¡La guerra del gobierno no es contra el virus, es contra el pueblo!

Manifestação em 2014 exige punição aos assassinos de Cleomar Rodrigues, Norte de Minas
Manifestação em 2014 exige punição aos assassinos de Cleomar Rodrigues, Norte de Minas

 ¡La guerra del gobierno no es contra el virus, es contra el pueblo!

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Comisión Nacional de las Ligas de los Campesinos Pobres sobre la pandemia del coronavirus

Traducción Enrique Chiappa

 

La pandemia del coronavirus que se esparció por el mundo ya con más de un millón de infectados, amenazando la vida principalmente de las poblaciones más pobres, demuestra cabalmente que el cadáver insepulto del imperialismo, fase superior y última del capitalismo, no tiene más lugar en la humanidad. ¡Basta! ¡Sonaron las trompetas de grandes tempestades y transformaciones sociales, políticas e ideológicas!

Absolutamente ninguno de los mantras utilizados en los últimos 50 años para intentar falsear la brutal explotación de la gran mayoría de los seres humanos por un puñado de multimillonarios, dueños de las armas, del dinero, de las tierras y de los medios de comunicación, fue capaz de impedir que una simple mutación de un virus ya conocido causara tanto mal, muertes, miseria, hambre, represión y Estado de Guerra.

“Globalización”, “neoliberalismo” versus socialdemocracia (incluida toda la izquierda oportunista electorera), democracia liberal versus fanatismo religioso y terrorismo, ultraliberalismo acompañado de fascismo y reaccionarismo del Estado, nada, nada salió bien. Y todos los arrogantes, fanfarrones, fascistas, intelectualoides y el “mercado”, apoyadores de este sistema podrido, de la noche a la mañana, de poderosos tigres pasaron gatitos mansos, incapaces de explicar cómo ese mundo tan desarrollado donde ellos eran los mayores cayó de rodillas delante de la pandemia del coronavirus.

Faltan hospitales, respiradores y remedios en los países llamados ricos, imperialistas; y también, en escala millones de veces superior, en las colonias y semicolonias, los llamados países pobres. Las personas mueren, los cuerpos salen en camiones militares, sus entes queridos y parientes no pueden despedirse.

Y he ahí que, en completo alborozo y descontrol, los líderes mundiales de este imperialismo podrido que sobrevive manu militari (“con uso de fuerza militar”) principalmente por la rapiña de la gran mayoría de los pueblos de los países oprimidos y explotados (en pago de las sobras de los vultuosos logros que acaparan para las clases dominantes locales, sus lacayas), anuncian la liberación de billones de dólares y euros para mitigar las devastadoras consecuencias económicas de esta pandemia.

¿Dónde estaba ese dinero que ahora apareció? ¿Y la crisis que “obligaba” los gobiernos europeos y norteamericano a en los últimos 30 años cortar sucesivamente una serie de derechos sociales (laborales, salud, educación, seguridad social), conquistados por la población de estos países principalmente después de la derrota del nazi fascismo en la segunda guerra mundial?

La verdad desnuda y cruda es una sola: la pandemia del coronavirus plasmó la crisis general del capitalismo (crisis de superproducción relativa – más mercancías de que gente en condición de comprarlas), expuso la crueldad de este sistema que propagandea todo, pero donde más del 90% de la población mundial no tiene nada y sobrevive en condiciones peores de que cuando la humanidad había desarrollado menos conocimiento científico. La desigualdad social es astronómica, 1% de la población (los más ricos) detiene 67% de toda la riqueza mundial. Si no fuera la pandemia, esta crisis iría explotar de una forma o de otra, más pronto de que tarde.

 

La pandemia en Brasil

Fueron los ricos que trajeron el coronavirus para Brasil. Negociantes o turistas en viajes al exterior. Y la responsabilidad por la pandemia aquí es toda del gobierno militar de hecho de los generales del Alto Mando de las Fuerzas Armadas (ACFA) reaccionarias y del fascista Bolsonaro, que sigue insistiendo que es exageración el “aislamiento social”, que todo el mundo va a morir un día y otras sandeces.

