Josué y las marcas profundas de la semifeudalidad

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Traducido por Enrique F. Chiappa

Brasil es hoy un país de capitalismo burocrático de relativo desarrollo de las fuerzas productivas, con regiones altamente industrializadas y otras, principalmente en el campo, todavía muy atrasadas, continuando con las relaciones de producción precapitalistas, la semifeudalidad. El monopolio de la tierra se instaló aquí desde el inicio de la colonización, y muchos intelectuales, hasta hoy colonizados, continúan negando su atraso y la necesidad urgente de la eliminación del sistema semifeudal, burocrático y semicolonial para la verdadera independencia del país.

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El médico, geógrafo, diplomático y escritor Josué Apolonio de Castro –uno de los mayores representantes del legítimo pensamiento brasileñojamás se apartó de la tarea de combatir el latifundio. Sus obras van mucho más allá de las denuncias sobre el hambre devoradora de hombres, en Brasil y en el mundo. Indicio de esto es que el primer punto de su Programa de diez puntos de combate al hambre es justamente erradicar el latifundio.

Josué escribió, en 1964 el libro Siete palmos de tierra y un cajón, por encomienda de una editora yanqui, que quería publicar un ensayo sobre la situación del nordeste brasileño. El ensayo, que salió también en Brasil, muestra el profundo entendimiento que el Dr. Josué tenía de la realidad brasileña, identificando la existencia del latifundio y las decurrentes relaciones semifeudales de trabajo como la principal contradicción a ser resuelta en el país.

En aquella época, inicio de 1964, el golpe contrarrevolucionario inminente ya se configuraba. Josué sufriría las consecuencias, perdiendo sus derechos políticos ya en 1964, con el Acto Institucional nº 1. El motivo alegado era que Josué defendía ardientemente las reformas de base, en la época un clamor nacional, y también prometidas por el gobierno Joao Goulart –el último estadista brasileño en la Presidencia de la República.

Josué fue presidente de la FAO (Organización para la Alimentación y Agricultura de las Naciones Unidas), esto en un tiempo en que en la ONU se reflejaba la correlación de fuerzas entre el capitalismo y el socialismo, donde la delegación soviética todavía conseguía dar alguna característica progresista a aquella entidad imperialista.

Los males de origen

Josué comienza levantando la discusión historiográfica sobre la implantación o no del feudalismo en Brasil, especialmente en el Nordeste. Contrariando la historiografía burguesa, que aboga la instalación en Brasil de un régimen mercantilista, ya capitalista, nuestro geógrafo, utilizando el único criterio válido para la denominación de un sistema económico – el del modo de producción de los bienes materiales necesarios a la existencia de una sociedad dada – establece que aquí, no solo fue instalado el feudalismo por la metrópolis, como por sus características y por las personas envueltas en la empresa, para aquí fue traído lo que había de más atrasado en Portugal.

Esa batalla teórica que se extendió por buena parte del siglo XX, tuvo en Nelson Werneck Sodré uno de sus más notables soldados partidarios de la existencia de la semifeudalidad en Brasil. Los teóricos vinculados al partido Comunista de Brasil P.C.B. siempre estuvieron en la vanguardia de esa teoría, a pesar de no tirar de ella una correcta síntesis que armase el movimiento campesino con una línea revolucionaria. Alberto Passos Guimarães, autor de Cuatro siglos de latifundio ejerció una importante influencia sobre Josué de Castro en la elaboración de Siete palmos de tierra y un cajón.

Semifeudalidad y revolución

La batalla teórica no es vana, por que como dice Josué de Castro, la diferencia entre la definición o no de la existencia del semifeudalidad es la diferencia entre la revolución o una simple reforma.

“El monopolio feudal y colonial es la forma particular, específica, que asumió en Brasil la propiedad del principal y más importante de los medios de producción en la agricultura, o sea, la propiedad de la tierra. El hecho de ser la tierra el medio de producción fundamental en la agricultura indica una fase inferior de la producción agrícola, peculiar a las condiciones históricas precapitalistas. A medida que el capitalismo penetra en la agricultura, se va desarrollando y aumentando su producción en conjunto a los demás medios de producción, que son los medios mecánicos del trabajo, las máquinas o los instrumentos de producción, las construcciones, los elementos técnicos y científicos, etc. De tal manera que, en una agricultura plenamente capitalista, estos pasan a ser (y no más la tierra) los principales medios de producción. Con respecto a la agricultura brasileña, es un hecho comprobado por los datos estadísticos que continúa a caber a la tierra aquel papel predominante en el conjunto de los medios de producción. Por eso, en la situación objetiva de nuestra agricultura, dominar la tierra, apropiarse de la tierra, monopolizarla, significa tener, prácticamente, el dominio absoluto de la totalidad de los medios de producción agrícola.” (página 117)

El monopolio de la tierra, aquí instalado en las manos de la nobleza inútil y empobrecida del reino de Portugal, se mantiene hasta hoy, igualmente en las manos de la clase que solo pierde en parasitismo en Brasil para la gran burguesía nativa (burocrática y compradora).

