Escenas de la farsa electoral – Debates exponen mentiras, cinismo e hipocresía

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Escenas de la farsa electoral – Debates exponen mentiras, cinismo e hipocresía

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No basta obligar el pueblo a votar, tienen que hacerlo de bobo. Ese es el pacto del monopolio de los medios de comunicación con los candidatos del partido único para su aparición en los debates, noticieros y programas electorales. 

Hablan mucho y no dicen nada, pues la regla general es elevar a las alturas el nivel de la desfachatez. Así lo determinan los especialistas en marketing contratados para las campañas, canallas diplomados en la especialización de engañar las masas, al imponer a sus contratantes el vestuario, el modo de hablar, las caras y gestos para cada situación, además de los temas a ser evitados y los que deben ser repetidos hasta el hartazgo para transformarse en “verdad”. 

La subordinación como punto de partida

Como ya afirmamos en este espacio los programas de los tres candidatos escalados por la prensa de los monopolios, en el caso, Dilma Roussef, José Serra y Marina Silva, embuten un núcleo común de contenido basado en los compromisos asumidos por Luiz Inácio en 2002 con la mal afamada “Carta al pueblo brasileño”. Esta revelaba toda la subordinación del candidato de entonces a los designios del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, de la Organización Mundial del Comercio y los demás organismos comandados por la Casa Blanca y por las oligarquías financieras internacionales.

Pero si en lo fundamental hay una extrema convergencia, queda entonces un margen muy estrecho para la diferenciación entre las propuestas, o sea, el habla de cada uno tendrá siempre que afirmar, directa o subliminalmente, el compromiso con el imperialismo, con la gran burguesía y con el latifundio de viejo y nuevo tipo. Resta, entonces, buscar esta diferenciación en los detalles. Es ahí que se concentra el gran esfuerzo de cada candidato de mentir más y ser más cínico de que el otro en el papel de hacer al pueblo de bobo, contando para eso con el proceso de entorpecimiento y alienación de las masas , ya llevado a efecto por la programación, principalmente televisiva, sistemáticamente impuesta por los monopolios de comunicación.

Salud, educación, seguridad, medio ambiente, blablablá…

Como los recursos recaudados del pueblo por el empodrecido Estado brasileño se destinan a nutrir el imperialismo y lo que sobra es distribuido con las clases dominantes lacayas y con los oportunistas de turno en la gestión del viejo Estado, lógicamente no sobran recursos para garantizar a las masas el mínimo posible en términos de sus necesidades más apremiantes, como la tierra, el empleo, la salud y la educación, generando, así, ese cuadro de inestabilidad social del cual la delincuencia y la criminalidad son el efecto y no la causa, pero que las clases medias, principalmente, les dan gran importancia.

Este es el caldo de cultura para la proliferación de todo tipo de demagogia, falsas promesas e hipocresía. Prometer construir cinco mil puestos de salud, diez mil escuelas técnicas, veinte mil guarderías, mil clínicas para recuperación de drogados, mil más de esto, tres mil de aquello y otras promesas por kilo o tonelada.

Esta es la lógica de los especialistas en marketing para engañar las masas: partir de sus necesidades básicas para, usando un formato novelístico, donde personas del pueblo son usadas como actores, pasar para la sociedad la ilusión de que este problema ya está siendo resuelto por su facción y será atacado definitivamente si el pueblo destinar su voto al hipócrita que les habla. Mientras Dilma Roussef dice que el presidente Lula ya hizo eso, José Serra habla que en São Paulo su gobierno hizo aquello, Marina Silva afirma que en el Acre tal cosa está funcionando hace años y, por lo tanto, si electos extenderán para todo el Brasil esas “fabulosas” experiencias. Esta es también la lógica de los aprovechadores: crear vitrinas para vender la ilusión a las masas de que un día a cada individuo le llegará su vez.

No es de Cardoso ni de Luiz Inácio la autoría de los programas de focalización como Bolsa Familia, Prouni, Mi Casa Mi Vida. Todos ellos son del recetario de políticas “compensatorias” del Banco Mundial y que para que surtan el efecto de la ilusión en las masas necesitan ser acompañados de una masiva carga de propaganda. No es casual, por lo tanto, que en el periodo preelectoral vultuosas sumas de dinero hayan sido gastadas por las fracciones del partido único.

Pero el pueblo no es bobo

La tremenda presión ejercida sobre las masas para llevarlas al voto, inclusive, la propaganda del órgano responsable por la realización de la elección, si por un lado aún consigue encuadrar una razonable parcela del electorado, por otro es expresiva la parcela que rechaza el proceso electoral farsante. Y ella es cada vez más creciente, no dejándose llevar por el chantaje que las clases dominantes hacen para tener sus cuadros “democráticamente” electos y “legítimamente” dar continuidad a la explotación y opresión de la inmensa mayoría del pueblo por cuatro años más. Comenzando por la juventud, que aún teniendo el “derecho” de voto a partir de los dieciséis años, se niega a comparecer al Registro Electoral para recibir el Título de Elector, pasando por la organización de comités contra la farsa electoral. Estos comités se diseminan por todo el país, tanto en las ciudades como en el campo, constituyéndose en un movimiento de significativa importancia por el hecho de revelar una elevación de la conciencia de las masas sobre el carácter de las elecciones burguesas y la búsqueda de la verdadera salida para una transformación en profundidad de la realidad brasileña.

El boicot activo es el hecho nuevo de esta elección

En todas las elecciones realizadas anteriormente, una parcela del electorado protestó no compareciendo a las urnas o compareciendo y anulando su voto o, aún, votando en blanco. El surgimiento de los comités de lucha contra la farsa electoral, instigando las masas a no sólo boicotear las elecciones, pero a iniciar la preparación de la revolución como la única vía de efectuar una verdadera transformación en el país, es lo que podemos llamar de hecho nuevo en el escenario político brasileño.

Las consignas de “Abajo la farsa electoral”, “No vote, organícese y luche”, “Elección No, Revolución Sí” y aún de “Voto nulo” surgidas a lo largo de los últimos años y ya vistas por los muros de todo el país, circulando en panfletos y convocatorias de reuniones de los comités, revelan que, diferentemente de las protestas individuales y dispersas, se inicia un proceso que demuestra no sólo una elevación del nivel de politización como también de organización.

Y, aún llevándose en consideración que todavía no es un movimiento masivo, esto debe ser enaltecido como un avance en la comprensión de que a través de elecciones bajo el dominio de las clases reaccionarias la única cosa que podemos esperar es la reproducción de la vieja política de la vieja democracia burguesa corrupta desde la médula y que sólo a través de la revolución se puede marchar para una democracia nueva, en la cual, en vez del predominio de las clases reaccionarias, la hegemonía sea de los sectores populares nucleados por la alianza obrero-campesina.

Solamente una República Popular, salida de un proceso revolucionario, podrá efectivamente corresponder a los verdaderos anhelos democráticos de tierra, empleo, salud, educación y justicia. Fuera de eso, son las mentiras, el cinismo y la hipocresía imperante.

Traducciones: [email protected]

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