Editorial - El ensayo general de la Huelga General de Resistencia Nacional

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Las manifestaciones que marcaron la huelga general contra la “reforma de la Seguridad Social”, los cortes en la educación y por la revocación de la “reforma laboral” fueron la demostración cabal de la agudización de las contradicciones y de la lucha de clases en el país. Principalmente, demostraron el deseo y disposición de las masas trabajadoras del campo y de la ciudad de no seguir viviendo más como hasta entonces. Quieren de vuelta sus derechos descuartizados y las décadas de trabajo y sudor confiscados, quieren cambios, repudian toda la podredumbre a que llegó la política en el país, podredumbre de los que robaron y roban y podredumbre de los que dicen y se hacen pasar por cazadores de corruptos. ¡El pueblo brasileño quiere un Brasil Nuevo!

¡La Huelga General fue un gran triunfo! Aquellos que siempre nutrieron el bajo instinto antipueblo y apostaron en el fracaso de la huelga se dieron contra la pared. Frenéticamente, por las “redes sociales”, expelen su hiel despotricando “fue un fracaso”. El monopolio de la prensa, haciéndose de imparcial, informó con flashes a lo largo del día y en los horarios nobles sin mayores gritarías, reservando para el día siguiente sus vómitos de siempre. El gobierno del capitán y sus generales se hizo de sordo, mudo y ciego. ¡Tranquilos, señores, ustedes todavía no vieron nada!

Considerando todo tipo de sabotaje de la mafia sindical, toda la carencia de recursos materiales de las organizaciones obreras clasistas, todas las amenazas de multas y criminalización por la “justicia”, todo el aparato y abuso de poder de las hordas policiales con presión e intimidación, toda la manipulación mediática de los monopolios de prensa (que sólo muestran lo que quieren) y toda la situación de angustia y temor imperante con decenas de millones de desempleados, podemos decir: ¡la Huelga General irrefutablemente fue un gran triunfo!

Bajo tales condiciones, la Huelga General fue la comprobación de que las amplias masas trabajadoras ansían por la lucha, pues no cuentan con más nada para defenderse de la continuada mutilación de sus derechos duramente conquistados en décadas de luchas y combates. Muchos de los que fueron a trabajar día 14 de junio ni siquiera sabían de la convocatoria de la huelga general; otros tantos no conocían sus motivos y demandas, así como tantos que aún no se sienten seguros en enfrentar sus patrones y las amenazas y chantaje de la reacción incrustada en el alta burocracia estatal.

Contribuyó aún para la adhesión masiva a la huelga general, además de los cobardes golpes contra los trabajadores ya sancionados y anunciados, la parálisis ante la grave crisis económica y social de un gobierno de valentones, que fanfarroneaban “hacer y deshacer”, así como las recientes filtraciones que desenmascaran los paladines de la Operación “Lava Jato”. Son patentes el creciente desencanto de los que votaron en Bolsonaro, la descreencia en esa vieja democracia de los que votaron contra él y mayor aún la revuelta de la población que no votó o votó nulo y blanco, en el que fue el mayor boicot electoral de nuestra historia.

La resistencia nacional de los trabajadores contra el corte de derechos y confisco del pueblo por las “reformas” de este gobierno anti operario, antipueblo, latifundista, obscurantista y vendepatria, también expresa el sentimiento patriótico de rechazo a sus acuerdos y conportamiento chupamedias ante el imperialismo yanqui y del Estado sionista/terrorista israelí. Expresa el sentimiento popular más genuino y no el manipulado, sentimiento contra la ofensiva contrarrevolucionaria preventiva a la creciente protesta popular. Ofensiva puesta en marcha como golpe de Estado, paso a paso, por la vía constitucional, el cual se desenmascara, facultando a que las Fuerzas Armadas intervengan para salvar la vieja orden de explotación, opresión, corrupta y genocida en crisis de descomposición.

