Editorial - La fiesta en la cloaca y la rebelión que se avecina

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Las filtraciones y vaivenes sobre la sustitución del actual ministro de la Secretaría de Gobierno, Antonio Imbassahy, dieron proseguimiento al desembarque del PSDB de la gestión Temer, iniciado con el despido del ministro de las Ciudades.

Esos episodios forman parte de la crisis interna de esta sigla que mientras hace el discurso de la moralidad mantiene un rufián de la patria en su dirección. Sin una definición en relación al clima político actual a no ser su genérico “blablablá” liberal, el PSDB es fuerte candidato a perder la simpatía del “mercado”, ya que Bolsonaro comienza a dar pinceladas liberales al discurso nacional-fascista.

La reforma ministerial anunciada por el corrupto y eterno líder de todos los gobiernos, Senador Romero Jucá, del PMDB, indica la posibilidad de abrir hasta 17 vacantes en la Esplanada de los Ministerios. Entonces, toda clase de rateros, delincuentes y gánsteres, especialistas en un vasto repertorio de trapazas y corrupción al por menor y al por mayor, se presentaron con sus currículos inmundos para ocupar los puestos a vagar. La cloaca estaba en fiesta.

Tal cambio ministerial es una nueva tentativa del cadáver político insepulto Temer de aprobar a finales del segundo tiempo de su gestión el más bárbaro ataque contra los derechos de la seguridad social.

Cada vez más los votos para aprobar los proyectos de Meirelles de vender el Brasil, colocando los trabajadores y el pueblo en general en el altar de los sacrificios, quedan más caros.

 Los canallas son insaciables y, una vez que aprendió el camino de la extorsión, va siguiéndolo hasta el fin. La liberación de enmiendas al presupuesto ya les resulta poco: ella fue usada para derrumbar la primera denuncia contra el tramposo. Cuando vino la segunda denuncia, la moneda de cambio pasó a ser el cambio en la constitución, leyes y decretos para retirar derechos de los trabajadores, de los pueblos indígenas y quilombolas, y adueñarse de tierras públicas en detrimento de los campesinos pobres.

 Obstinado, Meirelles impuso a Temer pagar el nuevo achaque usando los ministerios como moneda de cambio con el fin de aprobar el asalto a los derechos de los trabajadores. Pero la voracidad de los parlamentarios es tanta que amenaza transformar la fiesta en la cloaca en una tremenda contienda, pues los nobles diputados que están ministros quieren quedarse hasta la fecha límite para candidatearse a las próximas elecciones, y ahí ya no son 17 vacantes más.

El llamado centrón quiere expulsar todos del PSDB del ministerio, pero el senador Aloysio Nunes no quiere salir - una vacante a menos. Entonces viene  Temer y dice que quiere primero el voto y después paga. Así la confusión está hecha, finalmente Temer no goza del menor crédito en su “base aliada”, hecho comprobado una vez más en la vaciada cena del día 22 de noviembre en el Palacio de la Alvorada. Además que, “palabra de honra” o cualquier cosa conectada a este predicado no es su fuerte.

 Todo eso acontece a la luz del día, en una demostración de que la crisis moral y política, reflejos de la profunda crisis económica nacional y del imperialismo, se banalizaron.

La banalización de esa situación de crisis es tamaña que llegó al punto de las clases dominantes apostar que las raquíticas y manipuladas indicaciones sobre la economía supuestamente estar saliendo del agujero, sumado a la realización de la farsa electoral del próximo año, harán a todos creer que todo volverá a ser como antes. La cúpula reaccionaria de las Fuerzas Armadas no cree en esto y amenaza intervenir.

 En este momento en que el parlamento se presenta de forma cruda sin sus usuales maquillajes y revelando toda la inmundicia de su naturaleza, expresado en sus componentes de la clase más bandida haciendo la fiesta, afrontando al pueblo y a la nación, el oportunismo y revisionismo revelan su conexión umbilical a la vieja orden. Fracasado su mediocre proyecto, no llevará mucho tiempo para rebelarse su fin.

