Los 100 años del Maestro Cartola

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Modestia, sensibilidad, creatividad y honestidad son sólo algunos de los adjetivos que nos remiten al recuerdo del mayor compositor de la historia del samba y uno de los mayores de la verdadera música popular brasileña: Cartola.

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Cuando comenzó a trabajar como obrero de la construcción civil, Angenor de Oliveira se incomodaba mucho con el cimento que caía sobre sus cabellos y por eso usaba un sombrero, lo que motivó sus compañeros de trabajo a darle el apodo de Cartola (galera), que más tarde quedaría conocido por sus bellísimas composiciones, aún vivas tras tantas décadas.

Cartola nació en Río de Janeiro en 11 de octubre de 1908 y vivió hasta los 11 años en el barrio de Catete, de donde se mudó por problemas financieros. De allá, su familia siguió para el morro de la Mangueira. Antes de eso, el Maestro ya era envuelto con la música y desfilaba desde los ocho años en los bloques carnavalescos de la época.

Cartola consiguió ser un gran poeta, aunque estudió sólo hasta el primario y tuvo diversos empleos. Trabajó desde lavador de coches y portero, hasta operario de repartición pública. Aún así, por motivos de salud, tuvo que parar de trabajar, llegando al borde de la muerte. Con la ayuda de los amigos, él se recuperó y comenzó a vender los sambas que escribía. El primero de ellos fue entregue en 1927 a Francisco Alves en pago de 300 contos de réis (moneda de la época). En aquel tiempo Noel Rosa era su gran amigo, compañero, y también vendía sus composiciones.

Hasta allí, Cartola ya había sufrido una serie de dificultades, como la muerte prematura de la madre, Doña Aida, y la severidad del padre, que lo expulsó de casa a los 17 años. A partir de entonces, el refugio del Maestro se hizo en el samba y la vida bohemia.

En el tono de la Mangueira

Con el fuerte movimiento de organización de los bloques de carnaval, iniciado en la década de 20, diversas escuelas de samba comenzaron a surgir y ganar notoriedad. Surgió entonces en el barrio Estácio la escuela de samba Deixa Falar, creada por Ismael Silba, otro nombre inmortal en la historia del samba. Más tarde, el día 28 de abril de 1928, Cartola y otros siete amigos – Euclides, José Claudino (Massu), Pedro Caim (Pedro Paquetá), Heitor dos Prazeres (Mano Heitor), Saturnino Gonçalves (Satur), Abelardo da Bolinha y Zé Espinguela – reunidos en la casa de Euclídes de la Joana Velha, en nombre de todos los bloques de la Mangueira, fundan la Escuela de Samba Estación Primera de Mangueira. El nombre fue inspirado en una música de Cartola, así como los colores, verde y rosa, que también fueron escogidos por el maestro. En la grabación de una de sus músicas, Invierno de mi Tiempo, antes de versar él cuenta cómo surgió la idea.

–Quién creó ese nombre de estación primera fui yo, porque yo tenía un samba que se llamaba Sueños de Estación Primera, salve el morro de Mangueira. Y ahí quedó ese nombre: Estación Primera. Yo vine del Catete. Yo vivía en el Catete, después me cambié para Laranjeiras y allá tenían dos ranchos, el de la Alianza y el de los Arrepiados, que era verde y rosa. Por eso me gustaban los Arrepiados. Cuando vine para el morro, que fundamos la Escuela, yo me acordé de los colores verde y rosa y pedí para colocar. Ellos aceptaron, pero Carlos (Cachaça) dijo que ya tenía un rancho allá en Mangueira, de los Cazadores de la Floresta, que tenía esos colores, verde y rosa. Entonces encajó.– cuenta Cartola, que enseguida habla sobre su pasión por el samba – A mí me gusta más de hacer samba-canción porque es el estilo que yo considero bonito. No me gustan mucho de esos sambas corridos, tiene que ser una cosa muy buena. Yo también ya hice muchos, pero fui cayendo más para el lado de la canción. Yo no tengo manera para hacer otro tipo de música. El compañero mío que fue más frecuente fue Carlos Cachaça, con quien escribí más músicas– cuenta el Maestro, no olvidando de su gran amigo y concuñado, Carlos Cachaça.

