Editorial - La real dimensión de la crisis

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Se estima que 22 billones de dólares (o casi un tercio del PIB mundial, de aproximadamente 66 billones, en 2006, según el FMI) serán despilfarrados en esta crisis del imperialismo. Dinero sin lastre, ficticio y especulativo que apenas sirve para arrancar de las colonias y semicolonias la sangre de sus trabajadores.

Los analistas burgueses, en su tarea de encubrir la realidad, insisten en atribuir a las crisis del capital, causas externas. Para eso, llegan a utilizar escándalos financieros, como el reciente caso del banco francés Societé Générale, anunciado como operación fraudulenta de un ejecutivo. En realidad son maniobras contables utilizadas para encubrir la gran timba del sistema financiero mundial y la crisis que engendra. Las causas de esas crisis, sin embargo, están determinadas por las contradicciones internas del capital, que, siendo insolubles en sus propios marcos, apenas pueden ser empujadas adelante.

De un momento para el otro las "inversiones" se esfuman y el "crecimiento" y el "desarrollo" cacareado y alentado principalmente por los oportunistas se revelan a los ojos de las masas como una gran fantasía.

No importa que los portavoces del capital financiero en Brasil, repetidos por sus "comentaristas de economía" del monopolio de los medios de comunicación, digan todos los días que "la crisis de la economía yanqui no atingirá el Brasil, que tiene fundamentos sólidos". Otra falacia para engañar a las masas, que asisten diariamente a los noticieros revelando la queda de las bolsas y el "nerviosismo del mercado".

Siendo el mayor importador del mundo, es evidente que una crisis en USA afectará a las economías de todos los países que hacen comercio con la metrópolis. Y más, siendo esta una crisis de todo el sistema capitalista (países capitalistas desarrollados y colonias y semicolonias), es imposible imaginar que este o aquel país dominado no será afectado por ella. Las agencias del sistema financiero ya se apuran a revisar los índices de "crecimiento" de los grupos de países tentando reorientar el flujo de capitales y minimizar sus pérdidas.

El déficit de la balanza comercial yanqui es tan gigantesco que no admira que los propios financistas de aquel país no tengan recursos para tirar sus bancos de la tal crisis de las hipotecas –que es apenas la punta del iceberg de la crisis del imperialismo. Los mayores bancos de USA y de Europa reciben socorro de los capitales de sus principales acreedores: Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes, Singapur, Corea del Sur, China... capitales profundamente interesados en que el sistema financiero imperialista no se desmorone, arrastrando junto todas las fracciones de las burguesías nativas serviles del imperialismo en las semicolonias.

¿Y como todo esto influenciará a las masas?

Las masas recibirán como siempre, los más pesados fardos, las más empeoradas condiciones de existencia, la miseria, el hambre. Fue así en las últimas crisis y así será mientras el imperialismo reinar sobre los pueblos.

Acosadas y amenazadas, las potencias aumentarán el saque sobre las naciones oprimidas, sus clases dominantes profundizarán la explotación sobre los trabajadores del campo y de la ciudad, para salvar el sistema y a sí mismas. Inevitablemente aumentarán todavía más, la represión sobre las masas en vías de revelarse en todos los rincones del planeta y empujadas para la rebelión por la propia crisis de superproducción relativa, cuando abundan las mercaderías, mientras millones mueren de hambre y, ahora hasta de sed.

Sin embargo las perspectivas de las masas son brillantes. Los planes imperialistas fracasaron invariablemente; diariamente son inflingidas derrotas a su poderío militar por la heroica resistencia iraquí, que impide el dominio sobre importantes fuentes de petróleo, vital para la sustentación del imperialismo actualmente.

La misma crisis que pisa los trabajadores incita y potencia la resistencia popular.

II

En Pará, donde los bravos trabajadores de la tierra fueron humillados, torturados y encarcelados por la gerencia estadual de Ana Julia Carepa, del PT, al servicio de los terratenientes esclavistas, una gran movilización libertó los campesinos y desenmascaró la llamada operación "Paz en el Campo".

Todas las posibilidades, para aislar y clasificar como criminales los campesinos, fueron tentadas, objetivando retirar todo el contenido popular y condenarlos al ostracismo. Editoriales y artículos rabiosos se multiplicaron en los más reaccionarios medios de comunicación, mas no contaban con la gran simpatía que la causa campesina ya despertó entre los sectores democráticos de la sociedad.

Fue muy grande el apoyo que dio la población del estado de Pará. Comerciantes de la región adonde actuó la represión, que ya sentían las ciudades pulsando de progreso, ayudaron como pudieron. Varias emisoras de radio abrieron sus micrófonos a los campesinos, abogados hasta de San Pablo se ofrecieron para defender y tirar de la prisión los trabajadores encarcelados.

La farsa fue desmontada en una gran audiencia pública que abarrotó la sede de la OAB de Redención. Allá, los campesinos no se amedrentaron con los jefes de las policías que los querían intimidar; relataron todos los maltratos con dignidad y revelaron la decisión de volver para la tierra, la misma hacienda Forkilla que deberá, finalmente, ser libertada de las garras de los latifundistas y sus organizaciones fascistas. Y así, todos los latifundios de Brasil deben tener el mismo destino.

Además, el operativo militar movilizado para la represión, muestra que hay una verdadera guerra declarada por el viejo Estado a los campesinos pobres. Toda la fuerza de los latifundistas (legal e ilegal) está ahora concentrada en combatir y acabar con el movimiento campesino revolucionario, que delimita con el oportunismo electorero el camino en la lucha por la conquista de la tierra y por la destrucción completa del latifundio y su poder semifeudal.

Al lado de eso, la gerencia del oportunismo, alardeando una "reforma agraria de calidad", exhibe números de millares de familias "asentadas". Solo no revela que estas son enviadas e instaladas en las regiones más aisladas e inhóspitas en el centro de Pará, lo que provoca la inmediata venta de los lotes por los "asentados" a compradores siempre disponibles. Nada más que artificios para legalizar la apropiación de tierras por grandes madereros y criadores de ganado.

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