Haití: comen la carne, pero no quieren roer el hueso

Haití: comen la carne, pero no quieren roer el hueso

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Haitianos em abrigo improvisado em Iñapari, fronteira do Peru com o Brasil

En un país donde la miseria es la regla, un desastre natural es más que suficiente para provocar el deseo masivo de emigrar. Aún más en Haití, en las condiciones de una ocupación que, por más que se llame de “paz”, comete abusos y está más preocupada en hacer grandes negocios con la “redemocratización” y – tras el terremoto – la “reconstrucción” del país de que efectivamente mejorar la vida del pueblo.

El éxodo

La carrera por la comida en un primer momento generó un inusitado éxodo: diferente del tiempo de los Duvaliers (Papa y Baby Doc), la población tomó el camino del campo para la ciudad, causando un desequilibrio letal. La cosecha no tiene condiciones de abrazar los hambrientos de los centros urbanos. Cerrando los ojos para el caos, el Estado incentiva indirectamente el éxodo para el exterior. Para alivio de USA, la leva migratoria también se dirige a América Latina, en especial al Brasil – “país del futuro, granero del mundo”. Son levas y levas de inmigrantes clandestinos cobrando aquí lo que les fue prometido allá.

La diáspora haitiana escoge caminos posibles. Además de la República Dominicana, donde los haitianos venden la fuerza de trabajo ganando un salario de hambre en los cañaverales, se dirigen a Argentina para estudiar o trabajar y la gran mayoría no consigue un lugar en las universidades y ni siquiera empleo – también por causa del idioma. Los que emigran para Venezuela tienen mejor suerte, pues el trabajo de vendedor de helados en las calles, para las empresas locales, no exige sino el manoseo del intercambio. Hay los que buscan la Guiana Francesa, por el conforto del idioma, pero chocan con el preconcepto del negro local.

Cuando el destino es el Brasil, hay varias rutas: por Venezuela, entrando por Roraima; o salen por el Panamá, alcanzan Ecuador, y hacen la triste travesía por Bolivia o Perú, entrando en Brasiléia, Epitaciolândia, o Assis Brasil, en el Acre; o en Tabatinga, en el Amazonas. Hay los que vienen directamente a Río de Janeiro o São Paulo. Ya hay una colonia en la Bajada Fluminense que abriga los “victoriosos”. En su gran mayoría trabajan en la construcción civil. São Paulo es el camino de aquellos un poco más calificados, con experiencia en electricidad o hidráulica, y de los más estudiados, que suelen dar aulas de francés en empresas como la Wizard. Estos tienen más status. Sus salarios, obviamente, están en el nivel de la clandestinidad, sin derecho a los beneficios decretados por las leyes brasileñas.

La saga de los haitianos pauta una diversidad de transporte. Los más comunes son el bote y la caminada a pie y contratan o no intermediarios, dependiendo del destino electo. Pagan hasta R$ 4 mil a ‘coyotes’ por una jornada incierta y peligrosa. Un dinero, resultado de privaciones, que significa economías de toda una vida, más el dinero recaudado con la promesa de éxito para, posteriormente, traer sus financiadores. En la triste travesía, hay marcas indelebles de muertes y violencias. Sabemos que las mujeres son estupradas y los que reaccionan a ese estado de cosas son muertos. Los que logran llegar, asustados, se aglomeran en locales improvisados como albergues, esperando la decisión de los poderes públicos.

Inicialmente, la entrada era silenciosa. No causaba tumulto y ni era claro que se pasaba por detrás de los bastidores de la relación empleador brasileño y empleado haitiano. La explotación alcanzó los límites del absurdo. Ante los peligros inherentes a la clandestinidad, ningún haitiano podía reclamar de la remuneración bien debajo de lo estipulado para los trabajadores brasileños.

A partir de 2010 comenzó el éxodo masivo para el Brasil, quedando imposible esconder el número y la situación de esos inmigrantes. El gobierno federal tuvo que pronunciarse. Bajo presión, siguió la línea asistencialista y creó el Visado Humanitario para regularizar la situación de los haitianos. Hasta el presente, de los más de 6  mil que están en el Acre y en el Amazonas, sólo 1.600 tienen la situación regularizada y viven en guetos. Los demás fueron registrados y aguardan el visto o la deportación.

