El viejo Estado es el verdadero crimen organizado

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En el domingo, 5 de diciembre, el periódico Público, el mayor de Portugal, publicó una entrevista con el periodista brasileño Zuenir Ventura, viejo adepto del discurso de la conciliación de clases – aquel que históricamente no tiene otro objetivo sino que el de enfriar el ánimo revolucionario de las masas – sobre los acontecimientos en Vila Cruceiro y en el Complejo del Alemán, en Río de Janeiro.

Zuenir es autor de un libro "clásico" para los demagogos que se dedican a analizar la cuestión de la violencia urbana en Río: "Ciudad Partida". En síntesis, él propone incorporar la masa de excluidos a la llamada "sociedad" – esta palabra tan cara a la derecha, porque puede ser repetida a gusto por los enemigos del pueblo sin que se asuma el costo de decir lo que ella realmente significa, o sea, el sistema de explotación del hombre por el hombre.

La "inclusión de los excluidos", una vieja reivindicación de las élites de la "sociedad" burguesa, es objeto de las políticas sociales gestionadas por el viejo Estado, pero siempre en la condición de oprimidos y explotados, ¡que quede bien claro!

Y fue en esa línea que Zuenir hizo declaraciones al Público sobre la ofensiva policial en Río que se plasmaron en el título del reportaje del periódico portugués: "Esta guerra va a tener muchas batallas", pero lo más importante es la "invasión de ciudadanía". Fue la cereza en el pastel de la hipocresía que creció a lo largo de una semana, donde tuvo hasta periodista de la Red Globo mostrando un martillo neumático de la municipalidad carioca rasgando el asfalto ya de mañana junto al Complejo del Alemán y diciendo que en aquel día la comunidad "despertaba" con "la confusión del bien".

De Zuenir a Sérgio Cabral Filho, pasando por los comandantes del Bope y por cada uno de los operarios del monopolio de los medios de comunicación destacados para el conjunto de favelas de la Penha y por los sociólogos y antropólogos de alquiler disputando por más tiempo el micrófono de la Globo, finalmente, todas las figuras y fuerzas poco o nada identificadas con las clases populares de Río de Janeiro recurrieron al mismo estratagema para intentar escamotear las contradicciones afloradas en la dicha y así repetida "guerra de Río".

La estratagema del "bien" contra el "mal"

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La estratagema de recurrirse a la dicotomía demagógica entre "el bien" y "el mal" en medio a las incursiones policiales en las favelas y barrios populares de Río de Janeiro tiene la función de enmascarar con mistificaciones la realidad que realmente interesa: la de las contradicciones insuperables entre los anhelos de las clases populares y los intereses de las clases dominantes, la sustitución de los derechos básicos que las clases trabajadoras históricamente conquistaron por el Estado policial, la penitenciaria como política habitacional del capitalismo agonizante, etc.

Otra patraña muy difundida por las élites es la de que los intercambios de tiros en Río de Janeiro entre grupos de traficantes de drogas y policías transformaron la ciudad en una verdadera zona de guerra.

Muchos dicen que "Río es el Irak", lo que sirve sólo para amnistiar la policía ahora bajo las órdenes de Cabral y Beltrame, sin redimir Eduardo Paes, Luiz Inácio (hasta entonces) y en breve (y ya declaradamente) Dilma Roussef, cuando ella meta balas en la cabeza de niños, lo que en una zona de guerra puede ser encarado como "efecto colateral", o hacer revistas abusivas y truculentas en las casas del proletariado. Si hay algo en Río parecido con Irak, es que una fuerza opresora usa y abusa de las mentiras y de la demagogia para invadir, ocupar e intentar mantener el pueblo bajo vigilancia y control.

Así, las clases dominantes intentan hacer creer que el tráfico de drogas es un cáncer en un sistema supuestamente sano, pero que en realidad es un sistema gestionado con políticas cada vez más antipueblo, fascistas, que no para de esparcir precariedad y miseria entre los desheredados de la tierra.

No hay dudas: los traficantes de drogas son enemigos del pueblo trabajador, porque lo oprimen. Pero el viejo Estado brasileño no es menos opresor, ni tampoco menos violento, porque mata, amenaza, humilla, cercena y niega derechos a los trabajadores como un "bandido" cualquiera. Traficantes, sin embargo, se agrupan en pandillas que se deshacen con un tiro en el aire. El Estado semifeudal, semicolonial y policial es el verdadero crimen organizado contra las masas populares.

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