Lecciones de la huelga de profesores en Minas Gerais

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Professores de se acorrentaram durante a ocupação da Assembléia Legislativa de Minas Gerais

Fueron 112 días de huelga en la red pública de enseñanza de Minas Gerais. Fue una larga jornada de luchas por mejores salarios: la clase explotó en revuelta pues no soportamos más recibir salarios infames, que nos obligan a trabajar en hasta tres turnos, sin la mínima condición de realizar las indispensables actividades extra clase inherentes a nuestra profesión; no aceptamos ver la destrucción de la escuela pública puesta en práctica por los sucesivos gobiernos, de todos los partidos políticos. Somos parte de esta creciente ola de protestas que sacude el Brasil y el mundo.

En esta lucha por mejores salarios levantamos la bandera de la aplicación del piso nacional establecido por la ley federal nº 11.738 de 2008. El gobierno estadual maniobró, mintió y adoptó la interpretación que piso nacional es lo que él paga, o sea, que todas las ventajas salariales, duramente conquistadas por los profesores, serían computadas para efecto de cumplimiento del piso nacional. Y esta maniobra, para  eximirse del cumplimiento de la ley del piso, fue apoyada por el gobierno federal, específicamente por el Ministro de la Educación, Fernando Haddad. Esto comprueba que el compromiso proclamado por Luiz Inácio de valorización del magisterio público, cuando de la promulgación del piso nacional, no pasaba de demagogia con vistas a dividendos electorales.

El profesorado enfrentó con valentía todo el desgaste de una huelga tan larga, no se intimidó con el corte de salarios, con los despidos y persecuciones del gobierno y de la judicatura y reaccionó a las mentiras, calumnias y chantajes hechos por el monopolio de prensa.

Radicalización y desenlace del movimiento

El gobierno estadual adoptó la línea de ignorar el movimiento, sosteniendo la tesis reaccionaria de que no negocia con trabajador en huelga y apostando en su vaciamiento. Responder al descaso del gobierno con más combatividad, radicalizar nuestras acciones ya era defendido por sectores del movimiento desde el inicio. Pero las grandes marchas por el centro de Belo Horizonte, que se seguían a las frecuentes asambleas de la clase fueron incapaces, en aquel momento, de producir modificaciones en la correlación de fuerzas entre nuestra huelga y el gobierno. Estaba claro que el gobierno y su prensa mancomunada no cedían en nada con el crecimiento de la huelga. Persistían en la campaña de contra información, intentando aislar políticamente el movimiento. A las medidas intimidatorias del gobierno, los profesores respondían con más adhesión a la huelga.

Encadenamiento de profesores en la Plaza Siete, protestas y enfrentamientos con la PM en la Plaza de la Libertad, campamento en la Asamblea Legislativa del Estado y huelga de hambre, tentativas de impedir la entrada de diputados y finalmente la ocupación del Plenario con la consecuente suspensión de las Sesiones del Legislativo obligaron el gobierno a retroceder. Se estableció un calendario de negociaciones, el gobierno retiró su proyecto que imponía su propuesta de salarios, contrariando los profesores, y volvió atrás en el despido de los huelguistas.

Las negociaciones con el gobierno ya se iniciaron, pero es claro, no nos engañemos que tendremos avances, mucho menos que nuestros problemas salariales serán resueltos. El compromiso de estos gobiernos no es con el pueblo. Los que son investidos por este proceso electoral viciado y corrupto a la función de gobernantes, son todos meros gerentes de los intereses de poderosos grupos económicos monopolistas que explotan y oprimen nuestro pueblo y nuestro país.