Todo el mundo se acuerda del drama que fue para retirar brasileños aislados en China, lo que sólo hicieron tras las protestas se esparcir en internet. Y tras eso, la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa), comandada por un almirante neonazi que hasta hoy defiende que la Tierra es plana, no tomó ninguna providencia para hacer pruebas en los aeropuertos y puertos (por donde entran extranjeros venidos de Europa y del USA en Brasil). Y el mayor de los crímenes: no suspendieron el carnaval. La gran mayoría de las contaminaciones de brasileños fue en ese periodo.

En Brasil falta todo. Máscaras de protección, alcohol gel, hospitales, lechos en la Unidad de Tratamiento Intensivo, aparatos respiradores, transporte público, vivienda, empleo, saneamiento básico, agua potable, y pruebas de coronavirus, lo que lleva cualquier persona mínimamente informada a considerar que el número de brasileños infectados es infinitamente mayor de que el informado por el monopolio de la prensa y por el gobierno. Sin contar que enfermedades ya conocidas, que tienen cura, y en países coloniales y semicoloniales como Brasil matan más que el coronavirus, como las epidemias de dengue y H1N1, la malaria y la tuberculosis, persistentes año tras año, principalmente entre el pueblo pobre a finales del verano y comienzo del otoño (los ricos también son acometidos por esos síndromes, pero con acceso a la salud y vacunas, el número de muertes es bien menor), no son contabilizadas como muertes que podrían y deberían ser evitadas.

Delante de crisis de tamaña magnitud, la gran burguesía, el latifundio y el imperialismo aceleraron sus planes de guerra contra el pueblo en Brasil, intentando salvar el sistema, las grandes empresas, el latifundio exportador, los bancos. Todas las medidas tomadas hasta ahora van en ese sentido.

Por más que en este momento lo correcto sea que todas las personas queden en casa, evitando los riesgos de contagio, tal medida necesaria tendría que ser acompañada de la garantía, por el Estado que extorsiona el pueblo con impuestos, de salario para los trabajadores registrados, garantía de renta para los millones de trabajadores informales (más del 40% de los brasileños hoy, sin ningún derecho, trabajando cómo esclavos, vendiendo el almuerzo para comprar la cena), distribución de alimentos y pruebas para todos, en la orden de prioridades: profesionales de la salud, las actividades esenciales que no pueden parar, pruebas en los locales de trabajo y para los millones de habitantes de las favelas y concentraciones urbanas en las grandes ciudades, distribución de productos de limpieza, máscaras y desinfectantes para todo el pueblo, transporte en horario alterno garantizando las condiciones de distancia entre las personas en el transporte público…

¿Cuál el sentido del aislamiento social en Brasil? Impedir que las masas cobren sus derechos, hagan pruebas, tengan atención médica, esconder el tamaño gigantesco de la explotación y de la falta de condiciones mínimas de supervivencia, con coronavirus o sin coronavirus. Por más que quieran aparecer como defensores de la salud del pueblo, el monopolio de prensa con a Globo al frente, el asesino y terrorista Witzel en Río de Janeiro y el criminal de Paraisópolis Dória en São Paulo (como el conjunto de los gestores públicos con mandato gracias a la farsa electoral), estos que defendieron la congelación de gastos en la salud y en la educación, la “reforma” de la Seguridad Social, sabiendo que millones irían a morir por estas medidas, no tienen ninguna moral para posar de “humanistas”, preocupados con la salud del pueblo. Son responsables por las muertes de la pandemia y no sólo de ella, y nada de lo que hagan ahora va a borrar eso.

Por otro lado el fascista, mentiroso y demagogo Bolsonaro no quiere salvar el empleo de nadie. Quiere salvar su salario de Presidente. Cuando copia la tesis del “aislamiento vertical” de sus amos extranjeros de la extrema-derecha de Trump  et caterva, está queriendo ganar tiempo para no gastar los billones que el Brasil ha guardado para pagar intereses para los bancos que lo financiaron.