En el tradicional desfile de la Plaza Once – local de los desfiles de antiguamente – en su primer carnaval la Estación Primera de Mangueira ganó con el samba Chega de Demanda, escrito por Cartola, que siguió como director de armonía de la escuela.

Entre 1949 y 1977, Cartola no desfila y se aleja de la escuela de samba por severas contradicciones con la dirección. Él decía que ella estaba siendo transformada en un reducto político y electorero y perdiendo sus raíces, por obra de esos directores y que él no tenía más convicción de su participación.

El Maestro entonces va a vivir en la Baixada Fluminense, donde su vida toma un rumbo tenebroso. Queda viudo y contrae meningitis, quedando más tarde en complicada situación de salud. Hasta que en medio de la década de 50, el cronista, escritor, compositor y profesional de radio, Sérgio Porto, encuentra Cartola en Ipanema, lavando coches en plena madrugada y resuelve incentivarlo a volver a componer sus bellas músicas, dándole, posteriormente, todo amparo necesario.

La compañera y los amigos

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En 1952, Cartola retorna al morro curado de su enfermedad y allá reencuentra una vieja amiga, también viuda, Euzébia Silba do Nacimento, la famosa Doña Zica, con quién Cartola vivió el resto de su vida. Ella era cuñada de otro grande Maestro de Mangueira, Carlos Cachaça, que más tarde se haría el mayor compañero de Cartola en la vida y en la música. Ellos escribieron y musicalizaron varios sambas juntos como Quién me ve sonriendo, Alvorada y Tiempos idos.

Al lado de Doña Zica – con quién Cartola se casó en 1964, tras doce años de relacionamiento – él también escribió diversas músicas, como Las rosas no hablan, Nosotros dos(escrita pocos días antes de la boda) y El Sol Nacerá. También en la década de 60, la pareja juntamente con dos socios, fundan el bar ZiCartola, que se transforma más tarde en un tradicional punto de encuentro de sambistas y otros enamorados por la música.

El baluarte Nelson Sargento, hijo de creación de un grande letrista y amigo de Cartola, Alfredo Portugués, contó un poco de su convivencia con Cartola, y de cuando vivía en la Mangueira, lado a lado con el Maestro.

– Yo conocí bien a Cartola y lo considero mi ídolo. Yo veía en aquella época, que yo tenía 19, 20 años y él tenía mucha música buena. En aquella época, el Cartola dividía las atenciones con Mário Reyes, Carmem Miranda, Arnaldo Amaral, entre otros. Pero él se diferenciaba por no adaptarse a aquella convivencia de ciudad, porque él era negro y había en aquella época una división artística entre compositores negros y blancos. Los blancos se separaban de los negros, que habitaban un barcito sucio y sin vergüenza allá en la plaza Tiradentes. Yl Cartola no quería sujetarse a esa separación. Pero todos los más famosos sabían que el Cartola existía, gracias a un samba grabado en 1934, llamado Divina Dama que él vendió para Francisco Alves. Orestes Barbosa escribió un libro llamado Samba. Escribió que un día todos iban a oír hablar del Cartola. Su casa era frecuentada por periodistas y muchas personas importantes, inclusive Villa Lobos. Yo ya lo había visto en la casa de Cartola muchas veces. Él escuchaba Cartola cantar y decía: está tan bonito, pero está todo errado. Mi convivencia con Cartola me hizo tener una preocupación mayor con la letra del samba. Creo que hacer samba fácil es difícil y hacer samba difícil es más fácil – cuenta el compositor.

Grande sambista, Ataulpho Alves Júnior, cuenta que aprendió con su padre, el fallecido Ataulpho – que también grabó músicas del Maestro – a apreciar las poesías de Cartola, de quién Ataulphinho es ídolo desde los tiempos de niño.

