En época de PAN - Deporte es fachada para mentiras e insultos al pueblo

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Traducido por Enrique F. Chiappa

En la Ciudad de Río de Janeiro que recibió los XV Juegos Panamericanos, de 13 a 29 de julio, fueron redoblados todos los esfuerzos para ampliar la represión — antes, durante y después del evento.

Y uno de los más indecentes e indignantes instrumentos de represión es el monopolio de los medios de comunicación que inundó sus vehículos con dos de sus charlatanerías favoritas. Al final está a su cargo el trabajo de histéricamente patalear, gritar, ocultar y desviar la atención sobre la impiedosa explotación de las masas trabajadoras, la corrupción inmobiliaria, la privatización del patrimonio público, las matanzas en los barrios proletarios y otras acciones de la represión, el caos en que se transformó a ciudad en las manos de los grandes bandidos del capital — así como el odio que el pueblo expresa en sus manifestaciones en las calles.

La primera falacia ampliada tentó, otra vez, convencer la población de que "la violencia urbana" es la responsable exclusiva por los infortunios cotidianos de las masas empobrecidas, tratando de callar sobre la brutalidad de la explotación que tira millones de brasileños para una rutina de miseria y humillación.

La segunda falacia, reverdecida en época de PAN, fue la que avisa a niños y niñas pobres de Río y del país entero que solamente jugando pelota, haciendo gimnasia, saltando obstáculos o lanzando pesos, pueden escapar del destino de pobreza, prisión y ejecución a ellos reservados por las políticas de exclusión.

Ambas fanfarronerías hacen parte de la rutina de producción de un nivel de desfachatez nunca imaginado.

En los textos de los periódicos y en los reportajes televisivos las corporaciones de comunicación operantes en Brasil, particularmente la mayor de ellas, la Red Globo, los deportes acostumbran ser perversamente manipulados para atentar contra la inteligencia y la dignidad del pueblo. Para comenzar, se trata de deportes cuya degeneración administrativa los transformó al largo de los años en actividades de altísimo rendimiento.

El monopolio de los medios de comunicación martilla en la cabeza de los hijos del proletariado brasileño que su lugar es aquel que la raquítica y colonizada elite les reservó: una vida de obediencia, servidumbre y silencio — aprovechándose del aprecio que las masas tienen por el deporte en general, y por el fútbol en particular.

Ese monopolio decreta que, en el futuro, los niños y jóvenes de la periferia y de las favelas serán criminales sanguinarios o atletas profesionales.

Sus empresas completan: aquellos que no tuvieren talento para el deporte, que se contenten con trabajos de office boys , camarero, lustrabotas y otras profesiones desamparadas por ley y salarios para los cuales los gobiernos oportunistas no necesitan garantizar reserva de cuotas.

De la misma manera que es común ver en la televisión los periodistas diciendo que la población sale de casa sin saber si vuelve, por causa de la violencia, es también común ver los periodistas repitiendo que los niños pobres no están matando ni robando por que hacen parte de un equipo mantenido por una ONG cualquiera, y que ahí estaría garantizado un futuro iluminado.

Además de los resultados de juegos, decir que jugadores formaran un equipo, agendas y entrevistas con atletas famosos, mucha manipulación! Esa es la versión decadente que dan al deporte — una actividad que tanto podría servir de confraternización y celebración de la sociedad entre los pueblos.

El otro lado de la misma moneda descalifica todo lo que puede ser conquistado por medio de la movilización y lucha, como enseña la historia de las conquistas de los trabajadores contra sus opresores los dueños del poder económico.

Quien gusta de acompañar los deportes, aprecia también leer los diarios deportivos expuestos en los quioscos de la ciudad, o mismo ojear los cuadernos especializados de los diarios más comunes. Desde una semana antes del inicio de los juegos Panamericanos de Río de Janeiro, The Globe (O Globo, como se decía antes del golpe de 1964, "el diario yanqui mejor doblado del país"), por ejemplo, aumentó el tamaño de su cuaderno dedicado básicamente a fútbol y al Panamericano que estaba para comenzar.

