Los palestinos de la Amazonia

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Cansados de esperar por una reforma agraria que nunca llega, campesinos hacen la "revolución agraria" en la Amazonia.

Convidado por el Centro Brasileño de Solidaridad a los Pueblos (CEBRASPO), pasé una semana en la compañía de labradores en los campamentos de la Liga de los Campesinos Pobres (LCP), en el interior del estado de Rondônia. En estos días que pasé al lado de los aldeanos, tuve la honra de comer de su comida, participar de sus conversaciones, de su rutina, tomar conocimiento de sus necesidades, de sus demandas y sus sueños. Pueblo fuerte, que sufre mucho, pero que no se acobarda.

Pasé dos noches en una cabaña de paja, donde viven don Abel y su esposa Zilda. Me reservaron una cama, y fui recibido con todo cariño y gentileza. Aún en la simplicidad de aquella cabaña, había una extrema preocupación en agradarme, dentro de la mejor tradición de hospitalidad del hombre del campo. Se despertaba bien temprano, aún oscuro. "Buen día, ¿durmió bien?". Cepillo de dientes en la mano, rumbo al río que riba la cabaña. En el molinillo a manivela, los granos de café eran preparados para el desayuno. La leche hervía en la cocina a leña. La mesa puesta, los vasos, los cubiertos, el silencio era discretamente interrumpido tanto por mí cuanto por los pájaros. Dentro de poco don Abel ya estaba siguiendo para la plantación, para cortar leña, para escardar la tierra, irrigar el semillero, trabajo arduo para transformar su pequeño pedazo de selva en hogar. Los labradores humildes necesitan de muy poco para vivir una vida digna, y ni siquiera eso les es permitido. Con el argumento del combate a la desforestación, el IBAMA persigue y aplica multas altas a los que viven de la agricultura de subsistencia, usan la Policía Federal, la Fuerza Nacional de Seguridad y aún tropas del Ejército para sofocar las comunidades, como en el caso de Rio Pardo, donde barreras fueron erguidas en las entradas y salidas, personas y vehículos revisados, puestos de combustible del campamento removidos, un rigor que no ha sido aplicado a los latifundistas, que transforman vastas extensiones de floresta nativa en pasto o mono cultura.

El histórico de violencia en aquella área ya viene de lejos. En Brasil Colonia, el valle de Guaporé fue escenario de disputas imperialistas entre Portugal y España, que sólo terminaron con las demarcaciones de tierra pactadas por el Tratado de Madrid en 1750. El siglo 18 con el ciclo de la minería y particularmente a finales del siglo 19 con el ciclo de la goma, un gran número de migrantes de diversas partes de Brasil fue atraído para la región, causando conflictos agrarios con la vecina Bolivia, que fueron resueltos en 1903 con El Tratado de Petrópolis. En 1943, como resultado del desmembramiento de áreas de los estados de Amazonas y Mato Grosso, fue creado por Getúlio Vargas el Territorio Federal de Guaporé, habiendo sido rebautizado para Rondônia en 1956, en homenaje a Marechal Cândido Rondon, militar que entre 1910 y 1940 comandó expediciones de Cuiabá hasta Amazonas para instalar líneas telegráficas y llevar la buena y vieja civilización blanca para el seno de los pueblos indígenas. Rondônia se hace estado en 1982.

La Liga de los Campesinos Pobres surgió en agosto de 1995, cuando trabajadores rurales que ocupaban tierras de la Hacienda Santa Elina, en la ciudad de Corumbiara, resistieron al brutal desalojo promovido por policías y matones, resultando en la muerte de 11 personas (en números oficiales), incluyendo la niña Vanessa de sólo 6 años, en lo que quedó conocido como el "Masacre de Corumbiara". A partir de entonces, cansados de esperar por una reforma agraria que nunca llega, los campesinos y sus familias decidieron promover la "revolución agraria" en el pecho y en la raza. Son ellos los acusados por la revista ‘Isto É' de ser sanguinarios guerrilleros conectados (adivinen) a las FARC.

