Estado policial mata primero y se justifica después

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Estado policial mata primero y se justifica después

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La secuencia aterradora de asesinatos cometidos por policías en Río de Janeiro y otros estados revela el recrudecimiento de la política de criminalización de la pobreza implementada a años por el Estado semifeudal y semicolonial brasileño. Las masacres ya no son apenas cometidas en favelas, también en los barrios de la llamada clase media en las grandes ciudades. Solo entonces es que la “gran imprenta” paró de conmemorar y pasó a quejarse de la acción policial.

Uma agência bancária foi completamente destruída

Después de la barbaridad cometida por militares del Ejército contra tres jóvenes del Morro de la Providencia, Centro de Río (AND 44), en poco más de un mes, una serie de acciones policiales resultaron en el asesinato de niños y trabajadores.  No se trató de acciones “frustradas” o de “despreparo” de los policías, porque ellos son exactamente orientados para ese tipo de acción. En algunos casos se engañaron con las personas, en otros mataron deliberadamente.

Caso a caso

En el domingo 18 de mayo, Willian de Souza Martins, que vivía en el barrio Bangú y  tenía 19 años, salía de una lan house cuando se deparó con 12 policías  del 14º Batallón (Bangú). Al verlo los policías comenzaron a disparar. Testigos cuentan que, ya baleado en una pierna, Wiliam imploró por su vida, pero fue fríamente ejecutado por la policía. En el registro oficial de la Comisaría 35, los policías alegaron que un arma y drogas fueron encontradas con el joven, que había acabado de concluir el secundario y no tenía antecedentes criminales. Él era cantor y compositor de la banda de música evangélica Orlit.

En 14 de junio, la ingeniera Patricia Amieiro volvía de una fiesta en el barrio Urca, cuando misteriosamente su automóvil se desgobernó y cayó en el canal de Marapendí. Los peritos encontraron marcas de tiros de diversos calibres en el automóvil de Patricia. Policías que estaban en el exacto local del crimen dijeron no haber visto nada. Basta saber quién disparó contra el automóvil de la ingeniera y donde están sus restos mortales.

En el sábado 28 de junio, después de una confusión en la puerta de la boîte Baronetti, en Ipanema, el estudiante Daniel Duque, de 18 años, fue asesinado, por el soldado de la PM Marcos Parreira do Carmo. El policía  hacía la seguridad de Pedro Velasco, hijo de la promotora Marcia Velasco.

Típicos y atípicos

Os efeitos da revolta popular às
margens do Morro Azul

En el mismo sábado, policías del 9º Batallón (Rocha Miranda) invadieron la favela de Muquiço, en Guadalupe, zona norte de Río, y asesinaron Ramón Fernandez, de 6 años. El niño estaba en la puerta de su casa esperando por el padre cuando los policías comenzaron a disparar y lo atingieron en la cabeza. Vecinos cuentan que los PMs entraron en un bar y cobraron propina del propietario, que se negó a pagar y tuvo su establecimiento destruido por los PMs. Inconformados, los vecinos protestaron y los policías respondieron disparando al azar. Después de la muerte del niño, cerca de cien vecinos hicieron un protesto en la Avenida Brasil y nuevamente fueron reprimidos violentamente por la policía. El examen de balística confirmó la culpa de los PMs.

El domingo 6 de julio de noche, la abogada Alessandra Soares volvía para casa, en el barrio Tijuca, junto con sus dos hijos, cuando policías del 6º Batallón (Tijuca) dispararon contra su automóvil y asesinaron su hijo João Roberto Amorim Soares, de 3 años. Cámaras de seguridad de un edificio vecino al local del crimen flagraron el momento en que los policías comenzaron a disparar. La mujer desesperada, tiró por la ventana una valija infantil, pero eso no hizo con que los policías parasen de disparar.

El lunes 14 de julio, el administrador de empresas Luiz Carlos Soares da Costa, de 36 años, pasaba por la zona norte de Río, cuando fue abordado por un hombre armado, que asumió la dirección y lo mantuvo como rehén. Policías comenzaron a perseguir y disparar contra el vehículo, matando Luiz y el asaltante. Cámaras de TV flagraron la acción de los PMs, que cambiaron la escena del crimen. En las imágenes policías tiran el cuerpo del administrador de empresas del automóvil como si fuese un saco de ropas sucias. Enfermeros del Hospital Getulio Vargas contaron que Luiz llegó con vida, pero que los PMs solo permitieron el atendimiento después que el bandido y el administrador murieron.

