El crimen y la inocencia de José Ribamar

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Desde su desembarque en el puerto de San Luís, los yanquis de la empresa Ulen, demostraron toda su prepotencia, despilfarrando como jeques árabes, el dinero tomado de gente explotada en otros países.

Una cierta tarde, Ann, esposa del administrador general de la Ulen, Harry Isler, entró irregularmente en la reserva forestal de Sacaven para cazar perdices y pequeños animales. De pronto, percibió un bulto por tras de un arbusto. Sin vacilar, apuntó su Winchester de dos caños y disparó. Cuando el pobre guardabosques gritó, ya era tarde. El proletario desangraba, con innumeras perforaciones de plomo, diseminadas en su piel negra entre la nuca y el hombro.

Más tarde en la comisaría, en la deposición de la ilustre Ann Isler, se oyó:

— ¡Juro que parecía un mono!

II

Era 1920. En la capital de Marañon, el pueblo sufría con los tranvías de tracción animal. Además de los constantes atrasos, a veces los burros empacaban. De noche, no había iluminación pública.

El comandante José María Magalhães de Almeida, yerno del gobernador Urbano Santos, resolvió ecuacionar toda la cuestión, desde los tranvías al empaquetamiento del algodón fabricado en Marañon. Con este objetivo, fue conversar con el abogado yanqui, Henry Charles Ulen.

El abogado era fundador de la Ulen & Co. de Broadway creada para transformar en embrollos los proyectos gubernamentales, incluyendo la intermediación de empréstitos de la Bankers Trust Company. En poco tiempo, el pueblo de Marañon — sin luz, sin saneamiento, bebiendo agua de manantiales contaminados — pasaría a oír que "un milagro americano" había sido encomendado por Urbano Santos, y que se plasmaría en la administración siguiente, la de Godofredo Viana, en marzo de 1923.

Los yanquis tomaron un empréstito externo de US$ 1,5 millones, con la intermediación del gobierno estadual. Después vino otro, en el valor de 2,5 millones de "contos de réis" (moneda local de la época), concedido por empresarios de la capital marañense para concluir las obras de agua, cloaca, luz y tracción.

El gobierno transfirió para los banqueros el valor referente a los intereses y a la amortización del crédito, comprometiendo con eso 40% de los réditos estaduales. Peor aún, el contrato daba a la Ulen plena exención de impuestos y la incumbía de hacer todo lo necesario para la ejecución de los servicios, descontando los gastos al gobierno de Marañon.

III

La Ulen entregó las obras seis meses antes del plazo, en 1º de mayo de 1923, e inauguró el servicio de tranvías eléctricos el 30 de noviembre de 24.

Después de las fiestas y la euforia, surgió un serio problema: la Ulen cumpliera el plazo, pero era necesario montar la administración de esa estructura. Con ese fin, el gobierno Marañense contrató en USA, en 9 de agosto de 1923, la Brightman & Company Incorporation.

Con total exención de impuestos, los yanquis administrarían, por un período de 20 años, el abastecimiento de agua, cloacas; suministro de energía, los tranvías y el empaquetamiento del algodón. El gobierno estadual asumió todos los costos de la administración, inclusive los gastos de la oficina de la Brightman cuya remuneración mensual sería de 10% de la renta bruta estimada. En caso de perjuicio, el gobierno cubriría el déficit.

Los yanquis inmediatamente pasaron a presentar continuado déficit de caja. El gobierno cubría. La cantidad de tranvías en circulación era menor que lo necesario. La masa indignada, abarrotaba las plazas para repudiar la calidad de los servicios y los constantes aumentos de tarifas.

IV

Acorralado por el pueblo, Godofredo Viana argumentaba que no podía hacer nada, por que si quebrase unilateralmente el contrato que los entreguistas habían firmado, el estado seria sometido a multas elevadísimas y una "indemnización de 50% de la remuneración del último año fiscal, multiplicada por los años que faltaren para el término del contrato".

En 1º de marzo de 1926, José María Magalhães, que era amigo de Ulen, asume la Presidencia de Marañon.

La empresa fue llamada nuevamente, ahora constructora de porte gracias al gobierno de Marañon, y que no gustaba de administrar sus obras ejecutadas. Para ese propósito, desarrolló una grande idea: crear una subsidiaria, la Ulen Management Company.

Entonces, en 1º de abril de 1926, se firmó el nuevo contrato entre la subsidiaria y el gobierno de Marañon.

Bastaron los 30 días transcurridos entre la pose del gobernador hasta el contrato para que representantes de la Brightman, reunidos en Nueva York con la Ulen Management, desistiesen de la indemnización de 2,2 millones de contos de réis — mas cediendo a la nueva empresa (la subsidiaria) los porcentajes, adelantamientos y demás derechos en conformidad con la gran idea. Para liquidar la "deuda', Magalhães nuevamente recurrió a empréstitos del Bankers Trust. Como intermediaria, coincidentemente, estaba la Ulen.

Sin perder tiempo, fue tramado un nuevo contrato con validez de 20 años, por un total de 236 mil dólares. El gobierno pagaría los salarios del administrador Harry Isler y los demás empleados procedentes de USA, comprometiéndose también a no realizar ninguna "intervención directa de fiscalización junto a la Compañía".

