Mercosur - Tres momentos de integración subordinada

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Traducido por Enrique F. Chiappa

 Hasta 1822, Brasil era una colonia de Portugal. Pero Portugal era, desde la firma del Tratado de Methhuen (1703) una colonia de Inglaterra. Ese subcolonialismo, además de obligar los brasileños a sustentar dos metrópolis, permitió — después de la transferencia de la corte portuguesa para aquí por orden de Londres, en 1808 — la infiltración directa del imperialismo británico en nuestro territorio, "Hacer de Brasil un emporio para las manufacturas británicas destinadas al consumo de toda América del Sur" — fue la instrucción del primero ministro Canning al embajador Strangford en la época. En los años subsecuentes a la independencia, Inglaterra, para cumplir este objetivo, cooptó prácticamente toda la clase política nativa.

Su acción no se circunscribió a Brasil. Ella influyó profundamente sobre el destino de Argentina. Ya en las primeras décadas del siglo XIX, atrajo para su esfera de influencia la elite de Buenos Aires, que pasó a desempeñar papel semejante al de la corte portuguesa en Brasil. Capital y único puerto de Argentina, Buenos Aires hacía para Inglaterra el trabajo de subyugación de las provincias del interior, convertidas en suministradoras de cuero por precio vil y en mercados cautivos. Por esos servicios, pasó a codiciar el papel que Canning reservaba a Brasil. Las elites políticas de Río de Janeiro y de la capital argentina se entregaron a una patética disputa por el puesto de más devotados súbditos británicos en América del Sur.

Además de tener el control de los mercados brasileños y argentino, el imperialismo británico se adueñaba de las economías de esos países por medio de empréstitos destinados muchas veces, a costear la importación de artículos producidos en la propia Inglaterra. Fue así que, en las primeras décadas después del dominio ibérico, consiguió transformarlos en "gigantes anémicos", en la expresión del escritor Julio José Chiavenatto en su libro Genocidio Americano: La Guerra del Paraguay.

Vencedores subyugados

La anemia era profundizada por los delirios de grandeza de sus clases dirigentes, fomentados por los propios ingleses en provecho propio. Mayor y más trágico ejemplo: la guerra de 1865-70 contra Paraguay. Manipulando rivalidades, Inglaterra consiguió no apenas aplastar un ejemplo de independencia que amenazaba irradiarse por las provincias argentinas como aseguró en definitivo la sumisión de los "vencedores".

Brasil y Argentina fueron a la bancarrota por causa de los empréstitos junto a los bancos Barinas, Rotschild y de Londres para financiar el masacre del pueblo paraguayo. Proceso un poco diferente, pero con desenlace semejante ocurrió pocos años después por ocasión de la guerra del Pacífico (1879-83), envolviendo Perú, Bolivia y Chile.

Mientras que el Ejército chileno se adueñaba de territorios peruanos y bolivianos ricos en salitre, especuladores ingleses compraban por precio de banana los títulos con que Perú indemnizara las salitreras que había expropiado en 1875. La compra fue posibilitada por el crédito barato proporcionado a los ingleses por bancos localizados en Chile — quiere decir que Inglaterra ni precisó dispender dinero para después repatriarlo. Todavía en el curso de la guerra, en 1881, el gobierno de Santiago determinó la "devolución" de las salitreras a sus dueños — los ingleses, nuevos tenedores de los papeles.

Esas dos guerras consolidaron la división del trabajo que perduraría por el siglo siguiente dentro del esquema imperialista de explotación sobre América del Sur. Las clases dominantes de Brasil, Argentina y Chile asumieron el puesto de intermediarios de la dominación anglo-yanqui sobre el resto del continente, actuando contra sus propios pueblos y también contra los de Bolivia y Paraguay. A partir de la mitad del siglo XX, Argentina y Chile acompañan la decadencia británica, mientras que la clase dirigente brasileña se asocia al imperialismo yanqui y transforma el país en el eslabón principal de la corriente que aprisiona América del Sur a los designios de Washington.

Megalomanía

Es justamente con el golpe de 64, cuando más se profundiza la dominación yanqui sobre Brasil, que el expansionismo brasileño sobre América del Sur se torna agresivo.

