Editorial: Lo que nos trajo la farsa electoral

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El último día 26 de octubre marcó un año de la realización de la segunda vuelta de la elección presidencial de 2014. Fatídico acontecimiento para el pueblo brasileño, ya que el PT se mantuvo en la gerencia del viejo Estado brasileño, utilizándose de su fraudulento arsenal electorero compuesto de mentiras, demagogia y falsificaciones. Eso no quiere decir que sus contendientes no estuviesen a la altura de participar de un deprimente espectáculo en el cual valores como decência, ética y moral, hipócritamente estimados por la burguesía, fuesen totalmente despreciados.

Pasado un año, estando el país hundido en una profunda crisis política, económica, social y moral y considerando la condición semicolonial/semifeudal del país, no es difícil localizar sus fundamentos, estableciendo como marco el día 26 de octubre de 2014, día de la segunda vuelta de la farsa electoral.

Una crisis de representatividad, que conviene recordar, Dilma Rousseff fue proclamada electa con 54.501.118 votos donde el conjunto del electorado era de 142.821.358 electores, o sea, por una minoría de los brasileños aptos a votar, pues la mayoría votó en Aécio, blanco, nulo o se abstuvo, en un total de 88.320.240.

Examinándose el mérito de su votación podemos analizarla de la siguiente forma: electores que creyeron en las propuestas del PT divulgadas en el programa electoral de que daría proseguimiento al programa de aceleración del crecimiento, invirtiendo cada vez más en infraestructura y en programas sociales. No haría ajuste fiscal y no retiraría derechos de los trabajadores, ni colocaría el país en recesión; electores que no querían votar en el PT, pero tampoco querían votar en Aécio, por rechazar a él y a su PSDB y porque, según el PT, él haría un ajuste fiscal, colocando el país total y completamente en las manos de los banqueros, provocando recesión y retirando derechos de los trabajadores. Están incluidos ahí electores influenciados por la “izquierda” electorera que, aun habiendo hecho campaña contra el PT en la primera vuelta, siguieron en su oportunismo indicando el “voto útil” a los electores.

Con los votos recién contados, Dilma Rousseff ya anuncia que entregará el control de la economía al banquero del Bradesco provocando una tremenda indignación en aquellos que le dieron su voto, pues confiaban en las promesas de que las imposiciones del FMI y del Banco Mundial no serían implementadas. Así, su situación, que ya venía en un creciente y gran descrédito, se hizo insustentable.

Para completar su aislamiento, el PT tuvo su bancada reducida en el congreso nacional, generando una valorización del pase de los parlamentarios de su base aliada, súper reaccionarios y ávidos por más cargos y beneficios. Estos prefirieron someterse al liderazgo de Eduardo Cunha y de Renan Calheiros, conformando el parlamentarismo de ocasión.

Hace un año, el país anda para atrás con desindustrialização, intereses en las alturas, superlucros de los bancos, quiebra de las micros, pequeñas y medias empresas, inflación, desempleo, déficit en las transacciones corrientes y endeudamiento público (bruto) que, en septiembre, alcanzó la cifra de R$ 3,789 billones, lo que corresponde a 66% del PIB, déficit público estimado por la propia gestión petista en más de R$ 50 mil millones, lo que corresponde a 1% del PIB, economía en pedazos. Esta es la situación en que el Brasil fue hundido por la gestión petista, que llevó al extremo la política de sumisión nacional del imperialismo, después de alardear por casi diez años un supuesto “nuevo ciclo” de crecimiento, de haber tornado el país en “clase media” y otros cacareos más.

Trabajadores tirados al desempleo o con sus salarios reducidos según la conveniencia del patronato, aumentando la informalidad y la delincuencia con la contrapartida del aumento de la represión contra el pueblo pobre, principalmente contra los campesinos en lucha por la tierra y en las favelas y periferia de las ciudades.

El festival de delaciones en los procesos de la llamada “Operación Lava Jato” envolviendo cuotas de la burguesía burocrática, políticos del Partido Único, lobistas y burócratas de alto nivel, todos organizados en una cuadrilla comandada por los dirigentes petistas, reveló al país el tamaño de la descompostura, podrecimiento y desfachatez en que se transformó esta sigla.

Fracaso en la política, fracaso en la economía, fracaso en lo social y fracaso moral. Este es el resumen de la trayectoria del mayor de los blufs ocurridos en la historia política de Brasil.

El pueblo brasileño viene vivenciando, a lo largo de su historia, experiencias dolorosas debido a la acción servil al imperialismo de los partidos de las clases dominantes de grandes burgueses y latifundistas. Ha soportado y padecido la miseria y sufrimientos continuos y pagado con su sangre generosa las tentativas de liberarse de este sistema de explotación y opresión. El engaño y la traición ha sido la historia de los partidos que se alzaron a la dirección del viejo Estado o la arrebataron a través de golpes militares. El pueblo brasileño ha conocido, por la experiencia práctica y amarga, la naturaleza de los diversos partidos y está percibiendo que se trata de siglas diversas de un mismo y único partido de las clases dominantes.

En los últimos trece años, él está probando y comprobando cuan verdadera es esta realidad. Evidentemente, hoy está abandonando las ilusiones y con la ayuda de los verdaderos demócratas revolucionarios, a través de varias formas de movilización y de lucha, está procesando importantes lecciones que lo lanzará por la vía de la Revolución de Nueva Democracia, Revolución Democrática, Agraria y Antiimperialista.

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