Evo Morales: impostura y usurpación de las banderas de la lucha contra el cambio climático

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El evento sobre el cambio climático denominado "Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra" en el pueblo de Tiquipaya - municipio cercano al Cercado de Cochabamba - fue convocado con algo más de 3 meses de anticipación, se dijo hasta la semana anterior que la inauguración se realizaría del 20 al 22 de abril, sin embargo, sorpresivamente ésta se inicio el 19 de abril, fecha en la que básicamente se contó con la presencia mayoritaria de representantes de organizaciones no gubernamentales (ONG) de diversas partes del mundo, de representantes de los gobiernos de Bolivia y Venezuela.

Evo Morales y el oportunismo climático

Este evento surgió como una evidente muestra de marketing político y venta de la imagen del ególatra Evo Morales quien no tiene fronteras para instrumentalizar el importante debate de los cambios climáticos en el planeta para obtener rédito político; su grotesca forma de tratar de cabalgar sobre las masas oprimidas del mundo al intentar proyectar una imagen de "líder indígena o popular" de carácter mundial está burdamente evidenciada; de hecho, pudo observarse que dentro del recinto donde se llevó a cabo la Conferencia había un puesto o stand específico para impulsar la candidatura de Evo Morales al Premio Nobel, luego que el año pasado fuera otorgado al conductor del imperialismo yankee, Barack Obama; mientras que fuera del lugar donde se desarrollaba el evento, a pocas cuadras, un grupo de activistas lo desenmascaraba exigiéndole la desclasificación de los archivos militares sobre los desaparecidos, torturados y asesinados en la década de 1970 en Bolivia, situación que poco o nada le ha importado esclarecer al gobierno pseudo revolucionario de Evo Morales.

Para inscribirse en el evento, los participantes tuvieron que hacer una fila infernal de más de 10 cuadras que se prolongó hasta la tarde del 19 de abril, clara muestra de improvisación y desorganización; en gran parte este asunto se debió a que de los 15.000 inscritos inicialmente se incrementaron a más de 30.000, cifra que en apariencia daría cierto aire democrático al evento, sin embargo, estuvo compuesta en parte por una vasta legión de artesanos, turistas mochileros y hippies, quienes se destacaron más por las farras nocturnas los días de la Conferencia, que por su estricta participación en el evento; así, las madrugadas del 20 al 23 de abril se caracterizaron por el recojo literal de una buena cantidad de ebrios y dopados de los pisos de la plaza principal del pueblo de Tiquipaya; además, un gran número de estudiantes universitarios cochabambinos de los primeros cursos de distintas carreras profesionales asistieron sólo a pedido de algunos docentes a cambio de puntos extras en la calificación de sus materias.

Las conclusiones prefabricadas del evento

Al margen de esas anécdotas, la Conferencia Climática fue primordialmente un verdadero paraíso de las ONG de todas partes del mundo, prácticamente éstas fueron las que consensuaron la autodenominada "Declaración de los Pueblos de Tiquipaya"; ya que si bien no hubo restricciones para participar, lo cierto es que no se tomaron en cuenta los debates realizados en cada una de las 17 mesas para arribar las conclusiones finales, la "Declaración de los Pueblos" ya estaba prefabricada por las ONG, así como por los gobiernos de Bolivia, Venezuela y Ecuador.

Algunas de las "conclusiones" asumidas estaban casi cantadas, tales como el reclamo de la llamada "deuda climática" que tienen que pagar los países industrializadas a los países pobres, que en el fondo no es otra cosa que desarrollar sofisticadamente mecanismos de fetichización del tema del cambio climático traduciéndolo en dinero y transferencia de capitales del Norte hacia el Sur, a través de la trillada fórmula de "ayuda a la pobreza" que es una política corriente y cotidiana del Banco Mundial, pues de un lado beneficia sólo a las élites burocráticas de las naciones oprimidas, promueve empleo solo para los profesionales desocupados del Norte que van a los países del Tercer Mundo como "cooperantes"  y además de alguna forma también refina aún más la propuesta de los "bonos de mitigación de la emisión de gases de efecto invernadero" que no son otra cosa que títulos-valores o acciones que incluso podrían correrse en bolsas de valores, de los cuales no hay duda que también son funcionales al desenvolvimiento del capital.

Otra de las propuestas que terminó en una obvia conclusión fue la solicitud de la conformación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática y Ambiental, como si no fuesen suficientes los mediocres e inoperantes órganos burocráticos internacionales que manejan las Naciones Unidas, tales como el Tribunal Internacional Penal, que al final sólo ha servido para juzgar a serbios por genocidios, pero no han tocado ni un solo pelo a los genocidas norteamericanos en Afganistán e Irak, ni a los torturadores en la base militar de Guantánamo, ni a tantos genocidas que existen en el mundo y que siguen vagando impunemente.

Por otro lado, también eran obvias las conclusiones que harían referencia a los "Derechos de la Madre Tierra", a los "Derechos de los Pueblos Indígenas", así como el retórico "vivir bien", "suma kawsay" en quechua y "suma qamaña" en aymara, que forma parte de los enunciados paradigmáticos de los gobiernos de Ecuador o Bolivia, que evocan supuestamente las relación que tenían los aymaras y quechuas con la naturaleza en un pasado nunca identificado con claridad, pero que todo hace indicar que no pasan más allá de alucinaciones de algún antropólogo folklórico del Norte, que trató de reeditar la tesis del "buen salvaje" expuesta en el siglo XVIII por el francés Jean-Jacques Rousseau, al parecer con éxito dentro del público afín a ese engendro ideológico llamado "socialismo del siglo XXI".