Lecciones de la huelga

En todo el país somos 1,5 millón de profesores de la educación básica pública trabajando en 160 mil escuelas con 45 millones de alumnos (datos de 2009). Somos una parcela importante de los trabajadores del país y, a pesar de desempeñar una actividad intelectual, somos parte del proletariado brasileño. A finales de los años de 1970, la movilización política de los profesores fue fundamental para poner abajo el régimen militar. Pero desde este periodo el movimiento de profesores ha sido hegemonizado por la CUT al servicio del oportunismo electorero del PT. El proyecto de elegir Lula presidente convirtió huelgas en la educación en instrumento y juguete de mero desgaste electoral de gobernantes adversarios. O, al contrario, generó vacilación y conciliación cuando el gobernante era aliado, como durante la gestión de Itamar Franco en Minas. Parcelas importantes del profesorado pasaron a ver con desconfianza las huelgas y manifestaciones debido a la manipulación descarada ejercida por la dirección de las entidades. Así, la deterioración de las condiciones de trabajo del magisterio y el desmantelamiento, nunca visto antes, de la escuela pública en los últimos tiempos no encontraron en el movimiento de profesores la resistencia necesaria.

Pero el agravamiento de la crisis está impulsando la reanudación de la lucha. El surgimiento de corrientes clasistas, como el Moclate – Movimiento Clasista de Trabajadores en Educación (de la Liga Obrera) – anticipan nuevas perspectivas para la lucha del magisterio. No tenemos ilusiones que en este Estado sea posible transformar en lo necesario las condiciones de las escuelas públicas ni de nuestros salarios. Estamos convictos que estos gobiernos, en todos sus niveles, no tienen compromiso con los intereses del pueblo. Y muy por el contrario, cumplen el papel de someter todo a los intereses de los logros de las clases dominantes. Lo que hemos sacado como lección, sin embargo, inclusive de la reciente huelga en Minas, es que podemos tener saltos de organización y de politización de los profesores.

Ganó terreno el clasismo, la combatividad en la lucha por derechos, la democracia en el movimiento. Quedó claro que sin combatividad no es posible presionar el gobierno. Estas huelgas por más extensas que sean, afectan mínimamente el gobierno. No son como una paralización en una industria o en el transporte público que traen gran impacto económico. Al contrario, son fácilmente utilizadas por la manipulación demagógica de los gobernantes y usada como chantaje por esa prensa venal, los cuales se presentan como hipotéticos defensores del derecho del pueblo a la educación.

Por esto defendemos que debemos repensar y avanzar en nuestras formas de lucha. Es preciso y necesario sobrepasar los límites que esta orden reaccionaria nos impone defendiendo y practicando el derecho del pueblo a la rebelión, y que la Rebelión se Justifica!

Ocupar todas las escuelas

Necesitamos potencializar nuestras huelgas con la ocupación de la administración y de todas las actividades de la escuela, transformando cada una de ellas en nuestra base principal de organización. Para esto ella tiene que ser un punto de movilización y organización de profesores, operarios, estudiantes y padres, finalmente una Asamblea Popular en la defensa de la escuela pública. Y no solamente en los momentos de lucha por mejores salarios y condiciones de trabajo. Mantener la escuela cerrada durante nuestras huelgas nos debilita, pues nos distancia de lo que debe ser nuestro principal apoyo, mientras los agentes del Estado reaccionario y la prensa de los monopolios trabajan para desinformar y confundir la población.

Ocupando las escuelas para dar aulas a los niños y jóvenes y realizar asambleas con la comunidad, explicando e informando a todos la real situación de la enseñanza y de los trabajadores (profesores y otros servidores), la situación del país, el politiqueo oportunista de los "políticos" y de sus partidos electoreros demagógicos y mentirosos, realizando finalmente toda la denuncia sobre este Estado y su carácter de clase opresor y explotador del pueblo trabajador; desenmascarar todos sus gerentes (municipal, estadual y federal y toda su estructura ejecutiva, legislativa y judicial) que engañan las masas, violan sus derechos más elementales para defender los intereses de las clases serviles del imperialismo. Nuestras manifestaciones, ocupaciones de edificios públicos tienen que ser organizadas a partir de las escuelas, envolviendo buena parte de la población que son los padres de alumnos. Cada escuela pública, una a una, debe ser el centro de nuestra organización, construyendo vigorosas y masivas Asambleas Populares de base.

