Y la lanza se hizo guitarra

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No hace mucho tiempo — cuenta Rose Ortaça — , se creía no existir más indios guaranís en Río Grande do Sul. Fue la voz de su marido Pedro, en De guerrero a payador (compuesta con Vaine Darde), que llamó la atención de investigadores de la USP para la falsedad de esa idea.

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Pedro Ortaça, à esquerda, apresenta seu DVD ao repórter de AND

Ese episodio resume el lugar de Pedro Ortaça, último de los troncos misioneros, en el escenario cultural gaucho. Más de que un gran artista — condición reconocida hoy hasta por sus adversarios ideológicos — , Pedro, nacido en Pontão de Santa Maria, interior de São Luiz Gonzaga, es la personificación de la identidad histórico-cultural de las Misiones. Y es, por eso aún, un artista universal, en aquella lección de Tolstoi que él, en los versos que declama al iniciar sus presentaciones, enuncia así:

me llamo Pedro Ortaça,
nacido allá en el Pontão.
Siempre canté mi tierra
con raza, fibra y garrón.
Quiera Dios que yo cruce el mundo
sin nunca negar mi suelo."

Pedro y su familia recibieron el reportaje de AND paraun encuentro posibilitado gracias a Guilherme Bonotto Behr, de Santiago, también en las Misiones. En una conversación informal que precedió la entrevista abajo, los Ortaça hablaron sobre su vida, su arte y sus convicciones.

Ellos tienen como preocupación permanente la preservación de la historia y del legado de la República Guaraní. "Esa historia fue escondida durante muchos años" — dice Pedro. Su hijo Gabriel (también músico, así como los hermanos Alberto y Marianita) narra un hecho emblemático de esa tentativa de barrer la memoria de las Misiones: "Aquí en São Luiz, en la década de 1920, un alcalde mandó demoler un colegio construido por los guaranís en la época de las reducciones, alegando que allí había murciélagos".

Con su arte, Pedro y los otros troncos misioneros contribuyeron decisivamente para impedir que esa historia fuera borrada. Hoy, lo que resta de la reducción de San Miguel es reconocido por la Unesco como patrimonio de la humanidad. Pedro Ortaça, sin embargo, no considera concluida la lucha: se preocupa, especialmente, con la situación de los pueblos indígenas, "verdaderos dueños de la tierra", como le gusta resaltar. Usando su prestigio, consiguió, hace aproximadamente diez años, que el entonces gobernador Olívio Dutra demarcase 240 hectáreas de tierra para los remanecientes guaranís de São Miguel. Pero aún es poco: "los indios están limosneando, no reciben ningún apoyo" — denuncia.

El apego a la historia de las misiones es complementado por la reverencia a los valores asociados a la figura del gaucho y por un bravo sentimiento antiimperialista. "El gaucho también luchó por una causa y fue perseguido. Él fue usado y después destruido por las partes dominantes" — dice Pedro. "El gaucho tiene el ideal de libertad, le gusta el campo abierto" — añade Gabriel. "Por eso — completa Pedro — , cuando yo digo (N del A: en Guasca, también compuesta con Vaine Darde) que yo nunca ‘pedí bexiga’* para patrón ni pará milico, no es ofensa; es que realmente nunca pedí".

Esa celebración de la historia de los que luchan por su libertad tiene como más reciente manifestación Quilombo de las Lucía, compuesta con Júlio Fontela y presente en el disco Patria Colorada. En esa música, Pedro rescata la historia de un quilombo que existió en Santo Antônio das Missões (aún hoy, hay quién sostenga que no había negros en Rio Grande do Sul).

Colocando la guitarra al servicio de las mismas causas por las cuales luchaban, con sus lanzas, los combatientes liderados por Sepé Tiaraju en las guerras guaranís, Pedro Ortaça perpetúa la historia y el legado de aquellas luchas, como muestra en la entrevista abajo. Antes, de pasar a ella, vale transmitir el recado que él, enfáticamente, reiteró al despedirse del reportaje de AND:

Yo nunca ‘pedí bexiga’* pará patrón ni pará milico.

¿Qué hacía usted antes de ser músico? ¿Como la música surgió en su vida?

