Latifundio y servidumbre: hermanos siameses

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Traducción Enrique Chiappa

 

Es sabido que en Brasil, históricamente, los fenómenos latifundio y servidumbre [1] son interdependientes. Uno no existe sin el otro. Sin embargo, defensores de la “modernidad” traen las “buenas nuevas”: el fin de la servidumbre y el fin del latifundio, ahora presentado como “agro negocio”. Ese cuento de hadas es ciertamente nocivo, porque aquellos que en el interior del movimiento obrero y popular tergiversan la existencia del latifundio y de las variadas formas y grados de servidumbre, actúan como sus aliados y niegan consecuentemente el camino necesario para destruirlos: la Revolución Agraria, como base de la Revolución Democrática ininterrumpida al Socialismo.

 

La teoría de la feudalidad en los países dominados

Según los clásicos del marxismo, las diferentes formas de servidumbre y las  relaciones pre-capitalistas no son borradas por el avance de la dominación imperialista en los países oprimidos y por el desarrollo del capitalismo que ella pone en marcha.

La Internacional Comunista, dirigida por Lenin, afirmó que en las (semi)colonias “el capitalismo surgió y se desarrolló sobre una base feudal, tomó formas incompletas, transitorias y bastardas, que dejan la preponderancia, especialmente, al capital comercial y usurario. (...) De esta manera, la democracia burguesa toma una vía desviada y complicada para diferenciarse de los elementos feudal-burocráticos y feudal-agrarios… el imperialismo extranjero no deja de transformar, en todos los países atrasados, la capa superior feudal (y en parte semifeudal, semiburguesa) de la sociedad nativa en instrumentos de su dominación” [2].

Más adelante, advierte aún: “El imperialismo, que tiene interés vital en recibir la mayor cantidad de beneficio con la más pequeña cantidad de gasto, mantiene hasta su última instancia en los países atrasados, las formas feudales y usurarias de explotación de mano de obra” [3].

José Carlos Mariátegui, posteriormente, en tesis muy similares a las del Presidente Mao Tsetung, muestra que la propiedad agraria feudal es el factor objetivo que reproduce la servidumbre. Afirma: “En la agricultura, el establecimiento del salario, la adopción de máquinas, no anulan el carácter feudal de la gran propiedad. Simplemente perfeccionan el sistema de explotación de la tierra y de las masas campesinas.” [4].

El fundador del Partido Comunista del Perú (PCP) afirmó aún: “La supervivencia de la feudalidad no debe ser buscada, ciertamente, en la subsistencia de instituciones y formas políticas o jurídicas de la orden feudal. Formalmente el Perú es un Estado republicano y demoburgués. La feudalidad o semifeudalidad sobrevive en la estructura de nuestra economía agraria. (...) Ninguna ley autoriza, obviamente, la servidumbre, pero la servidumbre está allá, viva, casi intacta” [5].

El PCP, más tarde dirigido por el Presidente Gonzalo, avanzando en tales tesis, así explica el proceso de evolución de la economía agraria latifundista, con la adopción de modalidades capitalistas: “La economía latifundista es desarrollada en un proceso muy lento y prolongado hasta una forma capitalista siguiendo el camino burocrático, que consiste en introducir técnicas y modalidades capitalistas manteniendo la gran propiedad agraria y resguardando el poder de la clase latifundista feudal. Por este camino la economía latifundista es desarrollada internamente y, en vez de liberar el campesino, aprovecha al máximo la explotación del trabajo gratuito y otras modalidades feudales para lograr una acelerada acumulación de capitales. El campesino sufre dolorosamente este largo proceso de transformación en que son suprimidos su trabajo y sus bienes, se ve despojado de sus pocas tierras y aún es lanzado para fuera del campo. El latifundio y la servidumbre se mantienen ocultos bajo nuevos nombres” [6].

Tales tesis del proletariado revolucionario, o sea, de la ciencia, enfrentan gran resistencia en el medio académico pequeño-burgués y burgués que, por su dogmatismo o revisionismo, las descartan como anacronismo. Son tesis de gran vigencia que la realidad objetiva trata de evidenciar.

