Microcrédito es otra panacea del 'capitalismo popular'

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"Capitalismo popular" es una panacea inventada por las clases dominantes y constantemente mejorada por ellas mientras tiemblan de miedo del proceso revolucionario en curso. Tal vez la vertiente más diseminada de esta trapaza sea la demagogia bancaria idealizada por el bengalí Muhammad Yunus, según la cual prestar pequeñas cuantías de dinero a los pobres del mundo puede transformarlos en microempresarios capaces de arrancar a ellos mismos y a sus familias de la miseria reinante.


A sede do Grameen Bank em Bangladesh

Es el alardeado milagro del microcrédito, evangelio repetido por Yunus en los cuatro cantos del mundo, que incluye aún el "negocio social" ("un nuevo tipo de empresa, cuyo objetivo es cambiar el mundo. Los accionistas obtendrían lo invertido, pero no tirarían dividendos de la compañía") y la "bolsa de valores social" ("donde sólo sean cotizados los valores sociales"). La lógica que rige todas estas tentativas de minimizar las contradicciones del capitalismo y de la lucha de clases es la gran mentira: "Ampliando el concepto de empresario, podemos cambiar la naturaleza del capitalismo radicalmente y resolver muchos problemas sociales y económicos". Son palabras del propio Yunus, el cual garantiza que préstamos de 15 euros a intereses bajos harán de los mendigos del mundo emprendedores de éxito.

Muhammad Yunus es un verdadero prodigio académico. A los 30 años se doctoró en USA, en la prestigiosa Universidad Vanderbilt, con los estudios financiados por la yanqui Fundación Fulbright. De vuelta a su país natal, Bangladesh, se asoció con banqueros locales a fin de explotar el mercado de microcrédito para personas miserables. Entre el público destinatario de su asociación con el capital bancario estaban desempleados hambrientos y artesanos pobres que eran sistemáticamente explotados por usureros. La cosa funcionó, y más tarde él propio, Yunus, se hizo un banquero, aunque haya pasado a presentarse no como un banquero cualquiera, pero sí como el "banquero de los pobres".

El modelo de negocios adoptado por su Grameen Bank fue el de presentar a esta clientela muy particular – aquella excluida del sistema de crédito manejado por el sector bancario tradicional – una especie de colectivización del cobro, implícita en la regla de que el microcrédito es concedido sólo a grupos de personas que se responsabilizan mutuamente por la deuda, potenciando la vergüenza del incumplimiento y los horrores que pueden venir junto con la fama de mal pagador.

La red de microcrédito idealizada por Muhammad Yunus funciona aún con una buena dosis de prejuicio de género, concediendo préstamos preferentemente a mujeres, que, según el cientificismo falluto del Grameen Bank, tendrían una especie de predisposición innata o tendencia adquirida para pagar las facturas en día. Se atribuye de esta manera a los trabajadores del sexo masculino, genéricamente, una indignidad que sólo tiene sentido en la torpe moral capitalista, bajo la cual el carácter de una persona es proporcional a su capacidad de honrar los compromisos de consumidor firmados junto a los monopolios, inclusive los bancarios, lo que para el llamado "padre de familia" o "jefe de la casa" puede ser una tarea destinada al fracaso.

El derecho de endeudarse

El "banquero de los pobres" recogió en las clases dominantes de Bangladesh sus compañeras naturales (en 1983 se editó una ley especial para la creación del banco, y el Estado es su principal accionista). Esta es la clientela del Grameen Bank: millones de pobres con el derecho de endeudarse. El propio Yunus se vanagloria de haber incluido el crédito bancario en el rol de los derechos humanos, esta estirpe de derechos humanos que se pregona por ahí, la del tipo demagógica.

