Carta de Igor Mendes a la entrega de la Medalla Chico Mendes de Resistencia*

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Compañeros/ras,

¡Un saludo rojo, incandescente, a cada uno de ustedes!

Agradezco emocionado la indicación para la Medalla Chico Mendes de 2015, que entiendo no como un reconocimiento individual, pero como un gesto de solidaridad de las entidades organizadoras a la campaña por la liberación de todos los presos políticos. Esta fecha, que marca el día del golpe civil-militar cometido en 1964, con ostensivo apoyo del imperialismo, es propicia a la reflexión.

¿El Brasil que tenemos, treinta años después de la llamada “redemocratización”, es aquel por el cual lucharon los héroes que sacrificaron sus vidas en la lucha contra la tiranía a lo largo de los años 60 y 70 del siglo pasado?

Infelizmente, no.

¿El Estado brasileño, en cuanto a su esencia, dejó de ser el viejo cerrojo instituido sobre la sangre de todas las revueltas populares que, a lo largo de la historia, combatió?

Tampoco.

En junio de 2013, cuando millones de brasileños tomaron las calles para reivindicar sus derechos más básicos, siempre cercenados, la única respuesta práctica que obtuvieron fue el aumento de la represión. Ella tiene, en realidad, múltiples aspectos, y ni de lejos se resume a la brutal acción policial, cuyo accionar de guerra, de hecho, chocó la opinión pública mundial. Está presente, también, en la acción vil de los monopolios de prensa, con la Red Globo al frente, objetivando todo el tiempo descalificar la juventud combatiente, sometiéndonos a una permanente campaña de linchamiento y desmoralización; en la actuación de los parlamentos estaduales, que corrieron a aprobar leyes restrictivas de derechos individuales (como las leyes de máscaras), así como del congreso nacional, ese antro de bandidos (con todo respeto a los hijos del pueblo empujados para la criminalidad por absoluta falta de perspectivas, y sin intención de ofenderlos con la comparación), que aún en 2013 puso en marcha el draconiano proyecto de ley antiterrorismo, y escenifica ahora con la inaceptable reducción de la mayoridad penal; en el actuar de la judicatura que tiene en el carácter selectivo, discriminatorio — en desfavor de los pobres — con que son distribuidas las órdenes de prisión y sentencias su aspecto más odioso, además del abuso de las prisiones preventivas, cultura típica de Estados policiales. En el ámbito del ejecutivo, los gobiernos electos en procesos viciados, carísimos, que nada tienen de democráticos, actúan según los dictámenes e intereses de sus financiadores. La misma Dilma que mintió para el mundo al declarar, ante la Asamblea General de la ONU, que su gobierno no reprimió las protestas, mintió para los brasileños durante el último pleito, cuando afirmó que no habría aumento de impuestos y corte de derechos laborales.

Constatamos, así, que no existen tres poderes independientes, pilares de un “Estado democrático de derecho”, pero, de hecho, un único poder, que permanece en las manos de las mismas clases que dieron el golpe 51 años atrás: la gran burguesía, los latifundistas y el imperialismo. No acabó, realmente, en Brasil, la dictadura sobre el pueblo trabajador. No acabaron la tortura y la represión política, tampoco la acción de los escuadrones de la muerte, hoy institucionalizados y que responden por el nombre de Bope, UPP o “Fuerza de Pacificación”, asesinando por lo menos un Amarildo por día en algún lugar de Río de Janeiro.

Ahora los derechos de organización política, libre expresión y manifestación, algunas de las pocas libertades democráticas conquistadas al fin del régimen militar, están amenazadas.

