Dilma: la mentira de la mentira

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El 1º de Mayo de 2015 quedará registrado en la historia del proletariado brasileño. Lógicamente que no va a ser por las flojitas manifestaciones de la CUT y de la Fuerza Sindical financiadas por el patronato y por el viejo Estado brasileño, del cual son meras subsidiarias. Tampoco por el hecho de que los sindicalistas vendidos hayan arrastrado gente para sus shows de sorteos y presentación de cantantes de moda. Tampoco aún por que ambas agrupaciones colaboracionistas sirvan de palco para las querellas de dentro del Partido Único, exponiendo delante de la jauría ansiosa por la hora del sorteo y de la presentación de su conjunto musical preferido, andrajos de la purulenta política electoral brasileña cómo Aécio Nieves, Eduardo Cunha y Luiz Inácio, para citar sólo los caciques.

El hecho sobresaliente de este 1º de Mayo fue la fuga de la presidenta Dilma Rousseff, exiliándose en local incierto y no sabido en algún lugar del sur de Brasil. Con recelo de llevar un nuevo cacerolazo, ella desistió de hacer el pronunciamiento a los trabajadores, en cadena nacional, como ha sido la costumbre de todos los gerentes del Estado brasileño desde Vargas.

La fuga continuó cuando, luego enseguida, el día cinco de mayo, ella se negó a participar del programa del PT transmitido por radio y televisión para todo el país, dejando a su gurú Luiz Inácio la ingrata tarea de recibir el cacerolazo que duró los diez minutos de la presentación del programa.

La desintegración del mito petista

En la edición pasada de AND, demostramos como fue el surgimiento del mito PT/Lula y de su desintegración a partir de las manifestaciones de 2013 y más recientemente con las medidas adoptadas por Dilma Rousseff, luego después de la farsa electoral de 2014.

La crisis enfrentada por los petistas en 2015 se inserta en el mismo contexto del desnudamiento de esta farsa que asoló el Brasil en los últimos treinta y cinco años, especialmente, como farsa de la farsa en los últimos doce años. Defecciones como la de Marta Suplicy y de parlamentarios que se negaron a votar según la orientación del liderazgo partidario son sólo una pequeña evidencia de los desencuentros en las huestes petistas. Si ellos mismos no se entienden dentro de su propia casa, ¿como entonces podrían entenderse con la base aliada montada exclusivamente en fisiologismo?

Además de lo que es costumbre: entregar la conducción de la política económica a los banqueros que, como ya afirmamos aquí es la política de subyugación nacional del Partido Único que incluye las siglas PT, PMDB, PSDB, entre las demás, Dilma entregó aún la distribución de los cargos de segundo escalón a su vice Michel Temer del PMDB. Pero ni con eso consiguió evitar de tener cómo dos de sus principales desafectos los Srs. Eduardo Cuña y Renan Calheiros, respectivamente presidentes de la Cámara y del Senado, que transformaron el gobierno de coalición en un parlamentarismo de “oportunidad”.

Y de nada sirve lanzar la disculpa de que esto está aconteciendo por ser esta legislatura la “más conservadora” de la historia del parlamento brasileño, porque siempre fueron muy reaccionarias con sus bancadas de representantes de banqueros, de las transnacionales, de los latifundistas, una escoria de gente importante, sin faltar trepadores de toda especie, policías y religiosos fundamentalistas. En realidad, este parlamento no es mejor ni peor de que los del pasado, él es lo que siempre fue, el parlamento controlado por la burguesía y por el latifundio como clases dominantes locales serviles del imperialismo y que usan y abusan de la condición semicolonial y semifeudal del país para el mantenimiento del capitalismo burocrático en él vigente.

