Nuevas máscaras para la vieja farsa

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Brasil vive un régimen de partido único travestido de multipartidismo representado por las decenas de siglas registradas en el Tribunal Electoral. Tanto los aspectos programáticos como la práctica en el ejercicio del gerenciamiento estatal (federal, estadual y municipal) no dejan duda cuánto a la similitud de estas siglas. Tanto es así que hacer el papel de "oposición" se constituye en una de las más arduas tareas de la fracción que se encuentra, ocasionalmente, en esta condición. Inventar divergencias puntuales para atacarlas, cuando esta misma agremiación las practica en otra región o esfera política es, pues, papel para los más ilustres caras duras.

Aunque se excluya del ejemplo el camaleónico PMDB, caso inusitado de adhesión y adherencia al aparato estatal, las otras dos mayores siglas, PT y PSDB, profesan tamaña identidad que sus líderes no sólo no disimulan como hasta propagandean tal similitud.  Usando cómo tribuna su columna semanal en la Folha de São Paulo, Marina Silva fue taxativa: "Si mantuvieran puntos de contacto, difícilmente se harían rehenes de mayorías indefinidas y, muchas veces, inconsequentes. La permanente posibilidad de alianza entre ambos equilibraría los acuerdos políticos en general, atrayendo cuadros responsables del PMDB, del DEM, del PV, del PDT, del PSB — de todos, finalmente — y reduciendo el margen de casuismos. Unidos por el rescate de la política y por medio de un alineamiento ético, PT y PSDB contribuirían para catalizar lo que hay de mejor en todos los partidos, en beneficio de sí mismos, de los demás y, principalmente, del país".

Aécio Neves, a su vez, no dejó por menos. En 2008, al montar acuerdo con vistas a elegir el intendente de Belo Horizonte, avanzó en vaticinios con vistas a 2010, declarando: "PT y PSDB no necesitan ser enemigos declarados por toda la vida. Si nosotros que ya tenemos identidad en tantas cuestiones (...), quien sabe no podemos estar juntos en la construcción de un gran proyecto futuro" y, recientemente, al ser homenajeado por la Asociación Comercial de Río de Janeiro:"No podemos negar la realidad. El gobierno Lula trajo avances importantes, gran parte en función del gobierno anterior, de la estabilidad de la economía. Me Gustaría inclusive que el gobierno Lula también reconociera los avances que vinieron del gobierno Fernando Henrique Cardoso". A los empresarios y políticos conectados al PSDB, él dijo creer que los cuatro mandatos, respectivamente de FHC y de Lula, serán vistos por los historiadores del futuro como un sólo ciclo de desarrollo, que partió de la estabilidad económica para la expansión de las políticas sociales.

Sopapos y besos

La historia de las relaciones entre estas dos agremiaciones es nada más nada menos que un rosario de arreglos y pugnas.

Arreglos para llevar adelante la política de subyugación nacional dictada por el capital financiero internacional, aparentemente articulada y monitoreada por sus agencias, tales como FMI y Banco Mundial, vía clases dominantes locales (la gran burguesía y latifundistas de viejo y nuevo tipos) para explotar y oprimir las masas populares a través de los gerenciamientos de turno del viejo Estado burocrático que representan.

Pugnas en la disputa de las sobras (nada despreciables), lo que significa luchar por decidir quién controla más el aparato estatal, tanto en sus niveles federal, estadual y municipal, cuanto a sus ámbitos ejecutivo, judicial y legislativo. Es, pues, una competición en el campo de las clases dominantes reaccionarias, por más que se encubran con los velos de "socialismo", "socialdemócrata", "popular" u otra nomenclatura "políticamente correcta". La mediocridad y el retraso son tales que de ninguno de los dos bandos se puede vislumbrar proyectos ni siquiera tímidamente reformistas, no yendo más allá de los discursos y llamamientos demagógicos, populistas y tecnicistas, ya que ambos, como parte del establishment, se tornan cómplices para llevar adelante las contra reformas exigidas por el imperialismo.