El sábado 19 de julio, policías del 2º batallón (Botafogo) subieron al Morro Azul, en Flamengo, alegando que iban a investigar una denuncia de tráfico de drogas.  El entregador de remedios Edson Vaz do Nascimento, de 36 años conversaba con un amigo, cuando recibió un tiro por la espalda, disparado por los policías. Ellos cambiaron de ropas  y también tentaron llevar el cuerpo del joven, pero los vecinos no lo permitieron.

Cerca de 200 personas bloquearon el acceso a la favela por la calle Marqués de Abrantes para protestar contra el asesinato del joven. Automóviles fueron quemados y volcados, barricadas cerraron el acceso a la tropa de choque de la PM y una agencia del banco HSBC tuvo la fachada destruida. Extrañamente la favela no tiene tráfico de drogas y vecinos también acusan a los cuatro policías de integrar el “bonde de los carecas” una milicia que aterroriza a la población local. En el entierro de Edson, vecinos del Morro y la familia del joven mostraron conocer bien los verdaderos culpados por esta otra brutalidad. Los carteles de protesto evidenciaban la elucidación popular por el crimen: “El PAC es pacto de muerte. Fuera Lula y Cabral. Despierta Río, salven el pueblo”, “Otro trabajador muerto. Fuera Beltrame.”

Fronteras prohibidas

El impulso que dio el Gobernador Cabral a la marginalización de la pobreza en Río de Janeiro—  que, dígase de pasaje, contó con el apelo publicitario de la película Tropa de Elite — hace parte del padrón dictado por el imperialismo, principalmente para América Latina. Pero parece que sus reflejos traspasan fronteras prohibidas.

Casos como el del niño Ramón, baleado por policías que hacían una “farra” en la favela del Muquiço, y el episodio del moto-entregador Edson Vaz, también baleado por policías que integran una milicia en el Morro Azul, parecen estar muy distantes de todos los otros niños y moto-entregadores que mueren en gran cantidad todos los días en las favelas de Río de Janeiro. Los moto-entregadores, en su mayoría son incriminados con drogas y armas, colocadas por los propios policías. Cuanto a los niños, cuando uno de ellos muere baleado, algunos protestos acontecen, con poco destaque en el monopolio de los medios de comunicación, cayendo poco después en el olvido, sumándolas a las contradictorias estadísticas del Instituto de Seguridad Pública de Río, que no parecen servir para nada.

Como dice la profesora Sylvia Moretzsohn en su artículo Exterminadores del Futuro: El texto que acompañaba la foto de la tapa del diario Globo de 2 de junio, sí era cuestión de clase: ‘la tía de un niño muerto por bala perdida y la madre de Daniel Duque se encuentran en protesto contra la violencia’ delante del Palacio Guanabara. La tía del niño Ramón es negra y tiene los cabellos simplemente estirados hacia atrás; la madre del otro joven es rubia y bien peinada. Ambas se tocan y lloran, iguálense en el dolor de la pérdida, pero el niño de la favela es apenas un niño sin identidad, uno entre tantos cuyo destino parece trazado de acuerdo con el origen social y el local de su vivienda”

La violencia policial es un triste reflejo de la criminalización de la pobreza y si ella permaneciese en las favelas no sería un problema para las autoridades. El problema ahora es que la criminalización dejó de ser exclusividad de las periferias o de los morros, haciendo víctimas que no serán olvidadas tan rápidamente. Mismo así, sirven para evidenciar que ninguna de las clases explotadas puede sentirse segura, inmune a las brutalidades del Estado fascista, que no mide esfuerzos en la represión a todo lo que pueda complicar la libre explotación imperialista en nuestro país.

Silenciados por el preconcepto

Un mes después de la muerte de Ramon Fernandez Dominguez, de 6 años, baleado por PMs en la puerta de casa, la familia del niño comienza a entender porque el caso cayó en el olvido, sin recibir el mismo tratamiento que los otros.

—Si yo estuviese hablando con el gobernador, le preguntaría cual es la diferencia de mi hijo con el joven muerto por un PM en la boîte. El mío vive en una comunidad y es pobre. Los dos perdieron la vida por las manos de policías. El dolor es el mismo. La madre de él perdió el hijo igual que yo. Pero en mi caso, nadie está haciendo nada. Ni los peritos vinieron a mi casa. Mi hijo ya hace parte del pasado. Mañana será otro niño baleado, y otro, y otro. Esto sucede todos los días y nadie hace nada. Nada sucede. —LamentaAndréia Pereira Fernandes, de 37 años, madre de Ramón.

