Los fundamentos de la actual crisis del capitalismo

A- A A+

El momento actual de crisis del capitalismo debe ser entendido en toda su dimensión. Primero es preciso destacar que las crisis en el capitalismo son cíclicas, sin embargo vivimos en el imperialismo, fase superior y particular del capitalismo, que se caracteriza por ser monopolista, parasitaria y en descomposición, además de ser también capitalismo agonizante, como bien definió Lenin.

http://www.anovademocracia.com.br/48/5.jpg

En el imperialismo, el dominio del capital financiero se extendió a todos los sectores de la economía, y además de la exportación de mercancías, realiza también la exportación de capitales. Esa búsqueda insana por el dominio de los mercados por los monopolios ya hizo con que se procesara el reparto y sub-reparto del mundo entre los países imperialistas y sus monopolios. Eso hizo con que el mundo fuese dividido en un puñado de naciones desarrolladas y opresoras y una gran mayoría de naciones oprimidas. En el imperialismo, la guerra es una necesidad, sea para dirimir contradicciones interimperialistas, sea para avanzar en la política colonial, provocando nuevo reparto del mundo y obligando a que toda la sociedad sea conducida a la extrema militarización.

La historia de las crisis cíclicas del capitalismo es la historia de la explotación del proletariado. Es en ella que vamos a encontrar la esencia de toda una variedad de apariencias a través de las cuales los economistas burgueses intentan camuflar las crisis del capitalismo. Últimamente las crisis han sido explicadas a través del surgimiento de burbujas. Así tuvimos la burbuja de las empresas PontoCom y, ahora, la burbuja de las hipotecas. Otra moda entre los economistas burgueses y que ha tenido mucho eco en los monopolios de comunicación es la separación entre una economía virtual y una economía real. De inicio hay toda una hinchada para la crisis de la economía virtual no alcanzar la economía real, enseguida, viene la "triste" constatación que la crisis es una sola.

La distinción fundamental entre los economistas burgueses de todos los matices y la economía marxista es la de que, para los primeros, la crisis es un fenómeno externo al capitalismo, una anomalía como, por ejemplo, una catástrofe, un fenómeno especulativo etc., ya Marx demostró cabalmente que la crisis ya está presente en su unidad fundamental, la mercancía (cada mercancía contiene capital constante, capital variable y plusvalía). Y, por lo tanto, el consumo de la plusvalía como excepción o su reintroducción en el proceso productivo configura potencial de la crisis de superproducción. Inclusive, las bases aún no totalmente desarrolladas y explicadas de forma científica estaban ya presentes en los análisis de los economistas burgueses Smith y Ricardo.

No hay solución para la crisis

También ha sido parte de la historia del desarrollo capitalista el hecho de que la solución temporal de una crisis engendra de forma potenciada una nueva crisis.

Así, con el estallido de la burbuja de las empresas PontoCom y la amenaza de una recesión hubo la necesidad de bajar los intereses y colocar dinero barato en las manos de los consumidores. ¿Para qué? Para que estos consumidores pudieran adquirir toda una parafernalia de mercancías estocadas en la industria (y también el sector de servicios) que necesitaban ser descargados para que la industria pudiera continuar a producir y, así, proporcionar al capitalista su meta esencial, o sea, la obtención del logro a través de la extracción de plusvalía de la fuerza de trabajo.

Veamos, por ejemplo, la crisis que está en curso, sobre la cual ha sido atribuida a los bancos la irresponsabilidad de haber creado derivativos de papeles hipotecarios, decuplicando virtualmente sus valores. Estos son las señales aparentes de la crisis y fueron las primeras a aparecer en los titulares de la prensa de los monopolios. Luego, con la profundización de la crisis, su esencia comienza a surgir de cuerpo entero: en el USA, la Chrysler, la Ford y la GM van al congreso pedir un socorro de 50 mil millones de dólares para evitar la quiebra de las mayores montadoras del imperialismo yanqui; en Brasil, los pelegos encastillados en las centrales sindicales oportunistas se juntan al patronato para reivindicar del gobierno un socorro al imperialismo, liberando dinero para los bancos de las montadoras. Montadoras que ya comenzaron a dar vacaciones colectivas y colocar en práctica los mal afamados PDV (programa de despido voluntario), para no aumentar más aún los stocks.

