Editorial - Mentiras, politiquería y represión

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Como si no bastasen las constantes masacres policiales sobre la población pobre del país, otra violencia se abate sobre ella y amenaza arrastrarse: la epidemia de dengue.

Los muertos, apenas en Río de Janeiro, donde la epidemia es más grave, ya llegan a 80 confirmados, pudiendo llegar a 160 si testes comprobaren la contaminación en otros muertos.

La responsabilidad del Estado en este caso es dupla. Primero, y tal vez la más grave, por profundizar la destrucción del sistema de salud pública en el país, que mismo antes de la avalancha de casos de dengue ya había entrado en colapso. Después, cuanto a la prevención, la omisión de todas las esferas de la gerencia estatal es flagrante, desde el desvío del presupuesto destinado al combate del mosquito, deterioración de materiales destinados a la prevención y por último, la más completa incapacidad de movilizar la población, condición indispensable para solucionar el problema.
Y no consigue movilizar por que cualquier cosa que venga de este Estado es visto con desconfianza por las masas, tal es el descrédito y la desmoralización de las autoridades constituidas. Mayor eficiencia han conseguido las iniciativas voluntarias de algunos sectores de la población, que actúan regionalmente y han conseguido algún éxito.

Sabiendo de esa incapacidad, el gerente Sergio Cabral recurrió al mismo método — tal vez un tic — con que trata la pobreza en general, llamando a la policía para abrir las puertas e invadir las casas en las periferias y morros, donde sea recusada la entrada de agentes de salud.

¡Es impresionante la desfachatez! Mientras decenas mueren y millares se contaminan, los gerentes municipal, estadual y el ministro de la salud, seguidos de sus correligionarios se acusan mutuamente, en la tentativa de escapar de la responsabilidad criminal, y pensando en cómo puede influenciarlos en las próximas elecciones.

Y sobra gente con disposición para acusar también al pueblo, del cual se dice que no tiene educación, sin higiene y otras boberas.

Mientras los fluminenses llenan hospitales, puestos de salud y tiendas del ejército atrás de tratamiento, la dengue se disemina por el país, habiendo en el nordeste el segundo mayor foco de contaminación, con problemas semejantes de prevención y tratamiento.

Nadie debe eludirse de que eso fue un imprevisto. Fueron dados varios avisos, caracterizando una tragedia anunciada. Y mismo que la enfermedad pueda atingir a todos, es la población más empobrecida que sufre más, porque a ella solo le queda recurrir a la caótica red pública de un sistema de salud deteriorado.

II

Amazonia, objeto de la insaciable codicia del imperialismo, con el pretexto de combatir la devastación de la floresta, se intensifica la criminalización de la lucha por la tierra, perpetuando la más brutal violencia contra los pobres del campo.

Mentiras y calumnias son publicadas por el monopolio de la imprenta en el sentido de insuflar la furia represiva del Estado contra los campesinos, principalmente los dirigidos por movimientos independientes y combativos, que se recusaron a ser manipulados por la gerencia oportunista FMI-PT.

Llama la atención particularmente una campaña desencadenada por la revista Istoé — hace mucho tiempo desacreditada por la publicación de materias pagas — y de la imprenta regional, especialmente por el diario Folha de Rondonia, que es propiedad de latifundistas. Durante varios días esos vehículos de la imprenta del imperialismo y del latifundio prepararon el terreno para nuevos masacres de campesinos.

Tratan a todo costo criminalizar la Liga de los Campesinos Pobres, llamándolos de trabajadores bandidos, terroristas, bandoleros, etc. Y justifican la existencia de los bandos armados de pistoleros a sueldo de los latifundios que aterrorizan la región, denominándolos "humildes funcionarios de haciendas".

Fue lo que sucedió en 9 de abril, cuando decenas de pistoleros fuertemente armados, para expulsar 600 personas, arrasaron con fuego un campamento en Campo Novo Rondonia. La policía encubrió la acción de los pistoleros y no permitió la aproximación de periodistas y de los representantes de varios sectores que formaron una comisión en solidaridad a los campesinos.

Se espera en breve, una acción del tipo de la 'Operación Paz en el Campo', desencadenada en noviembre de 2007, en la hacienda Forkilha, Pará, con saques, tortura, y prisión de los campesinos.

Cínicamente, y con el apoyo de los monopolios de la imprenta, hacen vista gruesa a la criminal acción desbastadora de los grandes "emprendimientos", "agronegocios", etc. Para encubrir esta indecencia, se cuenta con la gritaría difamatoria y criminalisadora contra los movimientos de los campesinos pobres, barullentas operaciones policiales represivas para perseguir los pobres, robar sus herramientas, multarlos, prenderlos y golpearlos.

Así el latifundio — verdadero criminal y devastador de la Amazonia — espera contener la rueda de la historia, que gira en el sentido de barrer esa que es la clase social más atrasada de nuestra sociedad y acabar con las relaciones semifeudales de trabajo en el campo. Relaciones de propiedad y de producción que, en la región amazónica, sustentan y benefician exclusivamente unas pocas familias mafiosas que dominan todo en sus estados: el comercio, los transportes, la extracción predatoria de madera y minerales, la creación extensiva de ganado, el cultivo de soya, el tráfico de drogas y armas, la política, en fin. Y claro, los medios de comunicación. Además del lesa patria alquiler de las florestas (por más de 60 años) para su "manejo sustentable".

Y esa barredura solo podrá ser hecha por las manos de los propios campesinos, los verdaderos dueños de las tierras de Brasil y los únicos capaces de ocupar, explotar racionalmente y asegurar la soberanía de la Amazonia para los brasileños.


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