Es un hecho que una metrópolis no podría exportar para la colonia un régimen económico más avanzado de que el dominante en su propio territorio de origen. Si es verdad que el feudalismo portugués ya no era el clásico, habiendo evolucionado de la economía natural para la mercantil, el modo de producción continuaba teniendo como principal medio de producción, la tierra y las relaciones de producción continuaban siendo las que sometían el siervo al señor feudal.

Semifeudal con esclavos

Transplantado para Brasil, ese régimen encontró, en el inicio, casi total falta de siervos, recurriendo entonces a la esclavitud, primero con el aprisionamiento de los indios del litoral –luego los del interior–, y después al tráfico de pueblos africanos, que fueron la principal fuerza de trabajo en Brasil hasta 1888.

El aumento de la población en torno de los ingenios de caña de azúcar –principal unidad productiva durante siglos– forzó al aparecimiento de un nuevo tipo de trabajadores, aquellos que cultivaban o criaban ganado en las tierras de quiénes las poseían, generalmente vinculados a la corte. La abolición de la esclavitud elevó los esclavos a la calidad de siervos, similar al pasaje de la Antigüedad a la Edad Media, ya que muchos negros permanecieron trabajando en las haciendas como hombres libres, pero sin recibir ningún salario.

La remuneración de las rentas de la tierra casi nunca era realizada en dinero, ya que la circulación monetaria en la colonia era muy baja. La paga era “a la moda antigua” o sea en artículos o en trabajo.

Mismo en los ingenios, donde predominaba la fuerza de trabajo esclava, eran comunes los campesinos que abastecían de productos alimenticios tanto para los señores como para los esclavos, ya que los dueños de los ingenios se dedicaban casi exclusivamente a la producción de azúcar, prácticamente todo destinado a los mercados de Europa.

“Labradores y arrendatarios de tierras, en los ingenios, están lejos de todavía de representar el desarrollo posterior de la renta agraria, su evolución para renta dinero, o su aproximación de la renta típicamente capitalista. Las contribuciones que les imponían los señores no pasaban de tributos feudales, de forma precapitalistas de renta.”

El foro, el cambón, las rentas variadas, existen hasta hoy en los latifundios de Brasil, y en su esencia no difieren en nada de la talla, la corveia y de las banalidades aplicadas durante la Edad Media, así como el “derecho a pernada”, aplicado tanto aquí cuanto en Europa, donde se llamaba también de jus primae noctis. Todo con la bendición de la santa madre iglesia, que claro llevaba y continúa llevando su parte, ya que el diezmo y la venta de indulgencias continúan a vigorar. La única diferencia es el poder de la notaría feudal, que pasó para manos “laicas”. (1)

Resulta que la semifeudalidad es la principal causa de la ocurrencia de dos fenómenos bastante emblemáticos del Nordeste brasileño: el cangacerismo y el mesianismo.

“Los episodios de Canudos, Juazeiro, Caldeirão, Pedra Bonita y varias otras regiones locales, intempestivas y esporádicas, no son, como muchos piensan, fenómenos extra históricos, mas expresión bien significativa de la historia del colonialismo feudal. Estas manifestaciones de revueltas, que explotan en el bandidaje y en el fanatismo, son tentativas ingenuas de derrumbar la cerca, de partir el círculo de hierro de la miseria en que los individuos se sienten encarcelados.” (144-145)

Acosados por la extorsión latifundista y por la miseria, influenciados por la institución más medieval de todas, la Iglesia, las poblaciones no solo del Nordeste, en su lucha espontánea e indomable contra el latifundio, siempre fueron acusados de bandidos o de fanáticos.

La formación del pueblo

La cuestión de saber en que fase de la formación nacional nos encontramos es importante, hoy más que nunca, cuando se trata de establecer el programa de independencia nacional. La cuestión del poder para el pueblo se revela esencial, mas, ¿de qué pueblo hablamos?

“De esta manera, nunca se formó en esa área, por la sedimentación sociológica, la entidad pueblo, como expresión de las aspiraciones y reivindicaciones de varias clases o grupos sociales, y como fuerza viva de orientación política del proceso nacional. Y fue esa ausencia del pueblo, como entidad sociológica orgánicamente configurada, que explica la casi ausencia de la revolución, en el sentido clásico del término, que debería haber constituido el remate natural del episodio colonial.” (144)

Significa que los intereses de las clases oprimidas, hasta entonces, no se identificaban al punto de se tornaren una ciudadela inexpugnable de las necesidades urgentes –mismo que en el plano subjetivo faltase la debida maduración de sus luchas y de las concepciones científicas.

Quedó ausente a la fusión del movimiento de clases con el ideal revolucionario y, principalmente, todavía no existía una clase capaz de retener la hegemonía de ese proceso, situación que se mantuvo hasta el inicio del siglo XX en Brasil.

Con la llegada de las revoluciones socialistas en el mundo, se cierra el ciclo de las revoluciones burguesas. En los países dominados (colonias y semicolonias), la revolución, de carácter democrático, pasó a la condición de realizarse únicamente cuando organizada por un conjunto de clases revolucionarias, entre ellas las más avanzadas, el proletariado (clase dirigente) y el campesinado (fuerza motriz). Esa frente presupone las clases que constituyen el pueblo que Josué decía faltar, como fuerza viva de orientación política del proceso nacional.