Desde pequeño, siempre me gustó la música. Siempre me gustó cantar! Cuando mi padre participaba de los bailes, tocando junto con mi madre en los bailes de familia (bailantas missioneiras) que los vecinos hacían en las casas o en los bolichos, yo iba junto y me quedaba espiando. ¡Me quedaba admirado de ver los músicos tocando y la gente bailando! Crecí oyendo músicos autodidactas tocando — en bailes, bodas, bautizados y canchas de carreras. Como procedía de familia de pocos recursos financieros (o casi nada), trabajaba haciendo changa. (N del A: en el noroeste del Río Grande del Sur, transporte de carga). De hecho, cuento la vida de changuero en una de mis músicas, Coquié Balsa (Cargador). Corté arroz con hoz en labranzas ajenas por poco o casi nada. Pero, cuando la noche llegaba, me agarraba a la guitarra, inclusive prestada. Aprendí las músicas de la época, pasé por muchos ritmos que eran tocados y yo aprendía oyendo en las pocas radios y las tocaba de oído, sin ni conocer notas o los nombres que ellas tenían. Hasta que, en cierto momento, Tupã o el destino nos colocó codo con codo: yo, Jayme Caetano Braun, Noel Guarany y Cenair Maicá. En las largas conversaciones en mi galpón, donde vivía — y continuo aquí en el lugar donde vivo con mi familia, juntitos en nuestro rancho: es el lugar donde guardo memorias, recordaciones y donde más a uno le gusta quedarse, a veces haciendo músicas, otras recibiendo amigos que vienen de varias partes de Brasil. Claro... cuando no estoy en la carretera haciendo shows, es un volver constante para mi tierra de donde en pensamiento no salgo jamás. Es aquí mi suelo, mi verdad, mis raíces, mi historia, mi vieja São Luiz Gonzaga, tierra roja que se mezcla a la sangre de los que aquí nacen y no se apartan de ella aún lejos! Volviendo al asunto: yo, Jayme, Noel y Cenair, cada cual con su estilo propio y hoy considerados en las universidades como cuatro escuelas de la música misionera, resolvimos crear un estilo que definiera el cantar del pueblo de nuestra región, el canto misionero, que identificara esa región y contara su historia. Un estilo propio para nuestra región misionera.

Usted y sus compañeros siempre reivindicaron de manera muy fuerte la identidad misionera, inclusive en una época en que nadie hacía eso. ¿Cómo surgió la idea y por qué resolvieron levantar esa bandera?


La idea de crear un canto que mostrara al mundo la belleza de nuestra cultura, hasta entonces sepultada y olvidada, surgió del encuentro espontáneo de Jayme Caetano Braun, Noel Guarani, Cenair Maicá y Pedro Ortaça. Pensábamos igual en relación a las Misiones y los cuatro teníamos conciencia de su grandiosidad. Resolvimos hablar de esa cultura en versos, payadas y música. Y surgió entonces una nueva identidad musical en RS y en Brasil, que registraba la cultura de un pueblo de más de trescientos años de historia y un legado cultural y social enorme. Enfrentamos muchas barreras y aún continuamos enfrentando, porque a muchas personas no les gusta oír verdades, prefieren la fantasía de la mentira. Pero mientras más nos atacaban y nos criticaban, más ganas de cantar y continuar teníamos. Cantar las injusticias cometidas contra un pueblo que era dueño de todo y fue masacrado y robado y aún hoy continúa sin justicia, perdido en las carreteras o en las calzadas de las grandes ciudades. Sin una política que lo ampare de hecho y de derecho, ¡perdiendo incluso su identidad cultural! Ese fue y será el motivo mayor de nuestro canto, que es de amor a esa tierra colorada y su gente. Una región culturalmente rica y económicamente desprotegida. A través de nuestro canto, el pueblo fue conociendo la verdadera historia del pueblo misionero, pueblo de quien fueron robados las tierras, el gado, las riquezas. Mataron, viejos, jóvenes y niños en un exterminio bárbaro. Pero no consiguieron silenciar la voz de la verdad, que era oída y esparramada por el viento de poblado en poblado, como si fuese un lamento. ¡No consiguieron borrar su historia de luchas, fraternidad y amor a ese suelo colorado!