Es falso el “debate” entre confinamiento vertical u horizontal. ¡Es mentira que tenemos que escoger entre morir de enfermedades causadas o agravadas por el virus, o morir de hambre!

Bolsonaro no defiende los camioneros, los vendedores ambulantes, los pequeños comerciantes. Cuando él dice que la economía no puede parar, muera quién tenga que morir, lo que él pretende es aprovechar la pandemia para hacer lo que él no consiguió aún con la reforma de la seguridad social, pero sólo por cuestión de tiempo: matar los ancianos pobres para aliviar las finanzas de un Estado quebrado y en putrefacción. Si tuviera condiciones, este energúmeno fascista organizaría sus “milicias” para asesinar inmediatamente quién pudiera contraer el virus y tener que quedar hospitalizado, algo como la purificación de raza llevada a cabo por Hitler, y cualquier semejanza no es mera coincidencia.

Hasta hoy el gobierno no liberó un peso para el pueblo, y el grueso de sus programas prometidos van endeudar aún más los trabajadores (él está adelantando FGTS y seguro desempleo, derechos ya adquiridos, dinero del trabajador). Y los famosos R$ 600 para los informales, además de ser ridículo, es una forma de sacramentar que las personas consiguen sobrevivir con menos de que el ya miserable salario mínimo establecido, de en torno de R$1.050,00.

En cuanto al ACFA, americanófilos y anticomunistas hasta la raíz, que es quién de hecho gobierna el Brasil, este enciende una vela para Bolsonaro, de quien necesita para reprimir el pueblo sin ensuciarse cuando comiencen los saqueos (palabras de ellos), y otra para la gran burguesía y el latifundio, que aunque prefieran no necesitar de sus servicios represores para continuar reinando, no dejan de recurrir a las armas cuando están amenazados sus privilegios, lujos y usura desenfrenada, por lo que la corporación de armas, sus oficiales de alta patente, son regiamente pagados y reverenciados.

La declaración de guerra de Bolsonaro contra los campesinos pobres, indígenas y quilombolas en el inicio de su gobierno, denunciada por la Liga de los Campesinos Pobres, delante de la crisis se eleva a una guerra contra todo el pueblo brasileño.

 

El viejo sistema: base de las agruras del pueblo

Pero es preciso ir a la raíz del problema. Las crisis ofertan esta oportunidad.

¿Por qué las grandes ciudades brasileñas están sobrecargadas de gente viviendo exprimida, durmiendo, comiendo, pasando la noche en la calle por no tener dinero para pagar el transporte? ¿Por qué tanta mendicidad, tanta delincuencia, tanta gente drogada viviendo cómo zombi? ¿Por qué hay gente vendiendo almuerzo por R$ 5 para ganar casi nada, alquilando coche para ser chofer de Uber, andando kilómetros de bicicleta para entregar una comida de R$ 7 o R$ 8, tanta gente vendiendo caramelos o haciendo pirueta en los semáforos? ¿Por qué tanta gente amontonada en las favelas y barrios pobres, seis, siete, diez por casuchas de uno, dos o tres ambientes? ¿Por qué las inundaciones escogen esa gente para matar y desabrigar? ¿Por qué, cuando el coronavirus esparcirse entre esos de que estamos hablando, ese gobierno de burgueses, latifundistas, generales y agentes del imperialismo no va a tener cómo aguantar?