 

Relaciones serviles en Brasil de hoy

La concepción difundida, de que la mayor parte de la agricultura brasileña está apoyada por modalidades ampliamente productivas, es mentira. Según el profesor de la Universidad de São Paulo (USP) Ariovaldo Umbelino y la metodología por él aplicada en el Atlas de la Tierra 2015, de un total de 318 millones pertenecientes a latifundistas, 175,9 millones de hectáreas pueden ser considerados improductivos. Eso significa que los latifundios son en 80,7% de los casos improductivos. Pero aún en las grandes propiedades agrarias productivas las formas semifeudales siguen existiendo, de forma subyacente.

Entre 1986 y 2012, la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) registró denuncias de 165,6 mil trabajadores esclavizados, 2,9 mil de ellos sólo en 2012. El Ministerio del Trabajo y Empleo (MTE) liberó, entre 1995 y 2012, 44,4 mil trabajadores en condiciones de esclavitud, mucho menor que las denuncias, inclusive [7].  Entre 1995 y 2006 hubo rescates en 22 estados del país, mostrando la extensión nacional del fenómeno.

Los mayores números de rescates se concentran en el Pará, Mato Grosso, oeste de Bahía y centro-sur de Goiás. Ya el número de denuncias de la CPT, hay gran número de casos, además de los estados ya citados, también en el este de São Paulo y suroeste de Minas Gerais. Según el estudio, “hay, por lo tanto, uso del trabajo esclavo inclusive en segmentos bastante capitalizados y tecnologizados” [8].

Según datos elaborados por Plassat/CPT (2013), en el periodo entre 2003-2012 las principales actividades rurales que explotaron el trabajo esclavo fueron la pecuaria (28,8% del total de casos), caña de azúcar (26,4%), otras áreas de agricultura (19,5%), carbón (8,4%) y deforestación (5,1%) [9].

Según la investigación mencionada, aunque en varias regiones, como el sur de Rondônia y sudeste del Pará, hayan disminuido o aún desaparecido denuncias de trabajo esclavo (aunque no haya desaparecido esta forma de trabajo), otras regiones pasaron a constatarlos en mayor grado: el Sudeste como un todo, el estado de Goiás (especialmente su porción sur), Mato Grosso do Sul con casos bastante expresivos, región centro-norte de Mato Grosso, Acre, Rondônia y Zona da Mata de Sergipe, Alagoas y Pernambuco. El estudio analiza que la disminución de casos en aquellas regiones se debe, probablemente, al aumento de la fiscalización oriundo de la presión social y lucha del campesinado. Sin embargo, las relaciones feudales y semifeudales migran, se reproducen más en esas donde la fiscalización se debilita y, cuando son identificadas en nuevas regiones, luego migran nuevamente.

El aumento de las relaciones semifeudales en la producción tecnificada en el Centro-Sur del país comprueba que la base del latifundio capitalista sigue siendo la semifeudalidad, que evoluciona sus formas y es aprovechada por el gran capital para mayor acumulación.

Para gran parte del “agro negocio” la fuerza de trabajo es reclutada a partir del sistema llamado por los trabajadores de “gato”, que los engatusa, algunas veces  la familia entera, en los interiores del Nordeste y Norte principalmente. Esos trabajadores, con la promesa de empleo en el Sudeste, viajan ya debiendo el pasaje y, al llegar, reciben adelantado la canasta básica del mes y el alquiler de alojamiento. Así, se reproduce ese viejo método llamado “régimen de barração”.

Según el mapa de vulnerabilidad de estos campesinos proyectado por el estudio arriba referido, los locales de donde más tienden a salir la gran parte de la fuerza de trabajo asignada en relaciones serviles son precisamente allí donde el latifundio feudal (de vieja ropaje, con menor penetración de capital) más manifiesta su fuerza: Nordeste (especialmente Maranhão), además del estado de Pará, norte de Minas y otras regiones.

Queda evidente, por lo tanto, la relación entre el monopolio feudal de la tierra y la reproducción de las relaciones pre-capitalistas como base de la economía de países oprimidos por el imperialismo. Diferentemente de casos fortuitos, registrados en los países imperialistas, en Brasil y demás países oprimidos por el imperialismo (la inmensa mayoría de los países de Asia, África y América Latina) las formas pre-capitalistas son la base misma, necesaria a la reproducción del gran capital monopolista.

