Un cierto 'ciudadano Boilesen'

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Nada nos simboliza mejor la figura de un torturador de que el gorila posando en trajes militares, aunque el torturador nunca sea un simio, ni necesariamente tenga piel oscura, un mirar aterrorizante o use uniforme.

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Todos  sabemos eso, sin embargo, parece inverosímil que aquí en Brasil haya existido en los años de gestión militar un extranjero de trazos nórdicos, radicado en el país, gran empresario, frecuentador de las fiestas de la ‘alta sociedad’, que habitualmente descendiera a las mazmorras de la dictadura para complacerse con el martirio de personas indefensas e inclusive con sus propias manos practicar la tortura en presos políticos.

Para quien nunca oyó hablar de este personaje obscuro de la historia brasileña, el documental Cidadão Boilesen es sorprendente. Para quien lo conoce sólo por alto, tendrá un análisis completo de Henning Albert Boilesen, desde su humilde infancia y juventud en Dinamarca, la llegada al Brasil con rápido ascenso a la nata del gran empresariado, su apoyo económico y logístico al régimen militar fascista, especialmente en sus acciones más horrendas, hasta su ajusticiamiento por grupos de la resistencia armada. El director del documental, Chaim Litewski, investigó el caso durante quince años, recogiendo centenares de testimonios de quien lo conoció en la escuela primaria hasta compañeros empresarios, de amigos y familiares hasta enemigos, de sus víctimas e inclusive de quien participó de su ejecución.

Es una característica de este documental dar el mismo peso y espacio para los diferentes testimonios (muchos de ellos antagónicos entre sí) sin tomar partido, pero proporcionando los elementos para que el espectador saque sus propias conclusiones. Y en un aspecto, todos los entrevistados coinciden: el golpe de 1964, el AI5 (acto institucional nº5) y la implementación del terrorismo de Estado fueron frutos de un pacto entre las cúpulas militares y las clases dominantes locales impulsados por el imperialismo yanqui a través de su embajada y otras agencias manejadas por la CIA. La película, al mismo tiempo en que analiza minuciosamente la vida del personaje, nos transporta a una época que no puede ser olvidada ni borrada.

Con la misión de exterminar cualquier oposición al régimen fascista, el alto comando del Ejército Brasileño montó en São Paulo, en 1969, la Operación Bandeirante (Oban), como grupo paramilitar comandado por el entonces mayor Brilhante Ustra y selectos equipos de la misma arma, secundados por los más truculentos policías reclutados en la PM y en la Policía Civil. Estos últimos trajeron toda la experiencia y los métodos de los escuadrones de la muerte.

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Empresarios de la Fiesp, contratistas, banqueros, etc., coordinados por Boilesen, pasaron a cooperar con la Oban contribuyendo con grandes sumas de dinero y apoyo político. Algunas empresas fueron más lejos: el grupo Folha (periódico Folha de São Paulo) pasó a prestar sus vehículos para los operativos paramilitares. El grupo Ultra, poderosísimo en la época, también. En diversas oportunidades militantes de los grupos de la resistencia armada percibieron la presencia  de camiones de la  Ultragaz en las áreas de los cercos contra los guerrilleros montados por la represión. Como Boilesen era el presidente del grupo Ultragaz, coordinador de las "colectas", y había sido visto por supervivientes torturando en la Oban, los grupos ALN (Acción Libertadora Nacional) y MRT (Movimiento Revolucionario Tiradentes) decidieron por su ajusticiamiento en abril de 1971. Tanto por su participación en esos hechos como para dar un ejemplo a los otros empresarios que se sentían impunes financiando y apoyando la represión.

La película también traza un perfil psicológico de Boilesen. Aparenta haber sido un hombre de varias personalidades. Simpatía, liderazgo, inteligencia, vida bohemia cercada de bellas mujeres. Pero en Dinamarca, Litewski encuentra algo curioso en su biografía. A un profesor de la escuela primaria llamó mucho la atención — tanto que lo destacó en el boletín — que el joven Boilesen demostró satisfacción al ver otros alumnos siendo castigados.  ¿Tendría en su mente cierto sadismo latente que acabó aflorando en las mazmorras del régimen militar? 

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El ahora coronel retirado Brilhante Ustra dice que Boilesen no frecuentaba la sede de la Oban, pero otros agentes del órgano aseguran que iba, torturaba y que lo hacía con placer. Presos políticos coinciden en esta información.

Lo triste es que si este hombre hubiese dado rienda suelta a su lado sádico en su tierra natal, habría sido prendido o confinado en un hospicio, pero, al contrario, aquí en el Brasil fue homenajeado, dando su nombre a una calle del barrio Jaguaré en São Paulo.

Otro que da testimonio es Fernando Henrique Cardoso, pero no habla de Boilesen. Él hace un análisis de aquel momento histórico. Condena y demuestra tener conocimiento de toda la mecánica de la Operación Bandeirante. Así, resulta curioso el hecho de que, habiendo ocupado el cargo de "presidente" de Brasil, y sabiendo que los grupos empresariales aún dominantes promovieron la tortura y el terror, haya conseguido convivir tan armoniosamente con ellos.

Con buenos recursos técnicos de edición y sonido, recurriendo a secuencias de películas que retratan diversas épocas, contando con artículos de periódico y documentos secretos desclasificados, además de los testimonios, la película es una animada aula de Historia. Historia que permanece viva, latente, como una herida abierta que sólo podrá cicatrizar con la debida elucidación de los hechos y castigo a todos aquellos que ejercieron la tortura o que de alguna manera promovieron la represión.


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