FIFA, contratistas y Globo: dueñas de los expolios de la Copa

FIFA, contratistas y Globo: dueñas de los expolios de la Copa

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Construção da Arena Pernambuco

La FIFA, en cuyos estatutos y ante las legislaciones de los países donde monta campamento con sus Copas — las “del Mundo” y “de las Confederaciones” —, es una “organización sin fines lucrativos”, pero acaba de divulgar que obtuvo un logro récord con la realización de la última Copa, la “del Mundo”, en la semicolonia Brasil.

La Fifa  lucró estruendosos US$ 5 mil millones, o R$ 16 mil millones, un montante mucho mayor que lo esperado. Un récord absoluto. Para alcanzar tal resultado, la todopoderosa entidad que manda en el fútbol profesional internacional contó con las facilidades posibles, con libertad absoluta de operación y explotación que apenas las naciones de matriz semicolonial son capaces de ofertar, como exención de impuestos y masiva inversión del Estado para la construcción y montaje de todo el picadero, sobre el cual la Fifa  factura con venta de ingresos, de derechos de transmisión por la TELE y cuotas de patrocinio. Una farra.

En la época de la penúltima Copa, no por casualidad realizada en otra semicolonia miserable, Sudáfrica, el presidente de la Fifa, Joseph Blatter, hablando sobre las finanzas de la entidad, se burló: “Estamos en una situación muy buena, pero yo no diría que somos ricos”.

La Copa de la Fifa en Brasil también fue de ellas, siempre ellas, las grandes contratistas, sobre todo por causa de los vultuosos recursos públicos a ellas repasados para la construcción de los estadios, o mejor, de las “arenas multiuso” exigidas por la Fifa para la realización del torneo. El periódico Folha de S. Paulo publicó en el inicio de este año una materia informando que los cofres públicos bancaron 92,8% de los costes para la construcción o reforma de las arenas de la Copa, una farra que movió R$ 8.384 mil millones. En la época del anuncio de que la Copa de la Fifa de 2014 sería en Brasil, la gestión del PT cacareaba que “entre 60% y 70% de las inversiones” para recibirla serían provenientes de la “iniciativa privada”.

Sin embargo, al contrario del número preciso y recordista del logro de la Fifa con la Copa de 2014, es una misión casi imposible tabular con exactitud los logros de las contratistas socias del viejo Estado con las obras para el dicho “megaevento deportivo”, por causa del sinnúmero de aditivos, contrataciones de emergencia, plazos a perder de vista y de cuentas para saldar, o no, lo que fue tomado a título de préstamo por la vía de la línea de crédito copera del BNDES, y por causa de los términos un tanto, digamos, ortodoxos que marcaron los contratos firmados entre las constructoras y el “poder público”.

Tal vez el mayor ejemplo de esa fuente casi interminable de facturación abierta por la Copa de 2014 sea el contrato firmado por el gobierno de Pernambuco, entonces bajo la batuta del muerto Eduardo Campos, con la Odebrecht para la construcción de la llamada Arena Pernambuco.

Arena Pernambuco, negocio de China

Según los términos de la “Asociación Público-Privada” firmada en junio de 2010 para la construcción de aquel estadio, la Odebrecht tenía tres años para construir y 30 años para explotar como bien entendiera la Arena Pernambuco, siendo que todo fue hecho a la luz de una perspectiva de receta de R$ 73 millones por año, a ser obtenida con la renta sumada de, por lo menos, 20 juegos anuales de cada uno de los tres mayores clubes de fútbol del Recife: Sport, Santa Cruz y Náutico. Además de eso, quedó acertado un repase mensual a la Odebrecht de R$ 330 mil en recursos públicos del estado de Pernambuco, a título de “contrapartida por la construcción y mantenimiento del estadio”. Eso hasta el año de 2043.

Acontece que sólo el Náutico, el club de la menor hinchada entre los grandes, firmó contrato para jugar sus 20 juegos de mejor potencial de renta por año en la arena. Delante de este escenario, la Odebrecht arrancó del “gobierno” pernambucano un aditivo estipulando que, si el logro de la arena no fuese aquel vislumbrado como perspectiva allá en 2010, serían los cofres del Estado quien pagarían la diferencia. El resultado es que, según materia del portal UOL publicada en el último 14 de marzo, el estado de Pernambuco está pagando hoy, en media, R$ 5 millones por mes a la Odebrecht, nada menos de que 1.415%  más de lo que lo acertado en la época en que se decía que la Copa sería pagada con dinero de quien ganaría mucho dinero con ella.