 

Las formas serviles que se reproducen

Una de las formas clásicas de las relaciones serviles en Brasil es el “régimen de barracão”, que convierte el semiproletário rápidamente en siervo, en haciendas pertenecientes a grandes monopolios capitalistas burocráticos que son, a la vez, latifundistas.

Eso no es nuevo. Es sabido por los marxistas que en los países oprimidos es común la fusión en una misma persona o corporación de las características de la servidumbre y de la “modernidad”, fusión propia de un capitalismo burocrático radicado a la semifeudalidad. Un ejemplo reciente que comprueba la doble relación es el envolviendo del conocido y capitalizado Grupo Cosan, en la “lista sucia” del trabajo esclavo, envuelto en sometimiento de trabajadores al sistema de barracão. [10].

Otro ejemplo escandaloso de esta relación entre el latifundio capitalista y las modalidades feudales fue el caso evidenciado por el asesinato de tres fiscales y del chofer del MTE que atendían la denuncia de “trabajo esclavo” [11]. Ellos fueron muertos por pistoleros a mando de Norberto Mânica, dueño de latifundio de producción de porotos, en Unaí (oeste de Minas), latifundista al estilo “agro negocio”, en una hacienda totalmente mecanizada y servida de tecnología de punta.

El “régimen de barracão” funciona así: “La libreta de deudas, que incluye el transporte del trabajador hasta la hacienda y sus consumos de mantenimiento – la deuda impagable – fue un elemento de sometimiento y aprisionamiento del trabajador común en este periodo del colonato y también es en la actual esclavitud: un instrumento de aprisionamiento del trabajador que no actúa sólo, pero asociado al impedimento de dejar la hacienda (en ambos casos) por causa de la supuesta deuda, siendo este asegurado por los matones y otras coacciones”. [12]

En esos casos, el semiproletario del campo, llevado a la hacienda como asalariado debido a un largo proceso de expropiación por el latifundio feudal-burgués, es convertido rápidamente en siervo. Él, aparentemente asalariado, es obligado a comprar del hacendero los bienes de consumo a precios muy altos, forma a través de la cual el hacendero, en la práctica, le toma el “salario” que le pagó. En la práctica, el campesino pobre sin ninguna tierra trabaja en la tierra del señor, entregándole la renta-dinero, trabajo gratuito, se torna preso a la tierra.

Carlos Marighella, en un brillante estudio sobre la renta de la tierra en los cultivos de café, caña de azúcar y algodón en Brasil, observa el desarrollo de ese fenómeno de la servidumbre. En el caso concreto de las haciendas de café: “Sólo en un país de fuertes reviviscencias feudales sería posible, en una sola pieza, la junción de dos elementos tan opuestos como el latifundista y el capitalista, para una explotación tan brutal como la de las haciendas de café. Y sólo en tales condiciones sería posible, al lado de tal fenómeno, procesarse otro, en sentido inverso, pero igualmente curioso: el del colono explotado, que reúne, en un mismo tiempo, en el mismo elemento, el hombre “libre” de los medios de producción, el asalariado, y el hombre llevado a las formas de explotación feudales y semifeudales, produciendo renta-trabajo, recorriendo toda la gama de la renta pre-capitalista, produciendo renta diferencial y absoluta y llenando el hacendero de logros. Esclavo a la vez del régimen del salario y del feudalismo, no es proletario y a la vez lo es; no es un siervo y a la vez lo es”. Y, sobre el “régimen de barracão”, él dice: “No teniendo el colono otra fuente de dinero y sólo pudiendo obtener dinero del trabajo que realiza en la hacienda o de los productos que planta, siempre que paga dinero al hacendero, es cómo se estuviera trabajando gratuitamente para él o entregándole el producto en especie de su trabajo” [13].