En su libro Bolivia — con la pólvora en la boca (1), Chiavenatto reproduce declaraciones del general brasileño Hugo Bethlem, en el Jornal do Brasil de 21/06/71; "es preciso transformar, por determinado tiempo, naciones como Bolivia en una especie de protectorado". Bethlem sería uno de los responsables por la preparación del golpe que depuso el gobierno progresista del general Juan José Torres.

El diario O Estado de San Pablo , viejo porta voz del liberalismo oligárquico, era todavía más agresivo: "Brasil no puede perder su imagen de gran potencia. Por lo tanto, si la situación se tornar grave en Bolivia, cabe asumir el papel de guardián de la democracia en el continente y hacer valer, si necesario por la fuerza, los fundamentos de la civilización occidental y cristiana" — afirmaba en editorial.

En 1º de enero de 1971, el mismo Estadón evaluaba que "los acontecimientos de Uruguay amenazan colocarnos, de un momento a otro, delante de una situación perfectamente idéntica a aquella que en 1851 forzó Brasil a transponer las fronteras del sur". Era una alusión al avance de las fuerzas populares uruguayas. El ejército brasileño llegó a elaborar un plan de invasión de Uruguay en caso de victoria de la izquierda en las elecciones de 71 — hecho denunciado por el diario Marcha , de Montevideo y después confirmado por el coronel brasileño Dickson Grael en su libro Aventura, corrupción y terrorismo (2).

Y sumisión

La geopolítica del régimen de 64 tuvo como mentor el general Golbery do Couto e Silva — principal ejecutivo de la transnacional Dow Chemical en Brasil, mal visto por parte de la propia derecha militar por su condición de agente de los intereses yanquis. El hombre que jugaba con el compás y la escuadra sobre el mapa de países vecinos era, junto con el mal afamado Roberto Campos, uno de los principales artífices de la desnacionalización de la economía brasileña en el período Castelo Branco. Este hecho es antes simbólico de que meramente anecdótico. Refleja el carácter del régimen y también la opción de la burguesía, a partir de 64, por la integración subordinada a la economía de USA.

Ruy Mauro Marini — uno de los más importantes teóricos de la revolución latinoamericana — muestra en Dialéctica del desarrollo capitalista en Brasil (3) que la necesidad de expansión del capitalismo "brasileño" sobre los países vecinos se origina del descompaso entre su capacidad productiva y la capacidad de consumo interna — a cuya ampliación la burguesía nativa renunciara en pro del mantenimiento del pacto de poder con el latifundio. Para obtener la tecnología necesaria para esa expansión, sin embargo, la burguesía depende de los monopolios estadounidenses. Por eso — nota Marini — , al contrario de lo que ocurre en las naciones imperialistas, la expoliación sobre los países sudamericanos no se convierte aquí, en factor de elevación del nivel de vida, ya que para sustentarla, la mano do obra brasileña tiene que se mantener barata garantizando el súper lucro al socio mayor, USA. La opresión sobre Bolivia y Paraguay empeora el padrón de vida del trabajador brasileño.

Contradicciones del Mercosur

Todo esto conduce al cuestionamiento sobre la consistencia de cualquier proyecto de integración económica liderado por una "elite" política y económica como la brasileña.

El jurista Helios Sarthou — uno de los tres parlamentares uruguayos que votaron contra la adhesión al Mercosur, en 1991 — denunció reiteradamente el carácter deletéreo del mercado común para la economía de los socios menores (Uruguay y Paraguay). En entrevista concedida a la Radio Centenario (CX 36), de Montevideo el año pasado, Sartho cuestiona la idea de que el Mercosur sería un contrapunto al ALCA y un instrumento de integración continental soberana. Él recuerda que la formación del Mercosur fue estimulada por USA — en la época gobernados por George Bush padre — en el ámbito de la Iniciativa para las Américas, proyecto que constituía el embrión del ALCA. La integración de los mercados brasileño, argentino, uruguayo y paraguayo sería un paso previo a la formación de un área de libre comercio mayor.

