Fuerza Nacional de Dilma infiltró agente ilegal en las protestas de 2013-2014

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En la historia de la humanidad, el espía siempre fue una figura esencial para la obtención de informaciones estratégicas para incontables fines y segmentos. Como muestran los polémicos informes de la NSA revelados por Edward Snowden, hecho que ganó repercusión internacional, el espionaje es una herramienta utilizada tanto en el ambiente militar, cuanto en los medios corporativos — la llamada espionaje industrial. Para fines de inteligencia policial, el espionaje es utilizado en el mundo todo, inclusive aquí en Brasil. Como manda la ley 12.850 de agosto de 2013, el espionaje hecho por agentes infiltrados por las policías brasileñas debe cumplir incontables requisitos legales, comenzando por la autorización y monitorización de la infiltración por un juez.

En las protestas que sacudieron el país de junio de 2013 hasta la Copa del Mundo de 2014, las inteligencias de las policías Civil y Militar de Río de Janeiro utilizaron incontables herramientas de espionaje contra organizaciones políticas: escuchas, vigilancia y quiebra de datos electrónicos. Además de esas, un agente de la guardia pretoriana de Dilma (Fuerza Nacional), el policía Maurício Alves da Silva, fue infiltrado en las protestas y en el ambiente social de algunos manifestantes. Según denuncias divulgadas por AND meses atrás, el policía tendría, inclusive, mantenido relaciones sexuales con algunas de las investigadas. Todo hecho de forma completamente ilegal y sin el consentimiento de un juez, como previsto en el artículo 10 de la ley 12.850.

De esa infiltración y de un enmarañado de informaciones recolectadas a través de los otros mecanismos de espionaje utilizados por la DRCI (Comisaría de Represión a los Crímenes de Informática), fue montado un interrogatorio que culminó en la promulgación de la prisión preventiva de 23 activistas en la víspera de la final de la Copa del Mundo de 2014 en Río de Janeiro.

Con la ayuda del abogado del pueblo, Dr. Marino D’Icarahy, la mayor parte de las supuestas pruebas presentadas por el Estado fueron limadas una a una por la defensa de los acusados y, poco a poco, el proceso como un todo fue mostrándose una verdadera inquisición, judicializada por la saña del monopolio de la prensa y de las clases dominantes contra la justa lucha popular.

El abogado Marino D’Icarahy conversó con nuestro reportaje sobre la infiltración ilegal del agente Maurício Alves da Silva, encuestado por la segunda vez — ahora por los abogados del pueblo — en Brasilia en el mes de marzo.

— El informe circunstanciado es parte de las exigencias que deben ser prestadas por el policía infiltrado al juez, que por su parte debería previamente haber autorizado esa infiltración. Esos informes no existen. Nada de eso fue cumplido en el caso de Maurício Alves — afirma el abogado.

— Él visitaba prácticamente todos los días el Centro Integrado de Comando y Control, interaccionando con todos los sectores de inteligencia de todos los niveles del aparato de represión del Estado: policías Civil y Militar, fuerzas armadas, Abin, Fuerza Nacional y Policía Federal. Él insistía en trabajar todos los días, pues él ganaba por diaria. Además de filmar en vivo las manifestaciones directo para el CICC, él monitoreaba el perfil del Facebook de los sospechosos que investigaba y hacía informes de sus actividades para el capitán Panisset, su superior — afirma.

El abogado dijo que su viaje a Brasilia para interrogar el agente fue extremadamente victorioso, pero que la lucha fue dura, cubierta de animosidades y presiones.

— La audiencia en Brasilia en la cual oímos e interrogamos a Maurício Alves fue cubierta de éxito. Quedó claro para nosotros que eso todo es parte de una maniobra política para incriminar esos jóvenes. Yo fui objeto de tentativas de intimidación, me sentí cercenado en la defensa, porque el testigo fue completamente blindado por el fiscal, que impugnaba la mayor parte de mis preguntas. Siempre que yo cuestionaba, entraba en la sala una media docena de vigilantes, algunos de los cuales quedaban mirando fijamente para mí, de manera intimidante. Las preguntas que eran impugnadas yo rehacía con dos o tres formulaciones diferentes, hasta que fuesen aceptadas— denunció.

