Editorial - La respuesta del imperialismo a su crisis insoluble está incentivando la revolución

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Pocos meses atrás, algunos comentaristas de economía del monopolio de la prensa mundial conmemoraban las señales del fin de la crisis como si lo peor ya hubiera pasado, y otros en Brasil decían que ella nunca llegaría aquí. Maldita hora en que hicieron tal contrapropaganda al servicio del imperialismo, ya que la profundización de la crisis en Europa echó por tierra sus delirios.

El estallido financiero en Europa continúa haciendo sus víctimas y empujando las masas para las manifestaciones cada vez más combativas contra las medidas de aprieto económico y el desempleo incrementadas por algunos Estados, principalmente en Grecia.

Pero, nuevamente los emisarios del imperialismo insisten en que la crisis es sólo europea, otros de que se trata sólo de ajustes con los socios menores, pero lo que ninguno de ellos es capaz de esconder es que el imperialismo está sumergido en una profunda crisis general de superproducción relativa que está lejos de ser amenizada, a pesar de los esfuerzos en todas las esferas.

Las potencias europeas acuden el capital monopolista en Grecia, donde la bancarrota ya es real, pero también donde es inminente la explosión de nuevas burbujas. España, Portugal, Irlanda e Italia ya están en la mira de las "medidas preventivas" que garanticen la reproducción del capital y empujen más masas para la miseria. A los 250.000 millones de Euros colocados a disposición de Grecia, la Unión Europea ya levantó otros 440.000 millones para "la estabilización del Euro", con cotización en caída libre desde que aparecieron las primeras señales de la suspensión de pagos europea.

En contrapartida, los gobiernos que reciban ayuda deberán aplicar el famoso "paquete" del FMI: corte de empleos y salarios, aumento de la edad para la jubilación, etc.

En agonía, el capital financiero se organiza a través de los Estados imperialistas para la nueva repartija del mundo. Y como el "remedio" para empujar el desfecho de la crisis para adelante es siempre el incremento de guerras, el imperialismo sigue provocando disturbios, agrediendo unos y amenazando otros, intentando, vanamente, escapar de su sino de ser derrotado y dejar de existir.

Es así en Afganistán, en Irak, en la Palestina, en Haití, etc. – donde son llevadas a cabo las guerras de agresión y ocupación imperialistas – y en más de cien países donde la presencia ostensiva del imperialismo, principalmente yanqui, se hace sentir a través de bases militares. Además de eso, están las sucesivas provocaciones a países como Irán, Corea del Norte, etc.

Sin embargo, pese a las matanzas y genocidios practicados contra los pueblos por las hordas imperialistas, es la resistencia popular, que viene imponiendo humillantes derrotas a los invasores e impidiendo que nuevas agresiones sean llevadas a cabo. Aunque el imperialismo realice agresiones y ocupaciones de países enteros tiene que hacerlo a un coste cada vez más elevado. Por más que cuenten con lacayos en cada país donde explotan, oprimen y saquean naciones y pueblos no hay contemplación, las masas populares resisten, se levantan en rebelión, toman las armas para los combates más prolongados.

El último periodo fue particularmente demostrativo de eso, cuando la resistencia afgana, esta vez a través de pequeños comandos, osadamente cercó y atacó dos importantes bases militares de la Otan, en Bagran y Kandahar, imponiendo horas de ataques y aterrando las tropas de la coalición que ocupa su país. De hecho, ya exceden el número de mil los soldados invasores muertos en Afganistán, siendo cerca de 500 sólo en la administración Obama, aquel que prometió acabar con las guerras.

Los iraquíes siguen fustigando la ocupación yanqui y el gobierno títere allá implantado por el imperialismo con ataques diarios de las diversas fuerzas de la resistencia que prometen cesar fuego sólo cuando las tropas invasoras sean barridas o se retiren de su territorio.

En Haití, aún con gran parte del país arrasado por el terremoto de enero, su pueblo indómito continúa tomando las calles en masivas protestas contra la ocupación extranjera. Igualmente en la Palestina los invasores sionistas siguen contenidos por la heroica e inagotable resistencia popular.

Acosado por la crisis y por la resistencia popular, el imperialismo sabe que solamente por la agresión bélica, por mayores y horrendas que sean sus matanzas, no puede vencer las masas. Más que nunca, necesita y lanza mano del revisionismo y de las fuerzas oportunistas para difundir capitulación y rendición. Donde los pueblos han logrado desarrollar vanguardias auténticas conduciéndolos al levantamiento armado, constituyendo verdaderos ejércitos populares en un incesante combate contra sus enemigos el imperialismo lanza los ardides de las "negociaciones de paz" y de la "concertación" para desarmarlos y luego someterlos por completo a través de la renuncia a la violencia revolucionaria por parte de sus direcciones y adhesión de ellas al farsante sistema electoral burgués, al cretinismo parlamentario.

Así ocurrió en Nepal, cuando tras heroicos diez años de guerra popular, el más alto liderazgo del proceso, capituló vergonzosamente y las masas amargaron la pérdida de derechos conquistados con la sangre de decenas de miles. En las últimas décadas América Latina ha sido el laboratorio de esta verdadera "Operación Capitulación" transformando en polvo años de ingentes sacrificios de sus pueblos en Nicaragua, El Salvador, Guatemala, etc. Inclusive la experimentada dirección maoísta del Partido Comunista del Perú fue sometida a la prueba de las maquinaciones y patrañas de capitulación, saliendo al frente persistiendo con la guerra popular que ya completó 30 años.

Igualmente en Turquía y en las Filipinas se desarrollan procesos de guerra popular con décadas de historia, en medio a mil dificultades y luchas internas para persistir en el camino revolucionario. Y es para la India que se vuelven hoy las atenciones de todo el mundo, pues allá la revolución da grandes pasos bajo la dirección del Partido Comunista de la India (maoísta), que ya controla vastas zonas del territorio hindú, siendo blanco no solamente de las grandes operaciones militares y paramilitares del viejo Estado, pero también y cada vez más, de los llamamientos para "negociaciones de paz".

Cuando la crisis del imperialismo ha alcanzado los más agudos niveles, a la miseria, al hambre y a la represión, las masas populares responden con lucha y rebelión, a la agresión responden con la guerra justa de liberación, los desórdenes crecen sin cesar en todo el mundo y desafía a la tarea de constituir y/o desarrollar auténticas vanguardias revolucionarias proletarias para encabezar la rebelión popular, combatir la capitulación y el oportunismo de todo tipo, particularmente el electorero por el único camino que la experiencia histórica de la lucha de los pueblos de todo el mundo ha demostrado ser posible su liberación: el de la violencia revolucionaria.

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