La parranda del oportunismo y de la reacción

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La parranda del oportunismo y de la reacción

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Dilma e o Gal. Siqueira, que diz não ser vergonha existir desaparecidos políticos

En 1º de enero de 2011 la capital de la gestión semicolonial, Brasilia, fue escenario de una gran fiesta nada popular, a pesar del ensalzamiento promovido por la prensa de la burguesía. Confraternizaron, a cuesta de las masas trabajadoras, las oligarquías vendepatria, los emisarios del imperialismo y los más atroces oportunistas ahora encasillados en el enmarañado burocrático del viejo Estado brasileño.

Estos últimos, los oportunistas históricos (sobre todo históricos del PT), después de conseguir colocar Dilma para cuatro años en un mandato puente para un posible retorno de Luiz Inácio, el alabado por el imperialismo, se jactan más de que nunca y bailan ostentándose ante las diferentes fracciones del partido único, porque en verdad el hecho de haber viabilizado por medio de otra farsa electoral “la primera mujer presidente del Brasil” – como la propia tanto resaltó en el discurso inaugural de su gerencia – representa, antes de cualquier cuestión de género y lejos de ser una conquista del pueblo, que el PT consolidó la total confianza que ya había conquistado junto a los monopolios, y a las clases reaccionarias.

Con esta comprensión en mente, suena como amenaza la especie de slogan que la gerente Dilma adoptó para su administración ya en el discurso de posesión: “continuar no es repetir”.

De hecho, lo que se avecina no es mera repetición de la administración Luiz Inácio, que fue basada en el entreguismo, en la disminución de derechos de las masas y en un incansable, diario y monumental esfuerzo por la despolitización del pueblo trabajador. Hasta porque lo exigido por los poderosos del mundo y de las viejas oligarquías civiles y militares nacionales es que, ante la crisis general, la marcha de implementación de las políticas antipueblo sea acelerada cada vez más, todo bajo la fábula del “desarrollo” de esta semicolonia miserable.

Y Dilma, nueva testaferro de las potencias capitalistas por aquí, ya puso manos a la obra y comenzó a trabajar firme en favor de los intereses a quién ella rinde cuentas (ver en esta edición de AND).

Desfile de enemigos del pueblo

Profundizar la rapiña imperialista en el Brasil y garantizar el reparto de las sobras tiradas por los monopolios para nuestros podridos grupos de poder. Estas fueron las condiciones impuestas por los bancos y por los monopolios para su bendición a por lo menos cuatro años más de gerencia del PT.

Este fue el compromiso asumido por Luiz Inácio y su subordinada junto a los jefes de las potencias y a la burguesía local, así como a los más reaccionarios cuadros militares y al latifundio, no obstante la vieja fanfarronería petista según la cual el compromiso de este grupo de traidores, renegados y demagogos es con las masas trabajadoras.

No por casualidad la ceremonia de posesión de la subgerente Dilma fue un verdadero desfile de enemigos del pueblo. Todos fueron oír de cerca la gerente enumerar las facilidades que su administración irá a crear para que las transnacionales exploten el Brasil y su pueblo y, a la manera del jefe Luiz Inácio, aunque no tan hábilmente, intentar presentar las facilidades al imperialismo como enormes beneficios para las clases populares, sin derechos, endeudadas y penalizadas por el subempleo.

Estuvieron allá varios emisarios del imperialismo, como por ejemplo, la secretaria de Estado del USA, Hillary Clinton. Estuvieron allá los ventajistas profesionales que infectan la América Latina con su demagogia estridente mientras firman acuerdos con las potencias, como Hugo Chávez, que entrega Venezuela a los monopolios cada vez más, en proporción directa a su discurso anti-yanqui de fachada, o José Mujica, que como Dilma participó de la lucha armada contra la gestión militar de su país para después (también como Dilma) ayudar a sustituirlo por una democracia de fachada, manteniendo las estructuras del viejo Estado.

Estuvieron allá también el colaboracionista Mahmoud Abbas, “presidente” en la Autoridad Nacional Palestina, para agradecer el apoyo del PT a la hipocresía pacifista en Oriente Medio, y los jefes de las sucursales brasileñas del monopolio de los medios de comunicación.

Algunas de estas figuras aprovecharon la ocasión para requerir audiencias con Dilma para, en suma, recordarle sus compromisos de campaña – no las mentiras electoreras de palco, pero los arreglos pre-electoreros hechos a puertas cerradas, dentro y fuera del país.

Traducciones: [email protected]

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