 No sólo el parlamento y su Partido Único, cuyas siglas de mayor porte entraron en crisis de senilidad, pero todo el putrefacto sistema político y todas las estructuras de poder de este viejo Estado semicolonial y semifeudal en descomposición son dominados por individuos, cuyos certificados de antecedentes penales son medidos en kilómetros. Nobles representantes del latifundio, del sistema financiero, de la gran burguesía y del imperialismo, principalmente yanqui.

 Se engaña redondamente quien ve alejamiento y pasividad de las masas populares en la aparente indiferencia política de estas frente a tanta transgresión, tanto abuso, tanta desfachatez y cinismo de la política oficial, y aún delante de los shows y exhibicionismos de la Operación “Lava-Jato” manejada por los yanquis. Lo que ocurre es algo que sólo las masas bajo la opresión, control social y lavado cerebral - como la situación en que se encuentra sometido el pueblo brasileño - son capaces de operar. ¿Acaso, no estarían a su modo reflejando y deduciendo que todas las formas tradicionales que se han intentado en la política y en las propias protestas no han llevado a nada, a no ser la continuidad del mismo estado de cosas? ¿No es lo que han experimentado las masas por décadas y concluido que todos estos partidos son la misma cosa y que las formas de lucha predominantes no cambian nada?

 La situación revolucionaria que se desarrolla en el país, situación objetiva que independe de la voluntad de quienquiera que sea, ha se incumbido y se incumbirá más de empujar las masas a las vías de hecho, a escalar su furia. ¿Y por cuánto tiempo sus rebeliones aún serán llamas localizadas, tales como las recientes protestas de Humaitá en el Amazonas y Correntina en Bahía, o tantas otras revueltas de los últimos cinco años por diversas regiones, en el campo y en la ciudad? El brasero de donde han brotado, estas llamas crepitan por todo el país y dependiendo de que vientos lo soplen, poderosas llamaradas se levantarán a tomar el campo y la ciudad.

 A los revolucionarios sólo cabe intensificar la lucha para golpear duramente, cada día más, los latifundistas, grandes burgueses y el imperialismo y, de modo inseparable, combatir implacablemente el revisionismo y todo el oportunismo. Son tigres de papel, sin embargo tácticamente sus monstruosidades deben ser castigadas y sólo una revolución prolongada puede acabar con ellos.

 Toda la crisis que se arrastra en el país es la expresión de una gravísima crisis de este podrido sistema de explotación y opresión. La lucha por la tierra para los campesinos pobres sin tierra o con poca tierra, para los pueblos indígenas y las comunidades remanentes de quilombolas; la lucha de los trabajadores contra el pisoteo de sus derechos, por mejores salarios y más empleos; la lucha de todo el pueblo por más educación, salud, vivienda etc.; la lucha de la juventud por la enseñanza pública y gratuita en todos los niveles, por el derecho al trabajo; la lucha de las mujeres del pueblo por igualdad de derechos y contra todo tipo de discriminación y violencia contra ellas etc. son todas luchas presentes y necesarias. Sin embargo estas justas reivindicaciones no pueden más ser alcanzadas mínimamente sin la lucha organizada y abierta por el Poder político.

 Fuera del Poder todo es ilusión, todo lo demás es sólo engaño oportunista para salvar este podrido sistema de explotación y opresión de su inevitable ruina.

 Pero sólo la Revolución Democrática puede liberar nuestro pueblo y la Nación de las tres montañas de explotación y opresión: la semifeudalidad, el capitalismo burocrático y el imperialismo. Sólo la Revolución Democrática podrá acabar con ellas, y parte por parte hacerlas polvo y barrerlas de la faz de nuestro país, edificando la República Popular de Brasil. Un Brasil Nuevo.

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