Hay por lo menos un hecho que parece dar razón a Sarthou. El tratado de Asunción, que creó el Mercosur, fue firmado en 26 de marzo de 91. En 19 de junio, el bloque practicaba su primer acto jurídico internacional: la suscripción del Tratado del Jardín de las Rosas, o 4+1, con USA. Además de establecer como objetivo la integración económica entre las partes, ese tratado "implica la prohibición de cualquier proteccionismo, y abertura total de la economía", según Sarthou.

Concretamente, sin embargo, el Mercosur ha favorecido antes el imperialismo europeo que el yanqui — por lo menos en sus estadísticas comerciales. Pero la aproximación con Europa no expresa más que una contradicción secundaria entre lo que resta de las burguesías brasileña y argentina y USA. "Precisamente por asumir de manera conciente la decisión de someterse a la tentativa integradora que le imponen los centros imperialistas, la burguesía de los países dependientes necesita concentrar y organizar sus fuerzas para hacerlo con provecho", escribe Marini (4).

Sea cual fuera, no obstante, el hecho es que el Mercosur extinguió, entre 91 y 96, cien mil empleos industriales en Uruguay. En 99, la situación había empeorado: "hoy, los carpinteros pierden el empleo por que los muebles vienen de Brasil" — constataba Sarthou en un discurso en el Senado.

Panorama sombrío

Esto sucede por que la eliminación de las barreras económicas ocasiona alteraciones en la división del trabajo entre los países envueltos. En el caso del Mercosur, amplía la concentración industrial en Brasil en detrimento de los otros países. La General Electric, por ejemplo, cerró todas sus fábricas de heladeras en territorio uruguayo para traerlas de Brasil. La primera medida de la Ambev al comprar la cervecería Norteña fue cerrar su fábrica en Paysandú.

La ironía es que esto ocurre en el exacto momento en que el parque industrial brasileño es destruido por la abertura a las importaciones de USA, Europa y Asia y por las sofocantes tasas de cambio e intereses — lo que tiene sobre la sociedad brasileña consecuencias tan o más terribles que sobre la uruguaya. Otra vez, la expansión de la economía brasileña para el exterior se da pari passu con la profundización de su desnacionalización .

En sus etapas anteriores, ese proceso tuvo un alto costo de sangre. Primero, con el aplastamiento del Paraguay. Después, con el terrorismo de Estado que garantizó la imposición de los intereses de los monopolios internacionales sobre las economías latinoamericanas en los años 60-70. Cabe preguntar quienes serán las victimas ahora, y la llave de la respuesta talvez esté un poco lejos del área habitual de actuación del subimperialismo.

En 1965, los ejércitos sudamericanos encabezados por Brasil intervinieron en la Republica Dominicana en nombre de la OEA para sofocar el levante popular liderado por el coronel Francisco Caamaño. Además de mimar el sector americanófilo de las fuerzas armadas brasileñas, seducido por la perspectiva de desempeñar un papel relevante en la "seguridad hemisférica", USA usaron la invasión como ensayo para la brutal represión de los años siguientes a las guerrillas latinoamericanas.

Hoy ejércitos de los mismos países, nuevamente bajo el comando de Brasil, ocupan en nombre de la ONU la otra mitad de la isla Española, Haití, a favor de intereses yanquis. Esta vez, USA se sirve de la vanidad pueril de la diplomacia brasileña, seducida por la promesa de un asiento en el Consejo de Seguridad. Para el periodista uruguayo Raúl Zibechi (5), la ocupación es un ensayo de una estrategia de ocupación militar de áreas urbanas empobrecidas, a ser empleada en los locales donde se amontonan las víctimas de la desindustrialización de Brasil: las favelas de San Pablo y de Río de Janeiro.


1 — San Pablo, Brasiliense, 1981.
2 — Petrópolis, Vozes, 1985.
3 — En Dialéctica de la Dependencia . Petrópolis, Vozes, 2001.
4 — La acumulación capitalista mundial y subimperialismo . Cuadernos Políticos n. 12, Era, Ciudad de México, 1977.
5 — Represión en Haití: la responsabilidad de la "izquierda", en el site www.resistir.info

 

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