La bancarrota del corporativismo petista

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Al tomar posesión en 2003, Luiz Inácio y sus marqueteros crearon un slogan para su gestión el cual sintetizaba la disposición petista de embaucar las masas más pobres y favorecer las clases dominantes y el imperialismo: “Brasil un país de todos”. Tras pasar años criticando la Carta del Lavoro y el modelo fascista de Mussolini adoptado por Getulio Vargas, Luiz Inácio buscó en el Estado Nuevo getulista la base de su engaño junto al pueblo brasileño. La conciliación de clases vía corporativismo de la sociedad, objetiva dar proseguimiento a los planes del imperialismo de continuar desarrollándose en el interior de nuestro país, como un parásito, reforzando su condición semicolonial y manteniendo la semifeudalidad, a través de la evolución de sus formas, sin embargo dando la impresión de que el Brasil estaría creciendo y desarrollándose.

Un traidor al servicio de la subyugación

Sin dudas, como inclusive él afirmó, solamente una figura surgida del seno de la clase obrera podría llevar adelante un proyecto de intensificar la explotación de la nación brasileña a través de la subyugación nacional. El conchabamiento tuvo como base la continuación del viejo engendro del capitalismo burocrático, tipo de capitalismo anclado en la semifeudalidad  y en la semicolonialidad, condiciones aprobadas por las clases dominantes nativas de la gran burguesía y del latifundio como “compañeras” sumisas del imperialismo, principalmente yanqui.

Para favorecer, “como nunca en la historia de este país”, a los latifundistas y las transnacionales del agronegocio, los bancos y los especuladores internacionales, las grandes contratistas, la industria automovilística, las gigantes del petróleo, las mineras y, a la vez, asegurar la explotación del proletariado y del pueblo pobre en general, Luiz Inácio, con el slogan de “Brasil, un país de todos”, adoptó un discurso de participación de todos los sectores de la sociedad en su gestión. Fue buscar un tucano representante de la banca internacional para dirigir el Banco Central, una participante  de  una ONG financiada por los yanquis para el Ministerio del Medio Ambiente y un médico trotskysta de la Libelu para el Ministerio de la Hacienda y, dígase de pasada, estos tres “nombramientos” fueron anunciados durante audiencia con Bush en la Casa Branca. Y aún, un representante de la Confederación de las Industrias para el Ministerio del Desarrollo y otro de la Confederación de la Agricultura para la carpeta del mismo nombre. Loteó el Ministerio del Trabajo con las centrales sindicales oficialistas y el Ministerio del Desarrollo Agrario/Incra con el MST. Esto para no hablar de segmentos dichos representativos de las minorías, como mujeres, negros, indígenas, quilombolas, etc...

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Cae la máscara del oportunismo

Tal participación inmediatamente fue desenmascarada cuando se verificó que cada segmento que se incorporaba a la administración petista se anulaba como organización independiente, transformándose en un agente de desmovilización de las masas. Fue así con las centrales sindicales transformadas en cartel financiado por el gobierno para avaluar las antirreformas laborales; fue así con el MST que, al recibir el Ministerio del Desarrollo Agrario y el Incra, pasó a desestimular la toma de tierras del latifundio por parte de los campesinos sin tierra hasta al punto de declarar que la táctica de la “ocupación” no servía más; también ocurrió el mismo fenómeno con las (organizaciones estudiantiles) UNE/UBES (léase PCdoB) que se vendieron por unos mangos para, no sólo hacer vista grosa, como hasta aplaudir las contrarreformas en la universidad pública y la transferencia de millones de reales para los tiburones de la enseñanza privada.

No es sin razón que entidades y movimientos como la CUT, UNE/UBES y el MST, que hasta antes de venderse disfrutaban de cierto prestigio en la sociedad brasileña, exactamente por liderar manifestaciones y protestas en defensa de los intereses de los trabajadores y del pueblo brasileño, aunque con posiciones reformistas, de repente se transformaron en hinchadas y monos de auditorio de la gestión petista.

Todas sus movilizaciones tenían como objetivo fortalecer las acciones antipueblo y vendepatria de la gestión petista, practicar el diversionismo o, simplemente, colocar propuestas que nunca apoyaron ni apoyarían como fue el caso de la reducción de la jornada de trabajo y el ajuste en la tabla del impuesto de renta. Por eso, fueron cayendo en descrédito, de forma tal, que fueron perdiendo credibilidad y representatividad hasta el punto de ser expulsados en las protestas de junio/julio pasados, como se dio con a UNE/UBES y otras del mismo tipo. Como organizaciones dirigidas por oportunistas ellas apostaron, desde la gestión Sarney, todas sus fichas en el juego electorero, desempeñando el papel de coadyuvantes de la farsa electoral y, así pues, frenando el ímpeto revolucionario de nuestro pueblo. Todo eso para dar cobertura al proyecto del arreglo PT/FMI/Banco Mundial.

Las masas han conformado nuevos liderazgos

Como muy bien afirmó el editorial de la edición pasada de AND, al analizar esta etapa de la crisis mundial y su repercusión en el Brasil frente a la tentativa de los petistas de maquillar la situación para postergar el estampido de la crisis para después de las elecciones y, así, ganar un mandato más: “Con los datos puestos sobre la mesa, resulta evidente que algo muy grave, principalmente para el pueblo, está para ocurrir en el Brasil, como hace mucho AND ya viene alertando, a pesar de las hazañas estadísticas y publicitarias de la gestión petista. El desempleo masivo y la miseria se prenuncian para breve, mientras el oportunismo a la cabeza del viejo Estado burocrático-genocida brasileño se esmera en producir contrapropaganda y represión contra el pueblo”.

Es obvio que no será bajo la dirección del oportunismo que las masas se levantarán para dar un basta al negociado PT/FMI/Banco Mundial. Desde las espontáneas y multitudinarias protestas de junio de 2013 hasta las manifestaciones más focalizadas que vienen ocurriendo diariamente en todo el país, las masas han repudiado los políticos profesionales y sus apoyadores electorales y los colaboracionistas incrustados en las entidades. Lógicamente, este proceso de limpieza en las organizaciones de masas no se dará de la noche a la mañana y en muchos casos las masas en lucha crearon otras de nuevo tipo, sin embargo, cuando la situación se agudizar, la expulsión de oportunistas deberá acentuarse con mayor rapidez.

En el movimiento sindical, debido a los tentáculos del oportunismo estar enclavados en las organizaciones hace bastante tiempo, es probable que tarde más tiempo y es también probable que los colaboracionistas caigan junto con toda estructura corporativista en la cual se sostuvieron hasta los días de hoy. Mientras tanto una nueva organización clasista ya despunta, aunque de forma tímida, pero que, sin sombra de duda, será la nueva trinchera de organización de los trabajadores brasileños en sus luchas reivindicativas por mejorías económicas como salario, condiciones de trabajo y de vida.

Paso mayor y más firme dará nuestro pueblo cuando entender que la principal reivindicación para su liberación es el poder y, a partir de ahí, construir los instrumentos para su consecución. Solamente con un partido revolucionario la dura batalla de barrer toda la basura oportunista en todas las esferas de la vida en nuestro país, construyendo una nueva democracia fundada en una nueva política, una nueva economía y una nueva cultura, podrá hacerse realidad.

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