El gobierno federal, representado por el Ministro de la Justicia, José Eduardo Cardoso, ya manifestó su “espíritu solidario”, implementando medidas de restricción a la entrada de haitianos y contando para esto con el apoyo de la ONU y del Estado Haitiano

La onda migratoria rumbo al Brasil será contenida con base en la Ley 6.815, de 1980, que decreta el visto de validez por cinco años para los que van a ejercer actividad regular en el país. Y sólo cien haitianos, por mes, podrán entrar en el Brasil. Los demás serán deportados, porque causan impacto en el mercado de trabajo brasileño. Se olvidaron de que los brasileños causaron más de que impacto en el territorio haitiano. Delante de esto, los haitianos continuarán practicando la “marronaj” (escondiéndose y negando informaciones) y no entrarán con pedido de asilo, pues el “visado humanitario” puede ser una especie de trampa para detectar inmigrantes non gratas.

Empresarios brasileños, “imbuidos de pena” y “queriendo ayudar los pobres haitianos”, están ofreciendo empleos en diversos estados del Brasil, del Oiapoque al Chuí. Algunos hasta manteniéndose dentro de la legislación laboral. Pero limosna demás, el santo desconfía. Fue, en realidad, instalada una zona de conforto. Dar empleo a un haitiano, en este momento, mejora la imagen del empresariado, además de la garantía que no habrá luchas o reivindicaciones laborales. El capital ve en esto una gran oportunidad para enfriar la lucha de clases en una coyuntura de crisis, porque, en este contexto, el haitiano “agradecido” por el empleo “concedido” no se volverá jamás contra su empleador.

Dos pesos, dos medidas

¿Cuántas veces no oímos el gobierno brasileño, ese que dice representar los trabajadores, sea en la figura del ex o de la actual presidente, afirmar que los países ricos necesitaban ser solidarios con los “hermanos pobres” cuando se trataba de conflictos por inmigración ilegal?  Brasil repudió en diversas oportunidades la limitación que sufrían los emigrantes de varios países al dirigirse a USA y a algunos países de Europa, llegó, inclusive a tener medidas de reciprocidad con España, cuando el país ibérico comenzó la impedir la entrada de brasileños en sus aeropuertos.

Pero ahora, el caso es diferente.  Brasil ahora es la 6ª economía mundial y necesita cuidar de su “capacidad económica” y del “mercado de trabajo interno”, por eso, es necesario que el gobierno brasileño permita la entrada de sólo cien haitianos por mes en el país. También es necesaria que la vigilancia sea aumentada en la frontera, a  semejanza del gran hermano Estados Unidos. Centenares de haitianos están en la frontera del Brasil con el Perú y Bolivia, esperando la posibilidad de entrar al país y duramente vigilados por la Policía Federal. No debe estar fuera de los planes del gobierno, si la inmigración no disminuir, la construcción de un muro y cercas, como en la frontera de México con los Estados Unidos. Ya se ve que para llegar al club de las potencias económicas, Brasil aprendió bien la lección.


Entienda

Dois anos depois do terremoto, pouco mudou para os haitianos

2004: ocupación del país por la Minustah  – Misión de las Naciones Unidas por la Estabilización de Haití, representadas por 19 países y dirigida por Brasil.

2010: terremoto
Muertos: 200 mil
Heridos: 300 mil
Desamparados: 2 millones
Muertos por la epidemia de cólera: 5 mil

OBS: Todos los datos son aproximados, ya que varias organizaciones de derechos humanos afirman que los datos son maquillados para no revelar el fracaso total de la Minustah.

“Ellos necesitan de ayuda y están aquí”

Entrevista con Marie Ketly Vidert y Bertrand Franceschi Vidert, presidente y secretario de la Asociación de los Trabajadores Haitianos del Amazonas (ATHAM), respectivamente.