 

Agricultura familiar: patriarcal-feudal

La agricultura familiar, con apariencia de pequeño emprendimiento capitalista, es una de las unidades donde las formas serviles se reproducen, no sólo aquí, como en todo el tercer mundo. Según la Organización de las Naciones para Alimentación y Agricultura (FAO), la agricultura familiar en América Latina y Caribe, en pequeñas/medias propiedades, es responsable por 80% de las propiedades rurales productivas, son los mayores productores de alimentos en la región, sin embargo están en 44% de los casos en la pobreza y en 28% de los casos en la miseria (total del 72%).

En Brasil, según el censo agropecuario 2017, 77% de las propiedades agropecuarias son de agricultores familiares, totalizando 3,8 millones de propiedades (estos datos oficiales son muy inferiores a los que presentan los movimientos campesinos, que indican 5 millones de familias con título de propiedad o no), y, a pesar de eso, poseen sólo 23% del área total de tierras. Además, 67% de la fuerza de trabajo agropecuaria reside en esa modalidad que, inmersa en la pobreza y en la miseria, obviamente no acumula capital para establecer el salario capitalista como forma principal de relación.

“Son aproximadamente 2,5 millones de familias (representando cerca de 10 millones de personas) que trabajan de sol a sol, pero cuyo excedente de su producción genera un rendimiento monetario más pequeño que un salario mínimo”, explica José Graziano da Silva, en artículo para la revista Época. “Además, hay otros cerca de 2 millones de trabajadores agrícolas sin registro documentado de trabajador y también con rendimientos más pequeños que el salario mínimo. (...) Primero porque, en la mayor parte de los casos, su inserción productiva no es asalariada ni aún registrada en relatorías comerciales contables. (...) Actualmente, más del 80% de los agricultores y trabajadores rurales brasileños no contribuyen para la Seguridad Social, siendo que la mayoría de ellos (67%) no es asalariada”. Tal citación, de un vehículo insospechado de “visiones ideologizadas”, en que pese a basarse en datos oficiales que en su mayoría están subestimados por la metodología adoptada en las investigaciones, deja bastante clara la situación.

Tal producción, asentada en relaciones predominantemente serviles y patriarcales, está sometida al capital monopolista estatal y no estatal, o sea, burocrático, comprador y feudal, y suministra a los monopolios de ese capital la renta de la tierra, junto con toda la renta pre-capitalista que extrae.

Cuando los campesinos pobres con poca tierra o la capa inferior de los medios (agricultura familiar), sea en un pedazo de tierra que les pertenece o que es hipotecado al capital usurario, producen para los monopolios burocráticos (que son latifundios en los cuales se funden el capital comprador, imperialista y feudal) y son obligados a vender la producción a un precio sistemáticamente inferior al valor (siendo obligados a colocar toda la familia para trabajar para alcanzar el montante necesario de productos estipulado, sin establecer salario o estableciéndolo a sólo en una pequeña cuota mientras “emplea” otros trabajadores en regímenes serviles como asociación, división o por el derecho de usar una porción de la tierra etc.) están, también, pagando al latifundio capitalista que se apodera de la producción una forma de renta-producto. Además, cuando son obligados a comprar de esos monopolios los insumos, raciones y otras mercancías obligatorias a la producción a precios monopolistas, están pagando renda-dinero. La renta, en esos casos, no queda con el campesino, o queda sólo una parte insignificante en el caso de los medios.

Marighella, en el trabajo ya citado, tratando específicamente de la hacienda de café, hace un paralelo que puede ser aplicado a la agricultura familiar. “El hacendero exige que el colono le venda en primer lugar los cereales que plantó. Plantando para sí aún, el colono, colocado aparentemente en la posición de productor independiente, además del producto necesario, se apropia, él aún, del producto suplementario, es decir, del excedente del trabajo necesario a su mantenimiento. Pues bien, el producto suplementario del colono (resultante del plantío hecho por su cuenta) es obligatoriamente vendido al hacendero que le retribuye con un precio abajo del valor del producto suplementario. En ese caso, el colono entra con una parte del producto que plantó, el hacendero se apropia de la renta-producto. Es un nuevo pago en especie que le hace el colono, en la práctica” [14].

