La división de las clases dominantes llegó al monopolio de la prensa

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En un reportaje de la edición de 11 de julio pasado, el periódico Folha de São Paulo reveló, con señales de despecho, un encuentro del vicepresidente de Relaciones Institucionales del Grupo Globo, Paulo Tonet, con Rodrigo Maia.

Charge: Vini

El almuerzo en una residencia del Lago Sur de Brasilia tenía, según la Folha, como invitado especial, el presidente de la Cámara de los Diputados, que llegó al encuentro en coche descaracterizado.

Dando a entender que el encuentro tenía algo de secreto, la noticia afirma que el reportaje de la Folha fue abordado dos veces por vigilantes de la casa solicitando identificación y el motivo de su presencia. “El reportaje informó nombre y vehículo, y confirmó que Maia estaba en la residencia, con cinco políticos más, entre ellos, los diputados Benito Gamma (PTB-BA) y Heráclito Fortes (PSB-PI) y el ministro Fernando Bezerra Coelho (Minas y Energía)”.

La materia afirma que todos los presentes en la reunión, que duró más de cinco horas, estaban en coches sin placa oficial y tuvieron que entrar en el garaje para que los pasajeros pudieran embarcar sin ser reconocidos, concluyendo que, tras todo eso, el diputado Heráclito Fortes declaró que “no tuvo nada de conspiración”.

La campaña de la Globo

Es común que oigamos de la boca de analistas fuleros la afirmación de que la prensa es el cuarto poder, tras el ejecutivo, del legislativo y de la judicatura. Si hicieran un análisis de clases, entenderían que todos esos “poderes” tienen, en sus intestinos, representantes de los grupos de poder de las clases dominantes que controlan las estructuras del viejo Estado y que los detentores de los medios comunicacionales son tan burgueses cuánto los otros, sin embargo, desempeñan papel especial, dada su función.

Con intereses que extrapolan los medios comunicacionales – los cuales usan para fomentar los demás intereses – los hermanos Marinho, más que una empresa familiar, se constituyen en un verdadero partido político, con programa, táctica, estrategia, cuadros bien adestrados y debidamente domesticados según los intereses imperialistas y correspondiente ideología y cultura.

Toda esta campaña para destituir el bandido Temer, antes de tener carácter patriótico y de verdadero combate a la corrupción, es movida por intereses del mercado que, por su parte, se resume al sistema financiero que embolsa anualmente 40% del presupuesto nacional. La Globo ataca Temer, pero encabeza la cruzada mentirosa sobre sus nefastas y nefandas “reformas”, y enaltece Meirelles, interventor del FMI y del Banco Mundial, para comandar el saqueo de la semicolonia Brasil.

Visualizando el periodo putrefacto de la gestión Temer y no viendo, en su pequeñez, capacidad de promover una “estabilidad” que dé tranquilidad a sus negocios, el capital financiero apeló para la blitzkrieg (guerra-relámpago, táctica militar nazi), usando todo el poder de fuego de la Red Globo. Ahí vale todo, de noticieros, programas humorísticos, novelas y hasta programas de auditorio, en los cuales todos sus comunicadores y “estrellas” (es decir, militantes) están afinadísimos en la tarea. Faustão que lo diga.

Para el Grupo Globo,  Río de Janeiro es la capital de Brasil, y la situación de guerra civil reaccionaria que la máquina del Estado desató contra las masas populares en nombre de la “guerra a la criminalidad”, lógicamente, no le favorece en este su deseo. Ya en las tareas para las cuales Tema fue catapultado en la presidencia, no estaban ni siquiera previstas la preocupación en dar una solución rápida al caos provocado por la furiosa ganancia de Sérgio Cabral/PMDB.

Así, tener un representante de Río de Janeiro en el gobierno federal, aún como un mandato temporario, le conviene mucho y, mejor aún, si para un próximo mandato. El Partido de la Globo ya tiene sus candidatos para las elecciones de 2018.

División en el monopolio

La división entre las clases dominantes llegó al  monopolio de prensa. Unido por las “reformas” anti operarias y vende patria, se divide sobre el mantenimiento vergonzoso de Temer en el puesto. La crisis general de descomposición del capitalismo burocrático en el país, expresada en la aguda crisis política que se arrastra y se profundiza hace cuatro años, desencadenó una situación revolucionaria que sigue desarrollándose y condiciona también la pugna de los grupos comunicacionales en defensa de sus patrocinadores.

El Grupo Bandeirantes, por el mercenarismo extremo que lo distingue y los intereses propios en el “agronegocio”, asume editorialmente y sin medias palabras la defensa descarada de la continuidad de Temer en la presidencia. El Estadão, como la “derecha esclarecida”, defensora del latifundio, de la gran burguesía (principalmente paulista) y del sistema financiero (léase imperialismo), asume la defensa directa de las tesis del “mercado”, sea en la mano de quién sea, y así, también, se bate por Temer. Ya el Grupo Folha, en el estilo que lo caracteriza, “da una en el clavo y otra en la herradura”. La Red Globo y el Grupo Abril, de la Revista Veja, están alineados en la blitzkrieg.

Una cosa, sin embargo, los une: la defensa de la furiosa embestida contra los derechos de los trabajadores y la condenación vehemente de la movilización popular en defensa de sus derechos.

Lucha de clases, prensa de clase

 Nada mejor que una situación revolucionaria en desarrollo para mostrar el carácter de clase de la prensa. Ella desmitifica todo el discurso acerca de una supuesta imparcialidad de los medios de comunicación y expone los intereses de cada grupo en letras bien grandes.

Por otro lado, la prensa popular, democrática y revolucionaria asume papel de fundamental importancia, al mostrar el carácter policial del “periodismo investigativo” del monopolio cuando se trata de la lucha de campesinos, de manifestaciones de trabajadores y del pueblo pobre en las protestas callejeras.

La prensa revolucionaria no contemporiza con los reaccionarios y ni con los oportunistas, cretinos parlamentarios, que insisten en engañar el pueblo con la cantilena de elecciones, cuya diferenciación entre ellos es la de: si son directas o indirectas, cuando ambas son una farsa. Por eso, la prensa revolucionaria levanta la bandera de Ni reformas, ni elección: ¡Revolución!

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