil con el sombrero en la mano para recolectar la contribución del Tesoro para salvar a Europa de la crisis.

Si algunos tratan eso como una ironía del destino, como si fuera una paradoja que Brasil preste dinero para “el 1º mundo”, los más realistas entienden el hecho exactamente como él es, o sea, se trata de una imposición del capital financiero transnacional que las semicolonias paguen para sacar los más ricos de la crisis. Y esa es sólo una de las formas por la cual los brasileños y pueblos de otras semicolonias pagarán la cuenta de la crisis, porque los monopolios no pensarán dos veces en arrojar miles de millones de seres humanos en las más crueles guerras de rapiña y en la más absoluta miseria para salvar su sistema agonizante, parasitario y en descomposición, como muy bien definió Lenin.

En Europa el proletariado y demás clases trabajadoras han dado muestras de que están dispuestos a luchar en las calles contra la pérdida de derechos. Son batallas campales, huelgas generales y jornadas de lucha que se extienden a través de las fronteras. En USA se eleva un movimiento de ocupaciones de plazas, edificios y calles contra los efectos de la crisis. El Norte de África y Oriente Medio siguen incendiados por las masas en protestas en las calles, por democracia y más derechos. En el Brasil las luchas por categorías, como de estudiantes y profesores, obreros de grandes obras, etc., dan muestras de vigor y combatividad.

Sigue como principal desafío la tarea de dar dirección democrático-revolucionaria a esos movimientos populares, para que esa energía sea canalizada para la efectiva destrucción de ese sistema esclavizador.

Traducciones: [email protected]

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