Quien vio ese cuaderno en 4 de julio, notó que la tapa estampaba la foto de una atleta llamada Cristina Badaró, integrante de la selección brasileña de tiro deportivo. En la foto, Cristina sostenía una carabina apuntada para la lente del fotógrafo y, luego, para los lectores del diario. Al lado de la mira del arma, el enorme título del cuaderno decía: "Tiro del bien". El subtítulo explicaba mejor: "Paz: Nacida en la Baixada, Cristina Badaró usa su carabina para acertar medallas". En el texto de la materia, en la página 7 del cuaderno, estaba escrito que "Baixada y tiros también pueden ser sinónimos de paz".

Preocupado apenas en practicar el más barato de los ejercicios fáciles, el diario no tiene siquiera la prudencia de disfrazar sus propios preconceptos. Siendo una joven de origen pobre nacida en Nova Iguazu y criada en Nilópolis, el hecho de ser atleta y practicar tiro deportivo fue, para el diario, tan sorprendente cuanto ella no estar deambulando por las calles de la Baixada Fluminense tirando de forma aleatoria en las personas.

A los ojos de la "elite" una "criminal en potencial" enveredó por obra y gracia del deporte, por los caminos virtuosos de los "tiros del bien".

Falta de respeto, embuste, farsa cuyo único objetivo es difundir una mentalidad basada en asociaciones simplonas, juegos de palabras con antagonismos moralmente condenables, ardilosos. Una mentalidad basada en la ignorancia y en la alienación.

La ONG Viva Río (otra que aprovechó la realización del Panamericano en Río de Janeiro para volver a llamar a la clase "media" para calles levantando banderas reaccionarias) acostumbra a estar metida en embustes como este.

Esta vez, la Viva Río promovió una farsa llamada "Trillando por la paz". La idea fue conducir media docena de bacanes entre las callejuelas de las favelas Rociña y Vidigal, recorriendo a través de los morros el trayecto entre la Plaza Santos Dumont, en la Gavea, y la Playa de San Conrado.

The Globe notició el paseo con el título "Favela y asfalto juntos por el PAN". Un insulto para los moradores de regiones como el Complejo del Alemán. Con el pretexto de la proximidad del PAN, sus habitantes padecieron bajo un cerco de tiroteos policiales durante 50 días, cuyo resultado fue el exterminio de más de 40 personas, además de centenas de heridos y de toda suerte de abusos y truculencias en nombre del "Pan de Brasil". 

¿Qué ciudadanía? 

Y no apenas ONGs y el monopolio de los medios de comunicación resolvieron elegir el "deporte" o la policía como soluciones posibles para todos los males creados por las políticas de exclusión. No faltan portavoces de gobiernos oportunistas listos para enumerar, una por una, las supuestas maravillas que esperan a aquellos que, entre encontrar un policía y un entrenador, escogen el "camino del bien".

Entre farsas, dicen que el deporte significa oportunidad de ascensión social; que es el camino ideal para jóvenes y niños no se meter con el tráfico de drogas; que practicar deportes es la mejor manera de asimilar valores como disciplina y respeto. Pero la mayor de las trapacerías llega a afirmar que las aulas de fútbol, tenis, judo, atletismo o gimnasia, son ciertamente, aulas de ciudadanía.

El abogado, profesor y jurista Nilo Batista cierta vez escribió sobre la "privatización de la ciudadanía", mostrando algunos de los significados rastreros hoy atribuidos a la palabra, "tan en moda en una coyuntura completamente negadora de su denotación más radical":

"Diez señoras ricazas de la society resuelven enseñar unos pibes, que cayeron en las mayas de la justicia de la infancia y adolescencia, se tornaren camareros compenetrados? Ciudadanía. Las sillas de ruedas con las cuales animadores de auditorio garantizan audiencia y patrocinio? Ciudadanía pura. El Estado reduce su potencia al clientelismo de distribuir algún dinero para los pobres? Se creo el "cheque ciudadano". Alguien devolvió al banco el dinero que cayó del transportador de valores? Ganó un premio de ciudadanía. Unos estudiantes de clase "media" fueron a la favela. Por un motivo distinto de comprar marihuana? Es ciudadanía para la Globo".

Estos son apenas algunos ejemplos de lo que se dice en reportajes de televisión: La organización de las Naciones Unidas y la Arquidiócesis de Río de Janeiro promueven un juego de fútbol entre los refugiados que residen en la ciudad? "Día de ciudadanía y deporte". La Defensa Civil carioca lleva los alumnos de las escuelas públicas para una sesión de autógrafos con jugadores de fútbol famosos? "Deporte que enseña ciudadanía". El Servicio Social de la Industria y la Red Globo patrocinan un evento en el cual los niños caen en una piscina y salen con la medalla de oro? "Deporte trae ciudadanía".