Pasando a otro ramo, por así decir, el grupo económico que encabeza el monopolio de las comunicaciones en la semicolonia Brasil, el grupo Globo (nombre actual de lo que eran las organizaciones Globo), embolsó cerca de R$ 1,5 mil millones sólo con la venta de cuotas de patrocinio a empresas transnacionales o grandes capitalistas nativos ansiosos para asociar sus marcas a la farra de la Fifa, fiesta de los ricos, campeona de audiencia y, luego, de visibilidad por el mundo.

La cuota de “patrocinio máster” de la Globo, que generó las imágenes de la Copa para todo el mundo, costó la bagatela de R$ 180 millones. Tuvieron prioridad para pagar este precio las compañías transnacionales “compañeras” de la Fifa, que no da punto sin nudo. Sólo después fueron abiertas las ventas para, digamos, el “nuevo empresariado” nacional, oportunidad listamente aprovechada, por ejemplo, por Luiza Helena Trajano Inácio Rodrigues, emprendedora y amiga del PT que insistió en anunciar su Magazine Luiza con a Globo, pero que sólo faltó ser canonizada por cierta “izquierda”, tal vez la de el “voto crítico”, hace poco más de un año, en enero del año de la Copa, por haber satirizado un puñado de prominentes periodistas derechistas en un programa justamente de la Red Globo.

Luiza y compañía pesada, como Coca-Cola, Hyundai e Itaú, compraron todas las cuotas de patrocinio ofrecidas por la Red Globo. Eufórica, la emisora llegó a homenajear sus “compañeros” de farra y de Fifa  en las páginas del periódico O Globo en una serie de anuncios en la cual la emisora mostró “la selección de crack que va acompañarnos para hacer de 2014 el mejor año de nuestras historias. En el campo de fútbol y fuera de él”.

Los ‘contratistas’ de la desinformación

Este homenaje a las empresas que agotaron las cuotas de patrocinio de la Globo fue una pieza ejemplar de la repetición sin fin en todos los vehículos del grupo de una pesada contra propaganda cargada de una ufanía nada inocente, permeada de la idea degenerada de que lo que es bueno para sus negocios es bueno para el país, para las masas populares brasileñas. Eso desde allá en 2011, tres años antes de la farra en sí, cuando la Red Globo recibió del ayuntamiento de Río y del gobierno del estado de Río de Janeiro la bagatela de R$ 30 millones para organizar una fiesta que antecedió el sorteo de los juegos de la fase de eliminatorias para la Copa.

Ya el logro total del grupo Globo obtenido con la Copa en Brasil gracias a su condición de socio prominente de la farra de la Fifa (los contratos entre la Red Globo y la Fifa, ventajosos para ambas, vigoran desde la década de 1970, siendo que los derechos de transmisión en Brasil de la Copa de 2014 fueron vendidos a la Globo aún en 2006) es algo muy difícil de medir con precisión, así como los logros totales de las contratistas con obras para la Copa, dada la absoluta ausencia de dispositivos legales que obliguen una concesión pública a declarar exactamente lo que facturó explotando un evento de tal porte realizado gracias al desprendimiento de vultuosos montantes de dinero público.

Se sabe apenas que el logro del grupo Globo con la Copa de 2014 parece haber “salvado” este que es el mayor partido fascista de Brasil de amargar tener un logro en año de Copa menor del que el año anterior. El grupo Globo lucró en 2014 “sólo” 6%  más de que en 2013. Sólo, porque el logro líquido del grupo en 2014 fue de nada menos de que R$ 2,357 mil millones, según balance publicado el último día 20 de marzo. Gran monopolio capitalista que es, el grupo Globo vio sus recetas derretir en el último trimestre del año pasado con el agravamiento del impacto de la crisis internacional del capitalismo en esta semicolonia donde opera. Por otro lado, la receta líquida del grupo Globo con ventas, publicidad y servicios crecieron 11% en 2014, en gran medida impulsados por la Copa.

Como este periódico publicó en editorial de su edición número 135, en la primera quincena de agosto de 2014, luego después del fin de la Copa de la Fifa en Brasil, “el estruendoso ‘No va a haber Copa’, que reverberó por todo el país y en el exterior, exigió de la media y de la gestión del viejo Estado páginas y más páginas y respuestas en sus ‘horarios nobles’ para intentar  mejorar la imagen de la farra de la Fifa”, con derecho a una gran movilización de todos los periodistas cuánto se presentaron para prestarse al papel de diligentes cementeros no de estadios, pero de las vías marginales, de los atajos pavimentados para la criminalización de las masas rebeladas.

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