Es importante que ilustremos aquí el carácter anárquico de la producción capitalista con el caso de la Volkswagen: en 12 de septiembre su presidente mundial vino a Brasil para inaugurar el tercer turno de producción de la empresa en Resende-RJ y ya a finales de octubre las montadoras anuncian una caída superior a 11% en sus ventas y ya gritan por socorro. El capitalismo es eso también, él es víctima de si propio. Sin embargo, como es una unidad entre capital y trabajo, arrastra consigo las masas trabajadoras para sus catástrofes. Su virtud de desarrollar impetuosamente las fuerzas productivas es, también, su desgracia.

Lo que está en el centro de la esencia de las crisis capitalistas, en realidad, es el binomio formado por la ley de la caída tendencial de la tasa de logro y la superproducción relativa.

Al promover toda una serie de modificaciones en el proceso productivo, sea introduciendo máquinas más modernas y promoviendo la racionalización de los procedimientos, el capitalista emplea relativamente menos fuerza de trabajo y por consecuencia extrae menos plusvalía, reduciendo su logro por unidad producida. La reducción del logro por unidad producida es compensada por la elevación de la cantidad de unidades producidas que, al final, por la elevación del volumen de ventas, aumentará el logro total del capitalista. En El Capital Marx ya explicaba de forma clara y simple esta contradicción del capitalismo:

"La tendencia gradual, para caer, de la tasa general de logro es, por lo tanto sólo la expresión, peculiar al modo de producción capitalista, del progreso de la productividad social del trabajo. La tasa de logro puede, ciertamente, caer en virtud de otras causas de naturaleza temporal, pero quedó demostrado que es de la esencia del modo capitalista de producción, constituyendo necesidad evidente, que, al desarrollarse él, la tasa media general de la plusvalía tenga que expresarse en tasa general cadente de logro. La masa de trabajo vivo empleado decrece siempre en relación a la masa de trabajo materializado que pone en movimiento, a la masa de los medios de producción productivamente consumidos, deduciéndose de esto que la parte no-pagada del trabajo vivo, la cual se concretiza en plusvalía, debe continuamente decrecer en relación al montante de valor del capital global aplicado. Pero, esa relación entre la masa de plusvalía y el valor de todo el capital aplicado constituye la tasa de logro, que por consecuencia tiene que ir disminuyendo."

Y, continuando la explicitación de la contradicción, afirma: "Fenómeno decurrente de la naturaleza del modo capitalista de producción: aumentando la productividad del trabajo, disminuye el precio de cada mercancía o de cada cantidad de mercancía, se multiplica el número de mercancías, se reducen la masa de logro por mercancía aislada y la tasa de logro relativa a la totalidad de las mercancías. En la superficie este fenómeno muestra solamente: caída de la masa de logro por cada mercancía, caída de su precio, aumento de la masa de logro correspondiente a la totalidad aumentada de las mercancías que produce todo el capital de la sociedad o aún el capitalista aislado. Se percibe entonces que el capitalista, por ser esta su libre y espontánea voluntad, reduce el logro por unidad, pero se compensa por el mayor número de mercancías que produce. Esa idea reposa sobre la concepción del logro como consecuencia de la venta (profit upon alienation I), la cual por su parte tiene origen en el prisma del capital mercantil". (El Capital, libro III, parte III)

Para ganar más en el volumen de ventas el capitalista necesita aumentar cada vez más la producción que por su parte crece en una proporción mayor de que la cantidad de personas con recursos para las adquirirlas. Esto porque, con la disminución del empleo del trabajo vivo, un número cada vez más pequeño de trabajadores participa del proceso productivo, aumentando el desempleo y por consecuencia disminuyendo el poder adquisitivo de la población. El capitalista, entonces, recurre al crédito y lo estira hasta acontecer el "estallido de la burbuja" como ocurrió con las hipotecas en el USA y con las financiaciones de vehículos en hasta 96 meses en Brasil (destacando que aquí ya se buscó interrumpir el proceso). Ahí viene la crisis.