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El poste y la sumisión nacional

Al aproximarse el final del segundo mandato de Luiz Inácio, se tuvo la necesidad de dar proseguimiento al mito petista, garantizando su continuidad a través de las elecciones de 2010. El episodio del mensalão quemó José Dirceu en sus pretensiones de cortar el camino de Luiz Inácio, pero también de un importante cartucho para la reproducción de la farsa petista. No teniendo ambiente para forzar la aprobación de un tercero mandato consecutivo, Luiz Inácio no quería como sucesor nadie del tipo José Dirceu, pero sí gente sin mayor experiencia ni carisma político, finalmente un “poste” que él eligiera, para servir de mandato puente hasta su retorno glorioso en 2014.

Uno de ellos, Antonio Palocci, fue descubierto en actividades erradas y descartado. Luiz Inácio resolvió lanzar una sargentona: Dilma Rousseff, ex-ministra de Minas y energía y sustituta de José Dirceu en la Casa Civil. La eligió e hizo de ella una presidenta-gerentona, “Madre del PAC” y del “Mi casa mi vida”.

Para conseguir su intento, trató de acertarse, de entrada, con las transnacionales, con los bancos, con las contratistas, con el agronegocio y con el monopolio de la prensa, a los cuales acudió con mil beneficios. Desdeñando de la crisis que ya golpeaba la puerta despilfarró los recursos provenientes del superávit comercial, resultado de una coyuntural elevación del precio de las commodities, promoviendo un verdadero festival de renuncia fiscal, préstamos subsidiados en “cómodas” e interminables cuotas, liberación y alargamiento del crédito al consumidor y un sistemático y masificador bombardeo publicitario. Este para hacer el pueblo creer que vivía en el mejor de los mundos.

Una leída en los editoriales del AND puede mostrar como Luiz Inácio fue forjando su nueva mentira y el combate que nosotros le dimos desde entonces.

En la edición de nº 70, de octubre de 2010, alertábamos que Luiz Inácio patrocinaba una renegada y delatora para presidente del país. Condición útil y necesaria para Luiz Inácio una vez que “Él tomó todos los cuidados con esas elecciones, tratando de escoger como su sucesora alguien que no tuviera la mínima capacidad de hacerle sombra, debido a su asumida obsesión de volver ‘en los brazos del pueblo’ en 2014, quizás en cualquier oportunidad que posiblemente surja. Pero, como se confirma, las cosas pueden no ocurrir conforme el planeado, porque Dilma no es tan hábil y viva cuanto el jefe, en la conducción de la política del pesebre, donde comen todos los grupos de poder en la disputa pelas sobras de la rapiña imperialista que los gerentes de turno se prestan a operar.”

Enseguida presentamos la ficha de la “patriota”: “Al pueblo interesa y es preciso hacer saber, que Dilma no guarda ninguna semejanza con la joven que resistió y se propuso a luchar contra el régimen militar-fascista, componiendo una de las organizaciones de la lucha armada, que tanto sangre vertió en las manos facinorosas de las fuerzas armadas y policías. Lucha armada que era para la destrucción de este viejo Estado genocida y no para la concesión de esa falsa democracia en que vivimos, como si fuera la octava maravilla, que quieren hacer creer Dilma y el grupo de renegados, que hoy se repanchingan en la gestión de ese mismo Estado, por cima de la sangre, de los huesos y lágrimas de los combatientes y familiares.

Parece más con la que, encarcelada por la Oban, fue torturada y delató cobardemente varios compañeros, entregándolos a la saña de los esbirros militares, enflaqueciendo su organización y la lucha contra el régimen militar-fascista. Esa que, después de liberada, renegó la lucha armada y permaneció años borrada, aliquebrada por la traición que había cometido en la prisión. Y que a los pocos aparece en la escena política como miembro del PDT como aprendiz del oficio de tecnócrata, en el cual se doctoró con la gestión de Luiz Inácio, cuando, y a propósito, se afilió a su partido.”