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La supuesta “cuadrilla” de nuestro proceso es un Frente de más de una decena de movimientos populares, el Frente Independiente Popular, que se reúne sólo en locales públicos y divulga ampliamente todas sus actividades. En el proceso de acusación se llega a decir que el objetivo de la FIP, por lo tanto, la razón de ser de la supuesta “cuadrilla”, sería la “desestabilización de los diferentes gobiernos”. Admitiendo la veracidad de tal “acusación”, queda la pregunta: ¿dónde está el crimen? A lo largo del interrogatorio policial, que derivó en el proceso, prácticamente todos los movimientos políticos de la ciudad fueron citados, así como Bakunin, ideólogo del anarquismo muerto el siglo XIX, y también un misterioso ‘Sr. Teguevara’. Abogados, en pleno ejercicio profesional, tuvieron grabadas sus conversaciones con clientes; espías y agentes provocadores fueron infiltrados entre activistas sin cualquier autorización judicial. Yo tuve en mi casa libros y textos secuestrados, y mi madre fue mantenida horas bajo cárcel privada, sufriendo intensa violencia psicológica de parte de policías, lo que provocó secuelas que jamás cicatrizarán en su alma. Banderas del Movimiento Estudiantil Popular Revolucionario (MEPR) y panfletos de la campaña “No va a haber Copa” fueron presentados como “prueba” durante entrevista colectiva en la Ciudad de la Policía. Incontables testimonios fueron recogidos bajo coacción, sin la presencia de abogados. La lista de atropellos e ilegalidades es extensísima y de modo alguno se concluye en esos puntos que enfoqué. Son hechos muy graves y la omisión ante ellos es más que un gesto de cobardía: es un crimen. Permitir que nuestro derecho de protestar sea cercenado es abrir camino para perder todos los demás, porque la historia registra que sólo con lucha, derechos son conquistados, y solamente con lucha pueden ser defendidos.

Otra cuestión palpitante es la de la violencia. Nodos, los manifestantes, tuvimos nuestras prisiones decretadas por supuestamente preparar actos de “extrema violencia” durante la Copa del Mundo, pero desconozco que hayan sido responsabilizados los que ordenaron el cerco de manifestaciones en plazas públicas en las principales capitales brasileñas, como en el emblemático episodio de la plaza Saens Peña en la final del Mundial; o que hayan sido responsabilizados los agentes que zurraron profesores huelguistas en 2013, uno de los cuales colocó en internet la foto de un bastón quebrado con el subtítulo en tono de burla algo como “Fue sin querer profesor”. También desconozco que haya habido cualquier punición para los policías que asesinaron la trabajadora Cláudia Ferreira da Silva y después arrastraron su cuerpo por las calles como si no se tratara de un ser humano.  Como dijo genialmente Bertold Brecht, “de un río que todo arrastra se dice que es violento, sin embargo no se dicen violentas las márgenes que lo oprimen”.

Estoy hace cuatro meses encarcelado, con graves perjuicios para mi vida académica y profesional, por haber participado de un evento cultural, en la plaza Cinelândia, en conmemoración del día del profesor y del pasaje de un año del cerco y prisión de activistas del movimiento “Ocupa Cámara”. Ese tiempo que estoy aquí, en los subterráneos de la sociedad, ya vi y viví todo tipo de arbitrariedades. Vi presos ser golpeados por reivindicar beber un poco de agua; fui colocado en el interior de baúles de patrulleros vomitados, colmados, donde 12 o 15 personas son amontonadas, esposadas unas en las otras, en un espacio proyectado para seis o siete detenidos; algunas veces llegué al fórum casi desmayado, porque en pleno verano carioca éramos transportados con el sistema de ventilación de los vehículos desconectado. Conviví, en Bangu, con infestación de mosquitos, y detenidos de la casa de custodia de Japeri me relataron que allá el problema es la infestación de chinches. Se cuenta que en los campos de concentración nazistas los presos no tenían nombres, sólo números. En nuestras prisiones “abrasileramos” esa práctica: los presos no tienen ni un nombre, ni un número, son sólo “vagabundos” y otros términos sucios que mi bolígrafo se niega a escribir. En más de un agente penitenciario encontré, resucitados, aquellos torturadores que conocía de relatos del periodo del régimen militar. En los primeros 40 días de detención, en que permanecí en el presidio Bangu 10, que es actualmente la puerta de entrada del sistema penitenciario, vi detenidos ser zurrados todos los días, sin excepción, inclusive con pedazos de madera y armas de choque. El recuerdo que guardaré de aquel lugar, para el resto de la vida, es de un centro de torturas. Permanecí ese tiempo aislado, sin baño de sol, tuve sistemáticamente negado el acceso a papel, bolígrafo y libros (a pesar de haber, en aquella prisión, una biblioteca desactivada), fui prohibido de afeitarme y de tener un balde o una escoba para limpiar mi celda, medidas que tenían claro objetivo de despersonalizarme, quebrar mi voluntad. Apenas cuando pasó la barrera de los cien días de prisión fue permitida la visitación de mi padre. Aprendí pronto, sin embargo, que los comunistas deben saber remar contra la corriente y adoptar siempre una posición de principios, en cualquier circunstancia. Pueden robar nuestra libertad, hasta nuestra vida, pero la dignidad sólo podemos perder para nosotros mismos. Defendí siempre, desde el primer minuto, ante agentes y administradores, mi condición de preso político, que no desisto de reafirmar en ninguna oportunidad. Resalto que la convivencia con los demás detenidos nunca fue un problema, al contrario, de su parte encontré siempre el respeto y solidaridad por nuestra lucha, así como gestos de humanidad que en muchos medios “ilustres” son raros de ver.