Marx pregunta – y ya responde – como el capitalismo podrá salir de sus embrollos: "¿Cómo se resolvería ese conflicto y como se restablecerían las condiciones correspondientes al movimiento "saludable" de la producción capitalista? La manera de resolverlo ya está contenida en el mero enunciado del conflicto que se trata de superar. Ella implica que capital sea puesto en la ociosidad y aún parcialmente destruido, hasta el montante del valor de todo el capital adicional DC o de, por lo menos, parte de él. No obstante, conforme ya resalta de lo que venimos sobre el conflicto, la repartición de esas pérdidas no se hace de manera uniforme por los capitales particulares, siendo decidida en la lucha de la competencia. En esa lucha, las pérdidas se distribuyen de manera bien desigual y de forma bien diversa, según las ventajas particulares de cada uno o las posiciones ya conquistadas, y de ese modo un capital es puesto en ociosidad, otro es destruido, un tercero tiene solamente pérdida relativa o experimenta sólo depreciación pasajera, etc." (El Capital, libro III, parte III)

La crisis actual, de la cual somos testigos oculares, que está siendo considerada la mayor de todas las crisis es la confirmación patente del análisis de Marx en El Capital. En el USA, hasta el inicio de noviembre, ya habían quebrado 19 bancos y, como vemos, el socorro a ellos se dio de forma diversificada con algunos siendo más ayudados de que otros. En Brasil, la fusión entre los grandes bancos ya provocó una concentración monopólica de cerca de 75% del sector, en las manos de los cinco mayores bancos. De repente desaparece el crédito fácil, el comercio paraliza, se abarrotan los depósitos de mercancías, aumenta el desempleo, la miseria y el hambre.

Siempre que hablemos en superproducción tendremos que llevar en consideración su carácter relativo. Al observador superficial puede parecer confuso haber una superproducción y a la vez, miseria y hambre. Más una vez Marx tira en el blanco al enfocar esta contradicción: "No se producen medios de subsistencia demás en relación a la población existente. Al contrario, lo que se produce es muy poco para satisfacer, de manera adecuada y humana a la masa de la población. No se producen medios de producción en exceso para emplear la parte de la población apta para el trabajo. Al contrario. Primero, porción demasiada de la población es producida en condiciones de invalidez práctica, y depende, por las circunstancias que la cercan, de la explotación del trabajo ajeno, o de trabajos que sólo pueden pasar por tales, en un modo miserable de producción. Segundo, no se producen medios de producción suficientes para toda la población apta al trabajo funcionar en las condiciones más productivas, para reducirse, por lo tanto, el tiempo absoluto de trabajo con el volumen y la eficacia del capital constante empleado durante la jornada." (El Capital, libro III, parte III)

Esta es la prueba cabal de la incapacidad del capitalismo de ser una solución para la humanidad. Sin embargo, esta no será su última crisis. Así como el desmantelamiento de la ex-Unión Soviética (y hay que resaltar que desde el final de los años de 1950 la URSS no era más socialista y que su desmoronamiento en 1989/90 no fue resultante de la "crisis del socialismo" como se hizo creer, pero sí producto de la crisis del capitalismo burocrático allí desarrollado, en los marcos de la crisis general del sistema capitalista mundial), y su incorporación completa al mercado capitalista mundial, así como de la entrada de China en la OMC con su consecuente exposición al imperialismo, dieron una sobrevida al capitalismo. Y más, las guerras en marcha y otras que él promoverá, ciertamente encontrarán nichos de mercado para ser dominados por la insaciable bestia. Por otro lado, aquellos que testifican y sufren en la carne los efectos de la crisis y la tentativa de su superación por el propio imperialismo, aprenden con la crisis y se levantan y, quebrando todos los grilletes que los mantienen prendidos a la vieja orden, comienzan a encender las llamas que quemarán el caduco sistema, abriendo pasaje para el socialismo y el comunismo, iniciando la verdadera Historia de la humanidad.

