Editorial - Entreguismo y sumisión versus independencia y soberanía

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La salida de Marina Silva del Ministerio del Medio Ambiente introduce un elemento nuevo que evidencia las contradicciones que envuelven la cuestión ambiental, particularmente la referente a la Amazonia.

Dos caminos tienen representación en la gerencia FMI-PT, y ninguno de ellos atiende mínimamente a los intereses del pueblo brasileño. No garantizan la territorialidad de la floresta, con el fin de su devastación por parte del latifundio con sus pastos, soya y caña, por las madereras y las mineras transnacionales. No expulsan las ONG que levantan banderas de protección de la naturaleza y de los indios, pero que en realidad son instrumentos imperialistas. Tampoco se ocupan de la protección y reconocimiento de la autodeterminación de los pueblos originarios que habitan diferentes partes del territorio nacional. 

Marina fue fundadora del Centro de los Trabajadores de la Amazonia y su marido, conocido por portar siempre una maleta negra con dólares, hasta hoy es presidente de la entidad.

Egresa de las comunidades eclesiales de base (CEBs, de la iglesia católica) y teniendo filiación con varias de las llamadas ‘King ONG’ (las mayores entre estas organizaciones, que establecen las directrices de las hermanas menores) y que , en la práctica hace tiempo constituyeron una especie de gobierno en Acre, en la cuestión ambiental la ex ministra Marina representaba, con credibilidad y toda garantía, los intereses capitalistas, principalmente los yanquis, dentro de la gerencia del viejo estado semicolonial y semifeudal brasileño. Tal representación se traduce por el discurso conservacionista y retirada paulatina del control del Estado sobre áreas cada vez más extensas, asegurando a los imperialistas, en el presente, la más completa explotación y, en el futuro, la posesión completa. Vale recordar un hecho simbólico: después de su elección y antes de tomar pose, Luiz Inacio fue a USA y anunció a Bush tres de sus muchos ministerios. Eran las carteras llave para los intereses de los yanquis, y entre ellos estaba el nombre de Marina para el Ministerio del Medio Ambiente.

Una de las pruebas de esto es el editorial de 15 de mayo del periódico inglés The Indepent, portavoz de las clases reaccionarias del Reino Unido: "Una cosa tiene que quedar bien clara. Esta parte de Brasil es demasiado importante para ser dejada a los brasileños. Si perdemos las florestas perderemos la batalla contra el cambio climático", dice, después de criticar duramente la gerencia FMI-PT por la salida de Marina.

Entretanto, el latifundio y la gran burguesía nativa cobran de Luiz Inácio la ejecución de una tal "agenda desarrollista" que aseguraría el avance del latifundio predador y explotador por las tierras de la floresta, seguido por las empresas constructoras de hidroeléctricas y carreteras, en la saña por garantizar el abastecimiento de commodities (soya, caña, carne, etc.) y los afamados biocombustibles. Esta línea encontraba resistencia en la ministra Marina, que retardaba, a través de burocracia, la concesión de las licencias y otros protocolos para la realización de las obras y el avance rumbo al norte.

La colocación de Carlos Minc en el ministerio, aparentemente de la misma estirpe de la antecesora, esconde condiciones muy propias. Él quedó conocido por el elevado número de licencias que emitió cuando era Secretario del Medio Ambiente del Estado de Río de Janeiro, cuyo gerente es Sergio Cabral, aliado del operario-modelo del FMI. Ciertamente Minc que ya conquistó las simpatías de las tropas imperialistas, podrá ser absuelto por los amos de ultramar y continuará su práctica de licenciar proyectos dejando camino libre para la continuidad de la devastación de la Amazonia. Para este modelo, inclusive, la insospechada revista Veja se adelantó, en la edición nº 2.056, de 26 de marzo de 2008, hizo una ardorosa defensa y demostró ser urgente masacrar y expulsar los campesinos de la región, impedir nuevas ocupaciones, además de reducir las áreas indígenas a pequeños puñados de hectáreas.

Sin embargo, la línea que no se encuentra representada en la actual gerencia, como de hecho no podría, es la única capaz  de garantizar la soberanía brasileña sobre la Amazonia y acabar con cualquier interés alienígeno sobre ella. Es la que comprende que los campesinos, las poblaciones ribereñas y de los pueblos indígenas son los principales defensores, no solo de la Amazonia como de todo el territorio brasileño. Pero la falta de tal pensamiento en el Estado no impide que los propios campesinos ejecuten por sus propias manos, aquella que en el momento es la mayor tarea democrática del país: acabar con el latifundio, entregar las tierras a los que de ella necesitan, instituir nuevas relaciones de producción y desarrollar las fuerzas productivas en el campo.

Mientras que estos heroicos defensores del Brasil luchan por sus derechos, el Estado los combate y persigue, ayudados por los "humildes empleados de las haciendas", pistoleros contratados para ejecutar el trabajo sucio de exterminar los campesinos que luchan por la tierra, principalmente en la región amazónica.

Y uno de los mayores símbolos de esa persecución y masacre perpetrados por el viejo Estado de burgueses y latifundistas fue finalmente retomado por los campesinos que, ahora, prometen resistir hasta que la tierra sea cortada y distribuida entre los acampados. Estamos refiriéndonos a la Hacienda Santa Elina, que quedo conocida por las atrocidades cometidas contra los campesinos allí acampados por las fuerzas policiales de Rondonia y matones contratados por latifundistas de la región en 1995. Allí, sobre las tierras donde fueron asesinados nueve de sus compañeros, reposa un nuevo y floreciente campamento, que rápidamente se tornará tierra liberada por las manos campesinas.   

Este acontecimiento es histórico, porque revela lo cuanto están dispuestas las masas campesinas para luchar por lo que es suyo, por más difícil que sean las batallas. Si el latifundio esperaba dar una lección a los campesinos, tiene que reconocer que fue un profesor al contrario, infundiendo en aquellos hombres, mujeres y niños, el ardiente deseo de librar el Brasil del latifundio.

En este nuevo campamento están campesinos que eran niños en 1995, que vieron y sufrieron con las barbaridades cometidas contra sus padres. Gente que todavía guarda secuelas y que aún así, tomó nuevamente aquellas tierras que son de ellos. Este es el retrato de nuestro campesinado pobre y sobre él reposa la certidumbre de que todo territorio brasileño será independiente e íntegro cuando, junto con operarios y demás clases revolucionarias de este país, constituyendo una frente única, destruirá el viejo Estado y construirá un nuevo poder: La Nueva Democracia.  


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