Las luchas indígenas y campesinas de los últimos tiempos contra los proyectos predatorios de la naturaleza de evidente corte extractivista y que afincan economías de enclave funcionales al capitalismo burocrático nos demuestran que los campesinos e indígenas tienen una clara concepción política de sus territorios, ellos han mostrado que están dispuestos a luchar incluso entregando sus vidas, como ocurre y ha ocurrido en muchos países del Tercer Mundo, y que para ello, lejos de armarse con ideologías exóticas o versiones demagógicas y baratas fabricadas en el Norte a partir de lo que suponen que pensamos en el Sur, debe quedarles claro que los indígenas, campesinos y todas las masas orientan sus luchas a partir de una comprensión política que asocia la pérdida del territorio con la muerte, pues así son las cosas en términos concretos.

La Mesa 18 y la denuncia del extractivismo del impostor "socialismo del siglo XXI"

A pocas cuadras del campus de la Universidad del Valle (Univalle) también en Tiquipaya, la Mesa 18 que era una mesa no reconocida oficialmente por la Conferencia tuvo mucha repercusión, sin embargo, no alcanzó la misma dimensión en Bolivia y menos fuera de ella, de hecho, la Conferencia en sí no alcanzó una gran cobertura mediática en el mundo, salvo para resaltar los dislates de Evo Morales, quien en su discurso de inauguración del 20 de abril hizo comentarios fuera de lugar sobre las hormonas femeninas que tienen los pollos y que causan desviaciones en los hombres o sobre los orígenes de la calvicie en los varones europeos, que fue contestado con una estruendosa silbatina del público que asistió a la inauguración del evento en el Estadio de Tiquipaya, pese a que minutos antes lo habían recibido de manera entusiasta; las diversas cadenas de medios de comunicación mundial fueron incisivas con la impertinente alocución de Morales, al punto que éste sigue siendo expuesto como blanco de burlas por frases que pusieron en claro su ineptitud.

En la Mesa 18 hubo muchas denuncias contra los gobiernos ecuatoriano y boliviano por sus proyectos extractivistas, es decir la permisividad frente a las transnacionales para que desarrollen proyectos mineros y de explotación de hidrocarburos; de hecho, la Mesa 18 pudo dar cuenta de muchos de estos problemas en Bolivia, Argentina, Perú, entre otros; debe resaltarse, que tampoco esta Mesa 18, que si bien presentó interesantes ribetes de denuncia, se salvó de estar hegemonizada por las ONG; entre ellas las ONG de Bolivia: CENDA, CEDLA, FOBOMADE, CEJIS -algunas de ellas, hasta hace poco eran colaboradoras del gobierno de Morales-; también estuvieron presentes ONG de la cooperación norteamericana y europea; pese a este detalle, la mesa fue presentada como liderada por la organización de indígenas quechuas y aymaras del Altiplano occidental boliviano denominada Consejo Nacional de Markas y Ayllus del Qollasuyo (CONAMAQ).

El tema de las denuncias contra el extractivismo y las economías de enclave caló mucho, ésta fue una de las mesas más visitadas en Tiquipaya, pese a que no era parte de la organización oficial armada por el gobierno boliviano; dado que, se puso en evidencia la demagogia de Morales en Bolivia, Chávez en Venezuela y Correa en Ecuador, quienes predican un anticapitalismo e incluso antiimperialismo meramente retórico, así como, pretendían presentarse como salvadores del planeta, cuando en la práctica profundizan el capitalismo burocrático, evidentemente predatorio tanto de los pueblos del Tercer Mundo como de la naturaleza.

Dentro del mismo campus universitario, algunos campesinos e indígenas del Ecuador se movilizaron denunciando el carácter privatizador de una Ley de Recursos Hídricos que pretende aprobar la bancada parlamentaria oficialista ligada estrechamente a Correa; movilización que fue un pequeño correlato de las movilizaciones multitudinarias que vienen haciendo los campesinos e indígenas ecuatorianos en su país para resistir a esta ley vendepatria.

Una semana después del evento, en un arranque de aparente antiimperialismo, el vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera dijo "nosotros no somos guardabosques del imperialismo" para contestar a los activistas de la Mesa 18, sin embargo, habría que recordarle a este señor, que en los hechos, la política extractivista boliviana (similar a la venezolana y la ecuatoriana) no se diferencia en lo esencial de los que ellos llaman gobiernos neoliberales (Perú, Colombia), pues en ambos casos se tratan de actividades que colocan a estos países como enclaves del imperialismo, pues la explotación minera y de hidrocarburos no beneficia a de gran manera a estos Estados, ni muchos menos a los pueblos bolivianos, ecuatorianos  y venezolanos, sólo a algunos funcionarios estatales y sobre todo a los intereses imperialistas que son los principales beneficiados con las actividades extractivistas.

El extractivismo expresa de manera nítida la forma como se desenvuelve el capitalismo burocrático en las naciones oprimidas, pues evidencia la alianza de facciones burguesas de los países tercermundistas con el imperialismo, albergando colateralmente formas de servidumbre en las relaciones sociales de producción que se expresan en la explotación de hidrocarburos y minerales.

Una evaluación final nos permite señalar que pese a los intentos de Evo Morales de ganar una palestra que sólo corresponde a los oprimidos del planeta y no a burdos impostores, su Conferencia Climática fue un verdadero fracaso ya sea por sus necias palabras con las que probablemente se le recordará toda la vida, pero sobre todo porque las masas, campesinos, estudiantes e indígenas desenmascararon su proyecto extractivista, que en el fondo es proimperialista y es la forma como se reimpulsa el capitalismo burocrático en los tiempos actuales de crisis mundial del capitalismo, quedando evidenciada su demagogia pseudarevolucionaria, así como, podemos decir que el tiro le salió por la culata con sus afanes ególatras de encumbrarse como líder mundial con la impostura de usurpar las banderas de la lucha contra el cambio climático.

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