Al llegar con Ramón, aun vivo al hospital Carlos Chagas, no había neurocirujano para atender al niño, que fue transferido rápidamente al hospital Getulio Vargas y enseguida para el Hospital General de la PM, cuando ya era demasiado tarde. El padre de Ramón, auxiliar de albañil, Paulo Roberto Conceição, observa que la familia no fue apenas víctima de la policía, mas del Estado que orienta la violencia contra el pueblo.

Tal vez si en el Carlos Chagas hubiese atendimiento, con neurocirujano, mi hijo podría estar vivo. Como si no bastase él  ser acertado dentro de casa por un tiro, el hospital no tiene recursos para atender las personas correctamente. Quién vive en un edificio de la Zona Sur puede ir a jugar en el playgraud. Mi hijo iba a jugar en el campito aquí cerca de casa. Si todos saben que los niños están en la calle, ¿por qué entran disparando?—cuestiona indignado.

Obras paradas en la Providencia

Después de patrocinar un proyecto electorero en el Morro de la Providencia, a favor de la candidatura a la alcaldía de Río, del obispo evangélico Marcelo Crivella, el gerente Luiz Inacioy sus capataces, anunciaron el corte del presupuesto del Proyecto Cemento Social, que reformaba algunas casas en la entrada de la Providencia. La mayoría de ellas se quedó con la obra parada y con una cantidad enorme de escombros abandonados en el quintal. Esto sin hablar de los problemas de saneamiento y distribución de energía, que continúan exactamente como antes, probando que la obra es apenas maquillaje.

En la edición anterior AND mostró cual fue el principal resultado de ese proyecto: el Ejército, que ocupaba inexplicablemente la Providencia, secuestró tres jóvenes y después de torturarlos por horas, los vendieron a traficantes, que ejecutaron los jóvenes. El caso indignó la población que enseguida, deflagró una serie de protestos contra la presencia del Ejército y el origen sospechoso del proyecto que trajo los militares a la Providencia.

Las obras fueron oficialmente interrumpidas, pero continúan por la fuerza del trabajo comunitario. Una semana después el material acabó y los operarios fueron obligados a parar de trabajar, quedando sin salario y sin empleo. Todos los días la presidenta de la Asociación de Moradores, Vera Melo, sale a buscar ayuda en diversos órganos y secretarías públicas, municipales, estaduales y federales, pero sin conseguirlo. En consecuencia las obras continúan paradas.

Nosotros convencimos mucha gente a salir del crimen para trabajar por la comunidad. El pueblo de la Providencia es honesto y trabajador, pero ahora mucha gente se quedó sin empleo y otros vecinos están con la obra parada en casa. Vera sale desde aquí todos los días para tratar de resolver, pero ahora que los políticos saben de nuestra desconfianza, no les vale la pena ayudarnos — protesta una funcionaria de la Asociación de Moradores.

Policía mata en Brasil

El domingo 13 de julio, Rafaeli Ramos Lima, de 20 años, fue muerta por la policía en el municipio de Porto Amazonas, localizado a unos 80 kilómetros de Curitiba. Policías dijeron haber confundido el automóvil en que ella estaba con un vehículo que estaba siendo perseguido.

Rafaeli estaba en el asiento del pasajero y fue baleada en la cabeza. Ella llegó a ser socorrida, pero no resistió. El joven que dirigía el automóvil, Diogo Soldi, de 21 años, tuvo un tiro de raspón y fue encaminado para exámenes en un hospital de Curitiba.

María Eduarda, 9, fue muerta el viernes 18 de julio, en Recife. Era uno de los cinco niños de una misma familia que estaban en un automóvil, un Palio, además del chofer, el ingeniero Marcio Malveira de Barros, 35, y su mujer, la abogada Ana Virgínia Barros, 32. A las 23 hs, el Palio fue abordado por un Vectra negro con dos asaltantes armados. Los bandidos querían dinero y celulares. Cuando estaban huyendo, llegaron dos PMs, disparando contra el Palio. María Eduarda fue baleada en el tórax. También quedaron heridos Caio, de 6 años, con un tiro de raspón en la espalda y Bruna de 11 atingida en el rostro.

—Los PMs fueron disparando contra el automóvil sin saber si había gente inocente. Ellos querían acertar, solo que no sabían quien iban a acertar. —dice Barros, que llevó un tiro de raspón en la cabeza.

Abalada con la muerte de María Eduarda, su hermana, Ana Virgínia, 11 preguntó:

— ¿Cómo uno se protege de la policía?


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