La Huelga General fue también una clara respuesta no sólo para toda la reacción que hoy, en medio de colusiones y pugnas, trama por imponer al pueblo y a la Nación un régimen aún más opresor. Fue respuesta y recado contundente para aquellos que permeando las hileras de las masas, no creen en ellas y en su disposición y capacidad de organización y lucha. Fue respuesta a estos que sólo apuestan en los estrechos límites de la legalidad y de la manipulación electorera, pues temen encender el volcán de resentimientos represados por este sistema que reside en las masas, temen el despertar de su furia. Que se corrijan o que se jodan.

Haciendo coro con los monopolios de prensa, el oportunismo, como siempre, quiere confundir pueblo acerca de cuál es la principal contradicción del país, cuya respuesta presentada por ellos, en verdad, son sólo contradicciones entre los grupos de poder de las clases dominantes. Tal como antes, la falsa izquierda quería hacer creer ser la contradicción principal entre “izquierda” versus derecha, entre PT versus PSDB; ahora centran en las contradicciones entre Bolsonaro versus Mourão, entre Bolsonaro versus Congreso Nacional, entre Bolsonaro versus PT, como si fueran estas expresiones de la contradicción del fascismo versus democracia, cuando todas estas son sólo contradicciones secundarias, internas de las clases dominantes, entre tendencia para el fascismo versus vieja democracia corrupta.

Lo que expresa la contradicción principal del país, que es la contradicción entre este sistema de explotación/opresión, su viejo Estado latifundista-burocrático y su sistema político corrupto agonizante de vieja democracia versus las masas populares, toma forma como contradicción entre, por un lado, la ofensiva contrarrevolucionaria preventiva en curso (de cuyo núcleo son partes Bolsonaro, el Alto Mando de las Fuerzas Armadas – ACFA – y demás partiditos de la patota de pastores fariseos y arribistas delegados de policía y oficiales militares) versus la Revolución de Nueva Democracia. La disputa entre el grupo fascista de Bolsonaro (que predica un régimen militar) y el ACFA (que en palabras y juras advoca por la legalidad, sin embargo que en la práctica conduce un golpe de Estado paso a paso, trabajando por un régimen de concentración máxima del poder en el Ejecutivo, de mutilación de derechos del pueblo y soberanía de la nación vía “reformas” de la Constitución vigente) son diferencias tácticas transitorias de como mejor salvar el sistema de explotación/opresión amenazado de hundirse.

Son sólo disputas por la dirección que la contrarrevolución enfrenta en su ofensiva. Al movimiento obrero, popular y revolucionario sólo interesa aprovecharse de la división temporal de sus enemigos de muerte para lanzar ofensivas tácticas. Nada más que esto. Bolsonaro ataca el Congreso y el STF para ganar el apoyo del pueblo, buscando manipular su sentimiento de descrédito y desprecio por estas instituciones para imponer el régimen militar cómo única posibilidad de salvar el sistema de explotación y opresión, servil del imperialismo yanqui, que tanto ama y para el cual insiste en arrastrarse. Pero, este sentimiento popular de desprecio a las carcomidas instituciones y el deseo de las masas por su supresión sólo pueden concretizarse mediante la Revolución de Nueva Democracia, con la caída de toda esta vieja orden, y no por un golpe de Estado fascista que objetiva salvarla de la ruina, como trama Bolsonaro.

La Huelga General fue sólo el primer capítulo de algo colosal que está por venir. Fue el ensayo general de la huelga general por tiempo indeterminado y de resistencia nacional. Ella anuncia la unificación por todo el país de protestas cada vez más masivas y violentas. Protestas que desembocarán en un poderoso levantamiento de masas que chocará frontalmente con todas estas “reformas” y políticas anti operarias, antipueblo y vendepatria de estos gobiernos de partidos y Congreso corruptos, de generales derechistas que se creen dueños de la República, gobiernos defensores de latifundistas y grandes burgueses, serviles de los intereses del imperialismo, principalmente yanqui. Protestas violentas que irán a barrer del camino toda la politiquería electorera, mentirosa, demagógica y farsante, desencadenando como nunca en la historia del país la grande y pendiente Revolución de Nueva Democracia.

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