Porque el latifundio es base del imperialismo para la reproducción de este capitalismo burocrático en Brasil. Si no fuera por el mantenimiento, preservación y estímulo a la reproducción del latifundio, la amenaza del coronavirus no sería tan drástica y mortífera. Si tanta gente no hubiera sido expulsada del campo, y en que pese el proceso secular, este fue llevado al extremo durante el régimen militar fascista de 64 a 85. ¿Quiénes son los que mueren en las inundaciones? Los campesinos recién llegados en las ciudades grandes. ¿Cuál el mayor patrimonio de la Vale multinacional asesina y terrorista, vendida por FHC a precio de banana? ¿Sería la excelencia en el proceso de extracción del mineral de forma segura? ¿Entonces, por qué Brumadinho? ¡El patrimonio de la Vale son las riquezas del subsuelo brasileño, por que roban las tierras de los campesinos pobres, indígenas, quilombolas y de la Unión!

¿Cómo sería controlar el coronavirus en pequeñas ciudades, todas produciendo alimentos, con saneamiento básico y hospitales, las personas conociendo unas a las otras, se solidarizando, ayudando, protegiendo? ¡Millones de veces más fácil!

Sin contar que, aunque un proceso natural, la mutación viral también es consecuencia de tanto de antibiótico, venenos y otros procesos agresivos utilizados en animales y plantas, aunque la esencia del agronegocio es producir en países coloniales y semicoloniales para exportación de productos primarios y, en el caso, de ínfima producción de frutas y otros alimentos, principalmente para los países imperialistas, por lo que estos productos tienen que tener apariencia y aguantar largo tiempo hasta salir del productor para llegar al consumidor final. ¿La calidad? ¡Hace mucho que el capitalismo es sólo apariencia, un fetiche!

 

¡La salida está en las manos del pueblo pobre!

Sólo el pueblo pobre, los campesinos, los obreros, los trabajadores de la ciudad, los intelectuales honestos, los pequeños comerciantes, los verdaderos patriotas, pueden conjurar la pandemia. El imperialismo, la gran burguesía y el latifundio ya reconocieron su fracaso: como incapaces que son de mover las fuerzas productivas, lo máximo que anhelan es “achatar la curva” de la propagación de la enfermedad. La izquierda oportunista electorera que centra en Bolsonaro como si fuera él la causa de todos los males, glorifican el gobierno de los generales. Las declaraciones patéticas del gobernador del Maranhão, Flávio Dino/PCdoB, dejan eso claro al pedir la sustitución de Bolsonaro por el general Mourão como forma de asegurar el funcionamiento de la corrupta farsa electoral. ¡Los imperialistas están de rodillas! En la superpotencia hegemónica, en USA, el número de muertes diarias sobrepasó las registradas en China social-imperialista. Y pasmen: un tratamiento particular cuesta hasta R$ 200 mil en las tierras del Tío Sam. ¡Acabó, señores!

El pueblo va a conjurar la pandemia organizando los Comités Sanitarios de Defensa del Pueblo contra la pandemia del coronavirus. Por calle, por edificios y conjuntos, por manzana, por villa, por pequeñas ciudades. Eligiendo representantes populares, identificando los infectados, ayudando en la conquista de alimentos, produciendo y distribuyendo máscaras y guantes, apoyando el aislamiento de los compañeros y compañeras ancianos o que tienen enfermedades que los coloquen en los grupos de riesgo, realizando entrenamiento y formando nuestros jóvenes para que puedan ejercer la condición de agentes de salud. La experiencia de los campesinos en la lucha por la tierra, las manifestaciones organizadas en columnas y distanciamiento uno de los otros, son experiencias que ahora serán muy útiles para nuestros hermanos de las ciudades grandes.

Organizar estos Comités, esta es la tarea. Dar abrigo a los que desean protegerse en el campo. Vamos vencer esa pandemia. El pueblo puede. Las masas pueden. ¡Ese gobierno de las minoritarias gran burguesía y latifundio, serviles del imperialismo, no!

¡Y, al declarar guerra al pueblo con el subterfugio de combatir el virus, ese gobierno, que ya había declarado guerra a los campesinos pobres, lanzó millones en el mismo barco!

¡El pueblo va a conjurar la pandemia del coronavirus y cobrará de los gobernantes!

¡Viva la Revolución Agraria!

 

Comisión Nacional de las Ligas de Campesinos Pobres, abril de 2020

 

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