¡Y viva la autoridad de las masas!

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Cambiaron de tema bien deprisa. Pero los bancos de USA armaron una nueva. Promovieron y compraron millones de deudas familiares: hipotecas, un negocio muy rentable.

Compran y empujan para los otros.

Simultáneamente, diversos mecanismos hacen subir los intereses y caer la renta fija, así como los salarios. Nuevos paquetes de pérdidas de garantías laborales, de seguridad social y democrática, van destruyendo también la clase media. que no puede más pagar las hipotecas.

Aumenta el riesgo de la deuda por que el producto (deuda de riesgo) tiene menor aceptación. Bancos y fondos de inversiones del mundo entero, al llegar a la fase terminal de las operaciones, ya no saben lo que tienen en las manos. Los especuladores menores están buscando, desesperados, librarse de esos papeles.

Nuevamente disminuyen las inversiones en la economía productiva: industria, agricultura.Medios propietarios vinculados a la producción, empresas de menor porte y familias de economías endeudadas pierden sus ahorros, hipotecas, casas. Las propias pensiones apenas servirán para pagar las deudas — tanto en las colonias como en la metrópolis, por que la cosa comenzó allá, en USA.

Muchedumbres vuelven a caer en la escala social y una gran parte se suma a los que mueren de hambre en todo el mundo.

Son millones de documentos adicionados a otros insolventes, llegando al tráfico de papeles podridos.

El capital financiero internacional realiza esas operaciones en cuestión de segundos. Quiere decir, en segundos se convierten en un desastre mundial.

¡Qué tecnología! — exclaman los tontos conformados.

¡Con qué voracidad el imperialismo roba los pueblos! — dicen los proletarios concientes.

II

Es bien probable que los bancos centrales de las colonias — que compraron dólares de los yanquis — gasten sus reservas prestándolas a los mayores bancos privados, con artificios para que estos devuelvan menos, ya que, al final, son los privados que mandan en los bancos centrales.

A la "turbulencia hipotecaria" se sucede la "turbulencia financiera" y la quiebra inmediata del sector productivo reflejada en la queda de la bolsa.

El objetivo siguiente es esconder la proliferación de insolvencias y quiebras, que es la manera como las colonias transfieren las pequeñas propiedades al capital extranjero.

A cada "excelente negocio" del imperialismo, un desastre se incorpora. Pero un desastre no es la crisis propiamente. El imperialismo "supera" los desastres que él mismo provoca, profundizando la crisis que es su propia existencia — "la crisis general del capitalismo" — , en la vida económica, política e ideológica.

III

De la agonía general del imperialismo emerge el parasitismo de la burguesía, el militarismo y la descomposición del antiguo modelo de democracia burguesa, implicando el retorno del fascismo — que solamente tendrá fin, cuando de la cresta de la segunda ola revolucionaria mundial, resurgir el socialismo.

Paralelamente, las centrales sindicales oportunistas (vinculadas por naturaleza al imperialismo) realizan fusiones y más fusiones, mientras se intensifica la represión militar.

El tal "crecimiento económico" que en China hospeda 12 mil industrias de USA, es responsable por esa avalancha de miseria que asola con trabajo esclavo profusamente, su pueblo y el de India.

Con contradicciones incompatibles estimuladas al extremo, apenas, China e India, de inmensas tradiciones revolucionarias, comprenden cerca de 2,4 mil millones de trabajadores. Y todo el Tercer Mundo suma, cerca de, 4,8 mil millones de trabajadores que no pueden más soportar el imperialismo.

Además los carteles oportunistas se desenmascaran definitivamente, en teoría y práctica, como en el caso de Camino Prachanda, en Nepal. Su caída arrastra otros impostores confluentes, para el vertedero de la historia, mientras que al partido revolucionario le corresponde volverse más exigente y depurado en todo el mundo.

Si los pudientes atacan las naciones, es natural que el proletariado — junto a los campesinos y demás trabajadores de todas las naciones — se vuelque contra los pudientes y los aparatos oportunistas en cada país.

IV

El imperialismo, claramente el de USA — —el mayor Estado terrorista del mundo — lleva a las últimas consecuencias su industria armamentista y el tráfico al por mayor (armas de guerra y drogas que incapacitan); promueve leyes fascistas más sofisticadas que por doquier su hegemonía alcance; establece censura mundial; acaba con la legalidad institucional; declara guerra a los pueblos y se proclama dueña del suelo, subsuelo y del espacio aéreo y marítimo del mundo.

Por eso es sintomático que en Brasil los "poderes" (el pueblo asiste asqueado la desmoralización de "sus dirigentes") se hayan tornado favorablemente irreductibles en relación a las masacres en favelas, barrios proletarios y en el movimiento campesinos de una manera general.

Cuando el Estado manda su imprenta "denunciar" criminales del propio gobierno, está reafirmando la disposición de ampliar el pánico, la represión y la explotación de las masas. Revela el escándalo pequeño y oculta crímenes mucho mayores — como vender la patria, por ejemplo.

De este modo, el Estado mantiene ocupados sus criados de lujo del latifundio y de la burguesía compradora nativa — incluyendo esos parapolíticos, pretensos caciques coloniales, con sus respectivos comentaristas de política mundana — que como sus patrones, disputan a cachetadas las migas que caen de la mesa del imperialismo.

Al abolir las últimas leyes de autodeterminación nacional, además de las conquistas laborales y democráticas, el Estado empuja para la ilegalidad las reivindicaciones mínimas de los trabajadores y se opone a todo lo que es nacional, principalmente el pueblo — tratado como un animal de carga.

La propia tierra solamente es brasileña cuando el campesino resuelve tomarla del latifundio usurpador — para su familia y las de sus camaradas. Y los operarios solo se sienten dignos y nacionales cuando luchan, como los de la Cosipa y Aceros Villares — juntos son 8 mil operarios! — victoriosos en sus huelgas de agosto último, después de tener que enfrentar hasta organizaciones paramilitares.

Al pueblo sólo le queda marchar para una huelga general proclamando sus exigencias y lanzar un ultimátum a las clases explotadoras y genocidas que declararon criminal la lucha por la emancipación de las clases oprimidas y por la independencia nacional. (JMC)

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