Un año de ocupación militar en el Complejo del Alemán: Miseria y opresión bajo un nuevo comando

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En noviembre del año pasado, mil seiscientos soldados del ejército subían al Complejo del Alemán, en la zona norte de Río, para ocupar permanentemente el conjunto de favelas. La acción fue marcada por incontables denuncias de abusos de los agentes de represión del viejo Estado, como torturas y saqueos a casas y establecimientos comerciales de habitantes.

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Tras un año, el régimen de excepción impuesto a los trabajadores del Complejo del Alemán sigue vigorando. Sin embargo, la paciencia de los habitantes, poco a poco, va agotándose, mientras se agrava el tono de las denuncias de las barbaridades cometidas por soldados contra la población. En lugar de los traficantes de drogas minoristas asumió el ejército reaccionario.

Con la proximidad de la Copa del Mundo de 2014 y de las Olimpíadas de 2016, mucha cosa cambió en la vida del pueblo pobre de Río de Janeiro. Favelas enteras fueron y continúan siendo removidas de las áreas nobles de la capital fluminense para dar lugar a grandes construcciones que irán a preparar la ciudad para los mega-eventos.

En otro frente, el Estado reaccionario inició una carrera contra el tiempo para acelerar el proceso de militarización de las favelas. Las Unidades de Policía Pacificadora pasaron a dividir diplomáticamente el territorio de esos guetos con los traficantes minoristas. Para el pueblo que habita esos locales, la opresión y la miseria siguen firmes y fuertes, ahora bajo la autoridad del viejo Estado.

Un año de militarización

En el Complejo del Alemán, el cuadro es el mismo, sin embargo, son las tropas del ejército que comandan la militarización.

La ocupación por las llamadas ‘fuerzas de pacificación’ comenzó en noviembre del año pasado después de una ola de ataques a colectivos y patrulleros de  policía, supuestamente orquestada por traficantes. 106 colectivos fueron incendiados en la ocasión. Pero, poco se oía hablar sobre el asunto en las favelas dominadas por el tráfico, lo que generó desconfianza sobre la autoría de las acciones, que ocuparon por semanas los titulares de los periódicos del monopolio. Aún así, Luiz Inácio prontamente patrocinó la invasión del Complejo por los tanques del ejército y marina, acompañados por la PM y por la policía civil de Río de Janeiro. En la semana en que los militares entraron en las favelas, 17 personas murieron. Comenzaba una nueva era de opresión para los 200 mil habitantes del mayor conjunto de favelas de América Latina.

No es la primera vez que habitantes de las favelas del Río son forzados a vivir bajo la mira de los fusiles del ejército reaccionario. En 1992, semanas antes de la Eco-92, los militares también ocuparon varias favelas, entre ellas el Complejo del Alemán. La presencia de decenas de jefes de estado imperialistas había motivado la ocupación provisional. En 94 y 95, el ejército nuevamente sería llamado a participar de una acción conjunta con la policía: la Operación Río, con el supuesto objetivo de combatir el tráfico minorista en las favelas de la ciudad. En junio de 1999, nueva ocupación durante la Cumbre de Río, que envolvió autoridades de países europeos y latinoamericanos. En 2008, militares que ocupaban el Morro de la Providencia secuestraron tres jóvenes habitantes y los entregaron a bandidos de una favela dominada por la cuadrilla rival a la que dominaba la Providencia. Los tres chicos fueron torturados por horas y, enseguida, ejecutados.

Mina de oro

Recelosos con la presencia de militares y policías, centenares de habitantes abandonaron sus casas por semanas y se exiliaron en las casas de parientes. La mayoría, sin embargo, tuvo que refugiarse en sus chabolas, aterrorizada con los contantes tiroteos. El reportaje de AND permaneció durante días en el local y presenció las exhibiciones pirotécnicas de policías y soldados del ejército. Tiros eran disparados al azar contra las favelas y raramente una respuesta era oída de los traficantes posicionados en lo alto de los Morros. En medio del fuego cruzado, no existía lugar seguro para los habitantes.

Pasado el tiroteo, las casas desocupadas por los habitantes pasaron a ser objeto de saqueos cometidos por policías y soldados del ejército. Escuchas telefónicas hechas por la policía federal  revelaban traficantes negociando fugas dentro de patrulleros policiales y ‘caveirones’ (vehículo policial blindado) en pago de oro, PM y policías civiles comentando cuánto robaron de las casa de los trabajadores, además de varios otros crímenes. En las escuchas, los agentes de represión comparaban el Complejo del Alemán a la Serra Pelada(gran mina de oro).