 

La base del atraso: latifundio e imperialismo

La concentración de tierras en las propiedades de carácter feudal o feudal-burguesa sumada al obstáculo creado por el imperialismo y sus sustentáculos internos (capital monopolista comprador y burocrático, o gran burguesía) al desarrollo de las fuerzas productivas genuinamente nacionales son los factores objetivos que determinan la reproducción de las relaciones serviles en el campo y también en la ciudad.

Extrayendo  plusvalía aquí producida por los monopolios locales (capital monopolista estatal o no estatal) y extranjeros gracias a la exportación de capitales y remisión de logros, el imperialismo impide que la economía se desarrolle, impide el salto de la economía capitalista burocrática con énfasis en el capital usurario y comprador para la efectiva industrialización genuinamente nacional. Mientras que, en el campo, el latifundio despoja las masas campesinas de su producción y de su tierra.

Esa combinación, que lleva a la no proletarización completa de las masas semiproletarias expropiadas del campo, genera el fenómeno de la enorme población desempleada, barateando la fuerza de trabajo y siendo posible y ventajoso a los latifundistas establecer relaciones profundamente duras, pre-capitalistas, aprovechándose de ellas para una acumulación más veloz de capital. Inclusive los llamados latifundios capitalistas se basan en gran medida y se aprovechan de esas relaciones pre-capitalistas.

Los surtos de relativa industrialización con base en los monopolios locales y extranjeros (agroindustria) se asientan en el latifundio y en la semifeudalidad volcados a la producción primaria de monoculturas para exportación (commodities). Las medias y pequeñas propiedades rurales, principalmente las pequeñas, son las que producen alimentos sometidas a las relaciones de explotación con los monopolios, que al pagar por ellas un precio abajo del valor (tomándoles la renta en la forma de renta-producto) hacen baratear la canasta básica, manteniendo bajos los salarios. Por ese motivo que al imperialismo y al capitalismo burocrático le interesan (porque es clave) mantener una agricultura campesina más o menos arruinada de forma permanente. Por esto no la eliminan por completo. La agricultura familiar famélica – y, por lo tanto, atada a nuevas formas de servidumbre – se reproduce indefinidamente sometida y al lado del latifundio (como agro negocio o no) como parte esencial de la base del desarrollo capitalista burocrático y soporte del imperialismo y en beneficio de estos.

No hay otra forma de quebrar tal relación sin, bajo la dirección del proletariado y por la vía revolucionaria, confiscar los latifundios y entregar tierra a las masas campesinas sin ninguna tierra y con poca tierra – erradicando las bases de la servidumbre –, para pasar a la cooperativización de formas inferiores a superiores, concomitantemente con el confisco del gran capital comprador-burocrático y del imperialismo para conducir a la completa industrialización, con una economía nacional auto centrada y auto sustentada, y asegurar ininterrumpidamente el pasaje al Socialismo.

 

Nota:

[1] Por objetividad, siempre que nos refiramos a la servidumbre consideramos también la semi servidumbre, la semi esclavitud y otras formas pre-capitalistas.

[2] IV Congreso de la I.C., Tesis generales sobre la cuestión del Oriente, diciembre de 1922.

[3] Ibídem.

[4] Ideología y política. cap. I, Tesis Ideológicas. El problema de las razas en América Latina.

[5] Ideología y política, cap. VI Investigaciones, Respuestas al Cuestionario nº 4 de la “S de C. P.”

[6] El problema campesino y la Revolución, Ediciones Bandeira Vermelha 46, agosto de 1976.

[7] Espacio y Economía Año II, nº 4. Mapeamento del trabajo esclavo contemporáneo en Brasil: dinámicas recientes.

[8] Ibídem.

[9] Ibídem.

[10] Caña dulce, trabajo amargo: el trabajo esclavo en la expansión territorial del agronegócio sucroenergético en el estado de Goiás.

[11] La terminología de “trabajo esclavo” o “análogo a la esclavitud” utilizada en el abordaje de esa condición que acomete centenares de miles de trabajadores en Brasil no es precisa. En verdad, se trata de trabajo servil o semiesclavo.

[12] Espacio y Economía Año II, nº 4. Mapeamento del trabajo esclavo contemporáneo en Brasil: dinámicas recientes.

[13] Algunos aspectos de la renta de la tierra en Brasil, junio de 1958.

[14] Ibídem.

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