Escritas en 1964, las palabras de Josué de Castro suenan todavía muy actuales. Él profundiza la cuestión del semifeudalismo y llega a la gran burguesía (burocrática y compradora) y en el imperialismo, socios naturales del latifundio, sin omitir ese encuentro en el cuadro que demarca dos campos: el revolucionario y el contrarrevolucionario.

“Y los planes de emancipación del continente permanecen suspendidos, por que el interés privado se sobrepone al interés público y el interés extranjero domina el interés nacional. Las veinte repúblicas (se refiere a las repúblicas de Latinoamérica) podrán gozar de la independencia desde que de ella se envanezcan y no hagan uso. Dependen casi todas de un solo comprador-proveedor. Venden por precios bajos y compran caro. Dependen de los monopolios que, como tumores cancerosos, proliferando, las asfixian bajo la exuberancia de su vida anárquica. Sobre la estructura feudal se sobrepuso una estructura capitalista. Los dirigentes de las dos órdenes formaron una fructuosa alianza. Objetivando el mantenimiento y ampliación de los privilegios, los feudales cedieron al capitalismo extranjero el derecho a cortar la carne, de exprimir el jugo y de empobrecer irremediablemente estas naciones. Tal situación semicolonial despierta un amargo resentimiento y prepara un caldo de cultura de grandes desórdenes políticas.” (175)

Por lo tanto, urge, para las semicolonias, destruir el régimen del capitalismo burocrático, que se estableció en Brasil con las burguesías de los países imperialistas aliándose a las atrasadas clases dominantes nativas, principalmente los latifundios y la gran burguesía vende-patria. En esta base se construyó la actual situación de desarrollo capitalista por un lado y el atraso semifeudal por el otro.


Foro– Alquiler de la tierra pago con producción al latifundio.
Cambón– Días en que el campesino es obligado a trabajar en las tierras cultivadas por el latifundio, generalmente 99 días por año.
Meação– forma de contrato en que el campesino es obligado a entregar la mitad de la producción al latifundista. Comprende también el “contrato” que obliga a la entrega de proporciones mayores, como dos tercios (terza) y tres cuartos (cuarta).
Rentas variadas –Paga por el uso de equipamientos y edificaciones del latifundista, como tractores, camiones, carrozas, almacenes, silos etc. Todavía hoy, en los centros urbanos de las regiones campesinas, los propietarios de las máquinas que benefician granos no cobran el servicio en dinero, mas en porcentaje del grano beneficiado.
Talla– En el feudalismo, obligación del ciervo de dar, a su señor, una parte de lo que producía, generalmente, la mitad.
Corveia– En el feudalismo, obligación que el siervo tenía de trabajar algunos días por semana en las tierras reservadas al señor.
Banalidades– En el feudalismo, pagos realizados por los siervos por el uso de la destilería, silo, molino, animales etc.
Derecho de pernada– (jus primae noctis –derecho de la primera noche) –“derecho” según el cual el señor feudal mantenía relaciones sexuales con la novia del vasallo o siervo en la noche del casamiento. En la actualidad, son innúmeros los relatos de “coroneles” (terratenientes), principalmente del Nordeste, que llevan para la cama las hijas de los campesinos pobres.
Venta de indulgencias– acto practicado por la Iglesia Católica para la remisión total o parcial de los pecados. Así el fiel, se quedaba tranquilo con respecto a la conquista del reino de los cielos y la Iglesia con la bolsa llena en el reino de la tierra.
Fuerzas productivas– Conjunto de medios de producción y de los hombres que los aplican, siendo el hombre la principal fuerza productiva, por que es él que desarrolla los medios de producción, y también perfecciona las técnicas y la ciencia. Son ellas: el hombre, los instrumentos de trabajo, la técnica, y la ciencia, hábitos de trabajo, los oficios, y tradiciones de trabajo etc.
Medio de producción– Conjunto de medios materiales y grandes instrumentos de trabajo que los hombres utilizan para producir bienes materiales (tierra, edificios, máquinas, fábricas, etc).
Relaciones de producción–Relaciones que los hombres contraen entre sí, en el proceso social de producción. Los hombres producen bienes materiales en común. En el proceso de producción entran en determinadas relaciones independientes de su voluntad. El carácter de las relaciones de producción es condicionado por la relación de los hombres con los medios de producción. Las relaciones de producción históricamente determinantes en un país, van constituir el modo de producción.
Modo de producción– Modo históricamente determinado de obtención de los bienes materiales necesarios a los hombres para su producción y su consumo personal. Es la unidad dialéctica y el resultado de la interacción de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción. El modo de producción constituye la base del régimen social y determina su carácter. O sea, tal modo de producción, tal sociedad: modo de producción comunista (comunismo primitivo); modo de producción esclavista; modo de producción feudal; modo de producción capitalista; modo de producción socialista (primera fase del socialismo en el mundo).

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