"El capital origina una demanda por orden y militarización"

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Entrevista con la socióloga Vera Malaguti Batista

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A finales de octubre, la socióloga Vera Malaguti Batista – profesora de Criminología de la Universidad del Estado del Río de Janeiro (UERJ) y Secretaria General del Instituto Carioca de Criminología – dio una entrevista exclusiva a AND en la sede del ICC, en el barrio de Santa Teresa, región céntrica de Río de Janeiro. Uno de los asuntos abordados con más rigor por la especialista fue la militarización de favelas y barrios pobres en Río de Janeiro, proceso que viene expandiéndose para otros estados, como São Paulo, donde la favela de Paraisópolis  se encuentra ocupada por las fuerzas de represión del viejo Estado. Mientras tanto, en Río, las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) siguen imponiendo un auténtico régimen de excepción a las poblaciones de esas localidades pobres.

– Yo creo que ese proyecto de militarización es un proyecto de ocupación de Río de Janeiro, es un proyecto que está en el imaginario conservador nacional desde hace mucho tiempo, ya que Río siempre fue una ciudad rebelde. Varias tentativas ya fueron hechas en el sentido de militarizarla, como la operación Río 1, operación Río 2, 1964, 1961, con el objetivo de reprimir la rebeldía ilustrada muy bien en el siglo 19, con las rebeliones esclavas. Como decía Brizola, Río es un tambor que resuena para el resto del país. Lo que más me impresiona es el hecho de ese proceso de militarización acontecer justamente en democracia, con la cobertura total de los medios de comunicación e impidiendo el trabajo heroico de vehículos como el periódico A Nova Democracia. Y aún hay gente que dice: 'no, pero a los habitantes les está gustando'. Si eso es verdad, yo me quedo más asustada aún, porque entonces al habitante le está gustando ser ocupado – alerta.

– La recepción de ese proyecto viene siendo sofisticadamente construida por los grandes medios de comunicación desde el fin de la dictadura, cuando el enemigo interno sale de la subversión y va para el criminal común. Sumado a eso, existe una mala comprensión de la izquierda sobre la cuestión criminal, sobre lo que esa cuestión representa para el capitalismo en los días de hoy. El capital financiero, el neoliberalismo produce una demanda por orden, por militarización, por ocupación de territorio, él es un proyecto devastador que destruye las redes colectivas de mutuo apoyo, desde las estatales, hasta las locales. Además , es un proyecto que construye la figura del enemigo como el pobre, favelado, que criminaliza las estrategias de supervivencia, como es el caso de la "piratería" y de los vendedores ambulantes – explica.

– En ese contexto, las favelas son los locales donde existe capacidad de producción, es la llamada clase C. No es casualidad que las UPP entran en las favelas con la NET, la Sky y los bancos. Se trata de una ocupación y de un ordenamiento brutal de esa potencia que las áreas populares tienen que estar siempre se reinventando, de estar siempre concibiendo estrategias creativas de supervivencia, que podrían tener sentidos más colectivos, más socializantes. Las "milicias" (no me gusta ese nombre), por ejemplo, también son una especie de economía popular que creció en el vacío de esas políticas de ocupación que emergieron desde la salida de la dictadura. Son estrategias que proporcionan un tipo de dominación territorial y ocupación económica, que en tiempos de democracia, es un retroceso a la dictadura – analiza.

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– Por otro lado, usando un lenguaje militar, el problema de la seguridad en Río es un problema clasificado,  ya que los datos son todos maquillados. Es obvio que la ocupación y la elección de combatirse solamente una de las empresas del comercio minorista de drogas [el Comando Vermelho] favoreció las otras empresas. Y de una cierta forma, el Estado de policía hizo con que las empresas que tenían subterráneamente, o aún en la superficie, relaciones con las fuerzas policiales, quedaran fortalecidas en el comando del comercio de drogas – apunta.

