Las elecciones y el carácter del Estado

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En estos últimos años la naturaleza ha sido particularmente pródiga en desmentir toda la demagogia del oportunismo al frente de la gestión PT-FMI. Montañas de reales, gastos en propaganda mistificadora, vienen abajo junto con las inundaciones y avalanchas de lama y basura que destruyen las casas y electrodomésticos comprados en "cómodas cuotas mensuales", debidamente estimulado por Luiz Inácio.

Los anegamientos de Santa Catarina, São Paulo, Rio de Janeiro, Salvador y Sergipe, las epidemias de dengue, meningitis, gripe y otras hablan mucho más alto sobre el verdadero carácter de la "democracia brasileña" de que los electroelectrónicos comprados en muchas cuotas, pero con intereses usurarios, tan alardeados por el oportunismo como expresión mayor de esta democracia falluta.

También son evidentes los estratosféricos logros obtenidos por los bancos y el hecho de que una persona como Eike Batista, de un día para el otro, se convierta en uno de los cinco hombres más ricos del mundo, y más, la facilidad y benevolencia con que el BNDES favorece la formación de monopolios, incentivando fusiones, inclusive al contrariar la propia ley hecha por este Estado.

Ahí, sí, está a la vista el verdadero carácter de la "democracia brasileña": todo para los ricos y limosnas para los pobres.

Al ingresar en un nuevo periodo de campaña electoral es conveniente desenmascarar los mal intencionados y alertar los ingenuos sobre el significado de las elecciones burguesas, principalmente en los países semicoloniales donde vigora un capitalismo de tipo burocrático en el cual el poder, o sea, el Estado, es instrumento de dominación de la gran burguesía y del latifundio, de viejo y nuevo tipo, al servicio del imperialismo.

Elección no cambia nada

Hace más de cien años que se vota en el Brasil. Después de la proclamación de la República, que no alteró la dominación de clases del imperio, las elecciones han servido, a lo sumo, para establecer nuevas correlaciones de fuerza entre las varias fracciones de las clases dominantes, a veces dando mayor parcela de poder al latifundio y a la burguesía compradora, como en la llamada república vieja, otras dando más poder a la burguesía burocrática, como en las gestiones de Getúlio, de Juscelino y Jango. En la historia de la república brasileña, el carácter del Estado, independiente de cuál corriente política lo gestiona, permanece inalterado: democracia para las clases dominantes y dictadura para las amplias masas de obreros, campesinos, semiproletários y demás clases (pequeña y media burguesías) explotadas de la sociedad. Esta inmutabilidad del carácter del Estado atraviesa, inclusive, los periodos de dictadura abierta (fascista) como el "Estado Nuevo" y el régimen militar instaurado a través del golpe cívico-militar de 1964, o dictadura disfrazada, por la realización de elecciones, como las recientes gestiones Collor-Itamar, Cardoso y Luiz Inácio.

Mantener la opresión y la explotación

Advirtiendo sobre el verdadero carácter de las elecciones burguesas, Marx alertaba los partidos socialistas de su tiempo de que bajo la dominación de clase de la burguesía las elecciones apenas servían para, de tiempos en tiempos, escoger quién iría a oprimir el pueblo en el parlamento.

El empodrecido proceso electoral brasileño mantiene la actualidad de la afirmación de Marx. Cada elección, independientemente de la corriente política o de la fracción de las clases dominantes que asuma el sistema de gobierno, el poder del latifundio, de la gran burguesía y del imperialismo sale más fortalecido, en detrimento de las reales necesidades de la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Este continuará viviendo apenas, comiendo apenas, sin salud y educación adecuadas, sin tierra para plantar, sin empleo o con salario de hambre, sometido a la opresión policial y al proceso de achatamiento cultural promovido, especialmente, por el monopolio de los medios de comunicación.

Sólo la Revolución puede cambiar

La experiencia histórica del proletariado nos muestra que en ningún lugar del mundo se consiguió transformar las estructuras de poder sin que el proletariado, como clase, dirigido por un partido revolucionario, osara asaltar los cielos. Fue así en la Comuna de París, en la Revolución Rusa y en la Revolución China.

También los procesos de revoluciones de liberación nacional desarrollados en América Latina, en África y en Asia son comprobaciones de que las transformaciones de profundidad sólo fueron conquistadas cuando los pueblos hicieron uso de la violencia revolucionaria   para liquidar la dominación de sus opresores y explotadores.

Situación y "oposición" del oportunismo

Desde su primer número en 2002, AND acuñó la expresión "elección en un sistema de partido único", para demostrar que la mera participación en el corrupto y empodrecido proceso electoral brasileño ya es definidora de la posición ideológica de las organizaciones dichas partidarias que se registran en el Superior Tribunal Electoral con estatutos que se diferencian en lo secundario y se unifican en lo principal: la aceptación de este status quo de dominación del sistema burgués-latifundista, servicial del imperialismo. Tanto es así que su práctica al asumir la gestión, sea a nivel municipal, estadual o federal, en lo esencial, no se diferencian en cuanto al tratamiento dispensado a las clases dominantes y a las clases dominadas. Compárese la administración de PSDB, DEM, PMDB, PT-PCdoB, PDT, PSB, PPS, PP y PV y se encontrará como elementos comunes: el servilismo al sistema financiero internacional, vía FMI-Banco Mundial, a los bancos "nacionales", a los monopolios nacionales y transnacionales, al latifundio de viejo y nuevo tipo, todo eso desarrollado en paralelo a un permanente proceso de corrupción para formación de caja de campaña electoral y de fortunas personales.

Otras agremiaciones como PSOL, PSTU, PCO y PCB,    que a lo sumo ocupan puestos en el legislativo, hacen uso de un discurso de denuncia de desvíos administrativos y de cobro de promesas no cumplidas sin, sin embargo, usar el parlamento para cuestionar las raíces del sistema de explotación de clases. Hacen una apología del socialismo de fachada y presentan programas liberales para sus candidaturas a los cargos ejecutivos. Estos "socialistas de boca" huyen de la revolución y al refrendar el espurio proceso electoral se igualan a los "partidos" integrándose al partido único como una de sus fracciones.

Boicotear la farsa electoral

Hace varias elecciones que una parcela significativa del electorado (más del 30% en el periodo de FHC y 27% en el de Luiz Inácio) ha votado en blanco, nulo o simplemente no comparece a las urnas. En este sentido esta parcela del pueblo está más avanzada que ciertas organizaciones dichas de izquierda que siguen legitimando el proceso electoral burgués e integrado al sistema reaccionario.

Cada vez más crece la protesta popular, principalmente, en el campo y en los barrios periféricos donde es voz común el insulto a los políticos de todas las corrientes y la afirmación de que no se votará en ninguno de ellos.

Cabe, por lo tanto, a aquellos que profundizaron la conciencia sobre el significado de las elecciones en las semicolonias como el Brasil, organizar y colectivizar   esta lucha, que viene siendo desarrollada por las personas individualmente, con la formación de comités de lucha por el boicot a la farsa electoral, desencadenando una intensa campaña de agitación y propaganda en torno a "elección no, revolución sí".

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