Reivindicamos, junto a la dirección del presidio donde me encuentro actualmente (Bandera Stampa, Bangu 9), la instalación de una biblioteca, pues la lectura, además de una ocupación, puede ser usada como criterio para remisión de penas, como si fuese un trabajo. La dirección, como era de esperarse, dijo que eso depende de la propia Secretaría de Administración Penitenciaria, y que ya existe un proyecto en ese sentido. Los libros, en realidad, como en cualquier medio obscurantista, no son muy bien vistos en ese lugar y yo inclusive siempre encontré dificultad para tener acceso a los míos. Abrí ese paréntesis en mi habla para pedir a las entidades presentes que nos ayuden, a través de cobranzas junto a los órganos responsables, a concretizar el plan de la biblioteca. Creo que todos en esta sala concuerdan que el acceso a la cultura es un derecho tan básico como cualquiera otro.

El reconocimiento de nuestra condición de presos y perseguidos políticos no vendrá sin lucha y, en último término, sólo puede ser definitivamente establecido por la historia. La reacción siempre trató de descalificar los disidentes, presentándolos como inconsequentes o simplemente criminales. No está lejos de nosotros la época del régimen militar, cuando los revolucionarios eran presentados como meros asaltantes de banco, secuestradores, terroristas, asesinos. Hoy son homenajeados y reconocidos en su real condición de valerosos hijos de nuestro pueblo. Día 12 de julio próximo se completa un año de la onda de prisiones que se abatió sobre nosotros. Esa fecha, tan expresiva, no puede pasar en blanco. No hay mejor ocasión para anunciar que pretendemos, ese día, realizar un encuentro nacional de presos y procesados políticos del Estado brasileño en la actualidad, en el contexto de las manifestaciones populares. La crisis económica y política avanza y tendrá en el aumento de la protesta popular su reverso necesario. En esa situación es inevitable que la represión política se intensifique; nuestra disposición y capacidad para resistir a la misma, debe, también, obligatoriamente, elevarse.

Concluyo agradeciendo al valeroso Grupo Tortura Nunca Más y el conjunto de las entidades presentes al evento, así como a la campaña por la liberación de todos los presos políticos de modo general. Como ya dije, saldré aún más convencido de que el Brasil necesita de una gran Revolución de Nueva Democracia, y en nombre de la causa que abracé soportaría pruebas aún más duras de que esta. Me gustaría resaltar que Caio Silva y Fábio Raposo, compañeros de cárcel, también son presos políticos y siguen resistiendo a pesar de las difíciles condiciones. También envío una saludo caloroso a las compañeras Elisa y Karlayne, hace 4 meses en la clandestinidad, a todos los demás compañeros procesados, y especialmente al Dr. Marino D’Icarahy, cuya valiente y brillante defensa viene desenmascarando, hasta los cimientos, la farsa y el carácter inquisitorial de las acusaciones que nos son hechas. Y, finalmente, saludo, en la figura del compañero Renato Nathan, joven liderazgo campesino asesinado en 2012 en Rondônia, nuestro heroico campesinado, que también va liberándose de la camisa de fuerza de las ilusiones gubernistas para retomar su lucha histórica en defensa de la tierra para quién en ella trabaja. Una vez establecida la sólida alianza de los oprimidos de la ciudad y del campo, seremos una fuerza invencible. Sigamos enfrente sin temer.

¡Abajo los procesos de persecución política contra la juventud combatiente y los trabajadores!

¡Luchar no es crimen!

¡Fascistas no pasarán!

¡Osar luchar, osar vencer!

Igor Mendes

*La Entrega de la Medalla Chico Mendes de Resistencia es anualmente realizada por el Grupo Tortura Nunca Más en 31 de marzo. Este año, el activista Igor Mendes, que está detenido desde el día 3 /12, fue uno de los homenajeados en la 27ª edición del evento. Su madre, Jandira Mendes, recibió la Medalla en su nombre.

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