Vera Malaguti Batista también criticó vehemente la política higienista de combate al crack en Río de Janeiro, adoptada por las gestiones municipal y estadual. Actualmente, la línea del viejo Estado delante de esa delicada cuestión de salud pública ha sido la de las polémicas internaciones compulsorias de usuarios de crack .

– El crack no existía en Río de Janeiro hace 10 años. Y lo curioso es que esa misma empresa del tráfico minorista que impedía la entrada de esa droga en la ciudad es la más perseguida por el Estado. Cuando esa empresa comienza a declinar, el crack comienza a entrar de forma más contundente en Río. Nuestra política criminal de drogas, basada en el modelo de USA, es una política que finge ser contra las drogas, pero es una geopolítica de ocupación con objetivos diferentes del ciclo latinoamericano de dictaduras militares. El crack es una droga poco estudiada y nosotros estamos acompañando la ignorancia de esa figura lamentable que es el alcalde de Río de Janeiro. Todo el mundo está viendo que no resuelve reprimir, no resuelve ocupar, no resuelve venir con esa historia de recoger para proteger. En la década de 80 era el pegamento de zapatero, ahora es el crack, pero permanece el discurso higienista – denuncia.

– En ese sentido, la internación compulsoria ha sido el discurso de las personas más obtusas. Sorprendentemente, nosotros estamos viendo hasta el presidente de la OAB de Río defendiendo esa línea. En la mano contraria, el Consejo Regional de Psicología y el de Servicio Social son los agentes que están defendiendo los derechos constitucionales, mientras la OAB evoca el argumento higienista de que eso tiene que ser hecho en nombre de la salud pública. Entonces, yo creo que el crack está siendo el gatillo para el recogimiento de la población callejera. Ahora el Estado tiene un motivo para recoger con la supuesta intención de proteger. Nosotros no tenemos ninguna estructura de tratamiento, de atención, de recuperación y ni vamos a tener, porque la salud pública no es una prioridad de este gobierno. A este grupo le gustan las grandes compras, grandes construcciones, destruye el Maracaná, construye de nuevo. Como dice Nilo Batista, el crimen es plástico porque él encubre toda la conflictividad  social – explica.

Por fin, la socióloga habló sobre el juicio de los reos del mensalão, convertido en show televisivo por el monopolio de los medios de comunicación en connivencia con las gestiones de turno. Según Vera Malaguti, la conversión de los ministros del STF en héroes de la nación – en especial, el ministro Joaquim Barbosa – puede representar un peligroso proceso de desplazamiento de la realidad.

– El juicio del mensalão fue un escándalo porque él aconteció a las vísperas de la elección. Brasil es el único lugar donde las sesiones del STF son televisadas y eso no es bueno. Es el caso del ministro, que yo prefiero no citar el nombre, que fue tapa de la revista Veja. Cuando la persona es tapa de esa revista, es porque el asunto está feo. Él aún fue elogiado por el Fantástico, Jornal Nacional, etc.. pero todo eso apunta para una cosa muy peligrosa que es la judicialización de la vida. Hay un surto en los jueces, fiscales, comisarios y policías de autoridad extrema, que yo creo que va a llegar a un punto en el cual ellos van a despegarse de la realidad, porque ellos están viviendo en un mundo virtual – alerta.

– El mensalão fue un escándalo televisado que se transformó en un show. El ministro que absolvió los mensaleros fue hostilizado cuando fue votar. Se observa que la absolución pasó a ser crimen. El oro garantista, que es un poco del oro de la Revolución Francesa, sin esconder la Comuna de París, no tratando la revolución como liberal, pero llevando en consideración que ella comienza con la demolición de la Bastilla, que era la prisión absolutista, un símbolo de la opresión absolutista; yo creo que nosotros estamos perdiendo un poco de ese oro. Por eso, yo creo que el surto jurídico y penal es tan grande, que, dentro de poco, él va a despegarse de la realidad. Porque la realidad allí rompe, ella se vacía. No tiene cómo usted sufocar la realidad por mucho tiempo. Como pueden aquellos jueces-ministros actorsuchos pasárselas hablando para las cámaras como si fuesen artistas? – concluye.

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