En la ocasión, AND ya estaba hacía una semana en el local y entrevistó habitantes que tuvieron robados desde las herramientas de trabajo de un obrero de la construcción civil, hasta un cofre con 30 mil reales de un pastor evangélico. Además de eso, eran incontables las denuncias de torturas, agresiones y depredaciones, además del número oficial de 17 muertos en la acción, número que puede ser mayor, según habitantes.

La tan hablada ‘guerra’

Un artículo recientemente escrito por el profesor Nilo Batista – abogado criminalista y profesor del cuadro permanente del Programa de Máster en Derecho de la Universidad Cândido Mendes – ilustra bien el saqueo llevado a cabo por el ejército y las policías en el Complejo del Alemán, así como la contribución ideológica del monopolio de los medios de comunicación a la política de criminalización de la pobreza en las favelas de Río:

“En los periódicos de 12 de febrero de 2011, se estampó la prisión del inspector Trovão, sospechoso ‘de haber participado de la ‘minería’ en el Complejo del Alemán’, dentro de la práctica acuñada ‘espolio de guerra’ (El Globo, p. 21). Él no sólo se vestía y se sentía como un soldado en plena batalla dentro de territorio enemigo, pero, sobre todo, confirmaba sus figurines y sentimientos leyendo los periódicos. Guerra es guerra.”

Trovão era un policía civil que quedó conocido tras la chacina del Alemán, en junio de 2007 – una mega-operación policial, a las vísperas de los juegos Panamericanos, que movilizó 1,4 mil policías y dejó 19 personas muertas. Los laudos cadavéricos apuntaron, semanas después, que la mayoría de ellas fue ejecutada con tiros en la nuca, de cima para abajo y a corta distancia. El día de la masacre, Trovão fue fotografiado caminando por una callejuela del Complejo fumando un cigarro, entre varios cuerpos, vestido con el mismo tipo de uniforme usado por las tropas yanquis en Irak y en Afganistán.

La rebelión

En los meses siguientes, las arbitrariedades cometidas por militares en el Complejo del Alemán fueron denunciados incontables veces por habitantes. Sin embargo, poco era revelado por el monopolio de los medios de comunicación. Muchos acreditaban las denuncias a supuestos complots de traficantes para disminuir la confiabilidad en las tropas.

Además de las denuncias de abusos, la represión llevada a cabo por el ejército a las fiestas de rap, funk y samba en los fines de semana en el Complejo del Alemán comenzó la irritar los habitantes. En 4 de septiembre, vino el desenlace. Decenas de soldados atacaron un grupo de habitantes que festejaba y asistía un partido de fútbol en el Morro de la Alvorada – una de las trece favelas del Complejo. Varios habitantes quedaron heridos por tiros de balas de goma disparados por la tropa, incluyendo jóvenes, ancianos y mujeres. Las imágenes de la agresión fueron registradas con una cámara de celular por un habitante del local. El video indignó los habitantes que, en los días siguientes, esparcieron carteles repudiando la presencia del ejército en las favelas e hicieron combativas protestas en incontables localidades del conjunto de favelas.

Las manifestaciones se repitieron los días 5 y 6 de septiembre. El segundo día, el tono de las protestas fue radicalizado y el ejército intentó dispersar los manifestantes disparando tiros de fusil para el alto. Ese día, nuestro reportaje estaba dentro del Morro de la Alvorada y acompañó de cerca la movilización de los habitantes, que se armaban con palos, piedras y fuegos artificiales, listos para responder a la tiranía del ejército reaccionario.

Inmediatamente, el monopolio de los medios de comunicación criminalizó la justa lucha del pueblo declarando que las manifestaciones habrían sido orquestadas por traficantes. Llegaron a decir que bandidos intentaban retomar el Complejo del Alemán. Rápidamente, los habitantes interrumpieron las protestas, sabiendo que cualquiera que fuese baleado sería acusado de implicación con tráfico. Como dijo una antigua habitante: “sólo quien vive en la favela sabe lo que acontece de verdad”.

Las protestas cesaron, pero los abusos de las tropas del ejército contra habitantes ganan un tono cada vez más asustador. Solamente en las últimas semanas, nuestro equipo sorprendió cerca de diez militares zurrando un trabajador de 42 años en el frente de su esposa e hijos y, además, entrevistamos un joven obrero que fue baleado por policías y abandonado en un hospital de la red pública tras quedar por dos horas a espera de socorro.