— Quedó claro que él no tiene absolutamente nada contra los acusados Rafael Caruso y Elisa Quadros. A pesar de haberlos citado nominalmente en su primer testimonio, nombres completos, ahora él no se acordaba de los nombres y ni aún pudo reconocerlos. Yo creo que él usó la estrategia de esquivarse de comparecer ese tiempo todo para estudiar el caso y aún crear el argumento de que, pasado ese tiempo, él ya no se acuerda de la mayoría de los detalles. En un primer momento, él dijo que Elisa era un liderazgo de las protestas, testimonio usado para estructurar ese interrogatorio y perseguir esos jóvenes, lo que no es verdad. Esta vez, cuestionado por nosotros, él volvió atrás y dijo que ella era apenas una manifestante más en medio de la multitud — dijo.

Marino completó diciendo que, en Brasilia, el agente fue sorprendido por incontables cuestionamientos hechos por los abogados del pueblo en la tentativa de evidenciar las contradicciones entre los hechos y el testimonio que Maurício prestó anteriormente a la policía.

— Él se quedó nervioso, pues, en su testimonio a la policía, él tenía un guión, él ya sabía lo que iba a decir, pues estudió el caso y recibió orientación de sus superiores. Esta vez, nosotros que hicimos las preguntas, por lo tanto él llegó allá sin saber lo que le esperaba. Sorprendentemente, él no consiguió demostrar la misma memoria y seguridad que demostró en la comisaría. Decenas de nombres y supuestos hechos citados por él en testimonio a la policía, ni al menos fueron citados esta vez. El tiempo trascurrido fue usado por él para justificar el olvido — relata.

Según el Dr.Marino, el testimonio del PM de la Fuerza Nacional en Brasilia es apenas una evidencia más de la fragilidad de los argumentos estructurados por el interrogatorio contra los 23 activistas. Testimonios pasionales de testigos, algunos visiblemente con problemas de salud mental, la completa falta de materialidad, además de los recursos ilegales utilizados para espiar la vida de activistas y hasta de abogados, como aconteció con el DDH (Instituto de los Defensores de los Derechos Humanos). Una grave violación de la prerrogativa de esos abogados.

— Ya está más que evidente que ese proceso como un todo es una gran farsa, una gran mentira, una persecución política. Basta oír los testimonios de los acusados en las últimas audiencias, palabras emocionadas que muestran la brillantez de cada uno, de una juventud luchadora, de grandes ideales. El testimonio del Igor Mendes, lleno de convicción y emoción, conmovió a todos en la audiencia. Periodistas, funcionarios y abogados, a todos se les cayeron las lágrimas. Además de otras evidencias: todas las fragilidades que nosotros conseguimos apuntar en cada uno de los medios de acusación, la actuación vergonzosa de las policías, tanto la Civil cuanto la Militar, los testimonios de las testigos de acusación, perdidos, jugando unos para los otros la responsabilidad por las informaciones del interrogatorio. Todas esas son pruebas de que es todo fundamentado en nada, apenas un montón de chismes — denuncia.

Víctimas de esa farsa, el joven Igor Mendes sigue detenido y las jóvenes Elisa Quadros y Karlayne Moraes siguen viviendo en la clandestinidad. Además de Caio Silva y Fábio Raposo — finalmente liberados el día 20 de marzo —, otros 20 activistas siguen siendo perseguidos, vigilados y procesados por la “justicia” del viejo Estado.

— Nodos tenemos un gran equipo, grandes abogados, abogadas y asistentes que trabajan en defensa de los derechos del pueblo que están integrados en ese proceso y están dando todas sus energías para desmantelar esa farsa montada por el Estado. Para nosotros sólo hay una explicación: eso es una gran maldad, una gran persecución política, personas malas, que mantiene un joven preso, dos muchachas viviendo en la clandestinidad, otros siendo acusados y perseguidos. Todo fruto de la acción de todos los niveles de gobierno, desde la Policía Militar del gobierno estadual, hasta la Fuerza Nacional de la presidente Dilma Roussef. Esa lucha ha sido trabada en los subterráneos de una dictadura que las personas ni saben que existe — concluye el abogado del pueblo.

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