– Cartola era muy amigo de mi padre y yo tenía mucho respeto por él. Cuando yo era niño me quedaba sólo mirándolo de lejos. Me gusta mucho de la obra de Cartola. Yo canto muchos sambas de él, como Las rosas no hablan. Existía una música de él con otro compositor, que yo fui descubrir que mi padre grabó en la época y después Paulinho da Viola grabó de nuevo. En aquella época de 78 rotaciones. Yo no puedo vivir sin ella, de Cartola. Pero yo era muy chico en aquella época. Yo le decía -Hola, como va usted, todo bien??. Y él ya era de edad. Ahora Nelson Cavaquinho, yo y un amigo mío, nosotros cargábamos la guitarra de Cartola y todo, sólo para quedar del lado de él. Yo frecuentaba mucho la Mangueira, yo iba a tomar allí aquella sopa después el ensayo. Mi padre y el Cartola eran muy unidos– cuenta Ataulpho Junior.

Adiós Cartola

Aún habiendo sido uno de los mayores poetas, no sólo del samba como de la música popular brasileña, Cartola fue una gran víctima de la misma explotación que padece el pueblo brasileño. Angenor de Oliveira murió muy pobre, viviendo en un pequeño piso, que fue donado a él por la prefectura.

Las músicas de Cartola ya fueron grabadas por diversos artistas de los más variados estilos y regiones. Entre ellos, Beth Carvalho, Chico Buarque, Marisa Monte, Paulinho da Viola, Fagner, Gal Costa y muchos otros.

A pesar de eso, Cartola grabó su primer disco solamente en 1974, Cartola, producido por uno de los mayores productores y promotores de la cultura nacional, Marcus Pereira. En la época el Maestro ya andaba con 65 años. En 30 de noviembre de 1980, sólo seis meses después la grabación de su primer disco, se borró la llama de la vida de Angenor de Olivo, legítimo hijo del pueblo brasileño, a quien regaló con algunas de las más bellas canciones ya creadas.

Sus sambas hasta hoy son cantados en bares y ruedas de samba por todo Brasil. Cien años tras su nacimiento, Cartola merece estar más de que vivo en la boca de los obreros, campesinos, estudiantes y los que luchan por una cultura realmente popular y democrática.

Feijoada y mucho samba en los 100 años de Cartola

La cuadra de la Mangueira quedó pequeña el día en que Cartola completaría 100 años. Aquel bello sábado de sol, más de cinco mil personas comparecieron a la cuadra de la escuela para la fiesta, que comenzó por la mañana y sólo acabó en el fin de la tarde, regada con mucho samba y una deliciosa feijoada, todo preparado por la propia comunidad.

El sonido, con un repertorio de Cartola, quedó a cargo de Renatinho Partideiro y los grupos Nación Mangueirense, Tambor de Minas y Lazo Fuerte. La voz del baluarte Nelson Sargento, de las cantantes Rosemary, Dorina y Margarete Mendes, además del compositor Daniel Pereira, también marcaron la conmemoración. Enseguida la escuela infantil Mangueira del Mañana hizo una bella presentación bajo la voz del intérprete oficial de la escuela, Luizito.

La pareja de mestre-sala y portabandera, las pasistas y las baianas también entraron en la cuadra al final de la fiesta y dieron un show de arte y danza para el público presente. La conmemoración no podría ser mejor y como decía Cartola “He de tener alguien para llorar por mí, a través de un pandero y de un tamborín”.

El color de la esperanza

Cartola
Composición: Cartola/Roberto Nacimento

Mañana,
La tristeza va a transformarse en alegría,
Y el sol va a brillar en el cielo de un nuevo día,
Vamos a salir por las calles, por las calles de la ciudad,
Pecho abierto,
Cara al sol de la felicidad.
Y en el canto de amor así,
Siempre van a surgir en mí, nuevas fantasías,
Siento vibrando en el aire,
Y sé que no es vana, el color de la esperanza,
La esperanza del mañana.

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