El rescate de la identidad cultural misionera puede ser comparado al movimiento de revalorización del gaucho iniciado anteriormente por el Movimiento Tradicionalista. Sin embargo, al reivindicar la historia de las Misiones, ustedes llamaron la atención para algo que contrastaba con la imagen del gaucho adoptada en MTG, más conectada a la historia de la frontera suroeste. Hubo algunos choques con el movimiento a causa de eso, ¿no? ¿Cómo es su relación con  MTG actualmente?


Los tiempos están cambiados. Nuestra música, en el comienzo, fue muy combatida porque cantábamos la verdadera historia de un pueblo y a muchos señores no le agradaba. Pero después de mucho tiempo, comenzamos a ser llamados para tocar en los CTG, comenzaron a entender nuestro cantar, que denunciaba las injusticias cometidas y el descaso con nuestra cultura. El MTG es un movimiento surgido al servicio de la preservación de nuestra identidad más pura, la tradición de un pueblo (pueblo gaucho) que pasa de padres para hijos; nosotros, cuatro misioneros comprometidos en la lucha por el reconocimiento de una cultura propia de la región misionera, donde el Rio Grande nació. Con el canto misionero definimos la identidad de nuestra región, contando su verdadera historia de lucha, fuerza y superación. Pasamos a ser admirados por otras regiones, estados y países. Hasta en Francia mi música sirvió de tesis para Caroline Paroux (N del A: instrumentista francesa. La tesis a que Pedro se refiere valió a ella el título de doctora en musicología por la Universidad de París VIII). Nuestro canto habla del pasado y hace una proyección para el futuro.  El MTG es un movimiento tradicional que está siempre intentado preservar costumbres y la tradición del pueblo gaucho. Y los cuatro troncos misioneros, en nuestro modo y manera de cantar, rescatamos una cultura de más de 300 años de historia. Nuestro canto surgió como una manera de contestar, opinar, denunciar las injusticias sociales y culturales y a la vez encantar. Autodidactas, hacíamos músicas que brotaban del alma como un hilo de agua brota de las entrañas de la tierra.

¿Ya se presentaron para los indios? ¿Cómo es su relación con ellos?

Ya me presenté varias veces para ellos y por ellos, pues siempre que lanzo un CD o DVD, lo que es recaudado en el show es repasado a los indios. Ya hice varios lanzamientos para ellos. ¡Y lo más importante es el llamamiento para que otras personas miren por ellos, que continúan discriminados! Pues no encuentro explicación para tanto descaso, los veo aumentando las filas de los excluidos en este país tan rico y continente. Mi relación con ellos es de alguien que sueña verlos en una situación de respeto por lo que fueron y lo que son: verdaderos dueños de la tierra.

¿Cómo siente la receptividad de la población de las Misiones a su trabajo? ¿Cree que la población valora la identidad misionera?

Brasil y el mundo reconocen ahora el valor de la cultura misionera, su canto, sus raíces, su patrimonio universal de la Humanidad. Pero tiene que continuar a ser divulgado. Ahora la región misionera se enorgullece de la riqueza cultural que posee y por años permaneció en el olvido. Y deberían enorgullecerse cada vez más de su historia, pues tenemos una cultura propia.

¿Usted encaminó Alberto, Marianita y Gabriel para la música o esa vocación surgió naturalmente?

Siempre llevé, cuando fue posible, a Rose y mis hijos para asistir mis shows. Ellos (Alberto, Gabriel y Marianita) se crearon en medio a escenarios, artistas, músicos y público. Aprendieron a gustar y fui esparramando instrumentos musicales por nuestra casa: gaita, guitarras, bombo. Ellos arrastraban en el comienzo los instrumentos y ni podían con el peso de los mismos, pero, de repente, fueron creciendo y haciendo sus opciones. Alberto escogió bombo, guitarra y canto; Marianita, bombo, gaita y canto; Gabriel Ortaça, gaita, guitarra y voz. Los chicos ya andan con 3 CDS grabados y Gabriel está terminando el cuarto CD para entrar en estudio y grabar. Tendrá la participación de Beto, que aún está recuperándose de un grave accidente pero está — gracias a Dios — muy bien. Marianita también formará parte del nuevo CD. Y el mío también está para salir: serán 19 trabajos entre discos, CDS y el DVD Pedro Ortaça. Adoro estar en el palco junto a mis hijos, unidos por un mismo ideal, amor a la tierra donde nacimos.