Entretanto, las máquinas de embalar algodón eran obsoletas. Faltaba agua, luz, y de las prometidas cloacas apenas vestigios. En 1927 la indignación adormecida volvió a sacudir San Luiz. El pueblo en las calles, cobraba las promesas incumplidas, repudiaba los constantes aumentos de tarifas y exigía el fin de la explotación yanqui.

V

En 1930 estalla la Revolución burguesa de viejo tipo. En Marañon los antiguos grupos políticos fueron apartados. Los magallaistas, marcelistas y tarquinistas cedieron lugar a los revolucionarios locales.

José Luso Torres, José María Reis Perdigão y Astolfo Serra, que preconizaban abiertamente la ruptura del contrato con la Ulen, pasaron a constituir la Junta Gobernativa. El gringo Harry Isler, administrador de la Ulen, había ayudado a organizar los"batallones patrióticos" que saboteaban la revolución. Fue decretada la prisión de Harry y transportado en un desfile por la ciudad hasta la cárcel.

Su detención, sin embargo, no duró 24 horas. La embajada de USA declaró que el prisionero era agente consular en la capital marañense. Reis Perdigão se dirigió a Río de Janeiro con la finalidad de obtener del Ministro de Justicia la rescisión del contrato con la Ulen, pero la embajada yanqui exigía el mantenimiento de la empresa.

Osvaldo Aranha, ministro de Justicia, vergonzosamente proclamaba que el capital extranjero era de suma importancia para el país, y al cual se debía "gran parte de nuestro progreso". El 10 de febrero de 1931, la Ulen volvía a sus actividades, más poderosa que nunca.

VI

En setiembre de 1933, después de haber sido dimitido injustamente, faltando apenas algunos días para completar diez años de servicio, el billetero de la estación del tranvía José de Ribamar Mendonça ejecuta a tiros el contador de la Ulen Management, John Harold Kennedy — miembro de una familia de notorios contrabandistas, cuyos sobrinos, un bando de asesinos, gobernarían USA en la década del 60.

Además, el gringo se recusaba a pagar al empleado la indemnización establecida en ley.

Para el pueblo oprimido y humillado por servicios de pésima calidad, la actitud de José Ribamar servía como una especie de venganza popular.

En 21 de noviembre — pasados 60 días de la muerte del bandido yanqui — José Ribamar fue a juzgamiento. Una de las tesis de los abogados de la Ulen tentaba crear la imagen de que José Ribamar tenía propensión al crimen, y que había participado de la manifestación popular Tambor da Crioula. El pueblo de San Luiz respondió inmediatamente al insulto.

Dentro del Tribunal, a cada intervención del abogado de defensa José Joffily, el pueblo que abarrotaba el Forum aplaudía alucinadamente, gritando el nombre del acusado. El abogado de Ribamar lanzó sobre su cliente una bandera brasileña y el juzgamiento se transformó en un gran movimiento antiimperialista en San Luiz.

El abogado declaró que "entre el pueblo y la Ulen, se erguía, ladrillo por ladrillo, un muro de antipatía que a cada día se tornaba más inflamable". El caso trascendió sus fronteras. El gesto de Mendonça fue tomado como la respuesta de los marañenses a los crímenes cometidos por los extranjeros opresores del pueblo. Los jurados decidieron por la absolución de Mendonça. La embajada yanqui tentó otras dos veces la condenación del reo, pero no consiguió.

En 1945, con el fin de la dictadura de Vargas y la victoria de Dutra en las elecciones presidenciales, Vitorino Freire, disfrutando de gran prestigio junto al presidente de la República, fue decisivo en la designación de Saturnino Bello para interventor estadual.

En 16 de febrero de 1946, al asumir el cargo, Satu como era conocido en el medio político, dejó clara su intención de romper el contrato con la Ulen, pero que todo cuidado era poco. Una nueva crisis diplomática no convenía principalmente debido a la situación del pos guerra.

Una comisión designada por el interventor, consideró que la relación costo beneficio, presentó un desfase discrepante en relación a lo que el Estado pagaba a la concesionaria. La evaluación, sumada a la influencia de Vitorino Freire en el Palacio de Gobierno, dio a Satu condiciones suficientes para expulsar definitivamente la Ulen de Marañon. Así, en 14 de junio de 1946, acabaron las actividades de la empresa yanqui en San Luis, a pesar de los esfuerzos de tres embajadores y 38 oficios directamente de Washington para mantenerla aquí. (A.F.)


*Dirigido por Murilo Santos, El Crimen de la Ulen es un cortometraje que retrata la imagen pública de José Ribamar, siendo la coproducción de Murilo Santos/Zen Comunicación/TVE brasil/ TVE Marañon. Para contactos con el director: Este endereço de email está sendo protegido de spambots. Você precisa do JavaScript ativado para vê-lo.

Empresas yanquis citadas:
Ulen & Co
Bankers Trust Company
Brightman & Company Incorporation
Ulen Management Company

Traducciones: Este endereço de email está sendo protegido de spambots. Você precisa do JavaScript ativado para vê-lo.

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