Lo que pude presenciar durante mi visita a los campamentos fueron trabajadores rurales y sus familias armados, eso sí, de una fuerza de voluntad poderosa, capaz de enfrentar los rigores de la Amazonia Occidental. El clima ecuatorial, extremadamente caliente y húmedo, donde el sol inclemente castiga la carne, las enfermedades tropicales como la leishmaniosis y la malaria, que por aquella región son tan comunes cuanto un resfrío, animales peligrosos como onzas, cerdos salvajes y serpientes venenosas, un riesgo siempre presente, oculto por la densa vegetación.

Pero no son los rigores de la selva amazónica los mayores enemigos del pueblo del campo. Son los hacendados millonarios y sus ejércitos particulares formados por asesinos de alquiler y policías, cuyas acciones criminales son sostenidas por políticos locales y la prensa corrupta, que alimentada con presupuestos publicitarios y aún materias pagadas, intenta demonizar la justa resistencia de los pequeños agricultores. Los matadores son conocidos por todos, andan tranquilamente por las calles, a veces ostensivamente armados. No son raras las ejecuciones a plena luz del día, ante la vista de todos. Cualquiera que tenga coraje de, por ejemplo, denunciar los pistoleros en un programa de radio, corre el serio riesgo de ser asesinado al salir de la emisora. Conceptos como derechos humanos y ciudadanía no existen en estos cantos de Rondônia, donde el pistolerismo es una institución consagrada por la sociedad. En una carrera de taxi en Ariquemes, junto con otros tres pasajeros, pasé el viaje que duró cerca de 45 minutos oyendo animadas historias de hacendados, políticos y muertes encomendadas. Una de ellas la reproduzco aquí.

Un hombre pescaba en un río. Consiguió atrapar dos pintados. Amarró los peces en sobre su bicicleta y siguió tranquilamente por una carretera. En medio del camino fue parado por un hacendado y su guardaespaldas en una camioneta.

— ¿Donde usted pescó eso? — preguntó el hacendado.

— En aquel río — respondió el sujeto.

— Entonces puede dejármelo   aquí, que ese río es mío — dijo el hacendado, en el momento en que el sicario ya salía del vehículo de forma amenazadora. El pescador tuvo que huir. Al comentar ese caso con gente de la LCP, me dijeron que él tuvo suerte de no haber sido simplemente baleado. Esa es solamente una de las historias que explica bien la razón de la revuelta que el campesino de Rondônia trae consigo en el pecho.

Históricamente, la reforma agraria en Brasil nunca se promovió de manera espontánea por los gobiernos, y sí por la presión ejercida por los movimientos populares de lucha por la tierra, que en el caso de la LCP, ni siquiera cuentan con el INCRA para asentar las familias. Para los integrantes de la LCP, no existe el concepto de "desapropiación de tierras improductivas", ya que aún las productivas, estando en mano de ricos hacendados, servirán invariablemente a los intereses del agronegocio. Los campesinos de la LCP escogen las grandes haciendas, las ocupan, erguen lonas, resisten al ataque de matones, y después de 2 a 3 meses hacen demarcación de los lotes, el llamado "corte popular", inicialmente irguiendo cabañas de paja y después de madera. Después de algún tiempo, los campamentos se asemejan a los poblados del viejo oeste norteamericano, como en el caso de Jacinópolis, con farmacia, escuela, mercado, todo hecho de tablas.

Diferente de la confortable vida de las grandes ciudades, donde restaurantes, bares y supermercados están inmediatamente allí en la esquina, en las áreas de campamento el supermercado más próximo puede estar a 80km de carreteras de tierra accidentadas. Es natural por lo tanto que los campesinos tengan que cazar para comer, lo que justifica la posesión de viejos fusiles que sirven también para la defensa contra onzas y cerdos salvajes. Operaciones constantes del IBAMA y de las policías, intentan tomar estos armamentos rústicos de las manos de los labradores, impidiendo que ellos se defiendan tanto de animales feroces cuanto de pistoleros. El derecho a la legítima defensa también les es negado. Los campesinos, sin embargo, siguen resistiendo a estas agresiones como pueden. Cierran carreteras, bloquean el avance de la policía con barricadas, crean sus propios sistemas de vigilancia y seguridad. No se entregan nunca.

Son los palestinos de la Amazonia.

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