Tamaña hipocresía rindió a Muhammad Yunus el Premio Nobel de la Paz de 2006, además de extensos elogios de la secretaria de Estado yanqui Hillary Clinton y de la simpatía del Banco Mundial por la idea tramposa de la solución bancaria para la pobreza. Sin embargo, aún cuando analizado bajo los parámetros del capitalismo, y por gente funcional al régimen burgués, pero ajena a la alabanza en torno a Yunus, el microcrédito no cautiva. El científico del Cato Institute, Thomas Dichter, que estudió el fenómeno del microcrédito a fondo, dice que la propaganda según la cual él es un instrumento para transformar pobres en microempresarios es engañadora:

"Acontece que los clientes con más experiencia comenzaron usando sus propios recursos, y aunque no hayan progresado mucho – y no podrían, porque el mercado es muy limitado – tienen un volumen de ventas suficiente para seguir comprando y vendiendo, y probablemente lo tendrían con o sin microcrédito. Para ellos, muchas veces los préstamos son utilizados para el consumo, lo que les permite contar de inmediato con cuantías relativamente grandes – un lujo que su volumen diario de negocios no permitiría. Definitivamente, el microcrédito no hace lo que la mayoría de los entusiastas del microcrédito dicen que él puede hacer: funcionar como capital dirigido al aumento de la renta de una actividad empresarial".

'Liberar los activos de las favelas'

Yunus preside actualmente un imperio financiero mundial de nombre PlaNet Finance. Sus funcionarios suman 22 mil personas en todo el mundo. La sede del Grameen Bank es una lujosa torre de 21 pisos en el paupérrimo Bangladesh. Su negocio "altruista" de microcrédito ya le permitió abrir otras 18 empresas diferentes, entre ellas una de las mayores operadoras de telefonía celular del sur de Asia.

Yunus no es el único teórico del "capitalismo popular" cuyas ideas vienen encontrando eco entre las figuras e instituciones que comandan la explotación planetaria mientras se esmeran en la demagogia de tapar baches. Otro es Hernando de Soto, peruano que propuso regularizar las casas de las favelas del mundo como forma de combatir la pobreza, idea abrazada por el Banco Mundial y que en la práctica sólo permite la expansión de la especulación inmobiliaria. De Soto llega a decir que es necesario revolucionar nuestra comprensión de lo que es el capital, y, refiriéndose al enorme contingente de miserables, que "el común de la gente ya posee los activos necesarios para transformar el capitalismo en un éxito". Para tanto, dice él, basta entregar la escritura de las barracas a los miserables para que ellos puedan usarlas como garantía de préstamos y "participación en inversiones". Esto es lo que De Soto llama de "misterio del capital", título de un libro que publicó el año 2000 y que rápidamente hizo mucho éxito entre los demagogos y oportunistas de todas las latitudes, siendo festejado por los economistas de la dominación y por el monopolio internacional de los medios de comunicación.

En este libraco relleno de embuste, él llegó a escribir que "todos se beneficiarán de la globalización del capitalismo de un país, pero los más obvios beneficiarios serán los pobres. Con los pobres a su lado, un líder determinado en reformar ya venció al menos mitad de la batalla. Cualquier oposición tendrá dificultad en encarar el líder del Estado y la mayoría de la población". Una perla de la demagogia y de la profilaxis para tentativas de cooptación de las masas.

Las panaceas del microcrédito, del empreendedorismo y de "liberar los activos de las favelas" vienen siendo adoptadas por las gerencias oportunistas también en Brasil, en las esferas estaduales y en la federal, con Luiz Inácio tomando el frente de ese amplio proceso de engaño y despolitización. La senadora Marina Silva, eventual candidata del Partido Verde en la carrera electoral engañosa que se avecina, recientemente publicó un artículo en internet rindiendo loas a Yunus y a su más nueva variación del embuste del "capitalismo popular".

"El economista Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz de 2006 y creador de un sistema de microcrédito para los pobres, fue al grano cuando dijo, en entrevista a la prensa, que la crisis económica mundial es una oportunidad para el desarrollo de un sistema financiero para el pueblo, no para los ricos", escribió Marina.

La crisis general del capitalismo opresor no se presenta para las masas como oportunidad de reforma de una de sus bases de sustentación, expresamente el sistema financiero internacional. La única utilidad de ese sistema es la reproducción acelerada de capital para fines de financiación de la expansión de los monopolios. Para las clases trabajadoras, la crisis actual se presenta como momento decisivo para la marcha de su tarea histórica, que es la de llevar a cabo la revolución y conducir el mundo a la democracia de nuevo tipo.

Sin embargo, en este exacto momento la farsa del "capitalismo popular" y toda la despolitización que la acompaña vienen siendo sonoramente desenmascaradas por las masas, cuyos levantes en todo el territorio nacional muestran que el pueblo no quiere crédito, ni escritura de chabola; quiere la verdadera emancipación.

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