Los padres son el Banco Mundial y el FMI

En el inicio de julio, en la conmemoración de los 15 años del Plan Real, sólo elogios, aunque en el pasado la demagogia petista haya atacado el plan que el PSDB concede todas las honras a Cardoso, mientras otros atribuyen a Itamar Franco y que, en realidad, fue una imposición del FMI y del Banco Mundial. Como ninguna semicolonia  tiene poder de trazar cualquier directriz de peso para su economía, tanto PT cuánto el PSDB, eunucos que son, lo máximo que han hecho y lo máximo que pueden reivindicar es la condición de gerentes, tutores o meros aplicadores de las políticas elaboradas por el imperialismo e impuestas a nuestro país. La Carta "al pueblo brasileño", firmada por Luiz Inácio para señalizar a las clases dominantes su compromiso de fuerza del y stablishment y pasaporte a su investidura en el gerenciamiento de los intereses imperialistas en Brasil es suficiente para demostrar nuestra afirmación. Ahí vienen las disputas en torno al "bolsa familia" y de las "políticas sociales focalizadas", "políticas compensatorias" del arsenal de dominación encomendado por el Banco Mundial. En su propaganda en la Tv cada uno defiende para sí la paternidad de los programas sociales, lógicamente, con la promesa de mejorarlos e impulsarlos más aún.

Ellos se merecen

No por casualidad ambos se identifican tanto en cultivar un apetito insaciable por CPIs cuando en la oposición y un pavor horrendo a las mismas cuando en la situación. Dos casos recientes: la CPI de la Petrobrás pedida por el PSDB y la CPI de la administración Yeda Crusius. Cuando la cosa huele, principalmente, a corrupción, ambas agremiaciones mueven cielos y tierra para impedir la investigación de los indicios apuntados por los oponentes. Cuando se hace imposible la instalación de la misma, he ahí que viene el arreglo para que todo termine dando en nada. El episodio del "mensalon" que lo diga. Cuando una CPI amenaza ir hondo en las fechorías petistas la fórmula para pararla es proponer que las investigaciones se extiendan a los ejercicios de la administración Cardoso. 

El agronegócio: la nueva disputa

En las elecciones pasadas los latifundistas de viejo y nuevo tipos dieron su apoyo al PSDB. Ahora, muchos están en duda, tamaña las lisonjas y facilidades que Luiz Inácio ha dedicado al sector más atrasado de nuestra sociedad. Desde el de distinguir como héroes  a los dueños de usinas de caña de azúcar hasta el de colocar a disposición recursos del BNDES para fusiones como la de la Sadia y Perdigão, pasando por la financiación de la cosecha agrícola de la cual 80% va para los latifundistas, sin hablar de las interminables amnistías y renegociación de deudas que al final de cuentas ya son tradición nacional, quizá parte de nuestro folclore.

En esta disputa vale todo para conquistar el apoyo electoral y financiero de los latifundistas para el próximo pleito. Para arrancar más concesiones para el agronegócio el PSDB acusa al gerenciamiento petista de no apoyar el sector. Luiz Inácio, por su parte, no sólo defiende la desforestación de la Amazonia como institucionaliza el adueñamiento fraudado de tierras en la región, sea a través de la ley de alquiler de florestas o legalización del adueñamiento de millones de hectáreas por señores de tierra y corporaciones extranjeras. Mientras que, para recibir las bendiciones de las agencias "ambientalistas" internacionales, estimula el furor represivo y cínico del IBAMA contra medios y pequeños productores con la mano dura de la persecución policial y de las multas más injustas y absurdas.

Trabajo para los publicitarios

Con dos equipos tan parecidos solamente los publicitarios podrán crear diferencias de embalajes que, aún sutiles, podrán parecer considerables si sometidas a un tratamiento de marketing equivalente al de los jabones en polvo que autoproclaman, diariamente, lavar más blanco. "Investigaciones cualitativas" son realizadas en profusión para aquilatar el sentimiento de las varias capas del electorado y, sin ningún compromiso con su aplicación, montan campañas electorales mentirosas para, una vez más, engañar los incautos e ingenuos electores que aún se dejan llevar por las amenazas del TRE y comparecen a la farsa electrónica.


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