Aún con todas las denuncias de excesos, la militarización está lejos de su fin. En la mañana del día 24 de octubre, el gerente estadual, Sérgio Cabral, y el ministro de la Defensa, Celso Amorim, firmaron un convenio para prorrogar el tiempo de permanencia del ejército en el Complejo del Alemán. La previsión inicial era de que la ocupación se extendería hasta agosto de este año. Sin embargo, con esa nueva prorrogación, la desocupación de las favelas fue aplazada para julio de 2012.

En los días 26 y 27, con autorización de la justicia, el ejército realizó otra operación en el Complejo del Alemán, alegando busca de armas y drogas. Al fin de la acción, nada había sido encontrado. Un mensaje grabado, emitido por un coche de sonido, indignó los habitantes, que se indagaban que tipo de tratamiento era aquel. El mensaje decía: “Señores habitantes, el Ejército Brasileño está realizando un mandato judicial en cumplimiento de la ley. Cerrad sus puertas y ventanas y aguarden orientación. Cuando solicitado, abra la puerta y actúe de manera educada. Obedezca a todas las instrucciones. Cualquier acción contraria será considerada como acto hostil y recibirá la respuesta necesaria”.

Indagado por vehículos del monopolio de los medios de comunicación sobre el audio, el comandante de las tropas del ejército en el Alemán, general Cesar Leme Justo, se apresuró a decir que aquello no era toque de queda, pero resulta evidente que toda la población del Complejo del Alemán se encuentra sitiada y a merced del arbitrio de los militares.

Como dicen los habitantes, “nada cambió. Salió el comando rojo(nombre del grupo de traficantes que dominaba el lugar) y entró el comando verde”. La misma opresión y miseria, bajo las riendas de otro mando: el viejo, empodrecido y reaccionario Estado brasileño.

Cuatro obreros prendidos y un baleado

Día 11 de octubre, un obrero de la construcción, habitante del Complejo del Alemán, en Río de Janeiro, fue baleado por policías civiles en la favela de la Grota. El muchacho caminaba en dirección a la firma donde trabaja, cuando policías de la 22ª DP, que hacían una operación en la favela, fueron confundidos con bandidos por soldados del ejército. Los militares dispararon en los policías, que respondieron. En medio del fuego cruzado, el trabajador fue alcanzado en el hombro y habría quedado por dos horas tirado en el suelo, sangrando, a espera de socorro.

Según él, los policías lo abandonaron en el hospital, robaron sus documentos y, aún en la favela, intentaron forjar sus digitales en un arma y en un saco con drogas.

– Yo estaba yendo para la firma donde trabajo para resolver un problema. Cuando oí los tiros, intenté correr por una callejuela y, en la misma hora, sentí un tiro alcanzándome por la espalda. Cuando miré, vi el policía atrás de mí. En mi frente, vi que había hombres del ejército respondiendo a los tiros de la policía. Ellos se juntaron después y comenzaron a discutir. Mientras tanto, yo quedé durante dos horas sangrando en el suelo. En el hospital, ellos tomaron mi identidad y mi título y, cuando yo fui a ser atendido, otro PM que estaba en el hospital dijo que los policías civiles se habían ido con mis documentos – cuenta el muchacho que no quiso identificarse.

En otro caso, el día 18 de octubre, cinco habitantes del Complejo del Alemán fueron prendidos por hombres del ejército próximo a la estación del teleférico del Alemán, acusados de desacatar los militares. Cuatro de ellos son obreros de la obra del Programa de Aceleración del Crecimiento en el conjunto de favelas. Los trabajadores quedaron cuatro días prendidos y, en la cadena, habrían sido agredidos por un agente penitenciario y quedado días sin dormir, alimentarse y hasta sin beber agua.

– Yo estoy indignado y quiero justicia. Nosotros no hicimos nada y, aunque hubiésemos hecho, nada justifica lo que nosotros pasamos. Quedamos sin agua y comida. Nuestras esposas nos llevaron agua, pero no nos entregaron. Teníamos que hacer nuestras necesidades en un agujero. Quedamos en una celda caliente y sin ventanas y aún fuimos golpeados por un agente penitenciario. Trabajo desde joven. Somos personas trabajadoras, gente de bien. Nunca pensamos que pasaríamos por una humillación de esas – cuenta uno de los obreros.

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