Rebeliones en América Latina y la crisis en Brasil

Traducción Enrique Chiappa

Los levantes de América Latina en Ecuador, Haití, Chile, Colombia, y hasta el levante popular en Bolivia – galvanizado por la coalición de derechistas y fascistas que impusieron un golpe de Estado militar – hacen temblar todos los canallas, colocan en estado de pánico los reaccionarios y quitan el sueño de los ricachos.

Los fascistas y los generales derechistas saben el mal que están haciendo al pueblo con sus proyectos impuestos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y por el Banco Mundial por orden del imperialismo, principalmente yanqui, y, por eso, se estremecen de los pies a la cabeza. La prueba de esto acaba de ser demostrada por las masas populares chilenas, que reaccionan allá a la misma fórmula que Paulo Guedes intenta aplicar en Brasil, y que llevó a la miseria más de la mitad de los chilenos. Ahora, el viejo Estado chileno intenta por medio de la más sanguinaria represión combinada con los llamamientos de “negociación” por parte del oportunismo electorero, encontrar fórmulas que puedan enfriar la justa revuelta de las masas populares y aplacar su descontentamiento.

En una actitud de la más extrema irresponsabilidad, el banquero Paulo Guedes, también conocido como ministro de la Economía de Bolsonaro, concedió entrevista a la prensa en el USA previendo que los brasileños también hagan uso de manifestaciones. De hecho, las manifestaciones son inevitables, independen de la gana de quienquiera que sea, y ellas van sacudir todo el escenario político. Tanto el gobierno militar secreto cuanto el gobierno aparente del fascista Bolsonaro rechinan los dientes ante la simple idea de una nueva ola de rebeliones en el país y hacen más amenazas de lanzar las reaccionarias Fuerzas Armadas contra la protesta popular. Por su parte, el bando bolsonarista piensa en quitar provecho de cualquier inestabilidad, apresurándose en los preparativos de manipulación en larga escala, para lanzar masas contra masas y en beneficio de su proyecto corporativo.

La situación transitoria en consonancia entre el reaccionario Alto Mando de las Fuerzas Armadas (ACFA) y Bolsonaro para quitar la economía del agujero a cualquier precio, hace con que el presidente fascista, tenga que contentarse con sus chupamedias y auxiliares más íntimos para dar declaraciones. Así, es inusitado el propio ministro de la Economía dar declaraciones que provoquen “frío en la barriga” del “mercado” y el aumento del dólar, causando perplejidad dentro y fuera del país. En cualquier lugar del mundo él ya estaría dimitido.

Más inusitado aún es cuando los presidentes de la Cámara, de Senado y del Supremo critican las declaraciones del ministro y, en respuesta, Bolsonaro hace payasadas, diciendo que su número es el “38” (refiriéndose a su nuevo partido, proyecto mal acabado de Falange). Ya el ministro, al saber de la intervención del Banco Central en la venta de dólares, afirmó que era bueno el pueblo ir acostumbrándose con el dólar más caro y con el cambio más bajo.

Todo indica que hay un plan de crear un clima de perplejidad en la economía para que el Congreso apruebe los proyectos súper autoritarios de Bolsonaro. Todo indica que provocar el desasosiego y la inestabilidad en la sociedad es la consigna de los fascistas.

 

Pueblo encontrará la revolución

Del lado del pueblo, no habrá Garantía de la Ley y de la Orden (GLO) en el campo o en la ciudad y mucho menos “excluyente de ilicitud” que puedan impedir la guerra civil revolucionaria, que surgirá en respuesta a la marcha al fascismo de Bolsonaro o al régimen constitucional de presidencialismo absolutista del ACFA. Todos títeres de los ricachos, grandes burgueses y latifundistas, chupamedias del imperialismo yanqui que intentan equilibrarse en un acuerdo para dar salida a la agónica crisis política, económica, social y moral en que se descompone su viejo y genocida Estado burocrático.

Las masas populares están, paso a paso, elevando su grado de conciencia política y su grado de organización en las movilizaciones constantes del día a día por sus más sentidas demandas, acosadas por el desenfrenado desempleo, por la creciente miseria y contra los ataques más insidiosos y cobardes de corte de derechos. Las amplias masas, en muchas de las batallas en defensa de sus derechos pisoteados, encontrarán en su seno los sectores más organizados para darles dirección revolucionaria.

Con la conducción revolucionaria del proletariado, las masas, poco a poco, sabrán identificar sus enemigos uno a uno, los pequeños y los grandes. Aprenderán que el desempleo profundo, la baja de los salarios, los ataques a sus libertades, los tormentos en su día a día, la muerte de amigos y familiares por operaciones policiales espectaculares, la negación del derecho a la tierra para en ella trabajar, entre otras desgracias cotidianas son fruto de un cruel y secular sistema de explotación y opresión. Más aún, entenderán que toda la tormenta que se abate sobre ellas no desaparecerá sin la destrucción total de este empodrecido sistema político y del capitalismo burocrático, pasando por cima de todo cacareo electorero del oportunismo y por toda la labia demagógica de las promesas politiqueras.

Sabrán ver que, dentro de ese sistema, hay un sector de la población que se beneficia y perpetúa tales males, pues ellos son resultado de su dominación. Son ellos los latifundistas y grandes burgueses, además del imperialismo, principalmente yanqui.

Las masas en lucha sabrán reconocer que la línea revolucionaria de destruir el latifundio y entregar la tierra a los campesinos – promoviendo la cooperativización  y colectivización graduales de la agricultura – aumenta el salario necesario en las ciudades, mueve la economía en el interior del país, quiebra poco a poco la dominación extranjera sobre nuestra economía. Percibirán que, en esas áreas revolucionarias, surgirán, junto con la nueva economía, nuevas formas de organización armada de las masas, de nueva política y de Nuevo Poder. La nueva democracia en la cual los trabajadores participarán en Asambleas Populares en niveles de base, municipales, regionales y hasta la nacional, cuyos delegados electos, sin ninguna remuneración extra y ningún privilegio, tendrán el mandato revocable a cualquier instante que los que lo eligieron lo requieran.

Esta Revolución Democrática, Agraria y Antiimperialista crea las condiciones para que el pueblo, al conquistar el Poder en todo el país, confisque todo el capital monopolista local o extranjero, colocándolo a servicio del mejoramiento de la producción de mercancías para consumo familiar y en la producción de máquinas industriales, agrícolas y de alta tecnología y por la elevación y transformación cultural, nacional, científica y de masas, todo en beneficio del pueblo y de la Nación. Rumbo al socialismo, el fruto del trabajo de los obreros y demás trabajadores no serán más embolsados por los monopolios para enriquecer un puñado, pero sí en los intereses sociales, como educación, salud y, poco a poco, en la elevación sólida de los salarios para el conforto de las familias proletarias y populares.

Es este futuro que los generales reaccionarios, los fascistas y sus amos – grandes burgueses y latifundistas, serviles del imperialismo, principalmente yanqui – temen más que todo. Él surgirá, inevitablemente. ¡No podrán evitarlo, reaccionarios!

 

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