El caos que hoy se instaló en las escuelas públicas es porque ellas vienen transformándose en una extensión del aparato represivo sobre nuestra juventud. Ver en la rebeldía de nuestros jóvenes principalmente como expresión de delincuencia o de uso de drogas es no llevar en cuenta la violencia que hoy se abate sobre ellos por varias formas y vías, y la negación completa de sus derechos.

Educar es transformar. Atrevámonos a revolucionar nuestras escuelas. Es preciso no sólo entender nuestros estudiantes, pero infundir en ellos la confianza y esperanza de que podemos, con nuestra lucha, con nuestra movilización, organización y politización transformar el Brasil y el mundo.

En esencia, como profesores, debemos imprimir en nuestro trabajo un profundo y verdadero sentido de servir al pueblo de todo corazón. Ganar el corazón de las masas populares ayudando en la elevación, insistimos, de su movilización, politización y organización. Sólo así haremos de nuestras escuelas trincheras para las transformaciones tan reclamadas en nuestro país.

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*Claudia Simões, profesora de Historia de la red estadual y directora de la Subsede del Sind-UTE de Sabará, Liliane Morais, profesora de Historia de la red estadual, Rômulo Radicchi, profesor de Historia de las Redes estadual y municipal de Sabará, miembros de la Liga Operaria y del Movimiento Classista de Trabajadores en Educación – Moclate.

El viejo Estado no tiene compromiso con la escuela pública

La destrucción de la escuela pública brasileña está relacionada a la naturaleza del Estado brasileño. Somos una nación aún en formación, un simulacro de república democrática. Hablar en derechos para el pueblo no pasa de engañó. El pueblo sólo tiene obligaciones para con este viejo y podrido Estado. Confundir democracia con elecciones es una vulgaridad. Regímenes abiertamente fascistas (como de 1964 a 1985) o demoliberales (como de 1985 a los días de hoy) no alteran la naturaleza de clase del Estado brasileño: es una democracia para grandes burgueses y latifundistas y una dictadura para las clases populares. Es democracia corrupta y represiva.

Es también necesario analizar en profundidad la historia del Brasil. La independencia y la proclamación de la república fueron cuarteladas, obra de las viejas oligarquías para impedir que el pueblo las hiciera. La llamada Revolución de 30, a pesar de los levantes militares y populares que explotaron durante los años de 1920, no pasó de una reacomodación entre fracciones de las clases dominantes que representaban la disputa entre el imperialismo yanqui y el inglés por el dominio de nuestro país.

Ni las tentativas reformistas de implantar un proyecto nacional en el gobierno Jango, expresadas en las llamadas Reformas de Base, fueron toleradas: fueron derrotadas por el golpe militar-civil de 1º de abril de 1964, urdido en acierto con los yanquis. Incapaz de organizar el pueblo para enfrentar la reacción, la burguesía nacional mostraba, una vez más, la incapacidad histórica de vanguardear un proyecto democrático de liberación nacional. El fin de la gestión militar por la vía electoral, con la capitulación de la "izquierda" brasileña, conservó el mismo sistema de clases dominantes serviles del imperialismo. El Brasil sigue como una semicolonia. Somos meros proveedores de materias primas para los monopolios internacionales, además de montadores de productos industriales cuyos componentes más importantes son importados, condición que prácticamente perdura desde la llegada de los portugueses en 1500, además de sumisos pagadores de asfixiantes gravámenes financieros al sistema financiero internacional.

Por lo tanto no debemos alimentar ninguna ilusión de que este viejo Estado tiene cualquier compromiso con la escuela pública. Esos gerentes, en todos los escalones repetirán solemnes promesas, aprobarán leyes (cómo 10% del PIB para educación) que jamás saldrán del papel si las clases populares no ganaren la batalla en las calles. Así como los demás derechos de los trabajadores, la calidad de la escuela, de la salud pública estará relacionada a la correlación de fuerzas en la sociedad brasileña. O sea, depende de nuestra organización y de nuestra fuerza en la lucha de clases. Garantizar escuela que de hecho instruya nuestros niños y jóvenes, escuelas de tiempo integral, que difundan la ciencia y la técnica es una bandera democrática fundamental y será conquista de la lucha popular por democracia y por la liberación nacional.

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