Y más: Atletas que van competir en el Panamericano acompañan aprendices de yatistas para retirar basura de la Bahía de Guanabara? "Trabajo colectivo de ciudadanía". Una ONG resuelve enseñar a niños pobres un deporte practicado exclusivamente por la elite burguesa? "Deporte que forma ciudadanos". Un ex yudoca funda una academia para que jóvenes pobres puedan expresar su agresividad a través del yudo? "Golpe de ciudadanía." 

Falsas maravillas 

Los deportes son ciertamente un terreno fértil para la hipocresía y los vendedores de falsas ilusiones.

Muchos jugadores de fútbol brasileños que alcanzaron el suceso internacional tienen innumeras historias para contar sobre la superación de una infancia pobre y sobre las dificultades iniciales en la carrera. Los relatos suenan como cuentos de hadas para millares de niños y jóvenes de Brasil, talentosos o no con la pelota en los pies.

Pero, entre los ojos brillantes y oídos encantados, para esos pibes sin grandes esperanzas puede ser más difícil de lo que se imagina constatar lo obvio: Ronaldiños y Robiños son personalidades piloto, excepciones creadas para que los pobres crean en la imagen padrón impuesta al pueblo que, así, se conformará con la alegría de algunos pocos.

Pero, entre la gran mayoría, el sueño de una carrera profesional se torna decepción en un plin-plin (onomatopeya símbolo de la Globo). Y mismo que fuese, en el total, dotada de talentos fabulosos, otra constatación obvia tendría que se imponer: no hay lugar para todos.

Y ese tipo de policía está de ojo en quien sobra de esas pre-selecciones de fútbol y no se encuadra en los trabajos precarios y mal pagos, ni que tenga sido para seleccionar algunos de ellos para un subempleo en el PAN.

Fue lo que aconteció en mayo de 2006, cuando dos mil hijos del proletariado y de la pequeña burguesía baja carioca, de edades entre 14 y 24 años, comenzaron un entrenamiento para que, un año después, trabajasen como guías del público de los juegos Panamericanos. Como se trataban de chicos jóvenes y pobres, vistos como criminales en potencia, la tarea de seleccionarlos cupo a la Secretaría de Seguridad Pública.

Para completar el insulto, el jefe de la Secretaría recomendó también que en el futuro, esos chicos y chicas "construyan el día siguiente y no se queden esperando acciones paternalistas".

¿Con quien piensan que están hablando?

Cuando se realizó esa selección de los pibes por las manos de la policía, el presidente del Comité Olímpico Brasileño, Carlos Artur Nuzman, dijo que el principal legado del PAN sería "integrar los moradores de decenas de comunidades de Río, aproximarlos de las organizaciones de los Juegos y dar a ellos un futuro mejor con la ayuda del deporte". Para eso sirve la corrupción en el deporte: ser testaferro de los poderosos.

La Linea Vermella (autopista de RJ), que hace años necesita de un corredor para ómnibus, recibió una faja exclusiva para vehículos autorizados del Pan, lo que aumentará el congestionamiento y tornará la vida del pueblo todavía más difícil. Fajas y carteles, no en tanto, denuncian a las gerencias federal, estadual y municipal, diciendo que el PAN solo trajo para la población de Río más represión a los barrios pobres, a los trabajadores ambulantes y remoción de comunidades enteras para el beneficio de la especulación inmobiliaria.

Algunas personas realmente se favorecieron con la transformación de la ciudad en una inmensa arena deportiva, como los dueños del capital inmobiliario, los dueños de hoteles, los dueños de las licencias para fabricar mascotas y camisetas etc.

Ya los operarios, trabajando de sol a sol, recibiendo salarios miserables, construyeron la Villa del PAN — levantada con dinero del Fondo de Amparo al Trabajador — para ser colocada a disposición de la especulación inmobiliaria. A la casa de esos vagabundos la policía no va. Por lo contrario.

Pero, a pesar de toda la ofensiva de la propaganda fascista, el pueblo trabajador no da señales de que está propenso a se orientar por ella.


 
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