Reforma política: la panacea para salvar la vieja democracia brasileña

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El senador Cristovam Buarque creó una verdadera controversia en el Congreso Nacional al proponer una consulta a la población sobre la continuidad de la existencia del mismo. Frente a la avalancha de escándalos que ha hecho rebosar las páginas políticas y policíacas y colmado la paciencia de nuestro pueblo, la propuesta del senador, en busca de publicidad, estremeció las dos casas del legislativo federal. No faltaron las acusaciones de golpismo y los inflamados discursos en defensa de la democracia brasileña. Sin embargo, tal conmoción no puede causar espanto o sorpresa alguna, viniendo de la parte de quien usa y abusa del pueblo, que sólo lo reconoce en los periodos electorales — en realidad lo desprecia — pero que en lo hondo aún lo teme. 

 

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El pueblo brasileño, aún sometido por la obligatoriedad del voto a un proceso electoral falaz y corrupto, siendo sistemáticamente constreñido, instigado y chantajeado todo el tiempo por las campañas de la Justicia Electoral y de los monopolios de prensa como el responsable por el vergonzoso desempeño de los electos, viene rechazándolo crecientemente. A este carcomido modelo "representativo", parcelas significativas de nuestro pueblo vienen danto clara respuesta absteniéndose de votar, anulando su voto o votando en blanco e incluso rasgando sus títulos electorales.

La utopía del "Congreso en Foco"

El sitio del internet "Congreso en Foco" ganó bastante notoriedad en este inicio de año por realizar denuncias, principalmente sobre la llamada "farra de los pasajes aéreos". En editorial él hizo la defensa del Congreso delante de la acusación de querer cerrarlo, afirmando que "Defendemos con uñas y dientes la existencia del Congreso, con la plena garantía de sus prerrogativas constitucionales. Luchamos por un Parlamento fuerte. Pero, sí, queremos un Congreso mucho mejor de que el actual o del que los inmediatamente predecesores. Un Congreso que tenga compromiso con la nación, jamás con intereses más pequeños de parlamentarios, asesores, amigos o parientes que pierden la noción del límite de los privilegios que la población considera aceptable."

Veamos entonces lo que quieren los laboriosos periodistas del "Congreso en Foco": "un Congreso mucho mejor de que el actual... que haya compromiso con la nación". Por la misma razón que constatan que, históricamente, este congreso no se diferencia mucho de sus antecesores también lo mismo será con los próximos mientras perdurar esta vieja democracia de grandes burgueses y latifundistas serviciales del imperialismo, principalmente el yanqui. No entender esto consiste en su utopía, con la cual no consiguen ver justamente por encontrarse, ellos mismos, dentro del pantano de la democracia burguesa.

El "Congreso en Foco" cubre exactamente las peripecias de los "dignos representantes del pueblo" que son apenas representantes de sí mismos en la calidad de grandes burgueses o latifundistas o sus apoderados, con rarísimas excepciones, de una minoría de demócratas estrechos y de uno u otro ingenuo. Querer modificar su comportamiento es querer modificar la esencia de la democracia burguesa, lo que jamás será alcanzado por CPI o aún por quiméricas "elecciones limpias".

La historia universal de la democracia burguesa es pródiga en demostrar que expediente alguno en los propios marcos de esa vieja democracia puede ponerla ni siquiera en jaque y que sus reformas sólo vienen en el sentido de hacerla más funcional al mantenimiento de la dominación burguesa. Pero demostró también que solamente procesos revolucionarios dirigidos por la clase obrera derribando toda la maquinaria burocrática administrativa-policial-militar del viejo Estado burgués, barriendo las relaciones de explotación y privilegios que la misma guarda y protege, pueden establecer una nueva democracia socialista en los países capitalistas desarrollados y una nueva democracia popular ininterrumpida al socialismo en los países dominados por el imperialismo, los cuales conforman la gran mayoría y abrigan más del 80% de la población mundial, de 6.000 millones de personas.

Reformar el pantano o acabar con él

Así como el "Congreso en Foco", mucha gente viene gastando saliva, papel y tinta proponiendo una reforma política como fórmula para el perfeccionamiento de aquello que llaman de democracia brasileña. Reducción del número de senadores y de diputados federales; institución del sistema electoral mixto; fidelidad partidaria; prohibición de coligaciones; limitación a la divulgación de encuestas electorales; financiación pública de las campañas electorales; fin de las medidas provisorias; etc. Aunque tales medidas fueran adoptadas, ellas no modificarían el carácter de vieja democracia o democracia burguesa, la cual tiene como eje el dinero, o sea, el capital.

Sólo para tenerse una idea de cómo es el capital que comanda una elección, los cálculos, por bajo, del coste de las campañas electorales apuntan para los siguientes valores de una campaña política en reales: Diputado federal, 400 mil; Senador, 1,5 millón; Gobernador, 15 millones; Presidente, 35 millones.

Así, una sociedad profundamente injusta donde la concentración de la tierra y de la renta coloca la gran mayoría en la condición de esclavos, asalariados o no, y un puñado de privilegiados que no conocen límites para la práctica de la explotación y de la opresión, sólo puede generar en su vientre instituciones que vengan a tener cómo finalidad esencial el mantenimiento de tal orden putrefacta.

La orden es el pantano; derramar un pote de agua menos sucia en él no lo modificará. Su limpieza exige su destrucción como se dio en la mitología en la cual Hércules desvió el curso de un río para limpiar toda la suciedad de los Establos del Rey Áugias. En nuestro caso, Hércules sería el pueblo organizado en un frente único nucleado por la alianza obrero-campesina, coadyuvada por los intelectuales honestos y por la pequeña y media burguesía. El río sería la Revolución Democrática de nuevo tipo, ininterrumpida al socialismo, teniendo cómo primera etapa la Revolución Agraria. Y, la suciedad a ser barrida sería todo el capitalismo burocrático, expresión mayor de la condición semicolonial y semifeudal en que vivimos.

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