En la edición nº 71, de noviembre de 2010, mostrábamos que con las urnas aún calientes Dilma ya trataba de encajarse en el sino vende-patria del oportunismo, prestando homenaje a sus financiadores: “Y para que no restara ninguna duda de que está comprometida con esos intereses, Dilma Roussef, así que Sierra reconoció la derrota, subió otra vez al púlpito para hacer su profesión de fe oportunista y prometer asegurar un libre camino al imperialismo, a la gran burguesía, al latifundio, a la iglesia, a la prensa monopolista y a quién más requiera su porción, menos a las masas. Si las promesas de campaña al pueblo deben ser olvidadas, las primeras serán cumplidas al pie de la letra.

Ese fue el tono del discurso de la victoria de Dilma. Al lado de la verborragia demagógica de erradicar la pobreza, pues sabe muy bien ser esto imposible en los marcos del sistema a que se vendió –, no tocar en los programas sociales (caritativos), crear empleos, etc., se alinearon las garantías de que ella luchará hasta las últimas fuerzas por la ‘defensa de la vida’ (o sea, para mantener la criminalización del aborto), por la más amplia ‘libertad de prensa’ (quédense tranquilos los monopolios), también por la libertad a los ‘movimientos sociales’ – claro, a los domesticados, y bastonazos para los combativos, etc.”

Completado el primer año de su gestión viviendo las agruras de la resaca de la fiesta promovida por Luiz Inácio para elegirla, nuevamente alertábamos para su completa sumisión a los intereses imperialistas. En la edición nº 85, de enero de 2012, puntuábamos: “Con el PIB estagnado y la tendencia a la recesión en el próximo periodo, la gerencia del oportunismo se esmera en entregar toda la renta del pueblo para las transnacionales y bancos, ampliando el endeudamiento a título de ‘mantener la economía calentada’, pero que en poco tiempo desembocará en la insolvencia generalizada, tendencia que ya se acentúa al fin de 2011.

En ese sentido, no pasan de falacias las tentativas de librar el país de la crisis general de superproducción relativa del capitalismo, ya que gracias al dominio extranjero de la economía nacional es imposible la creación de mercado interno independiente. Lo máximo que hará es dar sobrevida a los monopolios transnacionales que envían para las matrices los logros aquí obtenidos”.

Cuando en los subterráneos de la sociedad la presión ya llegaba a niveles insoportables anunciando la gran explosión de junio, AND, en su edición nº 110, de la 2ª quincena de mayo de 2013, dejaba claro que en cuestión de sumisión nacional la gestión PT/FMI era tan inmoral y vende-patria cuanto FHC: “Como si so bastase el estímulo dado a las actividades económicas destinadas a la producción y exportación de commodities agrícolas y minerales, la privatización de carreteras, las ‘Asociaciones’ Público-Privadas en beneficio de contratistas y otros chupasangres, la desindustrialización creciente, las subastas del petróleo brasileño, etc., la gerencia FMI/PT profundizó la entrega de los puertos brasileños a explotadores nativos y extranjeros.

No se trata de un concurso, ni tampoco de declarar bandido sólo quien robó más, dando salvoconducto al que afanó menos. Sin embargo, conviene destacar que bajo eufemismos como ‘concesiones’, ‘subastas’ y otros, lo que Luiz Inácio y Dilma hicieron y hacen es privatizar, alienar lo restante del patrimonio estatal, que ni público es, aunque el Estado no es popular. Tratándose del carácter de gestiones del viejo Estado, todos ellos son inmorales y vende-patrias”.

Se despedaza el mito petista

No hay evidencia mayor para demostrar el despedazamiento del mito petista de que lo ocurrido en la votación del ajuste fiscal: militantes de la degenerada Fuerza Sindical hicieron llover billetes falsos de dólar con la cara del ex-tesorero del PT, João Vaccari Neto, al tiempo que entonaban el refrán ‘PT pagó con traición a quién siempre le dio la mano’.

A los desilusionados cabe recordar que el camino de la lucha es la carretera que lleva a la República Popular. A este respecto conviene leer en la edición pasada de AND el esbozo del programa de la Revolución de Nueva Democracia.

 

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