Licença pra um missioneiro
Pedro Ortaça
Declamado
"Seu gringo, faça silêncio:
vai cantar um missioneiro.
E prá não dar entrevero
e o baile ficar suspenso,
pode guardar seu dinheiro
que eu vou falar o que penso!"

Cantado
Lá da América do Norte,
se vieram para os confins
trazendo a fome e a morte
— muito pior que graxaim.
E hoje, por toda parte,
mudam tintim por tintim:
palheiro tem fumo "light"
e a bombacha virou "jeans".

Seu gringo, não perca o entono,
pois mate não é café
e o cepo nunca foi trono
de misterzinho qualquer.
Por isto, não perca o sono
e pode ir dando no pé
porque esta terra tem dono
desde os tempos de Sepé.
Trazem o povo a cabresto
pela tal televisão.
A ganância não tem preço
nessa maldita invasão.
Viram o mundo do avesso:
pesticida, poluição...
E se dizendo o progresso,
querem tomar o galpão.

A evolução sem limites
é que arrebenta a represa,
levando tudo que existe
na força da correnteza.
Onde o Tio Sam dá palpite,
não resta pão sobre a mesa,
pois nenhum povo resiste
à morte da natureza.

Há muito sobem a rampa
tapados de cerimônias.
Nossa conta virou trampa
sem a menor parcimônia.
A mesma história se acampa
onde a gringada se adona:
estão com um pé na pampa
e as duas mãos no Amazonas.

Quilombo das Luzia
Pedro Ortaça e Julio Fontela
Raça negra dominando,
na Vila Treze existia:
carvão na pele curtida,
brasa no olho que ardia
e a liberdade na alma
no quilombo das Luzia.

Africanos quase puros,
uma clã de raça brava.
Depois que estanha os olhos
ou quando afrouxa a baba
ficam pior que temporal
quando com fúria desaba.

Certa feita, a autoridade
quis prender as negras Luzia.
Vieram os ratos e os baios,
mais o povo que podia
e o quilombo pegou fogo,
e o chão de medo tremia.
Peleavam se conversando,
cortejando no facão.
Não gostavam dos de farda,
dos paisanos também não.
E a cada estouro das negras,
um branco beijava o chão.

Enquanto a briga crescia,
que cerrava a polvadeira,
as Luzia davam laço
com panela e com chaleira
e até os negrinhos de colo
davam pau com as mamadeiras.

A negra fúria guerreira
não se dobra ao opressor:
enfrentam de alma aberta
o chicote e o feitor.
Quem nasceu para ser livre,
de pouco interessa a cor.

De Guerreiro a Payador
Pedro Ortaça e Vaine Darde
Sou o que os historiadores
procuram lá nas ruínas.
Mas não sabem os doutores
que esta saga não termina;
que ainda restam descendentes
da terra dos sete santos
e o passado está presente
em tudo aquilo que canto.

Não sabem que a esses escombros
ainda sirvo de escora
e que carrego no ombros
trezentos anos de história.

Podem pensar que sou louco,
mas eu comprovo na estampa
o que hoje somos poucos:
os fósseis vivos da pampa.

Sou filho dos sete povos,
tenho o sangue de Sepé
e tudo que digo, provo
com juramento de fé.

O meu legado é tanto,
nem carece explicações
— e até no canto que canto,
ecoa a voz das Missões.

Guarani fui batizado
e ora pago minhas penas
sob o símbolo sagrado
da velha cruz de Lorena.
Porém, não sabe o que narra
a história do vencedor;
que a lança fez-se guitarra
e o guerreiro payador.

Pra manter viva a memória,
as pedras ganharam nome
e transformaram em história
o que resta desses homens,
pois mais vale a carcaça
de um templo quase no chão
que os descendentes da raça
que vagam changueando pão.

*Pedír bexiga = ser chupamedias
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