AND: ¿Por qué Brasil ha sido uno de los destinos escogidos por los haitianos?
Bertrand: Existe esa duda. Las personas se preguntan “¿por qué ellos escogieron el Brasil?”. Pero hubo una predisposición a eso. Las “fuerzas de paz”, la visita de la selección y de Lula, todo eso se sumó al hecho de hoy el país estar siendo visto como el país del ahora, de la esperanza. Ellos vinieron al Brasil con la expectativa de conseguir empleo y tener opciones de vivienda para llevar una vida digna.
Marie Katly: Cuando Lula fue a Haití, en 2004, él invitó los haitianos a venir para acá. Aún no había ocurrido el terremoto, pero los haitianos no olvidaron la invitación.

AND: ¿Cuántos haitianos están en el Brasil hoy?
Bertrand: No puedo decir cuántos haitianos existen en todo el país, pero puedo afirmarte que tenemos miles de haitianos viviendo en una situación inhumana en Brasil. Sólo en el Amazonas son 6 mil (4 mil en Manaus y 1500 en Tabatinga) y cerca de 1300 en el Acre, entonces son 7.300 sólo en la región norte.

AND: ¿Y quién son esos haitianos?
Bertrand: 80% son hombres jóvenes, 15% son mujeres y 5% son niños. Son profesionales, gente que tenía alguna calificación y condición económica para hacer el viaje. Hay haitianos que hablan siete idiomas. Y ellos sólo quieren intentar una vida digna y ayudar sus familias que quedaron en Haití.

AND: ¿Como está la cuestión de los visados de permanencia?
Bertrand: Los visados de permanencia fueron concedidos inicialmente a 400 personas, y ellos vienen siendo concedidos vagarosamente. La mayoría de los migrantes ya pasó por la Policía Federal y tiene todos los datos registrados. Sin embargo, el gran problema no es la cantidad, no es si están legales, pero si ellos están recibiendo la asistencia que deberían estar recibiendo. Esas personas están aquí en una situación caótica, ya vinieron de una situación horrible en la cual no tenían nada. Ellos necesitan de ayuda y están aquí. Ellas no tienen dinero para nada.

AND: ¿Y cómo el nuevo decreto modificó la situación de los haitianos?
Marie Katly: Como el decreto fue firmado por la Presidente Dilma el día 12 de enero, muchos haitianos fueron sorprendidos, cuando aún hacían el viaje para el Brasil, ya que dura en promedio 3 meses. Entonces, ahora, algunos de ellos corren el riesgo de ser deportados, ya que el gobierno brasileño decidió liberar sólo cien visados y a partir de la Embajada brasileña en Haití.

Los haitianos en Brasil

Número aproximado: 7.300 solamente en la región norte (según la ATHAM)

Municipios donde se concentran: Brasiléia y Assis Brasil (AC), Porto Velho (RO), Tabatinga y Manaus (AM). En menor cantidad en los estados de São Paulo y Río de Janeiro.

Mayor concentración: Manaus (4000), Tabatinga (1500), Brasiléia (800).

Visto solicitado: refugiado político

Visto concedido por el gobierno brasileño: refugiado humanitario

Cancelación de la concesión de visados humanitarios por la Policía Federal en la frontera con el Brasil: febrero de 2011

Diferencia en los visados: el refugiado político tiene derecho a recibir auxilio económico del gobierno y de otros órganos internacionales, como la ONU. El refugiado humanitario puede tener CPF y bolsa de trabajo por cinco años. Después, necesita comprobar que tiene dirección y trabajo fijo para continuar en el país.

Número de visados solicitados: más de 4  mil

Número de visados concedidos: cerca de 1.600

Decreto que limita la entrada de cien haitianos por mes: febrero de 2012

Quienes son ellos: 95% hombres de 25 a 35 años

Ruta de viaje: Haití o República Dominicana-Panamá (navío) – Ecuador – Perú o Bolivia (vuelo o tierra) – Brasil (tierra)

Haití o República Dominicana-Panamá (navío) – Venezuela (tierra) – Roraima – Manaus (tierra)

Coste del viaje: R$2 mil a R$4 mil, dependiendo de cómo el trayecto es efectuado. Los trayectos son realizados de navío, avión y a pie (después que llegan al Panamá o al Perú)

Media de salario después que llegan al Brasil: R$612

Haitianos fuera del país: 2.5 millones de los 9 millones de habitantes

Principales destinos: República Dominicana, Francia, Canadá, EUA, Brasil.

Traducciones: [email protected]

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