De aquí que extrajo Lenin con su análisis del imperialismo y de su caracterización como fase superior del capitalismo, resalta que es también fase particular. Mostró sus tres particularidades: que es capitalismo monopolista, parasitario y en descomposición y capitalismo agonizante. Cuánto a las dos primeras no hay nadie con un mínimo de lucidez que pueda refutarlo. Afirma que para solucionar sus crisis de grandes proporciones el imperialismo sólo tiene salida en la guerra imperialista de reparto entre las potencias y de rapiña sobre el resto del mundo. Mao Tsetung profundizó Lenin y mostró que la ley del imperialismo es "crear disturbios y fracasar, volver a crear disturbios y fracasar nuevamente..." Quiere decir que el imperialismo no sucumbirá por cuenta de sus crisis, necesita ser derrumbado y destruido como modo de producción históricamente superado por la fuerza organizada de los explorados y oprimidos.

Lo que Lenin acentuó con la tercera particularidad del imperialismo, la agonizante, es que él prepara la sociedad para una nueva y superior forma de su organización. Frente a la crisis colosal del capitalismo o es guerra imperialista o revolución, barbarie o socialismo. Mao Tsetung dijo: "O la revolución conjura la guerra imperialista o la guerra imperialista atiza la revolución".

Traducciones: Este endereço de email está sendo protegido de spambots. Você precisa do JavaScript ativado para vê-lo.

NÃO SAIA AINDA… O jornal A Nova Democracia, nos seus mais de 18 anos de existência, manteve sua independência inalterada, denunciando e desmascarando o governo reacionário de FHC, oportunista do PT e agora, mais do que nunca, fazendo-o em meio à instauração do governo militar de fato surgido do golpe militar em curso, que através de uma análise científica prevíamos desde 2017.

Em todo esse tempo lutamos e trouxemos às claras as entranhas e maquinações do velho Estado brasileiro e das suas classes dominantes lacaias do imperialismo, em particular a atuação vil do latifúndio em nosso país.

Nunca recebemos um centavo de bancos ou partidos eleitoreiros. Todo nosso financiamento sempre partiu do apoio de nossos leitores, colaboradores e entusiastas da imprensa popular e democrática. Nesse contexto em que as lutas populares tendem a tomar novas proporções é mais do que nunca necessário e decisivo o seu apoio.

Se você acredita na Revolução Brasileira, apoie a imprensa que a ela serve - Clique Aqui

Edição impressa

Endereços

Jornal A Nova Democracia
Editora Aimberê

Avenida Rio Branco 257, SL 1308 
Centro - Rio de Janeiro - RJ
Tel.: (21) 2256-6303
E-mail: [email protected]

Comitê de apoio em Belo Horizonte
Rua Tamoios nº 900 sala 7
Tel.: (31) 3656-0850

Comitê de Apoio em São Paulo
Rua Silveira Martins 133 conj. 22 - Centro
Reuniões semanais de apoiadores
toda segunda-feira, às 18:45

Seja um apoiador você também:
https://www.catarse.me/apoieoand

Expediente

Diretor Geral 
Fausto Arruda

Editor-chefe 
Fausto Arruda

Conselho Editorial 
Alípio de Freitas (In memoriam)
Fausto Arruda
José Maria Galhasi de Oliveira
José Ramos Tinhorão 
Henrique Júdice
Hugo RC Souza
Matheus Magioli Cossa
Montezuma Cruz
Paulo Amaral 
Rosana Bond

Redação 
Ana Lúcia Nunes
Rodrigo Duarte Baptista
Vinícios Oliveira

Ilustração
Taís Souza